Discursos de figuras ilustres

Discurso de Ricardo Lagos Escobar, ex Primer Mandatario

Pronunciado el 23 de noviembre de 2006, en el Salón de Honor de la Casa Central, con motivo del 164º aniversario de la Universidad de Chile.

"Excelentísima señora Presidenta de la República y Patrona de la Universidad, señor Rector, autoridades, señores miembros del Consejo Superior de la Universidad, decanos, profesores, profesoras, amigos Premios Nacionales que han sido objeto de distinción por parte de esta Universidad, señores subsecretarios, amigos y amigas.

Agradecer esta distinción que me ha otorgado la Universidad de Chile es un poco volver a renovar los lazos con la institución que nos formó, que me formó, que formó a mis antecesores Patricio Aylwin y Eduardo Frei, y que formó también a nuestra sucesora, la Presidenta Michelle Bachelet.

Es la historia de esta Universidad. Es la historia que se confunde con la historia patria. Es la historia que se confunde con los avances, dificultades y retrocesos que ha sufrido, pero que también ha gozado de pertenecer a un país, de ser parte de ese país y formar ese país.

Buena parte de nuestras instituciones democráticas lo son por lo que ha sido esta Universidad.

Hace seis años atrás, al inaugurar el año académico del año 2000, donde se me recibió por primera vez como Patrono de esta Universidad, dije respecto de uno de los temas que me parecen más importantes en el Chile de hoy: en cualquier universidad, pero especialmente de una universidad pública y nacional como ésta, el rigor académico no se opone a un trato especial a los estudiantes vulnerables; más bien, el rigor académico exige que seamos capaces de garantizar a todos los jóvenes de Chile su derecho a alcanzar la Educación Superior, sin otro norte ni otra exigencia que su dedicación al trabajo, sus capacidades intelectuales y morales.

No es justo -agregué- un sistema universitario donde los jóvenes perciben que a la Educación Superior solo se accede a través de un determinado nivel de ingresos y ellos, por ser carentes, no lo logran. No quiero –dije- que al término de mi mandato no hayamos sido capaces de abordar este tema con la urgencia que lo requiere.

Se necesitan recursos y en estos seis años generaremos los recursos necesarios para que los jóvenes de Chile puedan aspirar al sistema de Educación Superior, respaldados solo por su intelecto, inteligencia y capacidad.

Es una tarea compleja y difícil. Digámoslo, en los últimos dieciséis años el sistema universitario chileno se ha expandido a un nivel y a una tasa que no tiene parangón en nuestra historia. De poco más de doscientos mil alumnos en el sistema universitario el año 90, este año 2006 más de seiscientos cincuenta mil jóvenes son parte del sistema universitario.

Es cierto que este avance que ha habido ha significado también ir disminuyendo la brecha social, entre los que acceden y los que no acceden. Cuando había 200 mil jóvenes en el sistema universitario, el 40 por ciento del aporte que pertenece al quintil de más altos ingresos de Chile estaba en la universidad. Del quintil de más bajos ingresos, el 4 por ciento estaba en la universidad.

Si usted pertenecía al primer quintil de más altos ingresos, cuatro de diez jóvenes estaban en la universidad. Si usted pertenecía al quintil de más bajos ingresos, cuatro de cien jóvenes estaban en la universidad. Esa es la magnitud del desafío en 1990.

Desde ese año, gracias al esfuerzo que se ha hecho, tenemos cifras diferentes. Hoy día el 60 por ciento de los jóvenes del quintil superior, en edad universitaria, está en la universidad. Y respecto del quintil inferior, de cuatro se subió a doce por ciento. Se multiplicó por tres, pero la diferencia todavía se nota.

En consecuencia, el esfuerzo que hay que seguir haciendo es muy grande, porque la diferenciación no se inicia en la universidad, concluye en la universidad, según lo que hayan sido los expedientes tras la educación básica y media.

Es cierto que este año es un gran esfuerzo para que los jóvenes de los tres quintiles inferiores, el 60 por ciento de la población, con un determinado nivel académico, pudiera acceder a la universidad. Eso nos permite entonces hoy día compartir con ustedes una cifra que nos parece más trascendente e importante y que tiene que ver con que hoy, de los 650 mil jóvenes que están en la universidad, siete de ellos respecto de diez son primeras generaciones en sus familias que alcanzan la universidad. De diez jóvenes que están hoy en el sistema universitario, siete tienen una familia que por primera vez alcanza a llegar a la universidad.

Ese es el salto, pero todavía queda mucho por hacer. Y es aquí, entonces, donde me aparece el segundo tema que quisiera compartir con ustedes y es que esta Universidad de Chile, universidad pionera, universidad madre de la cual buena parte del resto del sistema universitario nació y ha nacido, esta Universidad de Chile, que duda cabe, es, en el ámbito del postgrado donde se van a definir en este siglo veintiuno sus nuevas habilidades, es en el ámbito del postgrado donde vamos a estar en condiciones de estar a la vanguardia respecto de aquello que con tanta fuerza nos planteaba el Premio Nacional de Historia, es en el ámbito del postgrado donde podemos alcanzar un nivel de excelencia, un nivel de investigación y donde podemos también dar pasos importantes en tecnología.

Es tal vez el tema más complejo que tenemos, cómo somos capaces de vincular nuestro actual sistema universitario a las necesidades tecnológicas, de investigación y crecimiento del mundo privado.

No es fácil, es complejo, pero sabemos que el mundo del futuro está allí. Y quisiera decir con el mayor respeto, no es cierto que las tecnologías se compran. Comprar tecnología afuera es mantener la dependencia del conocimiento que se genera afuera.

Por eso es tan importante el que esas tecnologías se generen aquí. Como he dicho muchas veces, en el futuro Chile no va a exportar ni duraznos ni damascos, vamos a exportar aquellos elementos que genéricamente son duraznos o damascos, pero que están protegidos por una patente de propiedad industrial respecto a la características genéticas de ese durazno o de ese damasco.

En consecuencia, cómo incorporamos y agregamos valor a nuestros recursos naturales, ese es el tema determinante de las capacidades del Chile del siglo veintiuno. No queremos seguir dependiendo y que mañana sea entonces el pago de una patente por el conocimiento tecnológico el que nos obliga a mantener una incapacidad en nuestro propio sistema de generar nuestra propia independencia en este campo.

Se ha hecho mucho, se ha avanzado mucho, pero queda todavía un gran camino por hacer. Y ese, creo yo, es el desafío más grande que enfrenta nuestra Universidad.

El tercer elemento que quisiera señalar, muy brevemente señor Rector, es que, efectivamente, esta Universidad es la institución por excelencia para pensar una sociedad. Siempre toda sociedad genera una institución para pensarse a sí misma. No es posible concebir la vida del hombre y la mujer en sociedad, si no hay también instancias para pensar la forma en que esta sociedad funcione. Si uno ve el Egipto de los faraones, era la casta sacerdotal la encargada de pensar la expansión del imperio, las características que tendría su organización. Es allí donde surgió la idea de tener el nilómetro, para tener la idea de hasta donde crecía el Nilo y algo tan pedestre, cuál era la magnitud del tributo que se cobraba según el crecimiento del río.

Es ese mundo sacerdotal que pensaba el mundo de los faraones en Egipto, una de las primeras civilizaciones que sienten que tiene que haber una entidad que piense. Y en el mundo nuestro, el medioevo es, prácticamente, el origen del sistema universitario, un lugar para pensar ese mundo, esa sociedad, la que allí existía.

Hasta el día de hoy, diez siglos después, la universidad es la institución por excelencia, que piensa la sociedad de la cual se nutre. Es cierto, pensar la sociedad a ratos es un pensamiento que puede conducir a conclusiones peligrosas. Si usted piensa cómo estamos organizados, cómo funcionamos, cuáles son nuestras instituciones, es inevitable que el género humano concluya que ese instante, objeto de análisis, esos procesos e instituciones se puedan mejorar, lo que implica cambiar.

Y claro, la definición, entonces, “piense usted la sociedad y concluya qué es necesario cambiar”; es propio de la esencia de la universidad, más bien dicho, es propio de la esencia del ser humano, el querer perfeccionar lo que hoy día tenemos formado.

Por lo tanto, decir universidad y pensamiento vinculado al cambio es prácticamente lo mismo. Es propio de este quehacer. Por eso la relación, déjenme decirlo, entre la universidad y el poder temporal, entre la ciencia que avanza y el príncipe que gobierna, a lo largo de la historia, ha sido una relación tan compleja y difícil.

No en vano, Enrique VIII de Inglaterra decidió crear su propia universidad, el King´s College, para que no pensarán tanto cambio acelerado en su país. Quería una universidad que pensara más bien como el king.

Por qué digo esto. Porque creo que esta universidad ha sido fundamental en pensar Chile y por ello no he podido sino celebrar, y he querido hacerlo aquí, públicamente, el planteamiento que nos ha hecho el Rector recientemente, de poder enfatizar el desarrollo de las Ciencias Sociales y las Humanidades.

Yo sé que todos los ámbitos son iguales de importantes. Sé lo que esta universidad le debe a don Juan Gómez Millas en el desarrollo de la ciencia, lo que esta universidad le debe a un Juvenal Hernández en abrir la universidad a Chile a través de la expresión cultural, sé lo que esta universidad le debe en su momento a un Eugenio González, que busca consolidar los avances en un período tumultuoso como fueron los finales de la década del sesenta.

Nuestros rectores han pensado, viviendo lo que dijo Bello. Y quiero concluir con eso. Andrés Bello lo expresó en el acto que siguió el nacimiento de esta Casa de Estudios, en palabras que resuenan hoy, en las palabras de esa época “haced más, tratad asuntos dignos de vuestra Patria y de la posteridad... Que los grandes intereses de la humanidad os inspiren. Palpite en vuestras obras el sentimiento moral. La libertad será sin duda el tema de la Universidad”. Así habló Bello, allá por el 1842.

Cuáles son, entonces, los asuntos dignos de la Patria. Cuáles son los asuntos dignos de la Patria que la posteridad va a comprender para adelantarnos a la época. Cuáles son los grandes intereses de la humanidad que nos deben convocar. Cuáles deben ser las obras en las cuales palpite el sentimiento moral, todo lo cual permite que sea el gran tema de la universidad, la libertad.

Por eso entonces, es tan importante cuando volvemos la mirada a Bello, poder entender que todavía esta universidad ha servido a lo largo de 164 años a Chile y cómo hace para poder continuar por esta senda y por esta excelencia. Y así, al hacerlo, creo que usted Rector estará entonces en la nómina de esta Casa de Bello, en donde, con Bello y Domeyko, al iniciarse, la diferencia hoy es cuáles son las grandes ideas para este siglo veintiuno. Estamos ciertos que con su decisión, Rector, y su vocación y con el respaldo de los académicos de esta Universidad, de sus estudiantes, con el respaldo de aquellos que crean permanentemente, lo que hemos visto hoy como el conjunto Bartok, es excepcional la capacidad de generar a través de este conjunto cómo somos capaces de indicar qué es el siglo veintiuno en materia musical. Es un buen ejemplo de cómo la Casa de Bello resuena permanentemente y cómo el pensamiento de Bello somos capaces de incorporarlo en este año 2006.

Muchas Gracias".

Ricardo Lagos Escobar

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