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Sergio Barrientos:

"Mucho de lo que investigamos coincide con lo que la sabiduría popular había conocido hace mucho tiempo"

El director del Centro Sismológico Nacional (CSN) de la Universidad de Chile forma parte del equipo de académicos, investigadores y artistas que se desplegará en enero de 2018 en Ancud y Curaco de Vélez en el marco de la Escuela de Temporada "Hacia un territorio sustentable: diálogos sobre identidades, culturas y patrimonios". El sismólogo compartirá con la líder huilliche Rosa Naipan en el diálogo "La tierra y el agua se mueven: habitando territorios insulares", que tendrá lugar en Ancud el jueves 11 de enero.

El director del CSN será parte de la Escuela de Temporada 2018 de la U. de Chile.

El director del CSN será parte de la Escuela de Temporada 2018 de la U. de Chile.

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Sitio web de la Escuela de Temporada 2018
Formulario de inscripción a Talleres de la Escuela de Temporada

"Realizar Escuelas de Temporada en cualquier parte de Chile debiera ser bienvenido. Me parece que llevar a cualquier lugar de Chile el conocimiento de las últimas cosas que se están realizando, de los últimos desarrollos, debiese ser siempre bienvenido", plantea Sergio Barrientos, director del Centro Sismológico Nacional y académico de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, quien será uno de los más de 30 académicos y artistas que serán parte de una nueva edición de la Escuela de Temporada de la U. de Chile.

Bajo el título "Hacia un territorio sustentable: diálogos sobre identidades, culturas y patrimonios", la Escuela se iniciará el domingo 7 de enero a las 19:00 hrs., y proseguirá entre el 8 y el 12 de enero con talleres y conversatorios, además de una nutrida franja cultural, instancias totalmente abiertas y gratuitas a todo público, a las que pueden inscribirse en www.uchile.cl/escueladetemporada.

¿Por qué es importante realizar una Escuela de Temporada en Chiloé? ¿Qué relevancia tiene para usted esa zona como sismólogo?

Chiloé tiene características especiales desde el punto de vista sismológico. Han ocurrido ahí eventos en el pasado que marcan esta zona como única en el mundo. El terremoto más grande que se ha dejado registrar en la Tierra desde que hay registro instrumental ocurrió en esa zona, desde la Península de Arauco hasta la Península de Taitao, precisamente donde Chiloé se encuentra en la parte central. El hecho de que la Isla de Chiloé esté en constante movimiento con los terremotos se puede explicar en un contexto tectónico general que ocurre en la Tierra y que los habitantes de Chiloé seguramente han notado. No me cabe duda de que los pescadores se dieron cuenta de que un día después del terremoto de 1960 la costa se había hundido y el mar estaba más adentro.

Usted habla de distintos saberes, el cotidiano y el científico, que se encuentran en su disciplina, lo mismo que ocurre en las Escuelas de Temporada.

Claro. Si uno puede empezar a contrastar el conocimiento local con lo que nosotros hemos encontrado y con las explicaciones que tenemos para entender ese fenómeno, creo que podemos llegar a una conversación de enorme utilidad para ambos lados, para ambas visiones y perspectivas de cómo entender de mejor manera la naturaleza.

La disciplina en la que nosotros nos desenvolvemos es eminentemente observacional. La observación más dura ha venido de la medición con instrumentos, pero hay otras realizadas con mucha anterioridad y basadas en la experiencia diaria; ese es un saber que estamos redescubriendo. Cada vez que entendemos un proceso de mejor manera vamos incorporando ese conocimiento que ya existía. Una de las situaciones más extraordinarias para mí es la leyenda de Caicai y Trentren (serpientes de la mitología mapuche), que da cuenta de una cosmovisión de hace cientos de años y que nosotros vinimos a redescubrir entendiendo el trasfondo del asunto. Estamos, desde el punto de vista científico, viendo que mucho de lo que investigamos coincide con lo que la sabiduría popular había conocido hace mucho tiempo. Ese tipo de cosas para mí son reveladoras.

¿Qué temas abordará su diálogo en Chiloé: “La tierra y el agua se mueven: habitando territorios insulares”?

Los temas que yo investigo tienen que ver con la manera en que estamos tratando de entender la Tierra, cómo opera en la escala corta, humana, y la geológica, qué es lo que debiera ocurrir en el futuro basado en lo que ha ocurrido en el pasado, siempre centrándome en la región. Mi apellido es Barrientos y allá dicen que uno levanta una piedra y encuentra varios Barrientos. Mi familia es originaria de una de las islas de Chiloé, por lo que tengo una sensación especial por el hecho de tratar de comunicarme con la región, con la gente de la región de donde mi familia es originaria. Creo que me siento un poco más cercano en ese sentido.

¿Cree usted que este tipo de actividades abiertas y gratuitas ayuda a aumentar el conocimiento general y que con eso se podría evitar, pensando en su área, la divulgación de falsas predicciones de terremotos?

A mí me parece que lo mejor para tomar buenas decisiones es tener información. Creo que todos tenemos que tratar de estar lo mejor informados posible para que nuestras decisiones, a cualquier nivel, sobre qué tipo de cosas vamos a consumir, qué cosas vamos a creer, qué escenario ha ocurrido y si lo consideramos válido o no, sean las mejores; esto ocurre cuando hay una educación más profunda. Creo que lo que estamos haciendo, lo que hace la Universidad de Chile con las Escuelas de Temporada, apunta a eso, a reducir la ignorancia, a reducir el espacio donde la gente, en vez de conocimientos, tiende a creer cosas. Creo que estas jornadas son tremendamente valiosas y que lo que uno debe intentar en una comunidad es entregar la mayor cantidad de información, educar de la mejor forma a la gente para que cada uno de nosotros, en su momento, tome las mejores decisiones. Creo que esa es la misión de una institución como la Universidad de Chile.

Un centro a disposición del país

¿La vocación de servicio público que menciona es la misma que motiva al Centro Sismológico Nacional?

La cuna de la sismología en Chile es justamente la Universidad de Chile. El Servicio Sismológico se crea en mayo de 1908 y desde 1927 funciona oficialmente bajo el alero de la Universidad, y desde entonces es ella la que ha mantenido el conocimiento y el desarrollo de la sismología en el país. Todo lo que conocemos en este momento, todas las cosas que se conocen sobre la sismicidad en el país es producto de personas que han trabajado en esta institución, que han entregado su vida completa al estudio de los terremotos en Chile y han contribuido a que el país esté donde está hoy en conocimiento sismológico. El país en este momento cuenta con un desarrollo sismológico que puede ser considerado uno de los más significativos en el mundo. A pesar de que faltan instrumentos, las metodologías y desarrollos que se han hecho en Chile están siendo aplicadas en otras partes del mundo.

Mucho se ha hablado sobre la necesidad de avanzar en alerta temprana de sismos. ¿Qué está haciendo el CSN en esa materia?

Ojalá pudiéramos estar haciendo más en el campo de la alerta temprana de terremotos. Cuando ocurre un sismo en alguna parte del país hay una serie de estaciones sismológicas que son capaces de capturar las características de ese terremoto y comunicar lo que llamamos alerta temprana. Las primeras ondas sísmicas llegan a esas estaciones y basándose en ese análisis uno puede advertir, a distancias un poco más lejanas, el arribo de las ondas un poco más tarde. Tecnología como esta se ha incorporado en Japón, donde hay sistemas que permiten capturar las características del terremoto y avisar desde segundos hasta probablemente poco más de un minuto antes de la inminente llegada de las ondas sísmicas a lugares más lejanos.

En México, por ejemplo, para ciertos temblores que ocurren costa afuera hay alrededor de un minuto que transcurre entre la caracterización del sismo y la llegada de las ondas a la Ciudad de México. Basado en eso creemos que hay ciertos lugares en Chile en los que para cierta sismicidad existiría una posibilidad de hacer alerta temprana. Ya hemos hecho algunos estudios en la zona central de Chile y creemos que uno podría, para cierto tipo de terremotos, dependiendo de dónde ocurra el foco, tener para Santiago alrededor de 15 a 20 segundos de anticipación antes de que lleguen las ondas más peligrosas.

¿Se está trabajando con otros organismos del Estado en el desarrollo de estas tecnologías?

Le hemos presentado este proyecto a la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi) como parte de nuestra labor de ponernos a disposición de la sociedad para entregarle cada vez mayores herramientas. La Onemi está analizando la factibilidad de poder hacerlo. Llevamos varios meses en conversaciones y la Onemi está viendo la factibilidad de hacer un consorcio público-privado para hacer no solamente un sistema de alerta temprana que requiere un mayor número de instrumentos para aquellos movimientos que ocurran costa afuera, sino que también la posibilidad de instalar sensores en el fondo del mar, que es otra tarea que tenemos que hacer, pues nos acercaría al lugar donde ocurren estos fenómenos sísmicos más importantes.

¿Cuál diría que es la mayor innovación en tecnología que ha salido del Centro Sismológico en los últimos años?

Yo diría que el gran avance que ha tenido Chile en los últimos años en términos sismológicos ha sido la Red Sismológica Nacional (fruto de un convenio de colaboración y transferencia entre la Onemi y el CSN). Ese ha sido lejos el gran avance; tener un sistema de observación desde Visviri hasta Magallanes.

Jamás se había tenido y hoy contamos con alrededor de 100 estaciones desplegadas a lo largo de todo el país. Esas estaciones están entregando información valiosísima y gracias a ella, si en 2008 podíamos registrar alrededor de 300 sismos (de magnitud mayor a 3) al mes, hoy podemos registrar más de 600 producto de esa capacidad de observación.

Eso permite conocer de mejor manera cuáles son las zonas sismogénicas, dónde están ocurriendo los sismos en Chile. Con ello uno puede saber cuáles son los terremotos máximos que podrían ocurrir y dónde podrían ocurrir. Eso, por ejemplo, hace que nuestra infraestructura, incluyendo nuestras casas, pueda resistir los terremotos de mejor manera de lo que lo hacía hace 100, 50 años atrás. Otro elemento prominente ha sido la utilización de tecnologías de posicionamiento satelital en tiempo real para determinar los desplazamientos de la corteza asociados a terremotos. Desarrollos tecnológicos del último lustro nos permiten cuantificar cuánto se desplaza el terreno cuando ocurre un terremoto; ese desplazamiento facilita la caracterización de la zona de ruptura a los pocos minutos de ocurrido el evento. Nuestro país posee condiciones tectónicas cercanas a las ideales para utilizar esta tecnología, de modo que la estamos integrando, lo que nos convierte en uno de los pocos países que la utiliza en los sistemas de monitoreo sismológico.

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