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Vicerrectoría de Asuntos Estudiantiles y Comunitarios

Columna del Prof. Juan Cortés, Vicerrector VAEC

¿Qué hacemos con la violencia?

El fortalecimiento de la sociedad implica reconocer su cohesión y valorar la reflexión de sus integrantes como legítimos otros, revalidando así los procesos democráticos en la toma de decisiones. Los estudiantes universitarios, ciudadanos que se preparan activamente para liderar la sociedad, debieran ser los actores de primer orden en esta enorme tarea. En una sociedad de este tipo, la violencia no cabe.

Prof. Juan Cortés, Vicerrector de Asuntos Estudiantiles y Comunitarios

Prof. Juan Cortés, Vicerrector de Asuntos Estudiantiles y Comunitarios

La violencia los chilenos la conocemos bien y en cierto modo estamos habituados a ella. Durante el siglo XIX la vivimos bajo formas de sesgo cultural y apropiación territorial, en el siglo XX, como miseria, represión política e imposición económica llegando al siglo XXI en el cual encontramos una violencia brutal aunque sutil, revestida de indiferencia e individualismo en la que el consumo ocupa el sitio que dejó la espiritualidad y los intereses se confunden con derechos, enmascarando así los deberes.

Así y todo seguimos conviviendo con ella cotidianamente. Esto no significa para nada que nos agrade o que la busquemos, muy por el contrario, a la inmensa mayoría nos cae mal y muchas veces nos llega de sopetón.

La gente en general está más dispuesta a los cambios consensuados, a la fuerza tranquila de la opinión fundada, la que nace después de reflexiones y orientadas al bien común. Tal vez podamos enfrentar mejor este devenir histórico al amparo de un concepto que esperamos continúe presente en la sociedad chilena: El de convivencia democrática.

Las comunidades están inevitablemente sujetas a cambios y transformaciones y la manera de resolver las diferencias que las nuevas realidades generen debiera buscarse en los mecanismos y procesos democráticos tomados como principios orientadores para la toma de decisiones. Que existan estas constantes tampoco impide que intentemos anticiparnos e influir en su curso y el hecho que los cambios y transformaciones sean fenómenos inevitables en la sociedad no inhibe la existencia de constantes en el quehacer humano: allí están el amor y la solidaridad para demostrarlo.

Una sociedad democrática anhela y espera transformaciones que releven el interés general. La promoción del bienestar subjetivo al interior de una comunidad educativa lo buscaremos a partir del desarrollo democrático y participativo de sus estructuras sociales. En la práctica cotidiana esto no significa más que echar mano a herramientas tales como la reflexión crítica, la opinión fundada, el respeto y buen trato y la solidaridad para facilitar los diálogos, ligados a su vez a una vigorosa ética ciudadana. La paz es necesaria y hasta ahora, paciente.

La sociedad más que nunca espera ansiosa la reconstrucción de sus comunidades y la revitalización de los valores humanistas. El fortalecimiento de la sociedad implica reconocer su cohesión y valorar la reflexión de sus integrantes como legítimos otros, revalidando así los procesos democráticos en la toma de decisiones. Los estudiantes universitarios, ciudadanos que se preparan activamente para liderar la sociedad, debieran ser los actores de primer orden en esta enorme tarea. En una sociedad de este tipo, la violencia no cabe.

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