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Yo hubiese querido ver de nuevo
el pañuelo de campesino pobre
con que amarraste tu cabellera desordenada por el puelche,
tus mejillas partidas por la escarcha
de las duras mañanas del sur,
tu gesto de despedida
en el andén de la pequeña estación,
para no soñar siempre contigo
cuando en la noche de los trenes
mi cara se vuelve hacia esa aldea
que ahogaron las poderosas aguas.

 

De Los trenes de la noche, 1964

 

 

 

SISIB y Facultad de Filosofía y Humanidades Universidad de Chile