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A 50 años de este hito

¿Cómo impactó la llegada de la humanidad a la Luna en el desarrollo de la ciencia y tecnología?

La llegada del primer humano a la superficie de nuestro satélite natural fue un hito histórico que fue televisado a todo el mundo. Cómo lo recuerdan académicos y académicas de la U. de Chile y cómo les impactó en su trayectoria como investigadores, es lo que nos cuentan Ricardo Finger, Mónica Rubio, los Premios Nacionales Mario Hamuy y María Teresa Ruiz, y el decano Francisco Martínez, todas y todos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM).

María Teresa Ruiz, académica del DAS, directora del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (Cata) y Premio Nacional de Ciencias Exactas 1997.

María Teresa Ruiz, académica del DAS, directora del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (Cata) y Premio Nacional de Ciencias Exactas 1997.

Mario Hamuy, académico del Departamento de Astronomía (DAS) de la FCFM y Premio Nacional de Ciencias Exactas 2015.

Mario Hamuy, académico del Departamento de Astronomía (DAS) de la FCFM y Premio Nacional de Ciencias Exactas 2015.

Mónica Rubio, académica del Departamento de Astronomía FCFM - U. de Chile.

Mónica Rubio, académica del Departamento de Astronomía FCFM - U. de Chile.

Francisco Martínez, decano de la FCFM.

Francisco Martínez, decano de la FCFM.

Ricardo Finger, académico de los departamentos de Astronomía e Ingeniería Eléctrica de la FCFM.

Ricardo Finger, académico de los departamentos de Astronomía e Ingeniería Eléctrica de la FCFM.

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50 años de la llegada a la Luna

Hace 50 años, la misión Apolo 11 de la Nasa ya había despegado con rumbo a la Luna, donde tras cuatro días de viaje, alunizó el 20 de julio. El hito para la agencia aeroespacial estadounidense fue transmitido en vivo a todo el mundo, convirtiéndose en uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX, gatillante de la creación de nuevas tecnologías e inspirador de generaciones de investigadores.

“Han pasado 50 años de la llegada del hombre a la Luna, sin embargo, aún guardo vivos recuerdos de este histórico domingo 20 de julio de 1969. Existía gran expectación en el país. A mis 9 años el tema se conversaba en el colegio, el barrio y la familia”, recuerda Mario Hamuy, académico del Departamento de Astronomía (DAS) de la FCFM y Premio Nacional de Ciencias Exactas 2015.

La académica del DAS, María Teresa Ruiz, directora del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA) y Premio Nacional de Ciencias Exactas 1997, también estaba pendiente ese día. “Lo vi por televisión, emocionada por ver algo tan trascendente y por poder hacerlo ‘en vivo y en directo’, algo que hoy, gracias a la multitud de satélites de comunicación no sorprende a nadie, pero en esos años eran muy pocos y las transmisiones en directo muy infrecuentes. La imagen era de muy mala calidad, pero fue lo suficiente como para sentirse parte de lo que ocurría”, cuenta.

“Sentí que era un importante primer paso en el que nosotros, nuestra especie, emprendíamos la exploración del espacio venciendo las muchas y formidables limitaciones que tenemos para dejar y sobrevivir lejos de nuestro planeta madre”, indica Ruiz.

La también astrónoma del DAS, Mónica Rubio, recuerda que estaba en su casa, esperando el momento en familia. “Tenía poco más de 10 años y estábamos pendientes del televisor en el living, esperando la transmisión, todos emocionados y ansiosos de que resultara bien. Fue tremenda alegría cuando Neil Armstrong salió de la nave, bajó de la escalera y puso un pie en la Luna. Estábamos contentos, todos celebramos”, indica. “Recuerdo que salí al patio y miraba la Luna y decía: ‘¡allá están los astronautas!’. Me parecía algo increíble, fantástico”, agrega.

Hamuy recuerda que una de las preocupaciones entre el público era que el Eagle (Águila) -módulo lunar que descendió al satélite- se pudiera hundir en un blando suelo lunar, lo que quedó descartado al alunizar. “Con mi padre fuimos los últimos en apagar la tele, pasada la medianoche, a pesar de que al día siguiente había que madrugar para ir al colegio. Una insuperable cita con la historia que, en mi opinión, significó el inicio de la exploración del Sistema Solar más allá de los confines del pequeño Plutón y, en lo personal, el principio de mi ulterior camino hacia la astronomía”, sostiene.

Es un ejemplo claro de decisión política, con la voluntad de poner los recursos que se requerían y la confianza en que el desarrollo tecnológico y científico que se lograría va a ser tan importante que redituará con creces toda la inversión destinada a un programa así”, agrega Rubio.

“La tecnología que se tuvo que desarrollar para enviar personas a la Luna y que regresaran sin problema fue mucha y abarcó distintos ámbitos, desde la medicina hasta el desarrollo de tecnología de comunicaciones, computación, nuevos materiales, etc. Se estima que a pesar de la gran inversión que realizó el gobierno norteamericano para financiar las misiones Apolo, los recursos económicos obtenidos en aplicaciones en otros campos, más que duplicó la inversión y sentó las bases del desarrollo tecnológico actual”, asegura Ruiz.

Para el decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM), Francisco Martínez, el momento marcó el ingreso de la humanidad a la era del desarrollo tecnológico. “Ahora podemos constatar que aquello ha ocurrido, aunque aún no colonizamos Marte, ni volamos autónomamente, ni superamos las convulsiones sociales. Hoy, sin duda, la tecnología sigue un curso vigoroso, empujando y acelerando esta vida que nos estresa, pero es también una nueva gran oportunidad para sumarnos, asumir los riesgos con coraje y, por fin, cabalgar al frente”, sostiene.

En opinión del experto en instrumentación astronómica, Ricardo Finger, académico de los departamentos de Astronomía e Ingeniería Eléctrica de la FCFM, la principal contribución de los viajes a la Luna "fue el desarrollo de las tecnologías necesarias para la construcción y operación de cientos de sondas robóticas que permitieron explorar el Sistema Solar como nunca antes se hubiera soñado, mostrándonos una sorprendente variedad de mundos e inspirando a generaciones de futuros científicos e ingenieros. Que hoy imaginemos perforar los hielos de Europa (luna de Júpiter) y explorar su posible océano, o navegar los mares de metano de Titán (luna de Saturno) es el principal legado", sostiene.

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