Aniversario

Testimonios

Jorge Allende: "Los académicos de la Universidad de Chile sienten el peso de la responsabilidad del país"

Dr. Jorge Allende

Dr. Jorge Allende

El Dr. Allende es uno de los embajadores más importantes de la ciencia chilena. De los científicos más destacados y de los que acumulan una larga trayectoria de logros. Sin embargo, es su capacidad de colocar su trabajo al servicio de los demás, y el acercar la ciencia a quienes más la necesitan, lo que más resalta de este académico de la Universidad de Chile. Como ha señalado en algunas oportunidades, lo importante "es recuperar el brillo en los ojos de los niños cuando aprenden algo nuevo y bello".

Probablemente para cualquier biógrafo la tarea de plasmar en un libro la carrera de un científico de la talla del Dr. Jorge Allende parecería titánica. Hablar de este académico de la Universidad de Chile es también el relatar la historia de la ciencia de nuestro país. De ahí su complejidad, y de ahí que el encargado de emprender semejante desafío no podía ser otro que él mismo.

"Algo que ver con la Vida" no es un resumen de los reconocimientos recibidos en su carrera, ni de sus más de 140 publicaciones científicas, ni tampoco de su gran aporte al desarrollo de la Biología Molecular. En esta autobiografía el Dr. Allende habla de una vida dedicada a su gran pasión. De su permanente trabajo para que sus investigaciones trasciendan las paredes de su laboratorio, y para que éstas finalmente sean un aporte a la sociedad. En esta entrevista, quien fuera el primer Director del Instituto de Ciencias Biomédicas, Presidente de la Academia Chilena de la Ciencia, Vicerrector de Investigación y Desarrollo de la Universidad, y Premio Nacional de Ciencias Naturales 1992 habla sobre su profundo compromiso con la educación y con la Casa de Estudios que está próxima a cumplir 170 años de existencia.

Viene de una familia de diplomáticos, ¿cómo surge su interés por la ciencia?

Mi padre, Octavio Allende Echeverría, tuvo una larga y destacada carrera diplomática. Fue nombrado en un cargo en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, Cónsul en New Orleans, y también en Puntarenas, Costa Rica. Y bueno, cuando niño viví en una casa en Costa Rica rodeada de cafetales. Crecí en presencia de una espectacular biodiversidad tropical, la que me motivó mucho por conocer y entender más los misterios de los seres vivos. 

Posteriormente en Chile, en el Liceo Alemán, tuve un profesor de Biología que nos hizo colectar un insectario y un herbario. Eso también estimuló mis intereses. Recuerdo que mi madre, Amparo Rivera Ortíz, que tenía una Licenciatura en Arte, me ayudaba haciendo bellos diagramas anatómicos y del sistema circulatorio humano.

A pesar de que en la secundaria recibí una educación clásica humanística en New Orleans, y no cursé del todo biología, al entrar a estudiar en la Universidad del Estado de Luisiana me inscribí para sacar una licenciatura en bioquímica. Posteriormente fui a la Universidad de Yale para obtener el PhD. en Bioquímica.

Usted fue defensor de la autonomía universitaria durante Dictadura ¿Algún hecho que recuerde y que, a su juicio, represente la fortaleza con que la comunidad sobrevivió ese momento?

Con mi esposa, Catherine Connelly, nos encontrábamos haciendo una estadía sabática en la Universidad de California, en San Diego, cuando se produjo el golpe militar. Nos recomendaron no regresar a Chile, donde la Universidad había sido brutalmente intervenida. Podríamos haber seguido esos consejos, porque recibimos varias ofertas en Universidades Norteamericanas para trabajar. Pero no nos resignamos a abandonar el laboratorio en la Facultad de Medicina, donde teníamos un grupo de colaboradores y estudiantes. Regresamos en Mayo de 1974.

Al principio, acostumbrados al ambiente libertario de la Universidad de Chile, nos costó adaptarnos al "miedo ambiente". Cuidamos de no hablar demasiado con gente que no conociéramos. El primer paso que dimos para mostrar nuestra crítica a cómo se manejaba la Universidad fue en Diciembre de 1975. Esto debido a la aparición en "El Mercurio" de una carta titulada "La Universidad Vigilada", por el notable filosofo, Jorge Millas, Profesor en la Universidad de Chile y en la Universidad Austral.  El argumentaba, con valiente claridad, que una Universidad no podía estar sometida a un gobierno o ideología sin perder gran parte de su valor para la sociedad. Un grupo nos movilizamos y sacamos una breve carta de apoyo. Entre los firmantes estaban los profesores Hernán Alessandri, Gustavo Hoecker, Hermann Niemeyer, Igor Saavedra, Aníbal Ariztía, Juan de Dios Vial Correa y yo. La carta, que suscitó un enorme impacto, también la publicó "El Mercurio". Fue la primera aparición en prensa de una declaración pública de un grupo de académicos que criticara el manejo del gobierno con la Universidad de Chile.

La carta de Millas había aparecido cuando el General Leigh de la Fuerza Área había nombrado al fiscal de esa rama, Julio Tapia Falk, como Rector y había iniciado una nueva razzia política en la Universidad. Tal como relato en mi autobiografía, el Rector Tapia Falk llamó a los firmantes y trató de convencernos de cambiar nuestra opinión. Frente a la negativa, fue el mismo General Leigh que nos llamó a su despacho en el "Diego Portales". Nuevamente nos negamos. Frente a esa situación Tapia Falk concedió un número importante de "matrículas de gracia" para ingresar a la Universidad, sin considerar puntajes en la Prueba de Aptitud Académica. Pinochet aprovechó una ausencia del General Leigh del país para destituir al Rector Tapia Falk. Con esa movida quedó sellada la salida del General Leigh de la Junta Militar.

"Mi padre me inculcó siempre un gran amor por Chile"

Ha trabajado los laboratorios más prestigiosos del mundo -con dos premios Nobel-, ¿qué lo motivó a regresar a Chile y ejercer ciencia en esta Universidad?

Mi padre me inculcó siempre un gran amor por Chile. Me dio su ejemplo, se entregó entero a su trabajo diplomático para el bien del país. Nunca me he arrepentido de volver. Quizá podría haber logrado resultados científicos más importantes, pero estoy seguro que no con la satisfacción que he logrado realizando mi obra científica y universitaria en Chile.

¿Qué lugar ocupa la pedagogía en su vida?

Enseñar es muy bello. Cuando uno entiende algo que antes no sabía siente una profunda felicidad, y esa felicidad crece cuando ese entendimiento se transmite a los otros. El conocimiento, a la inversa de lo que ocurre con los bienes materiales, es como el amor. En cuanto más se comparte más crece. Ciertamente la enseñanza tiene mucho de amor, y el cariño entre maestro y alumno es muy semejante al amor entre padres e hijos.

No sólo ha participado en la formación de nuevos profesionales como académico de la Universidad. Ha participado de la educación en los colegios a través del programa de Educación en Ciencias Basado en la Indagación (ECBI) ¿Cómo ve el esfuerzo de esta Casa de Estudios por retomar un espacio en la formación de profesores?

Me alegra que la Universidad haya decidido retomar un lugar en la formación de profesores. Sin eso la Universidad está incompleta. Nuestra misión es servir al país y concentrarnos en aportar conocimiento y capacitación en todo lo que necesario para el desarrollo cultural y socioeconómico. Está claro que uno de los principales problemas del país está en la calidad y equidad de la educación que ofrecemos a nuestros niños y jóvenes. Esto exige que nuestra institución ponga lo mejor de lo suyo para mejorar esa educación y, por medio de la educación pública, hacerla accesible a todos. Sin excepción.

Ha trabajado por crear una institucionalidad gubernamental que lidere la ciencia y tecnología nacional, ¿qué rol debería cumplir la Universidad en pos de este objetivo? 

Chile carece de una Política de Estado que señale una ruta para que la ciencia y tecnología se desarrolle, y para que ese desarrollo pueda traducirse en una mejor calidad de vida. Y eso pasa porque no hay instituciones que tengan la estabilidad y la responsabilidad de generar esa política. La Universidad de Chile y las universidades del CRUCH han hecho propuestas, pero hay que insistir en la necesidad y urgencia de crear esa institucionalidad.

¿Cuál es el sello de los académicos de esta Universidad?

Los Académicos de la Universidad de Chile sienten el peso de la responsabilidad del país.  A pesar de todos los esfuerzos por menoscabar la trascendencia de nuestra universidad, seguimos creyendo que es una Universidad Nacional y que, por lo tanto, todo lo que atañe a nuestro país le compete estudiarlo. Proponer ideas y soluciones. Otras Universidades no sienten esa responsabilidad. Eso nos lleva a ser generosos y a estar dispuestos a ayudar a que otras instituciones tengan éxito, porque eso será un éxito nacional.

¿Hay alguna anécdota que represente lo que es ser parte de la Casa de Bello?

Cuando propusimos, como parte de la celebración del Bicentenario, ofrecer una serie de cursos para capacitar a profesores de educación básica y media, hablamos con los Decanos y Directores de Institutos y recibimos gran respaldo. Pero lo más extraordinario fue la respuesta de los académicos. Recibimos 85 propuestas de cursos, de las 14 Facultades de la Universidad. Finalmente hicimos alrededor de 60 cursos  (3 internacionales).  Se capacitaron alrededor de 1600 profesores. 1000 recibieron becas de arancel completas por ser profesores de instituciones municipales. Esa recepción que tuvimos retrata fielmente la calidad humana y disposición de servicio país que tiene nuestra gente.

 

 

Texto: Andrea Fuentes
DIRCOM - UChile

  • Compartir:
    http://uchile.cl/u86867
Su mensaje fue enviado correctamente
Nombre del Destinatario:
E-mail destinatario:
Su nombre:
Su e-mail:
Comentarios: