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Facultad de Filosofía y Humanidades

Carta de la prof. María Loreto Nervi al Sr. Rector Víctor Pérez

"Es necesario que la Universidad de Chile se yerga como un gran referente de pensamiento en Educación así como lo hace en otras disciplinas, que se interese por conocer mejor y se valore el modelo de formación pedagógica que el Departamento de Estudios Pedagógicas de la Facultad de Filosofía y Humanidades ha desarrollado desde el año 1994 a esta fecha"

 

 

                                                                                              Julio de 2012.

Distinguido Señor Rector,

 

Me permito llamar su atención en virtud de que he seguido con bastante atención el actual debate intra-institucional respecto de la eventual creación de una Facultad de Educación en nuestra Universidad.

Respecto del tema en cuestión, estimo necesario hacer llegar a Usted algunas reflexiones que no surgen necesariamente del fragor de la contingencia, sino que son fruto de ideas acuñadas por largos años de estudio, de análisis y de crítica respecto de lo que hacemos -y de lo que no hacemos-  en la Universidad y en el país respecto de Educación.

Entrando en un terreno más específico, me permito recordar que el año 2007 publiqué en la Editorial Universitaria, en co- autoría con el profesor Hugo Nervi y en consulta con importantes académicos nacionales de distintas instituciones nacionales y extranjeras, un estudio sobre el estatuto disciplinario de la Pedagogía  que se titula "¿Existe la Pedagogía? Hacia la Construcción del Saber Pedagógico". Este es un texto que se utiliza con profusión en los programas de post -grado de varias universidades y ha sido considerado como un importante aporte en los estudios que se realizan en la UNESCO. Lamento que ese trabajo no haya sido considerado en la elaboración del Informe sobre las "Bases para el Proyecto Institucional de Educación  de la Universidad de Chile", el denominado "Libro Azul", porque en nuestro estudio sobre el estatuto disciplinario de la educación y de la pedagogía, se justifica de modo contundente las razones por las cuales los estudios pedagógicos deben estar necesaria y estrechamente vinculados a las humanidades, a la filosofía, a las ciencias y a las artes. No por nada la educación, históricamente, ha sido considerada como un  ámbito fundamental de la reflexión filosófica sobre la formación humana.

La pedagogía  como disciplina científica en construcción, constituye un área epistémica cuya complejidad multidisciplinaria obliga a someterla a estudio desde diseños hermenéutico -interpretativos mucho más cercanos a la filosofía y a la semiótica y  cada vez más lejanos, sin negar su valor relativo, de la pura experimentalidad de carácter positivista que ha  dominado nuestro pensamiento durante el siglo que terminó.

De hecho, no se conocen los resultados de lo que el enfoque investigativo experimental, próximo a las denominadas "ciencias duras", haya aportado al desarrollo científico de la pedagogía los últimos setenta años, a lo menos. No se conocen estudios meta -analíticos al respecto, puesto que no se han realizado los análisis de sistematización necesarios para develar los reales aportes de la investigación experimental y descriptiva a los desarrollos de la pedagogía  y al mejoramiento de las prácticas profesionales de los docentes.

La lentitud, comprensible por lo demás, con que se ha ido aceptando el carácter multidisciplinario de la pedagogía y la complejidad de su objeto de estudio, ha hecho que los especialistas en estas materias, especialmente alemanes, belgas, italianos, franceses, y, en América, colombianos, cubanos y argentinos, hacia 1990, empezaran a reconocer además, el carácter multinivel de la disciplina pedagógica cuya área epistémica está indisolublemente ligada  a la filosofía, a la ética de la humanidad, al sentido del bien público y a la construcción del ciudadano en democracia; a las ciencias humanas que abordan los argumentos psico-sociales y neuro-biológicos del ser humano y, a la técnica donde se concretizan las prácticas docentes en espacios, tiempos y recursos determinados. Este último es el plano de las realizaciones concretas, el plano de la coyuntura, el plano de la operacionalización que cuando se separa  de las anteriores dimensiones, cobra no más que un carácter maquinista y tecnocrático.

Esta conceptualización multinivel obliga a situar a la pedagogía en el campo de las Humanidades y no a volver aintentar, como se hizo en la década de los años veinte del siglo que se fue, desgajarla de la filosofía y tratar de constituirla en una disciplina autónoma de carácter experimental.

Por otra parte, si se acepta que la disciplina pedagógica es la ciencia de la formación cultural de los sujetos, ella requiere, necesariamente, de vínculos muy estrechos y colaborativos con los conocimientos nutrientes de una escolaridad que requiere de inserción ética e inteligente en la cultura contemporánea y merece una superior oferta de formación, más si se piensa en las características de la sociedad del conocimiento y de la información, del mundo del trabajo y, en ese contexto complejo, el difícil rol de la docencia en todos sus niveles.

Si se estableciera una distancia institucional con las fuentes del conocimiento científico, artístico y humanístico, la educación en nuestra Universidad como en tantas partes, adelgazaría rápidamente, moriría de inanición, y estaríamos contribuyendo al debilitamiento cultural de nuestros profesores y otra vez se volvería a recurrir, como estrategia ya conocida de sobrevivencia, a la generación proficua de herramientas de dudosa calidad para rellenar el espacio escolar con la esperanza de lograr pseudos aprendizajes y aplicar pseudo-eficientes técnicas de control. Eso ya se hizo con la Reforma de 1967... y años sucesivos, necesario en su tiempo pero no reeditable  en el año 2012.

Por consiguiente, siendo la formación de docentes el nudo clave para el mejoramiento de nuestra educación, merece comprensión profunda desde su historia y los altibajos de su desarrollo, así como convicción  y espíritu acerca de la necesidad de su elevación cultural, mediante políticas universitarias -que es lo que nos compete- de dignificación máxima.

Por otra parte, se puede argumentar que, en gran parte del mundo, las Facultades de Educación fracasan cuando su visión es predominantemente pragmática, inmediatista y tecnocrática. Es posible considerar también que el pensamiento tecnocrático y utilitarista en Educación ha sido duramente puesto en jaque por los estudiosos; como lo ha demostrado la crítica, ya desde los años cincuenta del siglo pasado, ese tipo de pensamiento educacional no ha sido capaz de elevar la formación de profesores ni de poner al centro del debate, la discusión social sobre educación, sus implicancias y su relevancia humana. Esto se debe, a mi parecer y al de otros muchos especialistas, en que ese pensamiento rompe el eje fundamental de la vinculación que existe entre educación, sociedad y política y limita el quehacer docente a la aplicación de técnicas elementales.

El denominado "Libro Azul" desconoce estas dimensiones del problema y no sólo eso, desconoce la necesaria dignificación de la profesión docente, su elevación cultural y la indispensable recuperación de su actuar social y político en un estado democrático, que aspira a mejores formas de ciudadanía, democracia y de integración social.

Es necesario que la Universidad de Chile se yerga como un gran referente de pensamiento en Educación así como lo hace en otras disciplinas, que se interese por conocer mejor y se valore el modelo de formación pedagógica que el Departamento de Estudios Pedagógicas de la Facultad de Filosofía y Humanidades ha desarrollado desde el año 1994 a esta fecha, que reconozca su historia, gracias a académicos insignes como Lucía Invernizzi, Julia Romeo, Pedro Peirano, Luis Vaisman y otros.

Revolucionario en su momento, se trata de un modelo que es epistemológicamente sólido, y que responde a las mayores convicciones éticas y cognitivas sobre formación humana, formación profesional, sentido de pertenencia a la Universidad y sentido social respecto de los compromisos con nuestra sociedad y de nuestras dificultades a superar.

En ese mismo sentido, ¿Está dispuesta la Universidad, bajo su Rectoría, a mirar el problema País de la educación desde perspectivas innovadoras y creativas o va a ofrecer al sistema un enfoque repetitivo de lo que ya existe, inmediatista y cuyo pragmatismo a ultranza nos está asfixiando por décadas?

Se podría haber esperado que el Informe sobre Bases Institucionales hubiera trabajado mejor estos aspectos y dimensiones del problema.

Entiendo y comparto su genuina preocupación por el estado de nuestra educación chilena. Es un problema que duele en el alma de sólo pensar en cómo se están formando en las escuelas y liceos nuestros niños y jóvenes. Nosotros, docentes y estudiantes en práctica lo vemos a diario. Pero le pregunto, señor Rector, si con la sola creación de una nueva Facultad separada de la raíz humanística de la educación, podría la Universidad de Chile revertir de verdad el problema que aqueja al país y a su sistema educacional.

Me parece que el tema en nuestra Universidad debe ser revisado con amplia y verdadera participación de todos y no con una 'ilusión' de participación. Debemos convocar a los que efectivamente saben y tienen vasta experiencia en el estudio sobre el sistema educacional chileno y su historia, a quienes van día a día a las escuelas a guiar a los profesores en práctica tanto como a quienes reflexionan sobre los sentidos de la formación humana, sobre la ética  y la conformación de la ciudadanía y la democracia.

Así y todo, dudo de la capacidad de nuestra Universidad de revertir el problema nacional. Creo que sólo podemos ofrecer, a lo más, alternativas de mejoramiento a la preparación de nuestros profesores. Eso ya es una gran aspiración.

 

Con la mejor de las intenciones en colaborar en los desarrollos de la Universidad, le saludo con toda atención

 

 

 

                                                  María Loreto Nervi Haltenhoff

                                                  Académica

                                                  Facultad de Filosofía y Humanidades

                                                  Universidad de Chile.

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