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Noticias del Senado Universitario

Cuenta del Vicepresidente del Senado Universitario (Período 2009-2010)

 

   

El Senado Universitario ha completado cuatro años de funcionamiento desde su instauración el 18 de julio de 2006.  Como era de esperarse, no ha sido fácil instalar este nuevo cuerpo en la orgánica de la Universidad, pues se trataba de una entidad a la que el Estatuto Universitario le entregaba funciones que antes recaían en otras instancias, integrada por representantes de estamentos que no tenían anteriormente responsabilidades de gobierno universitario, que para un número importante de miembros de la comunidad universitaria era desconocida.  Por este motivo me parece justificado, como lo he hecho en otras oportunidades, mencionar que, de acuerdo con el nuevo Estatuto[1], que nos rige a partir de 2006, los órganos superiores de la Universidad de Chile “constituyen las instancias encargadas de dirigir y gestionar, impulsando el desarrollo académico institucional y de sus miembros; también se encargarán de normar y proyectar la Universidad, estableciendo las políticas generales, en procura del cumplimiento de su misión y de su desarrollo coherente, transversal y de excelencia. Residen estas funciones en el Rector, en el Consejo Universitario y en el Senado Universitario”.

 

Dado que el Senado comenzó a realizar su labor simultáneamente con la implementación de la nueva institucionalidad de la Universidad de Chile, debió centrar sus esfuerzos en la primera de las funciones que le asigna el Estatuto –la función normativa–  elaborando los reglamentos que debían adecuarse a las nuevas disposiciones. Este trabajo, que aún no finaliza, ha sido muy demandante y no nos ha permitido ocuparnos preferentemente de las otras funciones que le asigna el Estatuto Universitario [2], aspecto al que volveré más adelante.

 

Es preciso destacar el alto grado de compromiso de todos los integrantes del Senado, el que se refleja en el hecho de que se llevaron a cabo semanalmente no sólo todas las sesiones plenarias programadas, sino que también se realizaron otras en días adicionales, ya sea para suplir algunas que coincidían con feriados o para poder discutir temas de urgencia[3].  Es significativo que el promedio de asistencia a reuniones plenarias en los cuatro años fue de 77%. Cabe señalar, además, que las reuniones de comisiones de reglamento se efectuaron semanalmente y las de comisiones permanentes con una frecuencia algo menor. Este trabajo regular y sistemático hizo posible que se elaborara un número importante de reglamentos, como se desprende de la cuenta del Senador Secretario.  Debo expresar mi reconocimiento a todos los senadores por su valioso aporte, valioso no sólo por su calidad intelectual sino que también afectiva. Especiales agradecimientos a aquellos senadores --académicos, funcionarios y estudiantes-- que no continúan en este nuevo período. Cuatro años de trabajo conjunto son más que suficientes para forjar lazos de sincera amistad que no se olvidarán. Hubo muchas oportunidades en que se confrontaron posiciones con firmeza, pero siempre con altura de miras, con respeto y tolerancia. Nuestro trabajo fue una demostración cabal del ejercicio democrático.

 

Señalaba anteriormente que por un imperativo estatutario debimos centrar nuestra labor en la adecuación o elaboración de reglamentos que estuvieran en consonancia con la nueva normativa que nos rige desde 2006.  Si bien avanzamos bastante, la tarea no se ha completado y el nuevo Senado, renovado hace algunos meses, deberá finalizarla para volcarse al cumplimiento de las otras funciones que le entrega el Estatuto: “establecer las políticas y estrategias de desarrollo institucional, así como los objetivos y metas que conduzcan al cumplimiento de aquellas”.

 

Son muchos los temas que nos inquietan y que el Senado tendrá que enfrentar en su nuevo período, dentro de los cuales se encuentran el Proyecto de Desarrollo Institucional, la carrera académica, la formación de profesores, el presupuesto universitario, la equidad que debe existir no sólo en el ingreso de los estudiantes a la Universidad sino que también en su permanencia en ella, el sistema de educación superior y las políticas del Estado al respecto, el canal de TV, convenio con Azul-azul, proyecto Carén, entre otros.

 

 

De todos es conocido que el terremoto de febrero dañó significativamente esta Casa Central en la que está radicado el Senado Universitario. Por este motivo nos vimos imposibilitados de utilizar los espacios físicos que ocupábamos regularmente y tuvimos que recurrir a la solidaridad universitaria.  Nuestro llamado tuvo la respuesta que esperábamos y es así como las Facultades de Arquitectura y Urbanismo y de Economía y Negocios pusieron a nuestra disposición salas en que hemos podido realizar nuestra reuniones plenarias, de comisiones y de mesa, como también acogieron nuestra secretaría técnica y a nuestro abogado. Vayan, entonces, nuestras más sentidas expresiones de gratitud a los señores Decanos de estas Facultades por hacer posible nuestro trabajo y les pedimos que nos excusen por los inconvenientes que les pudiéramos haber causado.

 

 

Pero no sólo requerimos de un espacio físico para llevar a cabo nuestro trabajo. Es imprescindible contar con un grupo humano que nos preste apoyo y asesoría. Y en gran medida lo tenemos. Cabe señalar, sin embargo, que nos parece muy necesario disponer de los servicios profesionales de un periodista, aspiración que esperamos ver satisfecha en un futuro cercano. Debo entregar, a nombre de todos los senadores universitarios, nuestros más sinceros agradecimientos a quienes constituyen la Secretaría Técnica del Senado, Don Germán Rojas Moya y Doña Leonor Briceño González, sin cuya colaboración nuestro trabajo no podría haberse realizado. Del mismo modo agradezco a nuestro abogado, Don Fernando Molina, por su labor realizada de manera tan eficiente, dedicada y profesional. Debo destacar, en todos ellos, además de su dedicación y eficiencia, sus condiciones personales, su entrega cálida, desinteresada y, sobre todo, leal. Hago extensivas estas expresiones de gratitud a todo el personal de apoyo, que nos facilitó nuestra tarea con su gentileza y excelente disposición, a los Sres. Javier Honorato, Luis Durán, Juan Labrín y Oscar Urzúa.

 

El Senado Universitario ha completado esta primera etapa, la que no ha estado exenta de dificultades. Ha sido un proceso delicado que, de no haber sido por la dedicación de sus miembros, no habría sido posible llevarlo a cabo. Señalaba anteriormente que no es fácil instalar un nuevo organismo en un sistema que ha funcionado sin él desde sus inicios. Sin duda, para algunos se trata de un cuerpo extraño al que se le ha dotado de atribuciones que antes eran ejercidas por otros y esta situación tiende a provocar rechazo. Para otros, es una instancia burocrática más cuyas funciones son desconocidas. O, simplemente, se ignora su existencia. A pesar de estas vicisitudes,  hemos llevado adelante nuestra tarea de manera silenciosa pero efectiva. Demasiado silenciosa, tal vez.  

 

Debo destacar que este Senado Universitario, además de cumplir con todas las funciones y responsabilidades que le otorga la ley, constituye en sí mismo la esencia de la Universidad de Chile, pues en él se reúnen representantes que cultivan una gran variedad de disciplinas,  pertenecientes a todos los estamentos, que poseen visiones filosóficas, ideológicas y políticas muy diversas, de diferentes edades, hombres y mujeres.[4] Nadie sobra.  Todos sus miembros aportan de manera significativa a hacer universidad.  Este es un hecho que a los presentes no nos llama la atención, pues nos hemos desarrollado en este ambiente de pluralismo, respeto y tolerancia que existe dentro de estas paredes centenarias. ¿Podrá otra institución, de entre aquéllas que pretenden ser nuestros pares, aproximarse siquiera a nuestra realidad?   

 

Enfrentamos tiempos difíciles. No es la primera vez. Hace treinta años nuestra casa fue desmembrada y se auguraba un futuro nada auspicioso para ella. Quiso la unión, el esfuerzo, el trabajo denodado y el amor que le profesamos todos sus miembros que, para sorpresa de muchos, se mantuviera enhiesta y liderando el pensamiento ilustrado en nuestro país superando a las demás en la asignación de proyectos de investigación, en número de publicaciones y programas de doctorado, en el cultivo de disciplinas de interés nacional, en el desarrollo y difusión de las expresiones artísticas y un largo etcétera. Esta labor hace que nuestra Universidad encabece las listas de preferencias de los alumnos chilenos, expresión del reconocimiento de nuestra labor otorgado por los ciudadanos de nuestro país y que, paradojalmente, no nos brinda el Estado.  Resulta insólito que una universidad del Estado deba justificarse ante éste para que le proporcione los medios básicos para que pueda funcionar.

 

Este nuevo escenario adverso no nos debe arredrar. Por el contrario. Nuestra tarea adquiere una relevancia y un valor especiales. Al país le hace falta la Universidad de Chile, esto es, un lugar al cual sus hijos puedan acudir en busca de conocimiento desinteresado y opinión desprejuiciada y objetiva, producto de un análisis y reflexión realizados en un espacio pluralista donde no existen limitaciones ni condicionamientos para llevarlas a cabo. Es ésta una función de Estado y, por consiguiente, éste debe proporcionarle a su universidad los medios para cumplir eficientemente con esta responsabilidad.

 

Terminaré señalando que en el período que se inicia el Senado Universitario estará permanentemente atento y sumará sus esfuerzos a los que realicen las demás instancias de gobierno universitario como toda la comunidad de nuestra casa de estudios en la defensa de nuestros derechos y valores que, como muy bien lo sabemos, se identifican íntimamente con los de la nación. 

 

Muchas gracias

 

Hiram Vivanco Torres

Vicepresidente

Senado Universitario

 

Santiago, 18 de noviembre de 2010.



[1] Decreto con Fuerza de ley Nº3, de 10 de marzo de 2006, del Ministerio de Educación Publicado en el Diario Oficial de 2 de octubre de 2007.

[2] En cuanto a las funciones que le corresponden, el artículo 24 del Estatuto señala: “El Senado Universitario es el órgano colegiado encargado de ejercer la función normativa de la Universidad. Tendrá como tarea fundamental establecer las políticas y estrategias de desarrollo institucional, así como los objetivos y metas que conduzcan al cumplimiento de aquellas”.

[3] Miércoles 23 de diciembre 2009, miércoles 6 de enero 2010, martes 26 de enero 2010, martes 29 de junio 2010.

[4]  En el Senado Universitario hay un  30% de mujeres. En el Parlamento de Chile, un 12,7%).

Viernes 19 de noviembre de 2010

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