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Cómo frenar el negacionismo: el debate que hoy preocupa al mundo de los derechos humanos

En la actualidad, los discursos negacionistas respecto a los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura cívico - militar han resurgido de la voz de figuras públicas, poniendo en duda el pacto del "Nunca más" e invalidando el trabajo realizado por las organizaciones de familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos. Cuáles son las especificidades y dimensiones de este fenómeno es la pregunta central que académicos de la Universidad de Chile, representantes de organizaciones de derechos humanos y familiares de genocidas por la memoria, la verdad y la justicia analizan en el siguiente artículo.

Negacionismo: el debate que preocupa al mundo de los derechos humanos.

Negacionismo: el debate que preocupa al mundo de los derechos humanos.

Académicos y representantes de organizaciones de derechos humanos se reunieron en un conversatorio titulado Negacionismo e impunidad: nuevas memorias, nuevos debates.

Académicos y representantes de organizaciones de derechos humanos se reunieron en un conversatorio titulado "Negacionismo e impunidad: nuevas memorias, nuevos debates".

Los discursos negacionistas ponen en duda el pacto del Nunca más.

Los discursos negacionistas ponen en duda el pacto del "Nunca más".

Manuel Guerrero, académico de la Universidad de Chile.

Manuel Guerrero, académico de la Universidad de Chile.

Gloria Elgueta, integrante de la mesa Londres 38.

Gloria Elgueta, integrante de la mesa Londres 38.

Verónica Estay, integrante del Colectivo Historias Desobedientes.

Verónica Estay, integrante del Colectivo Historias Desobedientes.

De izquierda a derecha: Manuel Guerrero, Beto Rodríguez, Gloria Elguea, Héctor Bravo y Verónica Estay.

De izquierda a derecha: Manuel Guerrero, Beto Rodríguez, Gloria Elguea, Héctor Bravo y Verónica Estay.

Los dichos recientes de figuras públicas en los medios de comunicación y en el Congreso Nacional que relativizan los crímenes cometidos por los agentes del Estado durante la dictadura cívico – militar, o que vulneran la dignidad y el respeto a los más de mil detenidos desaparecidos y detenidas desparecidas en dicho período, hoy forman parte de un fenómeno que pone en tela de juicio los pisos éticos mínimos para la garantía de no repetición.

Ante las preocupaciones que generan estos discursos negacionistas y de odio en Chile, un grupo de académicos y representantes de organizaciones de derechos humanos se reunieron en un conversatorio titulado “Negacionismo e impunidad: nuevas memorias, nuevos debates”, organizado por la Cátedra de Derechos Humanos y el Colectivo Historias Desobedientes, organización conformada por hijas, hijos y familiares de genocidias por la memoria, la verdad y la justicia.

Participaron de la instancia el académico de la Universidad de Chile, Manuel Guerrero; la integrante de la mesa Londres 38, Gloria Elgueta; el integrante de la Corporación Memoria Lonquén, Beto Rodríguez Gallardo; la integrante del Colectivo Historias Desobedientes, sobrina de un torturador e hija de ex presos políticos, Verónica Estay; y el psiquiatra argentino Héctor Bravo.

Negacionismo

Gloria Elgueta, integrante de la mesa Londres 38, realizó una lectura política e histórica del negacionismo, explicando que, si bien no se trata de un fenómeno exclusivo de la dictadura militar debido a que se podría hablar de un negacionismo respecto al genocidio de los pueblos indígenas presentes en Chile y América Latina, por ejemplo, habría que preguntarse cuáles son sus especificidades en la actualidad.

“A pesar de lo que pudiera pensarse, en dictadura no fue el momento de mayor ocultamiento o negación. Durante la dictadura, y particularmente en los últimos años, el negacionismo debió retroceder porque se abrió una conciencia más amplia de la mano de las luchas sociales y políticas en dictadura, pero ¿qué pasó después? El terrorismo de Estado es un sistema que junto con ocultar, muestra que junto con negar, afirma, y por lo mismo necesitó explicitar los crímenes”, aseguró Gloria Elgueta.

Si hubiera habido un secreto y una negación total y completa, no habría tenido el efecto que tuvo porque uno de ellos era justamente el terror. Ese sistema necesita verse como un régimen de visibilidad y un régimen de ocultamiento, y, al mismo tiempo, requiere de una cierta garantía de impunidad”, siguió la integrante de Londres 38.

En el período posterior a la dictadura es cuando este régimen de visibilidad se transforma, según Gloria Elgueta, y se produce lo que organizaciones de derechos humanos han denominado la "privatización del daño", donde “se circunscribe un grupo reducido de víctimas, las víctimas ejemplares, las víctimas de los crímenes más extremos, junto con una serie de pactos que durante ese período se establecen y que permiten la continuidad y la garantía de la impunidad que ya habíamos conocido y vivido en dictadura, pero que durante la postdictadura alcanza su máxima perfección porque se producen en condiciones de lo que (Patricio) Aylwin llamó ‘la justicia en la medida de lo posible’”.

Por otro lado, Beto Rodríguez Gallardo, familiar y sobreviviente de la familia Gallardo, víctimas del Montaje de Rinconada de Maipú, se refirió al problema de la impunidad, explicando que si bien se ha tendido a avanzar, las condenas contra los genocidas y torturadores son tardías, bajas –10 años en promedio por crímenes de lesa humanidad– y reducidas “a la cúpula de la DINA”. A esto se suman, a su juicio, las cuestionables políticas de gobiernos “que desarrollan informes de verdad 'en la medida de lo posible', y sin tocar en ningún momento el corazón de la transformación social, económica y política en nuestro país”

La deshumanización del otro

El psiquiatra argentino Héctor Bravo explicó que se habla de negacionismo “cuando la negación de la realidad de un crimen histórico es el objetivo de dicha negación. Es un mecanismo de defensa y protección que sirve tanto a los actores de un genocidio o de crímenes de lesa humanidad, como a los cómplices del mismo y a su herederos ideológicos”.

El académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, Manuel Guerrero, se refirió a los procesos y mecanismos que están a la base del negacionismo. “Estamos hablando de un daño provocado a la comunidad que traspasa con creces a los cuerpos que conocemos como los dañados y a las víctimas de las violaciones a los derechos humanos. La transmisión de ese daño de manera transgeneracional muestra un alcance que va mucho más allá de quienes fueron los sobrevivientes directos o de los hijos e hijas de ellos”, explicó Manuel Guerrero, agregando que algunas investigaciones recientes incluso hablan de una herencia genética del trauma y que los procesos que están a la base de la tortura tienen como objetivo político la destrucción de las relaciones sociales.

Asimismo, el también académico de la Facultad de Medicina aseguró que existe un proceso de deshumanización del otro que consta de dos mecanismos que, además de paradójicos, son simultáneos: un proceso de sobrevalorización y otro de subvaloración de la víctima, donde el primero “quiere decir que se asume que en la víctima, que está ahí, indefensa, residen fuerzas hiperpoderosas, es decir, a quien se está torturando no es un niño, no es una mujer indefensa, sino que se está torturando al comunismo internacional; es despojar al otro precisamente de su lugar vulnerable, y de esa manera se empieza a construir una otredad, una alteridad estigmatizada”.

Simultáneamente, siguió el académico, se produce un proceso de subvaloración de la víctima, donde el otro no es un humano sino que es un “subhumano”. “Los distintos genocidios que han habido tienen en común estas prácticas en que hay una subvaloración de la víctima en tanto alguien que ya no es una persona, es menos que un animal, y entra todo un lenguaje clínico a operar y lo de los medios de comunicación como La Segunda, cuando dice 'Exterminados como ratones', es decir, cuando entra el lenguaje del animal, éste ya ha sido previamente descalificado, expulsado de nuestra comunidad moral”.

En base a esta explicación, Manuel Guerrero señaló que el negacionismo reproduce la misma lógica y los mismos elementos que están a la base de las prácticas como la tortura, los cuales se reactivan y extienden en un período democrático. “Si primero se trataba de la negación del derecho a la vida de un conjunto de sujetos que estaban calificados como grupo potencialmente peligroso, en el período postdictatorial hay una extensión simbólica en el plano discursivo y judicial de lo que fue esta practica material durante las violaciones sistemáticas a los derechos humanos”.

“Los desobedientes”

El 25 de mayo de 2017 se realizó en Argentina el primer encuentro entre familiares de genocidas de la dictadura. Lejos de legitimar el régimen impuesto por Jorge Rafael Videla, su objetivo era organizarse y tomar una posición ética y política al respecto: el repudio a los crímenes perpetrados por sus propios familiares –padres, hermanos, tíos, sobrinos–, muchos de los cuales permanecen impunes hasta el día de hoy.

Bajo esos mismos objetivos, este año, en Chile, nació el Colectivo Historias Desobedientes. Hijas, Hijos y Familiares por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Una de sus integrantes, Verónica Estay, doctora en Literatura, sobrina de un torturador e hija de ex presos políticos, expresó que la posición del colectivo es clara: oponerse absolutamente al negacionsimo de quienes afirman que los crímenes de la dictadura no ocurrireron o, peor aún, que tendrían justificación posible.

“’Los desobedientes’ podemos aportar humildemente una confirmación más de los hechos históricos que en la actualidad se pretende ocultar”, señaló Verónica Estay, agregando que “someter a discusión el carácter verdadero o falso de los crímenes contra la humanidad cometidos en Chile durante la dictadura debería parecernos tan absurdo como someter una verdad matemática, dos más dos son cuatro, a la opinión de la mayoría”.

“Una de las tareas que ha asumido el Colectivo Historias Desobedientes consiste en oponerse a toda forma de negacionismo. En este sentido, el descubrimiento y la divulgación de las verdades de hecho, gestadas en el interior de las propias familias, no pueden sino contribuir a la consolidación de esa materia factual, que a pesar de todo, persiste, resiste y palpita en el fondo de la historia. Una verdad que entre libertad y responsabilidad, por su inercia misma, algún día deberá ser reconocida como imposible de negar”, afirmó Verónica Estay.

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