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Columna de Opinión:

Por un país que no olvide a los que olvidan

"Por su impacto en la salud de las personas y en el conjunto de la sociedad, las demencias cumplen todos los criterios para ser consideradas una prioridad de la salud pública", plantea la académica de la Facultad de Medicina, Andrea Slachevsky, en esta columna publicada en El Mercurio. La también coordinadora de la Clínica de Memoria y Neuropsiquiatría de la U. de Chile, se refiere a cómo, si bien nuestro país cuenta con un Plan Nacional en la materia, este debe ser intersectorial y no sólo un tema de la cartera de salud.

Si bien Chile cuenta con un Plan Nacional de Demencias, los desafíos son aún múltiples, destacándose aquellos de la cobertura y de la integración.

Si bien Chile cuenta con un Plan Nacional de Demencias, "los desafíos son aún múltiples, destacándose aquellos de la cobertura y de la integración".

Por su impacto en la salud de las personas y en el conjunto de la sociedad, las demencias cumplen todos los criterios para ser consideradas una prioridad de la salud pública, plantea Slachvsky.

"Por su impacto en la salud de las personas y en el conjunto de la sociedad, las demencias cumplen todos los criterios para ser consideradas una prioridad de la salud pública", plantea Slachvsky.

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Columna publicada en El Mercurio.

La enfermedad de Alzheimer y otras demencias han emergido como uno de los principales trastornos de salud a nivel mundial. 35 millones de personas en el mundo presentarían una demencia, entre ellos unos 200.000 chilenos. Esta cifra se duplicará cada 20 años, afectando en 2050 a 115 millones de personas en el mundo y más de 600.000 chilenos, es decir, 3 por ciento de nuestros conciudadanos.

En Chile, las muertes atribuidas a demencias aumentaron en un 526 por ciento en las últimas dos décadas. Quienes cuidan a personas con demencias, mayoritariamente familiares y mujeres, presentan una alta prevalencia de trastornos de salud mental y un desmedro en su actividad laboral. Por su impacto en la salud de las personas y en el conjunto de la sociedad, las demencias cumplen todos los criterios para ser consideradas una prioridad de la salud pública.

El año 2012 fue decisivo para el Alzheimer y otras demencias en nuestro país: la conjunción de campañas de concientización, lideradas por la Corporación Profesional de Alzheimer y otras demencias (COPRAD), y la creación del primer centro público de día para personas con Alzheimer, el centro Kintún, iniciativa de un grupo de profesionales en colaboración con Sename y la Municipalidad de Peñalolén, visibilizaron la carencia de políticas públicas para las demencias. Estas iniciativas contribuyeron a evidenciar la necesidad de impulsar en Chile un Plan Nacional de Demencia, recogiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Internacional de Alzheimer, quienes solicitaron a los gobiernos declarar a las demencias una prioridad de salud y desarrollar Planes Nacionales.

Los planes nacionales constituyen la mejor alternativa para promover las múltiples acciones necesarias para mitigar el impacto de las demencias en la sociedad y mejorar la calidad de vida de quienes viven con demencia y su entono. Desde 2012, los avances han sido rápidos. En 2017, el Ministerio de Salud, en colaboración con sociedades científicas, organizaciones civiles y la academia, propuso el Plan Nacional de Demencias. Ese mismo año se inició su implementación en tres servicios de sistema de salud pública con la construcción de dispositivos y programas de atención para las personas con demencias y su entorno. 

Si bien nos podemos felicitar por ser, junto con Costa Rica, uno de los dos únicos países de Latinoamérica que cuentan con un Plan Nacional de Demencias con recursos asegurados para su implementación, los desafíos son aún múltiples, destacándose aquellos de la cobertura y de la integración. En la actualidad, la implementación del plan esta limitada a tres servicios de salud y resulta del esfuerzo casi exclusivo del Ministerio de Salud. Las políticas públicas para las demencias, al igual que para las otras enfermedades crónicas no transmisibles, no pueden limitarse a lo sanitario. Es necesario asegurar la continuidad de la atención y cuidados socio-sanitarios, desde del diagnóstico hasta los cuidados de fin de vida, e impulsar la solidaridad y el respeto hacia quienes viven con demencias y su inclusión en la comunidad.

Esto dependerá de la voluntad política de sobrepasar las divisiones sectoriales del aparato estatal e integrar acciones y programas de los Ministerios de Salud, de Desarrollo Social, de Justicia y de Conicyt, como también la coordinación con los municipios, el sector privado y la ciudadanía.

No olvidar a quienes viven con demencias y hacerse cargo de sus necesidades, expandiendo y fortaleciendo el Plan Nacional de Demencias, implica desarrollar soluciones transversales e integradoras que reflejen el ideario de la sociedad que queremos ser: una sociedad que no discrimina y que cuida a quienes ya no pueden valerse por sí mismos, y no una sociedad que excluye a los vulnerables.

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