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Palabras del Prof. Luis A. Riveros, Rector de la Universidad de Chile en el Seminario Internacional "Chile en la Tarea de Medir las Brechas de Desigualdad" organizado por el Instituto Nacional de Estadísticas

30 y 31 de Mayo de 2005
Hotel Crowne Plaza


 

Me alegro que se esté discutiendo este tema en un seminario que habla de estadísticas, con las cuales tradicionalmente nos referimos a temas duros como los financieros o económicos, en general. Pero me parece que es central hoy, en un país como Chile y dado que tengo que hacer el comentario nacional sobre este tema que se aborde también el tema educacional en el marco de la temática estadística. Esto porque o estamos en una etapa de crecimiento económico, de estabilidad económica, que requiere pensar con seriedad el problema distributivo que Chile enfrenta. No es un misterio que Chile está entre los 10 o 15 países de mejor comportamiento macroeconómico, pero que se ubica también entre los 12 países con la peor distribución del ingreso, de acuerdo a las pobres estadísticas mundiales existentes sobre esta materia. Pero al menos se puede indicar que hay una gran contradicción entre el éxito en el lado económico y la falla que tenemos en el lado social. El tema de la educación cumple un rol fundamental a este respecto, como también creo que mejorar las estadísticas y la información es definitivo para tomar las mejores decisiones en política educacional.

La educación es importante en materia de distribución del ingreso porque naturalmente mejora o aumenta la productividad de las personas; pero también porque mejora la información de las personas acerca de las situaciones que tiene que enfrentar en la sociedad, en el mercado o como queramos ponerlo. En tercer lugar porque la educación aumenta la movilidad de las personas, la movilidad ocupacional, la movilidad ínter industrial del trabajo. Todas las estadísticas muestran, precisamente, que los cambios de ocupación que las personas realizan con objeto de buscar mejores perspectivas laborales están directamente asociados a su nivel educativo en cantidad y calidad. De manera que resulta claro, como muestra la experiencia mundial, que mejorar y poner recursos en la educación tiene un impacto positivo muy importante en materia de distribución del ingreso. La distribución del ingreso usualmente tiende a empeorar en los periodos de crecimiento económico, porque tienen mayor éxito algunas industrias, ciertas regiones, como asimismo los trabajadores de más calificación versus otros grupos que tienen menores perspectivas, por lo menos en las primeras etapas del proceso de crecimiento. Por ello se observa que, como en el caso chileno, las tasas de crecimiento se han sostenido altas en promedio en los últimos 15 o 20 años, pero los indicadores distributivos prácticamente no han experimentado ninguna mejoría, no constituyendo una falla resultante de algo que se haya hecho en contra de la mejoría de la distribución del ingreso, sino que es producto de una falla estructural en términos de la lógica del proceso de crecimiento.

Creo que el gran drama que existe respecto a educación es que todo lo que hagamos en educación hoy tienen efectos solamente años más tarde para poder revertir el daño de esa falla. Es muy difícil y muchas veces la prensa y los observadores son injustos cuando se dice "el gobierno ha hecho tal cosa y no ha tenido ningún resultado" cuando lo miramos al mes siguiente o incluso, al año siguiente de ocurrido. Los resultados en educación son de largo plazo, pero desgraciadamente nuestros políticos no piensan en el largo plazo; nuestros políticos tienen incentivos para mirar cosas concretas perceptibles e inaugurables o por lo menos aparecibles en la prensa y eso no tiene que ver necesariamente con el esfuerzo que a menudo es muy oneroso en materia de educación, y del plazo en que se verifican los resultados. Por ello, creo que enfrentamos un tema que es bastante grave desde el punto de vista de la economía política, del proceso de cómo poner recursos en algo que tiene rentabilidad solamente en el largo plazo.

Pienso que tenemos como pilar un gran déficit de información muy importante en materia de educación. Creo que todos estamos muy satisfechos con los indicadores cuantitativos en materia de educación, como el crecimiento en la cobertura a todo nivel, particularmente en la educación superior. También estamos muy satisfechos porque los sectores de menores ingresos están teniendo también mayores niveles de cobertura y por lo tanto la brecha en cobertura educacional ha disminuido. Pero el problema fundamental tiene que ver no con cantidad sino que con calidad. Los indicadores en Chile muestran que la calidad de la educación pública a nivel básico y medio es significativamente menor que en el caso de la educación privada por poner estos dos extremos. Calidad significativamente menor medida por indicadores que también son discutibles en el fondo, ya que los resultados de las pruebas que nosotros aplicamos en la enseñanza básica y media y de aquellas de selección a la universidad, muestran sistemáticamente una gran brecha entre la educación pública y la privada. Por ello entonces, se cuestiona el crecimiento en cobertura como indicador de educación, si el mismo no lleva efectivamente asociado un crecimiento en calidad. No contar con una información definida y suficiente sobre esta materia (calidad) constituye una de las urgencias que debe atenderse, porque también al interior de la educación pública en el contexto general existen situaciones que son muy distintas de las cuales es bueno aprender para eventualmente corregir. Creo que eso es algo que hoy la estadística no permite; los estudios sobre calidad son todavía bastantes pobres y generalmente ausentes en nuestro país. Estos indicadores de calidad particularmente en casos como la educación superior, tiene que ver por un lado con lo que podríamos llamar la satisfacción de los usuarios. De eso sabemos poco, ya que incluso las grandes universidades no nos preocupamos del seguimiento de nuestros egresados, no tenemos un sistema para poder saber efectivamente cual ha sido el impacto del cambio formativo o de la formación que han adquirido. Eso es un déficit, como lo ha indicado Pilar Armanet: También sabemos poco de cual es la satisfacción del mercado empleador respecto al tipo de profesionales que produce una entidad universitaria o el sistema como un todo. Pienso que las tasas de desempleo o de empleo algo indican, pero también hay que considerar que sobre todo en el caso de educación superior también parecen existir tasas de subempleo que son importantes. O sea, hay ingenieros comerciales que trabajan de contadores, hay abogados que trabajan en tareas que son bastante accesorias y están un poco lejos de su profesión. No sabemos cuan importante es eso, ni sabemos que tipo de instituciones está mayormente vinculado ese fenómeno, y a mi me parece que ese es un tema también fundamental en la perspectiva de calidad.

Creo que el segundo elemento es que aquí no hay indicadores de calidad de las instituciones. Es decir, lo primero son los estudios estadísticos basados en la información bruta de origen institucional. Pero tampoco hay indicadores que salgan de las propias instituciones porque desgraciadamente no tenemos en Chile aún un sistema de información fundado sobre las instituciones educativas. Dimos lugar a un sistema bastante orientado al mercado, abierto, y desregulado, sin acreditación como elemento obligatorio; poner acreditaciones a mitad de camino es, por otra parte, bastante complicado como lo sabe la Directora de Educación Superior porque ya todos los jugadores están en la cancha y en ese minuto es difícil decirles que cambiaron las reglas del juego. Estamos actualmente enfrentando este problema, y si no hay indicadores de acreditación, ciertamente que el potencial de análisis de indicadores de calidad sobre todo en la educación superior son bastantes menores y lo mismo en las otras cosas que ha mencionado la profesora Armanet. No tenemos una tradición en un sistema de información sobre la tecnología de producción de las instituciones; esto significa: tasas de abandono, tasas de reciclaje de estudiantes que salen y vuelven al sistema, incluso la duración de las carreras que es un problema ciertamente preocupante. Creo que todo eso es mejorable si tuviésemos un sistema de acreditación que incluya obligatoriamente este tipo de indicadores cuando se trate de acreditar las instituciones.

Otro déficit que tenemos en el país en materia de la información sobre educación es la ausencia de datos para ser estudios de corte longitudinal. Nuestros datos para los análisis, los estudios en educación de las personas, son de corte transversal. Sabemos que el seguimiento de las personas en materias como movilidad social y ocupacional, constituye un tema central o un producto principal del proceso educativo, y se observa como resultado sólo de manera bastante indirecta, de manera que creo que eso es otra llamada de atención en cuanto al déficit de información que existe en Chile.

Finalmente otra cosa que me parece que es un déficit importante es la ausencia de información sobre costos. Creo que las universidades no han hecho un esfuerzo significativo para efectivamente determinar costos de la formación de las distintas carreras y que la fijación de aranceles se hace de alguna manera más o menos promedio y siguiendo la tendencia histórica. Pero no hay un estudio de costos y tampoco existe esto en la enseñanza media o en la básica, y me parece que esa información es bien importante para las decisiones políticas, porque las preguntas que se hace el ciudadano medio es "efectivamente la cobertura ha crecido de 1990 al 2003, pero los recursos que se han puesto en la educación se han más que doblado entre 1990 y el 2003 en términos reales, entonces ¿estamos efectivamente invirtiendo en esta mayor cobertura de manera adecuada, y suficiente, o de manera todavía generosa respecto a la ausencia de indicadores de productividad?" Es decir, el tema de la información de costos es importante para resolver estos dilemas.

Mi siguiente comentario se refiere al tema de la educación superior que es probablemente donde más prevalecen las fallas de información a las que hemos aludido tanto la presentadora como en mi comentario. Creo que el tema central en la educación superior hoy, no es el incremento en cobertura, sino el problema de la calidad de la educación que se provee, y el de la diversificación o poca diversificación de la educación superior que se oferta en Chile. Todos sabemos que en Chile se están produciendo en números de alrededor de miles, los abogados, los periodistas, los ingenieros comerciales y los sicólogos. La pregunta es ¿por qué pasa eso? Yo creo porque hay un gran arrastre histórico, consistente en que las familias ven que el estudiante, el hijo, va a la escuela de derecho de alguna Universidad y se convertirá en abogado y no maneja la información de cual es el futuro que le espera a ese estudiante que será el abogado "numero 1017" de su propia generación. O sea hay un tema que me parece que es muy importante y que tiene que ver con la sobreoferta, aspecto sobre el cual la información es pobre. Pienso que mundo laboral.cl, que es la página del MINEDUC, está promoviendo un cambio en la materia que hay que acelerar invirtiendo más en la producción de la información. Porque también a los padres les gustaría saber de esos abogados, periodistas o sicólogos desempleados o subempleados, de qué institución provienen en mayor número; es decir, quieren saber cuales son las que tienen menos credibilidad en términos de su aceptación o su inserción en el mercado, esa es una información que hay que proveer porque transparenta la situación, tal y como es transparente cuando se va al supermercado y ve que es lo que contiene el pote de yogurt que se compra. Creo que los padres, las familias, necesitan más información para tomar desiciones que hasta ahora han sido de arrastre histórico. Es bueno que un joven vaya a la universidad y excelente que estudie derecho, siempre doy como ejemplo un auxiliar de la casa central de la Universidad de Chile que manda a su hijo a estudiar derecho a una universidad privada con un sacrificio financiero enorme. Me da la impresión que ese niño nunca va a ser un abogado. Puedo equivocarme, y que sea un estudiante brillante y vaya a ser un abogado destacado pero creo que en promedio eso no va a ser así. El ha tomado esa decisión porque cree que el que estudia derecho, vaya donde vaya a hacerlo, lo convertirá en un abogado, tal como se cree que el que estudia ingeniería comercial va a ser gerente de alguna parte, como el que estudia periodismo va a ser probablemente el editor de un periódico. La verdad es que esta información sobre calidad, sobre lo que hace el sistema de educación superior, me parece que está ausente, y resulta necesaria para que el sistema funcione de manera más transparente.

En segundo lugar, la oferta de la educación superior es poco diversificada. Si se observan las estructuras de carreras que ofrecen las universidades, son todas las mismas carreras, y yo diría más allá, son los mismos programas y generalmente los mismos profesores con algunas excepciones. La diversificación que hay en esto es poca. Aquí no está la creatividad para lograr formar profesionales en perspectivas distintas, en carreras distintas, resultando más fácil copiar y seguir este arrastre histórico de las familias que los envían a estudiar derecho, periodismo porque eso es lo que estaba en boga hace 20, 30 ó 50 años atrás y que se asumió y seguirá vigente hoy. Me parece que también tenemos muy poca información sobre lo que hoy se ofrece en desarrollo central: los post grados, los postítulos, la especializaciones. Creo que estamos haciendo esfuerzos en el sistema para poder acortar la duración de los pregrados y para poder diversificar con la adquisición de postgrados, postítulos, etc. Pero, de nuevo, la información sobre esto es débil.

Cuando se miran estos datos sobre las expansiones futuras del sistema, la pregunta que queda es: ¿quién va a pagar por eso? Y es una pregunta que la hago con toda transparencia porque estamos cubriendo cada vez más sectores de menores ingresos en la educación superior para bien o para mal. Uno de los déficits en estadísticas es precisamente sobre la sensación que la tasa de repitencia o la tasa de falla en la universidad es mayor para los estudiantes que vienen de los colegios más pobres o que son de menos nivel socioeconómico, haciendo todavía peor al sistema, ya que castigaría precisamente a quienes eventualmente queremos beneficiar más. Pero la pregunta es en definitiva, además de todas estas cuestiones de financiamiento de la educación publica, ¿quién va a pagar por el incremento en varios cientos de miles de estudiantes de aquí a los próximos cinco a seis años? No estamos hablando de costos menores: hoy en Chile, el costo directo para un estudiante de una carrera cualquiera está entre los 18.000 y los 30.000 dólares; llevado eso a los números de estudiantes que estamos hablando, estamos refiriéndonos a un tema serio de país. Claro: podemos buscar líneas de financiamiento como ahora se va a hacer por medio del sector privado, y el sector público seguirá haciendo un esfuerzo para poder tener un sistema de financiamiento a través del crédito solidario. Pero los números que estamos hablando, las magnitudes que la expansión cuantitativa y el crecimiento en el costo de las carreras universitarias son significativos, porque formar un médico es cada día más caro, porque la tecnología es cada vez más cara, más sofisticada, y los perfeccionamientos que tienen que tener los académicos si queremos enseñar en serio también es cada vez más oneroso, por ejemplo el académico que antes iba una vez a Estados Unidos al término probablemente de su master en Chile, y estaba dos o cuatro años en un Doctorado, con eso bastaba para que se desempeñara correctamente el resto de toda su carrera universitaria pero hoy eso no es así; tiene que ir a muchas partes varias veces durante su desempeño académico para además cumplir con las exigencias que se ponen en las universidades respecto a la carrera académica. O sea hay crecimientos importantes en los costos y evidentemente eso ratifica la pregunta de ¿quién va a pagar por todo eso?

Mi último comentario se refiere al concepto de la tasa de retorno. En mis viejos tiempos de economista me dediqué a esas cosas y creo, no se si tengo el orgullo de decirlo, que fui el que hizo el primer estudio sobre la tasa de retorno de la educación chilena cuando expuse mi memoria de master en la Universidad de Chile. Pero ahí me di cuenta de una cosa: que había la tendencia a asociar como retorno el parámetro de una ecuación de regresión en la cual se incluía educación y un par de otras variables. Los análisis indicaban que siempre esa tasa sobrestimaba enormemente el retorno privado, justamente por la ausencia de otras variables sobre las cuales no tenemos información en estudios de corte transversal: poco sabíamos en ese corte transversal respecto a antecedentes socioeconómicos, respecto de otros indicadores. Por lo tanto un retorno de 22% tiene una sobrestimación que ya es importante por esa razón. Pero lo segundo es que se sobreestima porque el 22% deja de lado el tema de los costos, que acabo de decir que son como unos 20.000 dólares de inversión solamente en arancel, más el costo de oportunidad del tiempo para un estudiante de educación superior. Se puede llegar a mostrar que las tasas de retorno de la educación superior no son tan magnificas como podría esperarse a priori y ese es nuevamente un tema que requiere análisis. Estoy, de todas maneras convencido, que lo que vale en esto no es la tasa de retorno privada que es la que permite decir al estudiante: usted ponga la plata porque se va a llevar los beneficios financieros. Pienso que lo más importante es la tasa de retorno social, que está asociada fundamentalmente a las externalidades que produce la educación, que son importantísimas, que son caras y son valiosas naturalmente a nivel de la sociedad. Un ejercicio que mostraba en aquellos años la diferencia, y George Psacharopoulos hizo un estudio comparativo para varios países del mundo sobre "la diferencia entre el retorno privado y el retorno social", era que el retorno social doblaba probablemente al retorno privado que no era necesariamente un retorno tan alto como este 22% que muestra los estudios estadísticos en Chile. Vale la pena adentrarse en ese tema porque cuando se piensa cual es el grado de subsidio óptimo que debe darse a la educación, la respuesta esta justamente en la diferencia que existe entre el retorno que se lleva la persona y el retorno que se lleva la sociedad, que como digo en mi opinión, es bastante mas alto que lo que muchos a priori pueden sospechar.

 

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