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Autores del libro "La mirada obediente":

"No es connatural para el cine ser obediente a la historia oficial"

Los académicos del Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI), Claudio Salinas y Hans Stange, son los editores de esta publicación que ahonda en las relaciones existentes entre cine e historia, un campo poco explorado por la investigación en nuestro país. El apego a la historia oficial y la idea de verosímil histórico son algunos de los conceptos que se pueden revisar en esta publicación recientemente presentada.

El libro La Mirada Obediente. Historia nacional en el cine chileno (Editorial Universitaria) fue lanzado este jueves 10 de agosto en la Casa Central.

El libro "La Mirada Obediente. Historia nacional en el cine chileno" (Editorial Universitaria) fue lanzado este jueves 10 de agosto en la Casa Central.

Los académicos del ICEI Hans Stange y Claudio Salinas son los editores de esta publicación ganadora del Fondo Rector Juvenal Hernández Jaque.

Los académicos del ICEI Hans Stange y Claudio Salinas son los editores de esta publicación ganadora del Fondo Rector Juvenal Hernández Jaque.

El Húsar de la muerte no es una película sobre un héroe de la independencia, es una película que lo transforma en un reflejo del incipiente nacionalismo de masas de los años 20, plantea Stange.

"El Húsar de la muerte no es una película sobre un héroe de la independencia, es una película que lo transforma en un reflejo del incipiente nacionalismo de masas de los años '20", plantea Stange.

Los estudios de cine en Chile son de data relativamente nueva. La mayoría de los estudios se concentran del 2000 a esta parte, explica Claudio Salinas.

"Los estudios de cine en Chile son de data relativamente nueva. La mayoría de los estudios se concentran del 2000 a esta parte", explica Claudio Salinas.

Nueve son los textos con los que el libro “La Mirada Obediente. Historia nacional en el cine chileno” (Editorial Universitaria) se aproxima a una compleja, y en el caso de nuestro país, poco explorada relación entre cine e historia. Los editores Claudio Salinas y Hans Stange, académicos del ICEI, convocaron a otros académicos e investigadores para aproximarse a ese vínculo a partir de una serie de artículos.

Clara Kriger, Cristian Ahumada y Carolina Kulhmann, Eduardo Santa Cruz, Luis Horta, Pablo Aravena, Carolina Larraín, Bárbara Cortés y Álvaro Berrios, y José Santa Cruz, recorren y analizan filmes de distintos periodos, entre ellos, “El Húsar de la Muerte” (Pedro Sienna, 1925), “Caliche Sangriento” (Helvio Soto, 1969) y “No” (Pablo Larraín, 2012), películas que funcionan, y en el caso de las más recientes, funcionarán como “insumos o cristalizaciones del imaginario epocal en los próximos años”, como plantea Hans Stange sobre este trabajo, financiado por el Fondo Rector Juvenal Hernández Jaque.

Ustedes plantean que ha sido poco estudiada la relación entre el cine y la historia, ¿qué factores han cruzado este escaso diálogo?

Claudio Salinas (CS): “Los estudios de cine en Chile son de data relativamente nueva. La mayoría de los estudios se concentran del 2000 a esta parte. Eso creo que es un primer factor de preocupación.

Cuando nos acercamos al bicentenario, aparecieron una serie de textos fílmicos, televisivos primero, cinematográficos posteriormente, que intentaron hacerse cargo o referirse a episodios de la historia de Chile. Entonces calza justo, se adecua bien al contexto cuando empieza a ser una preocupación. Y, ¿dónde aparece la problematización? Parece que comienza a ser una preocupación porque el presente, creo, no es muy halagüeño. El presente es un poco insoportable y tenemos que recurrir a ciertos referentes.

Hans Stange (HS): “En otras cinematografías sí hay una preocupación por estudiar la relación entre el cine y la historia. Nosotros vemos que hay una abundante literatura por ejemplo en el mundo anglosajón, también el caso de España, de México, de Argentina. Y eso también tiene que ver con factores donde los estudios sobre cine están más desarrollados o empezaron un poco antes y donde hay una cinematografía mucho más abundante.

En nuestro caso, vimos que a pesar de eso hay películas que tratan el tema de la historia, no muchas, pero hay. Entonces caía de cajón preguntarse qué es lo que esas películas decían sobre la historia, y eso -en el contexto conmemorativo del bicentenario, de los 40 años del golpe, donde se da pie en el discurso social a una revisión de la historia reciente, a una revisión histórica de la identidad, de quienes somos, y además en el contexto problemático de las protestas sociales, o la crisis de legitimidad política- está obligando a pensar para donde vamos.

¿Cómo aproximarse a un campo poco desarrollado en nuestro país?

(HS): Ahí tuvimos dos problemas. Primero era cómo estudiar y analizar esto, porque no podíamos comparar la cinematografía chilena con la de estos otros países, entonces, había que buscar un modelo de análisis, un modelo teórico ad hoc a la situación local. Y segundo, valorar y juzgar qué es lo que las películas muestran, qué es lo que dicen.

La primera parte del libro intenta proponer un modelo con el cual entender que la relación entre sociedad y cine tiene que ver con un concepto que nosotros establecemos que es el “verosímil histórico”, que es cómo las películas te muestran una historia que se presenta como algo verosímil desde los conocimientos históricos, no sólo académicos, sino que lo que la gente ya tiene en su cabeza acerca de Manuel Rodríguez, de la independencia, etc.

Invitamos a estos otros colaboradores para el análisis de las películas, y lo que resultó de eso fueron dos grandes grupos de trabajo: los que estudian películas como el “Húsar de la Muerte” y los filmes de los años 40, en donde lo que uno ve es esencialmente una película que se apega a la historia oficial, en donde Manuel Rodríguez es un héroe patriótico, y donde la imagen de la transformación del campo en la ciudad y de la modernización se ajusta a la que a uno le enseñan en el colegio. Aquí una excepción es “Caliche Sangriento”, donde hay un intento de discutir, de hacer una contra versión de la versión nacionalista y patriótica de la Guerra del Pacífico.

Y el otro grupo de películas son las de los ‘90 donde la relación entre el relato histórico y el relato cinematográfico es menos lineal, es menos directa, donde hay películas que utilizan a historia como un trasfondo para hablar de problemas del presente, o películas que anulan la posibilidad de la historia, que reconstruyen episodios y los desdibujan y los trasforman en episodios a-históricos. 

Así, por ejemplo, “El Húsar de la muerte” no es una película sobre un héroe de la independencia, es una película que vuelca en ese héroe y lo transforma en un reflejo del incipiente nacionalismo de masas de los años ’20; mientras que las películas de Pablo Larraín, del dos mil en adelante, o Machuca no son películas sobre la dictadura, sino que sobre el consenso concertacionista. Así, definimos que el relato histórico depende mucho del contexto de producción, donde el verosímil del que hablamos es la manera de vincular el contexto de producción social de la película con lo que aparece representado.

¿De qué nos sirve estudiar esta relación?

CS: Nos sirve para aproximarnos a los usos sociales porque la idea de verosímil no contempla solamente la película o el director con su intención, sino que tiene que ver con la circulación y la recepción

Uno de los puntos fuertes de este libro es que todos los autores ofrecen una perspectiva, más que analizar películas. Nos interesa menos el lenguaje cinematográfico, el cuadro a cuadro, que una mirada sociocultural porque el problema de la relación cine e historia no está en el cine ni en la historia, está en el contexto.

En este vínculo entre cine e historia, ¿hay algún relación de fuerzas entre quien aporta más a quién?

HS: Nosotros estamos continuando esta investigación y ahora esto está apareciendo mucho más fuerte porque lo estamos complementando con otra investigación que hicimos sobre la representación de la historia en las series televisivas como contrapunto. Ahí sale mucho más fuerte que las fuentes del relato histórico en estas representaciones son historiográficas pero en muy poca medida. En mayor medida provienen como del conocimiento histórico que ya está en el sentido común, en el conocimiento histórico que ya está expresado en el “Adiós al séptimo de línea”, en lo que a uno le enseñan de historia en el colegio, en los imaginarios sobre la historia.

En ese sentido, en cine construye su relato histórico a partir de fragmentos y de elementos que están presentes en el imaginario público, y no discuten tanto con la historiografía. Yo diría que el documental más que el cine de ficción cumple una función de debate histórico o de hacer contra historia y por eso el título del libro es “la mirada obediente”, porque lo que se presenta no es una mirada disruptiva, contra histórica, una mirada que busque polemizar con los historiadores, o con el saber oficial sino que es una mirada que busca imaginar esa misma versión de  la historia. 

CS: Ahí yo estoy de acuerdo con la postura de Marc Ferro, cuando dice que “el cine es una visión de la historia”, y en el fondo se pregunta cuál es  más importante, el cine o la historia. No tiene finalmente mucha consecuencia porque finalmente, cada vez más la sociedades de masa y posteriormente post masivas, muchos de las imágenes sobre el pasado histórico se hacen a través de lo audiovisual. 

Texto: Francisca Palma
Fotografías: Alejandra Fuenzalida.

Viernes 11 de agosto de 2017

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