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Noticias del Consejo de Evaluación

Columna del Presidente del CEv

La Universidad es como la pasión

Lo que se desprende del Estudio Técnico 24 del Consejo de Evaluación, la Encuesta de Satisfacción, es que la Universidad en general está sana, pese a que su salud es relativamente mediocre.

Cristóbal Holzapfel, Presidente del CEv

Cristóbal Holzapfel, Presidente del CEv

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Así como la pasión supone ante todo el cáliz, esto es, una receptividad, lo que recibe, lo que acoge, lo que, como en los instrumentos musicales, es una caja de resonancia, ella supone también la espada, la acción que resulta a partir de aquella receptividad y que se traduce en obra artística, política, científica, filosófica, o de otra índole.

La Universidad es como la pasión porque contiene esos dos componentes: el cáliz de la receptividad, de cómo estamos, cómo nos encontramos, cómo nos sentimos en sus espacios académicos, y la espada, la acción que resulta de aquella receptividad en cuanto a las principales variables, en conformidad con las cuales se mide la universidad, a saber, docencia de pre- y postgrado, investigación ligada a publicaciones, y extensión que incluye el vínculo con el medio.

Estas dos vertientes de la pasión se complementan, se interpelan, resultando de su perfecto ajuste una sinergia, y que se muestra en una poderosa acción, sea ésta de creación y de la realización de obras de distinta especie.

Ciertamente que la pasión descuella sobre todo en lo relativo al arte. El artista tiene que ser, ante todo, particularmente receptivo, ser precisamente como una caja de resonancia (como lo resaltara Rainer Maria Rilke en sus "Cuadernos de Malte Lauridss Brigge"), y ya podemos observar lo que resulta de ello: un despliegue al estilo de Miguel Angel realizando la obra llamada precisamente "La creación".

En lo que se baraja lo principal de lo que estamos poniendo de relieve es que en el seno de la receptividad se genera la acción y únicamente de este modo ésta puede resultar una acción transformadora y enaltecedora, esto es, una gran acción. Esto es así porque la acción requiere de los nutrientes y acicates que provienen de la receptividad.

Por supuesto la pasión no es exclusiva ni es propiedad del artista, está prácticamente detrás de todas las actividades humanas, en mayor o menor grado. Ella anima al científico, al político, al deportista.

Es revelador que Martin Heidegger piense la relación entre el existente humano, el Dasein, y el ser, en términos de una circularidad, al modo de que, primero, el ser de las cosas, de las personas, de situaciones, fenómenos, nos interpela, nos llama, y depende de nosotros responder o corresponder a esa interpelación. Estos dos momentos heideggerianos, interpelación y correspondencia, permiten concebir muy adecuadamente los dos momentos simétricos de la pasión que hemos destacado.

Nuestra Encuesta de Satisfacción da cuenta de lo primero, de lo que atañe a la receptividad de la universidad, es decir de cómo palpa la universidad el estudiante, el funcionario y el académico, cómo le llega, cómo la siente, cómo le impacta. Diría que con ello se da el primer paso en la dirección de suplir un grave déficit que se muestra en la mirada usual de la universidad y que atiende únicamente a lo que se relaciona con la acción en términos de productividad.

Tal vez lo que permite mejor visualizar lo que atañe al momento de receptividad de la pasión es evocar cuando en nuestra juventud ingresamos por primera vez a la universidad, a la Academia, al Templo del Saber, las impresiones que tuvimos, y cómo lentamente se fue gestando el sentido de pertenencia. Luego las primeras clases con ciertos maestros que eran capaces de transmitir algo portentoso.

A partir de la receptividad nacida en las aulas de la universidad, de su entorno, de la comunidad de profesores y estudiantes, de los contenidos que asimilamos en clases y con nuestras lecturas, se inicia también la satisfacción. Y ésta - la satisfacción, ligada al primer momento de la pasión - constituye una variable que es no sólo intelectual, sino afectiva y anímica. Esto la distingue del segundo momento de la pasión, el de la producción, que es netamente intelectual, racional, al modo tanto de una razón teórica como de la razón práctica, en concordancia con la clásica distinción que inaugura Aristóteles en la historia de la filosofía.

A propósito de satisfacción, conviene traer aquí a colación el término que contiene una enorme riqueza filosófica: 'estar'. Como bien sabemos, este verbo constituye una exclusividad de la lengua castellana. El alemán sólo conoce 'sein' y el inglés 'to be', vale decir, 'ser', pero no 'estar'. El traductor chileno de Ser y tiempo de Heidegger, el filósofo Jorge Eduardo Rivera, traduce el 'sein' de Heidegger como 'estar', y en efecto, por de pronto, en atención a los alcances de la expresión de aquella obra 'In-der-Welt-sein', 'ser-en-el mundo' se trata mucho más que de ser, de 'estar-en-el mundo'. El estar es justamente afectivo y anímico, y notemos que tiene tal alcance que, al hacer la pregunta acerca de cómo está alguien o algo, podemos responder incluso que está bien o mal.

Esto último es muy decidor, ya que nos habla de lo decisivo que es en todo sentido el estar. A tal punto es así que si se nos pregunta acerca de cómo estamos, y en la eventualidad de que nos tomemos completamente en serio esta pregunta, quedaríamos de inmediato del todo inhibidos y enmudecidos, ya que sabemos muy bien, o por lo menos lo atisbamos, que detrás de ese estar se encuentra nuestra existencia entera y que el estar de alguien en cada caso es siempre e inequívocamente lo que resulta de esa plenitud existencial (acogiendo en esto a la vez toda la fuerza que hay tras el término 'resultado', 'Resultat' y que se destaca especialmente en el pensar hegeliano, ya que cada momento del despliegue de la razón universal tiene justamente el carácter del mencionado 'Resultat').


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Pues bien, esto es lo que mide nuestra encuesta, a saber, en definitiva cómo está, y podríamos decir también cómo se encuentra uno, sea éste estudiante, profesor o funcionario, en la universidad, y más precisamente en nuestra universidad, la Universidad de Chile.

Lo que se desprende del Estudio 24 del Consejo de Evaluación, la Encuesta de Satisfacción, es que la Universidad en general está sana, pese a que su salud es relativamente mediocre. De un lado ella muestra una alta sanidad en lo que se refiere a la variable que hemos descrito como espiritual y que tiene que ver con las percepciones generales sobre la universidad, la cual consta de categorías como la identificación con la misión de la universidad, el conocimiento del proyecto de investigación, orgullo de la pertenencia a la institución, y si acaso el encuestado la recomendaría. En una escala de 1 a 5, aquí la nota que recibimos es 3.97. Tengamos en cuenta que recién el valor 4 equivale a "de acuerdo", y 3 equivale a "ni de acuerdo ni en desacuerdo".

En sentido decreciente, luego viene la dimensión de "Formación y desarrollo", que consta de categorías como desarrollo profesional, evaluaciones, reconocimiento, y la nota es 3.50. Luego "Vida universitaria" con categorías como amistad con pares, respeto de superiores, organizaciones representativas, espacios de esparcimiento, y la nota es 3.33. Luego "Familia y vida personal", con categorías como interferencia (entre trabajo y familia), flexibilidad (a la hora de otorgar permisos, por ejemplo) y la nota es 3.17. Luego "Organización interna", con categorías como organización de la unidad respectiva, coordinación entre unidades, objetivos de trabajo, y la nota es 3.13. Finalmente "Condiciones de trabajo y estudio", con categorías como situación económica, equipamiento, infraestructura, carga de trabajo, y la nota es la peor de todas, aunque levemente inferior a alguna de las últimas: 3.12. El promedio de la UCh equivale al valor de 3.37.

Pues bien, lo que se desprende de la Encuesta, diríamos, y por supuesto con todas las reservas del caso que hay que tener respecto de cualquier encuesta, sondeo o estadística, es que de cara a la pregunta en torno a cómo estamos, debemos encontrar en esto un poderoso llamado de atención, el cual no debería aminorarse porque en nuestro Estudio al compararse también Encuestas de Satisfacción de otras universidades, como las Universidades de Berkeley, Minnesota, Granada, Salamanca, Sao Paulo, ellas tienen un "índice de satisfacción" no considerablemente más elevado que el nuestro.

Luego hay otros aspectos que considerar, como el que atañe a ciertos sesgos, que hasta cierto punto, son muy difíciles de subsanar, como por ejemplo que en el estamento de funcionarios hay muchos que no siempre cuentan con unidades computacionales para responder una encuesta.

Por último, hay que tener también en cuenta que nuestra Encuesta es pionera, al menos de lo que se refiere a la universidad en su conjunto, y en esta primera versión se ha logrado una tasa de respuestas, que sobre todo en lo que atañe al estamento estudiantil, es ostensiblemente baja (7%, estudiantes, 15% personal y 26% académicos), entiéndase en este caso como porcentajes de los respectivos universos de cada uno esos estamentos. Con todo, en un orden cuantitativo: las respuestas fueron: 1762 estudiantes, 1510 personal, 1829 académicos.

Sin duda el aspecto más relevante y que arroja también tareas pendientes para futuras Encuestas de Satisfacción es el de la necesidad de seguir realizando ésta a nivel general como local. Es patente que entre las Facultades y campi de la universidad hay considerables diferencias en cuanto al estar y la satisfacción. Lo "más ordenado" o "más desordenado", lo "más organizado" o "más desorganizado" que hay en las distintas Facultades y unidades académicas no necesariamente está en una relación directamente proporcional con la mayor o menor satisfacción. Desde luego influyen también en la satisfacción, y cómo no, incluso pueden ser decisivos, ciertos factores relativos a la relación interhumana, todo lo cual contempla también nuestra Encuesta.

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Imaginemos una Encuesta de Satisfacción a nivel nacional, que pudiera reflejar de modo relativamente objetivo cómo estamos los chilenos respecto de calidad de vida, que incluya salud, vivienda, educación, ingresos, respecto de lo cual el Censo, y mucho menos el último de 2012, no es el instrumento apropiado para hacerlo. Podemos anticipar que la compleja imagen que nos devolvería esa Encuesta nos mostraría un país con muchísima gente que simplemente está mal y lo pasa mal, aparte por supuesto de una minoría privilegiada que está bien y lo pasa bien. Ni hablar de lo que sería una Encuesta de Satisfacción a nivel planetario y el panorama más desolador todavía que nos presentaría. Del mismo modo podemos anticipar que nuestra Universidad, al menos en este sentido, está claro no es como el planeta y tampoco como el país en que está inserta. Ella se encuentra mejor y está más sana, pero no lo suficiente.

Ahora bien, cabe preguntarse acerca de posibles ámbitos, servicios y acciones que tengan incidencia en mejorar nuestro mediocre índice de satisfacción. Por de pronto, se trata de mejorar en: infraestructura; casinos y calidad de la comida; aseguramiento de que la docencia y la investigación se pueda realizar en ambientes apropiados, libres, entre otros, de contaminación acústica; confianza en la palabra de la autoridad respecto de proyectos en perspectiva. Etc. Es decir, no se trata sólo de dignidad, aunque en muchos casos, incluso hasta esta misma acaba por echarse de menos, sino de apuntar a un plus, a algo que implique justo lo que significa y el alcance que tiene la palabra que ante todo debemos tener en mente: 'satisfacción'.

No simplemente la universidad, sino nuestra universidad, la Universidad de Chile, es como la pasión, y esto significa ante todo que la vivimos con pasión, la vivimos apasionadamente. Tal vez la segunda y tercera estrofa de nuestro Himno, cuyo texto es del poeta Julio Barrenechea y que fuera Presidente de la FECH, nos interpreta de modo cabal en este sentido:

Madre nuestra, no sólo te amamos
por tus muros de piedra y de sol.
Tus cimientos de luz los llevamos
enterrados en el corazón.

En ti canta la vida su coro
nada muere pasando tu umbral.
Juventud, como un río sonoro
agua fresca de la eternidad.

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