NICANOR PARRA EN NUEVA YORK

 

por Luis Oyarzún

 

No tuve oportunidad de asistir a la importante reunión de poetas que se efectuó en la Biblioteca del Congreso de Washington en los primeros días de mayo. Menos todavía al té con Mrs. Nixon en la Casa Blanca, que ha dado pretexto para someter a Parra en Chile, en Cuba y quién sabe dónde más a un verdadero juicio político-moral, como si hubiera participado en una acción de guerra en el Oriente asiático o fuera reo de un delito de alta traición. Pero sí, en este país sin ecos literarios, pude escuchar opiniones entusiastas de jóvenes poetas norteamericanos y extranjeros sobre la intervención de nuestro compatriota y sobre su poesía. Tal vez esto duela más a algunos que el amargo té con Mrs. Nixon.

Como Pablo Neruda hace cuatro años, en un congreso internacional de los Pen Clubs en Nueva York, Nicanor Parra fue esta vez una de las figuras centrales del encuentro, en que participó una docena de poetas de diversas nacionalidades: franceses, sin ir más lejos, el gran poeta Francis Ponge; norteamericanos, yugoslavos, japoneses. Hubo dos latinoamericanos, Parra y el ecuatoriano Jorge Carrera Andrade, actualmente profesor en la Universidad del Estado de Nueva York, en Stoneybrook.

El auditorio de la biblioteca estuvo siempre colmado con anticipación para escuchar la lectura de los poemas, leídos en su idioma original por los autores y en inglés por algún escritor norteamericano invitado. La poesía de Nicanor Parra empieza a ser ampliamente conocida entre los lectores de Estados Unidos -un sector especializado, por cierto- gracias a las traducciones y comentarios de William Carlos Williams, poeta y crítico que fue uno de los pontífices de la nueva generación literaria y a las versiones en inglés que circulan en libros, antologías y revistas. Los Antipoemas -cuya primera versión más completa al inglés fue hecha por Jorge Elliott en las ediciones City Lights de San Francisco, dirigidas por el poeta Ferlinghetti- se han extendido por círculos más amplios que los que cubre entre los norteamericanos la poesía contemporánea, en general poco apreciada y conocida. El lenguaje poético resulta tan hermético para el norteamericano medio como las lenguas clásicas. La convencional afición poética de las gentes, fuera de las postales y tarjetas de saludo adornadas con versos, se satisface con los autores incluidos en los textos escolares: Longfellow, Stephen Vincent Benet o, en el mejor de los casos y ya en ambientes instruidos, un Robert Frost, una Marianne Moore o, hacia atrás, Poe, Whitman o Emily Dickinson.

Poemas como los de Ginsberg, Corso o Ferlinghetti encarnan sobre toda una actitud, seguida por una acción y una prédica con algo de apostólico, por lo cual resultan en eso como las estrofas de Krishnamurti, también un vehículo de edificación extrapoética. En este ambiente de juventudes desprejuiciadas, protestantes y rebeldes -no me refiero a la "minoría silenciosa" -la poesía es un arma comprometida políticamente o en el sentido de la sedición o "liberación" moral. Así se explica el interés por Neruda o Evtushenko -sobre todo por el primero- no sólo a causa de su mayor altura y volumen, sino especialmente porque intenta traducir la rebelión social de la América oscura contra el imperialismo. Desde luego los jóvenes intelectuales y la mayoría de los estudiantes de letras son en este país abierta y aún violentamente antimperialistas, contrarios a la guerra en Indochina y simpatizantes de Cuba, aunque no siempre lo sean de la Unión Soviética.

La estancia de Nicanor Parra en Nueva York fue aprovechada por el Departamento de Eventos Públicos de la Municipalidad para iniciar un ciclo de lecturas de poesía en Bryant Park, detrás de la Biblioteca Pública, en pleno corazón de la ciudad. Estos actos son auspiciados por el Alcalde John V. Lindsay, cuyo principal asesor cultural es Mr. August Heckscher, organizador de actividades, como las óperas al aire libre del Metropolitan en Central Park y otros sitios; las representaciones continuadas de Shakespeare en el Delacorte Theater, también en Central Park, y múltiples conciertos sinfónicos en diferentes partes de la ciudad.

Para el recital de Parra se programaba una intervención del propio Alcalde Lindsay, quien leería unos cuantos versos de García Lorca de Poeta en Nueva York. Pero la lluvia matinal redujo la cantidad de público y el Alcalde, según se dice, no asiste sino a los actos de esta especie que representen un volumen considerable de ciudadanos. Mr. Heckscher, en su representación, leyó los versos y un breve discurso. Con una concurrencia de unas 500 personas, estudiantes, obreros en el descanso del mediodía comiendo sus sandwiches y bebiendo sus refrescos; paseantes desprevenidos, señoras enfloradas de primavera, empleados, "hippies" trashumantes y adoradores de Krishna vestidos de amarillo, la función fue informal, en mangas de camisa. Nicanor Parra leyó sus versos en castellano, precedido en inglés por el poeta norteamericano Stanley Kunitzer, que en 1959 obtuvo el Premio Pulitzer de poesía. El recital era, además, patrocinado por la Academia de Poetas de Nueva York. Según el comentarista del "New York Times" del 14 de mayo, el espectáculo fue, a esa hora más bien insólita, algo pocas veces visto en Nueva York.

A los pocos días, Nicanor Parra partió a California. Allí se impondría de la repulsa de la Casa de las Américas de La Habana. Hace tiempo él había escrito: "Cuba sí, yanquis también", con lo que excitó la ira de algunos poetas "más miristas que el Papa". Ahora sus amigos cubanos se encargarían de demostrarle que, según ellos, como según el directorio de la SECH en Santiago y uno de los candidatos presidenciales, no se puede estar con Dios y con el Diablo. Como si alguien fuera Dios en esta tierra y alguien el Diablo... Desde un ángulo humanista el verso de Parra es cierto. "Cuba sí, yanquis también". ¿O habrían preferido los directores de la SECH que considerando sólo las conductas políticas Parra escribiera: "Yanquis no, Cuba tampoco"?

Pero el poeta no tenía para qué dar estas batallas por adelantado perdidas. E inútiles. Ni Dios mismo podría borrar el crimen horrible de su té con Mrs. Nixon.

Nueva York, julio de 1970.

 

 

 

en: El Mercurio, Santiago, 14 de julio de 1970, p.3

SISIB y Facultad de Filosofía y Humanidades - Universidad de Chile