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Consideraciones para debatir un proyecto institucional del área de la Educación en la Universidad de Chile

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educacionuchile.org

El sitio web educacionuchile.org es una propuesta para dar cabida a un proceso informado de reflexión en torno a una de las más importantes discusiones que se han dado en el último tiempo al interior de la Universidad de Chile, como es el definir qué tipo de docente quiere formar nuestra casa de estudios para la educación pública.

Una de las primeras medidas institucionales en la Universidad de Chile en el ámbito de la educación fue la recuperación de su formación pedagógica (1994) mediante el programa de investigaciones en estudios pedagógicos –PIEP (actual Departamento de Estudios Pedagógicos-DEP). Tarea iniciada en y desde la Facultad de Filosofía y Humanidades, unidad que no sólo es una de las fundadoras de la universidad (1842), sino que desde sus orígenes le ha correspondido un rol relevante en la educación nacional, primero con la supervisión de la enseñanza del país y luego realizando la formación de profesores (1889).

Desde dónde se parte?

Pareciera que los ecos del movimiento pingüino y las masivas marchas estudiantiles del año recién pasado han condicionado una serie de actuaciones tendientes a relevar la educación en la agenda política. Al grito de "y va a caer... y va a caer la educación de Pinochet", las miles de personas que adscribieron al movimiento social por la educación trisaron el cerco que impide las necesarias modificaciones para recuperar el rol del Estado en la educación. En ese marco, diversos actores institucionales vienen caracterizando la crisis, además de imaginar y proponer caminos alternativos para abordar tanto las causas como los efectos de la misma.

Uno de esos actores ha sido la Universidad de Chile y su comunidad, que con distintas voces ha evidenciado no sólo la crisis sino que ha llamado a superarla invitando a instalar un nuevo trato del Estado con su educación mediante la implementación de una serie de medidas institucionales.

Una de las primeras medidas institucionales en la Universidad de Chile en el ámbito de la educación fue la recuperación de su formación pedagógica (1994) mediante el programa de investigaciones en estudios pedagógicos -PIEP (actual Departamento de Estudios Pedagógicos-DEP). Tarea iniciada en y desde la Facultad de Filosofía y Humanidades, unidad que no sólo es una de las fundadoras de la universidad (1842), sino que desde sus orígenes le ha correspondido un rol relevante en la educación nacional, primero con la supervisión de la enseñanza del país y luego realizando la formación de profesores (1889).

Hoy, la Universidad de Chile es convocada por su Rectoría a abordar su área de educación. Se convoca a la "...comunidad universitaria a sentar las bases, a través de un proceso participativo pero efectivo y con sentido de urgencia, para que el área educación en nuestra institución tenga el más alto nivel...".

Esa invitación contiene una compleja dificultad, ya que en la misma se adelanta la configuración de una nueva orgánica (implementación de una Facultad de Educación) sin desarrollar un proceso deliberativo entre y con el actor institucional que llevó a la Universidad de Chile primero a consolidar el Instituto Pedagógico, y luego a recuperar la formación pedagógica.

Tampoco se propuso un debate acerca de criterios epistemológicos que generen consentimiento para una orgánica apropiada. Al revisar evidencia no se encuentra un amplio consenso respecto a dimensionar a la educación como una "disciplina" inmanente que pudiese ser pilar de una estructura tipo "facultad", sino que lo que presenta mayor aceptación es el "saber pedagógico", como fenómeno y experiencia teórico-práctica, sistémica y situada.

Se hace necesario por tanto desarrollar deliberación y debate desde bases epistemológicas y atender procedimientos democráticos para la decisión de una orgánica institucional pertinente al área de la educación en la Universidad de Chile, agregando al "sentido de urgencia", un lugar para el análisis y la reflexión, considerando lo transcendental de la decisión y sus consecuencias. Un lugar también en ese proceso para el actor institucional que ha sostenido antes y ahora la formación pedagógica, más aún atendiendo que el proceso histórico de la formación pedagógica estuvo pensado a partir de una concepción muy significativa hasta el día de hoy, que considera a la pedagogía ante todo como un saber humanístico. Un saber que hoy está convocado a configurar y relevar "lo público" y su relación con "lo ciudadano" y el rol del Estado. Esa relación de "lo humanístico" con lo "pedagógico" propició el nacimiento, evolución y consolidación de las pedagogías en la Universidad de Chile y explica, en gran parte, que la formación del profesorado en Chile por largas décadas esté vinculada a grandes pensadoras, pensadores e intelectuales del país de la segunda mitad del siglo XIX y gran parte del siglo XX. Mención aparte en ese proceso histórico lo constituye el daño que sufrió ese aprendizaje organizacional producto del Golpe de Estado de 1973, siendo importante también atender en la respuesta institucional el respectivo acto de reparación.


Y qué tenemos hoy?

No sólo se trata de atender el proceso deliberativo exclusivamente para re significar la memoria histórica y/uorganizacional, o extender un debate epistemológico.

También existen otros ámbitos importantes a relevar. Al revisar literatura que aborda aspectos claves de la formación inicial docente, se pueden identificar algunos importantes: concebir la pedagogía a partir de saberes humanísticos; articular conocimiento disciplinario con saber pedagógico; instalar prácticas docentes de excelencia; propiciar el abordaje de la diversidad en el espacio educativo; desarrollar reflexividad, juicio político y crítico para y en la práctica docente; y atender una política institucional que considere la selectividad para el ingreso a la pedagogía (sentido de pertenencia e identidad) y su certificación de excelencia al egreso (saberes pedagógicos).

Si contrastamos esos aspectos con las capacidades instaladas, resulta identificable que se pueden encontrar en el quehacer académico que se despliega en el campus Juan Gómez Millas, considerando además que en ese Campus habitan, conviven y se desarrollan todas las áreas disciplinarias que contiene nuestro currículo escolar -Humanidades, Ciencias y Matemáticas, Comunicaciones y Artes.

También atender que en ese campus se desarrolla bajo el alero de la Iniciativa Bicentenario Juan Gómez Millas: la instalación de redes de investigadores educacionales, la constitución de una red transversal para la educación, y la próxima construcción de nuevos y amplios aularios, entre otras medidas importantes. Además en ese campus existen programas de postgrado y de formación en servicio para el magisterio, agregando a ello, el desarrollo de actividades de extensión y vinculación con el medio en el área de la educación, promovida tanto por académicos, estudiantes y funcionarios del campus.

Hay que agregar la innovación que ejerció la Facultad de Filosofía y Humanidades al instalar nuevas prácticas de gestión institucional que propiciaron el desarrollo de vínculos transversales e integradores entre distintas facultades, escuelas y departamentos de la Universidad, además del pionero criterio de ingreso a la formación inicial docente. Este ha sido el caso de la pedagogía para la enseñanza media que implementa el DEP de esa Facultad, en conjunto con otras unidades académicas de la Universidad de Chile.

Señalar también la implementación del actual plan de modernización de la gestión institucional de la Universidad de Chile que considera la instalación de capacidades de gestión en organizaciones de Campus como uno de sus objetivos principales.

Por todo lo anterior, se puede señalar sin ambigüedades que la Universidad de Chile cuenta con un legado, con riqueza intelectual, con recursos materiales y con experiencia en formación y gestión suficiente para abordar el desafío cualitativo y cuantitativo en el área de la educación.


Nuestra respuesta para abordar los desafíos: Un Instituto Pedagógico

Y si se trata de colocar "lo orgánico" en el centro, entonces hay que atender la capacidad instalada que se encuentra en el campus Juan Gómez Millas, donde se avanza en la habilitación de un polo de desarrollo académico, a fin de consolidar y proyectar una política universitaria que recoja y contenga la tarea de formar profesoras y profesores para Chile y su educación pública, con el sello de excelencia de la Universidad de Chile; todo en el marco de la revitalización de las humanidades, artes, ciencias sociales, comunicaciones y ciencias.

Desde ahí, habrá que avanzar entonces en formular una opción institucional, pertinente, viable y apropiada que contemple la implementación de un organismo que articule nuestras capacidades y las proyecte, asegurando interdisciplinariedad mediante un comité académico inter facultades. Ese organismo debería anclarse en la Facultad de Filosofía y Humanidades del campus Juan Gómez Millas, siendo la pionera en formación pedagógica.

Convocarnos a la creación del Instituto Pedagógico Profesor Juan Gómez Millas se perspectiva como una contundente respuesta a los desafíos nacionales, universitarios y a la valiosa invitación de Rectoría; asegurando continuidad al legado histórico de la Universidad de Chile; construyendo permanentemente un saber humanístico que se liga a las bases conceptuales del sistema educacional; abordando la generación, desarrollo y transferencia de conocimiento contenido en el diálogo interdisciplinario en el ámbito de la educación; consolidando nuevas formas de gestión de campus; y en particular; gestionando la actividad docente requerida por otras unidades académicas de la Universidad de Chile que quieran asumir la tarea de formar profesores.

El Instituto Pedagógico Profesor Juan Gómez Millas y su interacción con otras unidades debería propiciar nuevos paradigmas para desarrollar la educación pública, donde se atiendan ámbitos tales como el sentido y rol del Estado; una nueva institucionalidad; reflexionar el currículo a partir de territorios e identidades locales; nueva conceptualización de la evaluación y su vínculo con el aprendizaje y el desarrollo de las neurociencias; articulación de las nuevas tecnologías con el aprendizaje y la enseñanza; sistematización de las prácticas profesionales; consolidar una pertinente vinculación con el medio; y formular una perspectiva que considere y proyecte el rol y la profesión docente. También avanzar en la formación de profesores de enseñanza básica; en una mayor vinculación de la formación inicial docente con la investigación educacional; otorgar formación especializada en todas las áreas del currículo escolar; consolidar el vínculo entre la formación en servicio y la inicial docente; y reforzar la generación del conocimiento humanístico que propicie nuevas concepciones de ciudadanía para un proceso educativo integral, entre varias otras tareas de primer orden.

Ese enorme esfuerzo requiere de una comunidad en pos de objetivos comunes y proyectos compartidos que delinee una orgánica institucional que pueda sostener, articular, vincular, proyectar y consolidar nuestras propias riquezas, nuestras propias capacidades, propiciando de ese modo virtuoso una mejor gestión institucional.

De modo creativo, integrado, transversal y participativo podemos colaborar al desarrollo de la educación pública chilena, asumiendo sin complejos nuestro legado y nuestras capacidades institucionales.

Iván Páez Plaza, Coordinador Ejecutivo Programa de Educación Continua para el Magisterio (PEC)

Viernes 6 de julio de 2012

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