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Facultad de Ciencias

Gloria Dünkler homenajeada por Academia Chilena de la Lengua

Funcionaria de la Facultad de Ciencias recibió Premio "Academia" por su libro "Füchse von Llafenko" considerada por esta prestigiosa institución como la mejor obra literaria de 2009.

Gloria Dünkler recibe su distinción de manos de Don Alfredo Matus Olivier, Director de la Academia Chilena de la Lengua

Gloria Dünkler recibe su distinción de manos de Don Alfredo Matus Olivier, Director de la Academia Chilena de la Lengua

Según la prestigiosa Institución, Gloria Dünkler escribió la mejor obra literaria de 2009

Según la prestigiosa Institución, Gloria Dünkler escribió la mejor obra literaria de 2009

El Decano de la Facultad de Ciencias, Dr. Víctor Cifuentes, el Vicedecano Dr. José Rogan y la Directora de la Escuela de Pregrado Dra. Margarita Carú estuvieron presentes en la solemne ceremonia

El Decano de la Facultad de Ciencias, Dr. Víctor Cifuentes, el Vicedecano Dr. José Rogan y la Directora de la Escuela de Pregrado Dra. Margarita Carú estuvieron presentes en la solemne ceremonia

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La Academia Chilena de la Lengua, en Sesión Pública y Solemne, entregó la distinción "Academia" a la funcionaria de la Biblioteca Central de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, Srta. Gloria Dünkler, por su libro de poesía "Füchse von Llafenko" (Zorros de Llafenko), considerada por esta institución como la mejor obra literaria de 2009.

Fue el propio Director de la Academia Chilena de la Lengua, Alfredo Matus Olivier, quien entregó el diploma respectivo a la galardonada.

La presentación de esta obra correspondió a la destacada académica y escritora Adriana Valdés.

Discurso de agradecimiento de Gloria Dünkler

Don Alfredo Matus Olivier, director de la Academia Chilena de la Lengua,
señora Adriana Valdés, vicedirectora de la misma;
don José Luis Samaniego Aldazábal, secretario;
don Juan Antonio Massone del Campo, censor.
señores miembros integrantes de la academia que nos acompañan;
autoridades, escritores, académicos, amigos de la poesía.

El premio "Academia 2010" otorgado por la Academia Chilena de la Lengua es un privilegio. Es la coronación de esfuerzos, sueños y porfías, de cuadernos borroneados a la orilla de la cocina en los inviernos allá en el sur junto a mis padres, mientras afuera el temporal volaba los techos y la lluvia azotaba los campos. Esta distinción no habría sido posible sin el apoyo de tantos que a lo largo de los años han exigido con dureza y cariño incentivándome a no desertar.
En Pucón, agradezco a mis abuelos y padres de crianza Ernesto Dünkler y María Valencia quienes me recibieron a mis pocos meses de vida y a Juan Carlos mi hermano postizo. Al acordeón del padre y al temple de la madre que alimentaron nuestras esperanzas y caminaron a fuerza de hachas y carretas. A través de ellos abrazo a toda una generación que trabajó desde los rincones más inhóspitos de Chile para  ayudar a cimentar un país.

A Olga Toro escritora sureña que apuntaló los primeros tiempos de este oficio y con quien marchamos juntas bajo el paraguas de "Poetas de la Lluvia".

En Santiago deseo manifestar mi gratitud infinita a los poetas Juan Cristóbal Romero, pues creyó en estos papeles y los mostró a Adán Méndez quien los editó y difundió, y a Miguel Naranjo por la hermosa diagramación y sus oportunas criticas. Con especial atención agradezco a la señora Adriana Valdés por la confianza dispensada a este poemario, de igual forma a los miembros de la comisión que tuvo la gentileza de premiarme. En un país donde la poesía es un oficio tan competitivo que muchas veces nos lleva a estrellarnos con los egos, y a su vez, las editoriales independientes se atreven a publicar nuevos talentos con interesantes propuestas, el honor que me ofrece una institución de tanto prestigio y trayectoria como la Academia Chilena de la Lengua es una distinción que espero no defraudar.

Füchse von Llafenko ha sido para mí un diálogo con elementos de la historia, la sangre y la memoria de una comunidad  y su compleja relación con el nuevo mundo. Trabajar con las infinitas posibilidades que nos brinda el lenguaje se transformó en un desafío y me propuse entonces que el ejercicio escritural debía guardar en sus líneas la fuerza de una experiencia tan significativa como lo fue el mestizaje entre español, indígena y alemán, en donde el relato oral y la geografía marcarían definitivamente la forma de poetizar y entender un mundo de virtudes y defectos, de odios y amores que sentí necesario llevar a la reflexión en las voces de hombres, mujeres y niños anónimos; el vínculo con la Alemania en guerra, y al mismo tiempo, los esfuerzos de esos extranjeros por sobrevivir en las tierras salvajes del sur de Chile.
Füchse von Llafenko es un canto colectivo a las raíces que se entrecruzan, que ascienden por el tronco o se transforman en lianas que penden de los ramajes; es un nido que cobijará a los niños y niñas del futuro que busquen un poco de su historia, una entre tantas que atraviesan este país fracturado que aún intenta sanar las heridas que han dejado varios siglos de una vida turbulenta. En tiempos convulsionados, mientras la naturaleza nos castiga por nuestra soberbia de continuar sometiéndola, recojo las palabras del poeta Cesar Soto que una tarde nos dijo: "quizás la poesía nos salve y sea la única esperanza".

Gracias a la Academia Chilena de la Lengua por esta importante distinción, gracias amigos de la Biblioteca y Familia de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, y me despido con unos fragmentos de poesía:

"No fuimos descendientes de reyes ni licenciados

y mi abuelo recogía la nieve

amontonada en las calles de Hamburgo.

Lo único que trajimos fue coraje, el buche

y los sueños en las maletas.

Aferrados al mástil del buque

taconeado de niños enfermos

de vivir con la peste y el hambre,

de mujeres que parían en la cubierta

y otros que dormitaban en los pasillos

o de a tres en los camarotes.

La maldición de errar por los mares había terminado.

Aquí nadie se conoce

ni sabe uno si la familia del vecino vale un cobre.

Aquí podemos inventarnos una sangre,

un escudo, una leyenda, una muerte gloriosa,

podemos ser, si se nos place

una estirpe ungida por el rayo.

¿Y si mordiera lo que palpita aquí adentro?

Ahora te llevo a la mesa de la curtiembre,

preparo el vino

y enciendo la ópera predilecta:

la compañía de lobos y serpientes,

el vuelo de brujos,

nuestros sueños ardiendo en las brazas.

Cantaré a tus padres y el triunfo será mío,

verás que al fin cortaré el nudo del secreto.

Seamos caudillos en estas líneas,

que otros descubran el rastro,

que sean testigos aunque no lo quieran.

Y para que nadie se interponga

dominemos el hacha y el fuego.

No cantaremos a la rosa ni la haremos florecer aquí,

vamos a deshojarla hasta hacerla sangrar,

hundirla en sus espinas, asesinarla, que así sea.

No lo quiere dios ni las leyes mortales,

lo trama la vida desde el misterio,

lo ordenan los linajes que se unen bajo tierra

cuando se trata de escoger,

de enseñar un canto al hijo que viene.

Entonces diremos:

la vida nos ligó al mismo árbol, tu brote y el mío,

erguidas nuestras hojas, enrededas.

En tiempo de cosecha

unimos los pedazos de un mural secreto

en el carozo, en el jugo, en la pulpa

se estruja lo rubio y lo moreno.

No fuimos cerezo ni manzano

sino un injerto de lenguas,

un canto de huesos y nervios".

 

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