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Discurso de S.E. la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, en el 165 Aniversario de la Universidad de Chile

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Santiago, 21 de noviembre de 2007

Amigas y amigos:

Será siempre un orgullo para mí venir a la Universidad de Chile, mi alma máter. Venir como Presidenta, venir como patrona de la universidad, es quizás si el sueño más preciado que todo ex alumno pueda tener.

Por eso mi más caluroso saludo a toda la comunidad universitaria en su aniversario.

La tentación de todo Presidente al visitar la Universidad de Chile es alabar su glorioso pasado. Ese pasado que se funde con el desarrollo de nuestra República y que la ha acompañado con pensamiento, con ideas y con ilustres personajes.

Pasado que me liga, en lo personal, con recuerdos imborrables. Los años que aquí se han recordado, y que agradezco y me emociona, como señalaba el rector, cuando mi madre trabajaba en la Universidad y yo recorría como niña estos mismos patios, soñando alguna vez, probablemente con formar parte de esta comunidad.

Pero la Universidad de hoy le habla al Chile del futuro, por su naturaleza, por su historia, por sus maestros y sus alumnos, por sus escritos, por su ciencia. Por todo lo que significa para el país, la Universidad de Chile hoy queda colocada al centro de diversos debates de los cuales nos hacemos cargo como sociedad y ciertamente como gobierno. Quizás si el más importante es el debate de la educación que ha dominado -en buena hora- la agenda de los últimos meses.

Y la Universidad de Chile ha estado siempre presente. Desde el primer Consejo Asesor Presidencial estuvo el rector y luego, dado que ese consejo no había tenido tiempo suficiente para abordar los temas de la educación superior, en el actual consejo especial de asesoría para todo lo que es la educación superior, y que entiendo, y así le decía al rector, me tienen que entregar el informe definitivo en los primeros días de diciembre. Y espero que aquí, mucho de lo que nos ha hablado el rector, esté contemplado en esa propuesta de un conjunto de rectores, trabajadores, académicos y estudiantes de las universidades públicas y privadas.

La universidad no sólo tiene mucho que decir, sino que también mucho que mostrar.

De qué hablo. Hablo del paradigma de la educación pública de calidad, como ha llamado certeramente el rector Víctor Pérez.

Pública, es decir, de la nación toda, pluralista y libre, así como comprometida con la equidad, prestando una especial atención a los saberes y bienes públicos que no pueden reducirse a una mirada de mercado ni al darwinismo social.

De calidad, es decir, del más alto nivel intelectual; rigurosa, sistemática, creativa, dispuesta a medirse y evaluarse, haciéndose responsable de su desempeño y orientada a situarse al nivel de los mejores centros educativos del mundo.

Quiero decirle, rector, que comparto su convicción de que los chilenos y chilenas nos merecemos contar con educación y universidades públicas y de calidad, como usted bien señala, ambas a la vez y ambas en plenitud.

Y acojo como Presidenta de la República el llamado de la Universidad de Chile a establecer un nuevo trato para que el Estado renueve su confianza en las universidades y las universidades a su vez confíen en él.

La posibilidad de hablar de futuro en el marco del nuevo trato existe. Es amplia, y de nosotros, de todos nosotros depende llevarla adelante, en un marco de confianza y de respeto, de una mirada común hacia los desafíos de Chile podremos avanzar en un marco donde derechos y deberes se conjuguen de manera armoniosa. Cuenten con la disposición de esta Presidenta para avanzar en ese sentido.

Pero permítanme también decirles cuál es el espíritu que inspira mi mandato.

Cuando el país coloca a la educación como prioridad central, estamos reconociendo que ésta es una de las bases para el desarrollo. Cuando las fuerzas políticas colocan a la educación como uno de los temas en los que predomina la visión de Estado, se está reconociendo que las políticas públicas deben estar al servicio de los intereses de la gente y de la sociedad. Y cuando la sociedad coloca a la educación como elemento central de su identidad y, a la vez de vehículo de cohesión se está dando una señal de que ese es el camino que Chile necesita.

Que contrastante es todo eso con lo que vimos ayer en el Senado, donde la construcción, el obstruccionismo o el intento de buscar ventajas políticas pequeñas es lo que la gente rechaza. Y tengo que decirlo. Esto no beneficia a nadie. Resulta del todo inexplicable. Y los que asumen esta actitud deberán dar cuenta al país de las razones de su actuar, Porque Chile necesita de la responsabilidad de sus dirigentes políticos para avanzar en la solución de los problemas que afectan a la gente. Como Presidenta de todos los chilenos, haré mi máximo esfuerzo para que retomemos la senda de la responsabilidad y de la coherencia.

Pero volvamos a lo que nos convoca hoy.

Hay un segundo debate del cual la Universidad de Chile puede y debe hacerse presente. Y me refiero al debate del Bicentenario. Es decir, ya no sólo un debate central que es la educación, la educación pública y cuál es el sentido de ésta, como nos recordaba el rector. ¿Cómo queremos llegar al Bicentenario? ¿Cómo queremos ser recordados? ¿Cómo queremos proyectarnos? ¿Qué hemos hecho bien o mal como nación? ¿Qué nos identifica? ¿Qué nos mueve? ¿Qué nos apasiona?

Las universidades han sido, son y seguirán siendo un espacio privilegiado para la indagación en torno a las grandes preguntas respecto al significado y al sentido de la experiencia individual y social que nos hacemos los seres humanos.

La Universidad de Chile, como universidad pública y nacional, ha desempeñado en ese sentido un papel insustituible en la formación, la reelaboración y la reflexión permanente de nuestra identidad como país.

Hoy quiero anunciar un gran compromiso Bicentenario.

Quiero decir que mi gobierno impulsará un vasto programa de desarrollo de las humanidades, las artes y las ciencias sociales en todo Chile, y ciertamente, en la Universidad de Chile. Lo haremos mediante el perfeccionamiento docente, el fomento del diálogo universitario, al mismo tiempo que la Universidad de Chile tendrá la oportunidad de proyectar su liderazgo dadas sus fortalezas en esta área.

Necesitamos pensar y re-pensar Chile para ir avanzando en lo que Norbert Lechner llamara, con tanta lucidez como belleza, “la conflictiva y nunca acabada construcción del orden deseado”.

Chile necesita más humanidades, más artes y más ciencias sociales. Un autor diría, a veces nos olvidamos de las necesidades del espíritu y privilegiamos lo tangible, lo concreto. El número, la obra, la ley o el decreto. Pero tenemos la obligación de velar por el ser humano, por la creación, por la historia, aquello otro, por el ser humano, por la creación, por su historia. Por entendernos, o al menos tratar de entendernos.

Es un hecho que este campo del saber ha sido, por distintas e injustas razones, dejado en segundo plano a la hora de las prioridades. Reconozcamos que las humanidades, las artes y las ciencias sociales no han recibido la atención que se merecen en nuestro país y es hora de cambiar eso. Y lo haremos nosotros, las universidades y el Estado, porque nadie, y ciertamente no el mercado lo hará por nosotros.

De qué se trata este programa de desarrollo de humanidades, artes y ciencias sociales:

En breve, puesto que más tarde la Ministra de Educación entregará más detalles, consiste de dos iniciativas muy concretas, ambas con un horizonte de cinco años de duración:

Por un lado, implementaremos para todas las universidades estatales un programa de recuperación de las Humanidades, Artes y Ciencias Sociales en las universidades estatales de Chile que incluya como un fuerte componente el desarrollo y perfeccionamiento docente entre las universidades que cultivan estas áreas.

Se tratará de fondos para que las instituciones postulen de acuerdo a los términos de referencia que se desarrollarán, por medio del instrumento recién creado, cual es el Convenio de Desempeño, que va a permitir que efectivamente podamos cumplir los objetivos, desarrollar las actividades y poder tener el impacto que buscamos.

Será una iniciativa inédita, en la que tenemos grandes esperanzas. Queremos que se fortalezca una gran comunidad en estas áreas, que dialoguen por todo Chile, que se originen iniciativas conjuntas, que los estudiantes se conozcan, que los profesores intercambien. Así como conversábamos cuando fue a visitarme el senado de la Universidad, en que echábamos de menos el debate, más discusión, más análisis frente a los grandes temas. Toda la comunidad de las humanidades, artes y ciencias sociales aprovechando esta oportunidad y generando grandes debates por todo Chile.

Pero esa es sólo una parte del programa. La otra parte se refiere específicamente a esta Universidad.

Por que la Universidad de Chile tiene un rol principal que cumplir, en razón de las innegables fortalezas que posee en las humanidades, las artes y las ciencias sociales, por la competencia de su cuerpo académico y la consistencia de sus iniciativas.

Queremos que todo el esfuerzo nacional que realizaremos en estas disciplinas tenga expresión central en el trabajo y el liderazgo que pueda ejercer la Universidad de Chile.

Este proyecto nos permitirá cumplir un sueño tan anhelado y tan necesario para la universidad y para Chile, como es recuperar en todo su potencial académico y de infraestructura el Campus Juan Gómez Millas.

A partir de ese trabajo, de lo que hagamos en el campus, esperamos que florezca la investigación y la creación. Que podamos difundir este saber. Que el campus se integre a la comunidad de Santiago y difunda aún más. Que se convierta en un polo hacia las otras universidades y centros de pensamiento.

Tienen mi compromiso, rector, para este proyecto. Lo haremos juntos como gobierno y como universidad. Y los invito a que seamos audaces, porque hay que ser audaces para pensar Chile. Para innovar, para recrear. Y así como les ofrezco mi compromiso, también les pido su colaboración, porque éste va a ser un proyecto trascendental en la vida de la Universidad de Chile. Tenemos que desarrollarlo de manera conjunta y de la mejor manera.

Quisiera terminar mis palabras de hoy destacando la mirada de futuro de la Universidad. El rector lo ha dicho y leeré con mucha atención el documento del Senado: la Universidad de Chile está poniendo en juego todos sus recursos para enfrentar con éxito los desafíos que el país y el mundo actual le plantean.

Estos desafíos pasan por un gran aporte de nuestras universidades para el desarrollo de la nación, para aumentar su competitividad, potenciando sus recursos humanos y capacidades en ciencias básicas, en innovación, tecnología, etc.

Esa meta país por cierto es compartida por las universidades y el conjunto de la comunidad científica. Y estamos construyendo también un amplio consenso respecto a las políticas e iniciativas para avanzar hacia ella.

En este esfuerzo, continuaremos valorando y considerando todos los aportes que las universidades, comenzando por la Universidad de Chile, están haciendo para contribuir a dar fuerza a ese gran esfuerzo.

Amigas y amigos, señor Rector:

Recuerdo que hace más de treinta años, antes de que comenzara mi paso por la Escuela de avenida Independencia, un llamado de Eugenio González consiguió mi atención y la de muchos más.

“La universidad no sólo tiene que adaptarse al cambio social, sino que debe contribuir a impulsarlo”.

Que cierto lo que nos decía don Eugenio: el cambio social no es sino la justicia, el progreso, la libertad, las oportunidades para todos. La igualdad de derechos, como también de deberes. Son los ideales que han movido toda mi acción pública desde entonces.

Pero no se trata de cualquier impulso, ni cualquier medio, ni de cualquier causa. La universidad, decía don Eugenio, debe impulsar los cambios “desde su propia esfera de acción constructiva y con la objetividad que corresponde a su espíritu de libre crítica.”

Esas palabras de don Eugenio, gran humanista, gran rector, sintetizan la misión que desde su origen hasta nuestros días la Universidad de Chile se ha esforzado por cumplir.

Esas palabras nos siguen sirviendo de guía en este aniversario para que nuestra universidad esté cada vez más a la altura de esa historia que hoy, una vez más, celebramos.

Muchas felicidades y muchas gracias por un mejor futuro para la educación pública y para la Universidad de Chile.

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