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Facultad de Artes

Directora del Departamento de Artes Visuales:

Susana González: "La libertad no es gratuita"

La artista plástica y directora del Departamento de Artes Visuales fue seleccionada para participar en la VIII Bienal Internacional de Cerámica de Manises, especialidad a la que llegó casi al azar. De ello, de su trabajo artístico ligado al estudio de género y de su historia en la Facultad, conversó con el sitio de la Facultad de Artes.

La directora del Departamento de Artes Visuales, Susana González, fue seleccionada para llevar su obra a la Bienal Internacional de Cerámica de Manises.

La directora del Departamento de Artes Visuales, Susana González, fue seleccionada para llevar su obra a la Bienal Internacional de Cerámica de Manises.

"Con los estudiantes tomamos la temática de Gabriela Mistral pero como mujer, esa etapa de la cual no se habla: el ninguneo del que fue víctima, la discriminación de género", explica Susana González.

"Con los estudiantes tomamos la temática de Gabriela Mistral pero como mujer, esa etapa de la cual no se habla: el ninguneo del que fue víctima, la discriminación de género", explica Susana González.

Cuarenta tazas de té con imágenes de mujeres detenidas desaparecidas, es la obra que la académica y directora del Departamento de Artes Visuales, Susana González, llevará hasta la Bienal de Cerámica.

Cuarenta tazas de té con imágenes de mujeres detenidas desaparecidas, es la obra que la académica y directora del Departamento de Artes Visuales, Susana González, llevará hasta la Bienal de Cerámica.

"Tomo como soporte a Gabriela Mistral pero hago ver la presencia de Fresia, de doña Javiera Carrera,  de Gabriela Mistral,  de Eloísa Díaz", explica Susana González.

"Tomo como soporte a Gabriela Mistral pero hago ver la presencia de Fresia, de doña Javiera Carrera, de Gabriela Mistral, de Eloísa Díaz", explica Susana González.

Susana González explica la relación de las mujeres con el retrete: "tiene que ver con los abortos, los embarazos, menstruaciones, pensamientos, con el llorar en el water a escondidas".

Susana González explica la relación de las mujeres con el retrete: "tiene que ver con los abortos, los embarazos, menstruaciones, pensamientos, con el llorar en el water a escondidas".

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Bienal Internacional de Cerámica de Manises

Muchas responsabilidades mantienen ocupada a Susana González, directora del Departamento de Artes Visuales desde finales de 2005. A la gran cantidad de trabajo que trae implícito este cargo -plan de desarrollo del Departamento, mallas curriculares, currículos basados en competencias, entre otros-, se suma el hecho de que fue seleccionada para participar en la Bienal Internacional de Cerámica de Manises, en España, lo que la tiene cotizando embalajes para su obra y afinando detalles para su viaje a Valencia, en donde además hablará sobre género y cerámica en la Universidad Politécnica de Valencia.

Susana González es Licenciada en Artes con mención en Pintura y su llegada a la cerámica puede considerarse casi azarosa. Como ella cuenta, "egresé de pintura en 1973, época en la que teníamos clases día por medio y sentía que tenía muchas debilidades académicas. Como la Universidad era gratuita, me metí a escultura y me empoderé del volumen, que es un cuento bien distinto a la pintura", explica.

En ese tiempo, la actual Directora del Departamento de Artes Visuales ya llevaba 7 años en la Facultad de Artes y, por casualidad, se enteró que existía un taller de cerámica. "Con el profesor Héctor Román hice una figuras humanas en terracota -no tenía plata- y me dice vamos a cocerlas a cerámica. Yo no sabía que había un taller de cerámica y cuando llegué dije con esto voy a pintar, con esto voy a hacer escultura y con esto voy a comer", recuerda.

En ese taller conoció a Silvya Rivera, "una mujer extraordinaria a la que llamaban La Faraona", cuenta Susana, agregando que "me vio y me dijo: tú te vas a quedar aquí cuando yo me vaya".

¿Cuál fue su reacción?

Yo dije esta señora está loca, pero fue un tremendo halago. Qué vio ella en mí, no lo sé. En cerámica empecé a hacer lo que hacía en pintura y escultura. En esa época, la cerámica ya estaba en el Departamento de Artes Visuales como algo que quedó de la ex Escuela de Artes Aplicadas. La cerámica ocupaba un lugar que tenía que ver con lo utilitario, y yo dije, puedo hacer objetos pero que tengan una trascendencia de expresión, usar la cerámica como un soporte de creación y la profesora me tomó como ayudante. En esa época, vi un programa de televisión que se llamaba 525 Líneas y me enteré de unas becas en cerámica en Taiwán. Se lo comenté a Matías Vial y Silvya Rivera y la Silvia me dice, tú vas a Taiwán y Matías me dijo que me presentara. Fui a la Fundación Nacional de la Cultura -no tenía idea qué era- y me mandaron de vuelta porque no hablaba inglés. Le conté a Matías y se indignó, pescó el teléfono y luego me dijo te vas para allá, y fui. Nadie me llamaba y cuando volví a retirar mi currículo, don Eduardo Ruiz Tagle -era el director- me dijo que me había ganado la beca. Eran dos meses en Taiwán con todo pagado y te estoy hablando del año 83. Cuando pregunto qué es la Fundación Nacional de la Cultura, me entero que es una institución dirigida por Lucía Hiriart de Pinochet. Ahí se me cayó la cara. Cómo llego a mi casa a decirle a mi padre, que había sido preso político y todos mis hermanos que estaban exiliados, que yo iba con una beca de la fundación. Se me acabó la alegría inmediatamente, pero dije voy a Taiwán igual. Viajé y fue una experiencia increíble. Cuando volví hice el curso para retribuir la beca y seguí de ayudante. En esa época, se hizo el primer concurso en la Universidad en período de dictadura y ahí se concursó una ayudantía para cerámica y yo la gané. Y de ahí que estoy acá.

¿Tomo la carrera académica y no la soltó más?

Nunca más. Después empezó a regularizarse la Universidad. Como ayudante no podía estar más de 2 años y postulé de nuevo y subí a la jerarquía de Ayudante Primero. 2 años después de eso postulé y pasé a ser Profesor Instructor. Como Instructor uno puede estar hasta 8 años pero presenté mis papeles mucho antes para pasar a ser Profesor Asistente y quedé, pero ya con jornada completa. Pude estar así hasta 12 años, pero el 99 presenté mis papeles para pasar a la jerarquía superior que es Asociado. Ahí no dependía sólo de la Facultad porque quien determina es la Comisión de Evaluación Superior de la Universidad y en la Facultad me llamaron a fundamentar por qué se justificaba la presencia de la cerámica en la Universidad. Lo hice bien y me pasaron a la Comisión y quedé como profesora asociada. Como tenía pocos estudiantes -siempre cerámica tiene pocos estudiantes- tuve que tomar la Coordinación Docente y estuve varios años. En el tiempo de don Luis Merino me ofrecieron el cargo de Subdirección de Escuela. Ahí me metí a la cosa administrativa. Luego vino la elección de Director de Departamento y dije es mi opción de ser directora y salir bien de la Universidad. Yo quería tomar a cargo la dirección para ver qué podía hacer. Postulé y fui la única, lo que no es gran mérito porque nadie quería presentarse, todo el mundo le hace el quite a la cuestión administrativa. Me tocó un periodo con muchas cosas. Nunca había tenido conflictos con los estudiantes, pero el año pasado me tocó el premiado. Fue una cuestión muy dura, sobre todo por ser los estudiantes con quienes siempre he tenido yo un grado de compromiso fuerte.

Profesora, volviendo a la cerámica, ¿cómo se explica que se la vea como una cuestión más utilitaria y menos artística?

Eso tiene que ver con varias cosas. Tiene que ver con un concepto de la época de Martín Lutero, cuando se hablaba de las artes menores y las artes mayores y siguió hasta el día de hoy. En todo caso los procesos históricos se conocen por la cerámica. Nosotros sabemos la historia de los pueblos a través de la cerámica. Sobre eso no hay cosas escritas, hay cuestiones incipientes, especulaciones de los arqueólogos, pero hay todo un mundo por descifrar.

¿Ese fue uno de los argumentos que usted dio cuando le preguntaron por qué la cerámica tenía que estar en la Universidad?

Claro. Yo siempre vi que la cerámica, como todas las especialidades que hay en el Departamento son oficios. Un dibujante puede ser un eximio dibujante, pero es artista por lo que hace con el oficio. La cerámica para mí es un soporte más de medio de expresión. Lamentablemente, estos talleres no han tenido una presencia en el medio como debiera ser y como pasa con la pintura y la escultura. Son lenguajes, medios de expresión y además tienen la otra carga que tiene que ver con lo funcional y con lo objetual. Creo que tiene que haber una vinculación de la Facultad de Artes con la cerámica, el arte textil, la orfebrería, como medios de expresión pero también con lo utilitario, con lo de la artesanía. De hecho, en el país existe un espacio vacío que quedó después del 73, cuando se eliminó la Escuela de Artes Aplicadas y la Escuela de Ornamentadotes Público y de Canteros. Eso se eliminó. El país no tiene una identidad, no tiene una impronta dentro del quehacer artesanal que nos identifique tal como lo tiene Perú, México o Bolivia. Chile no lo tiene y pienso que la presencia de estas actividades en el contexto de las artes visuales tendría que ser capaz de tomar cuestiones del patrimonio y hacer un trabajo con eso. Creo que el país lo necesita y en ese sentido se justifica la presencia al interior de la Universidad de estas especialidades.

La Bienal en la que fue seleccionada, ¿vendría a valorar el papel de la cerámica?

Lo que pasa es que Valencia tiene una presencia grande en las Bienales de Cerámica y tienen un Museo de la Cerámica. Es una de las grandes bienales que hay junto a la de Corea. Lamentablemente yo trabajo poco, debería trabajar más en la cosa creativa pero lo administrativo te resta mucho tiempo y para mí es un esfuerzo bien grande hacer una producción. Lo que yo llevo ahora a Valencia es el resultado de un proyecto de creación de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo que gané el año antepasado. Lo valioso es que una parte de eso quedó seleccionada, lo que quiere decir que las comisiones no se equivocan.

¿De qué trata su proyecto?

El proyecto lo empecé a desarrollar cuando se cumplían los 60 años de la entrega del Premio Nóbel de Gabriela Mistral. Ese año trabajé con los estudiantes y tomamos la temática de Gabriela Mistral pero como mujer, esa etapa de la cual no se habla: el ninguneo del que fue víctima, la discriminación de género. Tuvimos unas jornadas muy buenas y trajimos gente que habló del tema desde distintas perspectivas. Yo presenté el proyecto fundamentando la poca presencia en la historia de la nación de las mujeres. Entonces, tomo como soporte a Gabriela Mistral pero también hago ver la presencia, por ejemplo, de Fresia, después de doña Javiera Carrera como la primera mujer exiliada, Gabriela Mistral, Eloísa Díaz, las mujeres vanguardistas en las Universidades chilenas, doña Amanda Labarca que conformó la cosa del derecho a voto, Violeta Parra por supuesto, otra mujer ninguneada, y concluyo con doña Gladys Marín y con la Presidenta de la República. Eso lo hago a través de serigrafías en bolsas de té. Mi trabajo tiene que ver con las tazas y con el té. 40 tazas que también tienen que ver con los periodos premenopáusicos de la mujer, con la confidencialidad de las mujeres. Uno habla con una amiga de cosas de mujeres alrededor de una taza de té y todo el cuento tiene que ver con la taza. Y también con otra taza, que es el retrete, el excusado, en el cual las mujeres tenemos una vinculación que tiene que ver con los abortos, los embarazos, menstruaciones, pensamientos, con el llorar en el water a escondidas. Eso lo tomé como un trono y tomé una de las poesías de Gabriela Mistral que es "Todas íbamos a ser reinas". Además, en las tazas de té hay fotografías de mujeres detenidas desparecidas y están porque hicieron historia. Son ellas las que pelearon en la dictadura más fuertemente y una vez que se vuelve a la democracia entre comillas, esas mujeres son nuevamente relegadas al espacio de la casa. Tuvieron un rol, yo te diría sedicioso y de liberación. Todo el trabajo está vinculado a eso. Cuando vino el Director del Departamento de Dibujo de la Universidad Politécnica de Valencia, se interesó tanto en el tema que me hizo una invitación para ir a hablar sobre temática de género y cerámica. Para hacer ese viaje, espere la postulación a Manises, para ver si era seleccionada, para aprovechar todo esto junto. Esto es parte de la historia de lo que ha sido nuestro país. Pero ese es mi trabajo y tiene que ver con eso porque las mujeres siempre tenemos que demostrar, tenemos jornadas interminables, estamos aquí pero dirigiendo la casa. Nosotras ganamos menos, todo nos cuesta más, los espacios están más abiertos a los hombres, es cosa de mirar la composición del Parlamento y cómo se sigue ninguneando a las mujeres: femicidios, violencia en los hogares, hay una cuestión que no se ha tomado en serio. Trabajo hace muchos años con el Centro de Estudios de Género que está en Filosofía, en los Diplomados de Género y Cultura en América Latina. No solo hago trabajo administrativo y docencia acá y en el Diplomado. He estado ligada al mundo de recuperación de drogas y haciendo muchas veces a través de la cerámica, recuperación de adicciones.

¿Cómo lo hace para hacer tantas cosas?

Duermo muy poco. Yo empiezo mi jornada a las 5 de la mañana, eso me favorece pero también me altera mucho. Además no soy el tipo de persona que desconecta el switch con el trabajo. Yo me voy con los problemas a mi casa y para mí es más difícil. Pero digo yo, hasta donde me de la piel. Es que las mujeres hacemos tantas cosas. A mí me hubiese encantado mostrar este proyecto -de hecho lo estoy solicitando- en la Cárcel de Mujeres porque hay una cuestión que no se habla. Hay una cantidad de mujeres de más de 70 años con condenas de más de 5 años por venta de drogas, que son abuelas. No son mujeres delincuentes, son mujeres que deben ayudar a su familia, que crían nietos de mujeres que trabajan, de hombres que están cesantes o tienen empleos precarios y las cifras son elocuentes. La forma de ayudar a producir en la casa es esa. Me he enterado que los traficantes les dan tres papelillos de coca por 10 mil pesos cada uno. Por dos tienen que responder y el otro es para ella. Imagínate tú vender todos los días tres papelillos significan 300 mil pesos y el mínimo es inferior a 150 mil pesos y quién le va a dar trabajo a una mujer de sobre 70 años. Por eso quiero exponer allá, porque allá no llega el arte. Esos espacios nadie los toca.

¿Está feliz con todo lo que hace?

Sí, me gusta mi labor. Ahora estoy un poco más libre porque crié a mi hija que ya es profesional, pero las cosas tienen un costo. Tomar la temática de género tiene un costo de vida porque la libertad no es gratuita. Ha sido doloroso y todo eso trato de llevarlo a lo que hago, tratar de reflejar eso en la actividad de la cerámica.

La obra que Susana González presentará en la Bienal Internacional de Cerámica de Manises, también se expondrá en la Casa Michoacán de Delia del Carril porque, como ella explica, el proyecto debe presentarse en Chile.

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