Facultad de Medicina

Reseña histórica

Grado académico :
Reseña histórica
Facultad o Instituto :
Escuela de Postgrado

Descripción:

Reseña Histórica del Departamento de Oftalmología

Autor: Dr. Juan Verdaguer Tarradella

La Oftalmología se inicia en Chile en 1874, con el oftalmólogo italiano Dr. Ernesto Mazzei, proveniente de la Universidad de Bolonia. El Dr. Mazzei fue el primer Profesor de Oftalmología de la Universidad de Chile y ejerció en el antiguo Hospital San Juan de Dios de la Alameda Bernardo O'Higgins. En 1884, un colaborador del Dr. Mazzei, el Dr. Máximo Cienfuegos Sánchez, puso en funcionamiento un Consultorio Externo de Oftalmología en el Hospital San Vicente de Paul, que había sido inaugurado en Noviembre de 1874. En 1889, el Dr. Cienfuegos fue designado Profesor de Oftalmología con asiento en el Hospital San Vicente, hoy Hospital Clínico de la Universidad de Chile. El profesor Cienfuegos había sido contratado por el Supremo Gobierno para estudiar Oftalmología e Histología en Europa. Obtuvo el título de doctor en Medicina en Leipzig, Alemania y regresó a Chile con los doctores Manuel Barros Borgoño, Vicente Izquierdo Sanfuentes y Francisco Puelma Tupper.. A fines de 1886 diagnosticó el primer caso de tracoma en Chile, alentando al Gobierno para vigilar la inmigración europea.

En 1888 el Gobierno ordenó la ampliación del Hospital San Vicente, con la construcción de una sección de mujeres.

En 1890, la Junta de Beneficencia puso a disposición de la Escuela de Medicina el Hospital y sus pacientes, con lo que el hospital adquirió el carácter de Hospital Clínico.
Los nuevos profesores eran las figuras más destacadas de la Medicina de Chile. Además del Profesor Cienfuegos, cabe destacar a José Joaquín Aguirre, Augusto Orrego Luco, Vicente Izquierdo, Manuel Barros Borgoño, etc.

El Profesor Cienfuegos publicó numerosos trabajos científicos, alcanzó altos cargos y se incorporó a la política, como diputado. Creó escuela y sus discípulos continuaron su obra.

En 1891, el Presidente de la República, don José Manuel Balmaceda clausuró la Escuela de Medicina, poco después de la sublevación de la Escuadra. Los Profesores fueron despedidos. La Cátedra de Oftalmología quedó a cargo del Dr. Manuel José Barrenechea Naranjo, discípulo del Profesor Cienfuegos. Al término de la guerra civil, la Junta de Gobierno presidida por don Jorge Montt, de Ramón Barros Luco y don Waldo Silva, ordenó la destitución de los profesores designados por Balmaceda, regresando los antiguos Profesores entre ellos, el Profesor Cienfuegos.

En 1892, siendo rector de la Universidad de Chile el Profesor José Joaquín Aguirre, el Hospital San Vicente de Paul fue designado Hospital Clínico, trasladándose a él las cátedras universitarias.
Entre 1907 y 1910, el Dr. Alejandro Mujica Molina asumió como Jefe de Clínica del Profesor Cienfuegos. El Dr. Mujica había sido interno del Hospital San Vicente de Paul y su memoria de prueba al título de licenciado del la Facultad de Medicina y Farmacia versó sobre un estudio estadístico de las afecciones oculares externas en un total superior a 17.000 enfermos.

El Profesor Mujica era de modales sencillos, campechanos, por lo cual todos lo apoderaban "el huaso Mujica". En 1911 reemplazó al Profesor Cienfuegos como Profesor Titular de Oftalmología. Publicó varios trabajos científicos sobre retinitis pigmentosa y un Manual sobre Clínica y Terapéutica Ocular. El Dr. Carlos Charlín Correa fue uno de sus ayudantes. Al obtener el título de Profesor Extraordinario, el Profesor Charlín se traslada al Hospital del Salvador y tomó a su cargo una parte de los alumnos de Medicina.
En 1927, el Profesor Carlos Charlín fue nombrado Profesor Titular de Oftalmología de la Universidad de Chile en remplazo del Profesor Alejandro Mujica, trasladándose la Cátedra de Oftalmología desde el Hospital San Vicente al Hospital del Salvador. El Profesor Cristóbal Espíldora Luque asume la jefatura del Servicio de Oftalmología del entonces Hospital San Vicente de Paul.

El Profesor Cristóbal Espíldora Luque fue alumno del primer Curso de Oftalmología del Profesor Charlín en 1919. En 1920, en un arranque de amor patrio, se enrola en el Ejército de Chile cuando el Presidente don Juan Luis Sanfuentes ordena la movilización del Ejército por "antecedentes secretos que hacían plausible una guerra con el Perú". El Profesor Verdaguer Planas entonces un jovencito, fue testigo del emocionante desfile de las tropas por el centro de Santiago, rumbo a la Estación Yungay para embarcare en el tren al Norte, despedidos por una multitud enfervorizada. Esta "guerra" llamada la "guerra de don Ladislao" por don Ladislao Errázuriz, ministro de guerra, no fue más que una farsa para alejar las tropas de Santiago.

El Profesor Espíldora se formó como oftalmólogo en el Hospital del Buen Suceso de Madrid y posteriormente ejerció en Málaga. Sin embargo, por su condición de extranjero, no pudo obtener un puesto en el Hospital de Málaga. Dijo Espíldora: "El dominio necesario no se adquiere con los libros ni con los estudios en Europa, sino en el Hospital y nada más que en él". Espíldora regresa a Chile y en 1925 es nombrado Jefe de Clínica del Servicio del Prof. Charlín, en el Hospital del Salvador.

En 1927 asume la Jefatura del Servicio de Oftalmología del Hospital San Vicente de Paul, cargo que ejercería hasta 1945. En 1928 es nombrado Profesor de Anatomía de la Escuela Dental y en 1931 Profesor Extraordinario de Oftalmología de la Universidad de Chile. El Prof. Espíldora siguió una carreta paralela en la Universidad Católica de Chile, donde fue Secretario de la Facultad de Medicina y Decano de 1938-53.

El Prof. Espíldora contó con un gran Jefe de Clínica en el San Vicente, el Dr. Abraham Schweitzer, quién lo suplió en la jefatura, cuando el Prof. Espíldora debía ausentarse del Servicio por sus múltiples obligaciones. El Dr. Schweitzer es considerado el padre de la Neuroftalmología en Chile y, junto con el Prof. Verdaguer Planas, fue un pionero de la cirugía del desprendimiento de retina.

La obra científica de Cristóbal Espíldora es monumental: describe el glaucoma normotensivo, describe el síndrome oftálmico-silviano (1935). Publica "El fondo de ojo en 78 casos de cardiovasculares autopsiados", con el Dr. Abraham Schweitzer: 18% de ellos tenía fondo de ojo normal.

Espíldora era un hombre de carácter afable y algo reservado. Tenía un don inapreciable: su autoridad era reconocida por todos: no imponía nada a nadie. Era un gran caballero, que no conoció los celos profesionales. Como, Charlín era asiduo contribuyente a la prensa de Santiago; escribía en el Diario Ilustrado bajo el seudónimo de Juan de Alora sobre temas generales como por ejemplo, sobre los enamoramientos: "le coup de foudre" o "el amor por convencimiento".

Al fallecer el Profesor Carlos Charlín Correa, en 1945, el Prof. Espíldora Luque se traslada al Hospital del Salvador y se hace cargo de la Cátedra Titular de Oftalmología. En 1946, el Dr. Juan Verdaguer Planas asume la Jefatura del Servicio de Oftalmología del Hospital San Vicente.

El Profesor Verdaguer Planas, discípulo directo de don Carlos Charlín, accedió al cargo de Jefe de Clínica 2° del Servicio de Oftalmología del Hospital Clínico San Vicente de Paul en 1939, a su regreso de Alemania. No pudo haber elegido un peor año: 1938. Estuvo en la Clínica de Kiel con el Profesor Meesman y luego en Berlín con el Profesor Lhohlein.

El año 1938 las tropas alemanas ocuparon Austria; ese mismo año, la persecución judía se intensifica y el antisemitismo alcanza su punto más alto. El Dr. Verdaguer observa con temor y horror el desfile disciplinado de las tropas del Tercer Reich por la Unter den Linden. Pese a su rechazo al régimen, el Prof. Verdaguer conservó siempre una admiración profunda por la Oftalmología alemana.

A fines de 1941, el Profesor Verdaguer se trasladó a la Clínica del Hospital del Salvador, obteniendo dos años más tarde del título de Profesor Extraordinario de Oftalmología. En 1946, habría de regresar al San Vicente, esta vez con el cargo de Jefe de Servicio.

En 1952, se decide demoler el antiguo hospital San Vicente de Paul, para trasladarse al moderno hospital José Joaquín Aguirre, tomando el nombre del Profesor y Rector impulsor del concepto de Hospital Clínico.

En 1959 culmina la carrera universitaria del Profesor Verdaguer Planas, al ser elegido Profesor Titular de Oftalmología. La cátedra titular regresa al Hospital José Joaquín Aguirre, manteniéndose la Cátedra Titular del Hospital del Salvador, a cargo del Prof. Espíldora Luque.

Ingresé en calidad de becado ad-honorem a la Cátedra de Oftalmología del Prof. Verdaguer Planas en 1958. Entre los ayudantes destacaban el Dr. Carlos Camino, quién había realizado los primeros injertos de córnea en el país, el Dr. Miguel Luis Olivares, diestro cirujano en carrera ascendente, el Dr. Evaristo Santos y el Dr. Marcelo Zimend, dentro de los mayores. Entre los más jóvenes destacaban Humberto Negri y Wolfram Rojas, el mejor y más leal discípulo de mi padre. Al jubilar el Prof. Verdaguer P. fue el Prof. Miguel Luis Olivares quien lo sucedió y fue el Prof. Wolfram Rojas Echevarría el sucesor del Prof. Olivares.

El Prof. Verdaguer P. era un trabajador incansable. La vestimenta le interesaba poco. Vestía muy sobriamente, no tenía tiempo para cosas accesorias. Concentrado en su trabajo, era muy distraído y todo lo perdía. Cuando tenía una cirugía privada, ésta se programaba a las 7 de la mañana en el viejo y lúgubre Pabellón del Pensionado General, ayudado por Olivares o por Rojas y con la segura anestesia del eximio Mario Folch, primero y Rogelio de la Barrera, después.

Su dedicación al trabajo hospitalario era proverbial. En una época en que los grandes Profesores sólo pasaban visita y dictaban clases magistrales, él atendía policlínico como cualquier becado y si no le ponían fichas, reclamaba. El trato a los enfermos era de una cortesía extrema, más propio de los libros de caballería, que de un atiborrado policlínico: ¿Qué lo trae por aquí caballero? Asiento, caballerito. No tenía sentido del tiempo. No era raro que se enfrascara en un experimento interminable para desesperación del ayudante que debía acompañarlo, que tenía otros compromisos funcionarios que atender. Difícilmente dejaba el hospital antes de las 3 de la tarde. En su consulta, mientras tanto, un enjambre de pacientes ya le esperaban y le veían abrirse paso, una o dos horas atrasado, haciendo gala de una paciencia que pareciera hoy día ya nadie tiene.

La visita de Profesores de otras disciplinas era diaria. Bajaban con pacientes en interconsulta o venían simplemente a conversar. Era común la presencia de neurólogos como Guillermo Brinck, clínico y pensador cuyos monólogos seguíamos con avidez. El hermanastro del Prof. Brinck, el médico oftalmólogo Dr. Hernán Brinck era también un leal y antiguo ayudante del Profesor. Hernán Brinck era de opinión que los chilenos sólo entienden lo que se les dice a la tercera vez y se dirigía a los pacientes en triplicado: asiento señora, asiento señora, asiento señora. Visitante asiduo era el Prof. de Otorrinolaringología Profesor Aníbal Grez ("Aníbal ad portas", decía Marelo Zimend al verlo atravesar el jardín) y el Profesor de Dermatología Dr. Hernán Hevia, uno de los Profesores más sabios y caballerosos de la época.

Fiel discípulo de Charlín, el Profesor Verdaguer P. no concebía la Oftalmología como una especialidad circunscrita al globo ocular, sino como una rama de la Medicina y son numerosos sus trabajos multidisciplinarios, en especial en relación con las vasculopatías retinales. Su obra más importante se relaciona con el desprendimiento retinal. Antes de Gonin, el desprendimiento de retina no tenía tratamiento alguno, Gonin descubre que la tracción vítrea produce desgarros retinales y que éstos son la causa del desprendimiento de retina; el cierre del desgarro, por tanto, es condición para la re-aplicación retinal (1925). A penas un lustro después se publica en la Revista Médica de Chile (Agosto de 1931) el artículo "Tratamiento del desprendimiento de retina por el método de Gonin", por los doctores Juan Verdaguer P. y Abraham Schweitzer. Sus estudios clínicos, quirúrgico y anatomopatológicos cristalizaron en el libro "Desprendimiento Retinal". Esta obra, hoy un clásico, se imprimió en los talleres de la Universidad de Chile en 1942, con numerosas ilustraciones a color, ejecutados del natural por la Dra. Rufina Echevarría. En 1943, et obra obtuvo el premio Atenea, de la Universidad de Concepción.

El Profesor Verdaguer P. es especialmente recordado por su obra social. Fundó el Banco de Anteojos, del Club de Leones de Santiago, que inicialmente funcionó en el Hospital Clínico. En los años 50 se iniciaron las giras oftalmológicas a los lugares más apartados de la República. En los últimos años los operativos sociales adquirieron un ritmo frenético; no había fin de semana en que partiera por tierra o por aire a atender pacientes sin recursos y sin asistencia oftalmológica: para ello contó siempre con el concurso desinteresado de los médicos del Servicio de Oftalmología del Hospital Clínico José Joaquín Aguirre: Wolfram Rojas, Humberto Negri, Jaime Anguita, Pedro Gobantes, Raúl Pérez, Juan Verdaguer T. y muchos otros colegas.

En aquella época, el ingreso a la planta en calidad de ayudante segundo, se hacía por concurso y se daba un examen solemne, teórico y práctico ante una comisión de Profesores de diversas especialidades, en que uno solo de ellos era de la especialidad concursada. Este examen se podría aprobar o el candidato podría ser rechazado, lo que sucedió más de una vez. En 1960 me sometí a examen para ayudante segundo de Oftalmología ante una comisión presidida por el Profesor Alejandro Garretón, quien debía asignarme un paciente con alguna anticipación a la hora del examen. Para mi sorpresa, el profesor Garretón me llevó a las salas de Medicina, se detuvo ante una cama y me dijo: Ahí está su paciente. Profesor, le dije, yo doy examen para ayudante de Oftalmología, ¿por qué me asigna un paciente de Medicina Interna? Porque es más elegante, fue su respuesta. Afortunadamente recapacitó y solicitó al Dr. Camino que seleccionara un paciente oftalmológico.

El Profesor Verdaguer era un hombre de vasta cultura, un lector empedernido, un amante de los libros y de las artes. Diccionario en mano, recorría los clásicos en su idioma original. Marcelo Zimend, que llegó al Servicio desde su Polonia natal, perseguido por la guerra, había estudiado humanidades en el liceo Clásico de Cracovia y su cultura era comparable a la del Profesor, sobre él, tenía la ventaja del dominio del latín. El Papa Pablo II se educó en la misma ciudad y aunque Marcelo decía ser uno o dos años más joven que el Papa, algunos amigos pensaban que eran exactamente contemporáneos. Los diálogos entre Marcelo y el Profesor eran chispeantes, sazonados por el fino sentido del humor del Dr. Zimend. El Profesor solía llamarle Cónsul Marcelo en referencia al Cónsul romano que tomó Siracusa en la Segunda Guerra Púnica y que ordenó respetar, sin éxito, la vida de Arquímedes. ¿Sabía usted, dijo el Profesor, que Arquímedes también estudió las leyes de reflexión y refracción de la luz? No lo sabía, replicó Marcelo, pero sí sé que Arquímedes al ver la sombra de un soldado romano sobre las figuras geométricas en que trabajaba, dijo: "Noli tangere círculos meus" y murió degollado por la espada del soldado. Eso es solo leyenda, dijo el Profesor Verdaguer, fue Jesús quien le dijo a Magdalena: "Noli me tangere".

Muchos han criticado las conversaciones de pasillo en el hospital, considerándolas como horas perdidas, abandono de funciones. Sin embargo, esos diálogos podían ser muy formativos y enriquecedores. Por algo el Prof. Guillermo Brinck hablaba de la "Universidad de las esquinas" donde se aprendía tanto o más que en las aulas.

Muchos años después llegó al Servicio de Oftalmología, invitado por mí y por Hernán Valenzuela, el Profesor de Histología y eximio microscopista electrónico Luis Strozzi Vera. Además de su versación en bioestructura, el Dr. Strozzi poseía una cultura humanística sin parangón. Tuve la suerte de disfrutar de su amistad y poder intercambiar ideas con él casi a diario, en un esfuerzo por establecer relaciones anatomoclínicas, conversaciones en que también participaba el Prof. Hernán Valenzuela. Pero lo que más aprecio y añoro son las conversaciones de pasillo con Strozzi, en que se discutía, por ejemplo, en qué lugar de Florencia el Dante, a sus nueve años conoció a Beatriz Portrinari de ocho. ¿Fue a orillas del Arno? Las referencias al Inferno eran frecuentes, ya que Strozzi, como buen florentino, además de amante de la cultura, era experto en la guerra; creía tener muchos enemigos que, en verdad no eran tales. Varias veces me repitió las palabras grabadas en el dintel de la puerta del Inferno: "Lasciate ogni speranza, voi che intrate". Strozzi pasaba horas en los pasillos, fuera de su laboratorio, repartiendo conocimiento y cultura. El hombre de aula, laboratorio, tenía otro sentido del tiempo y no comprendía nuestra prisa, nuestro apremio, con pacientes esperando en el policlínico y pabellón.

La Escuela Oftalmológica Chilena se inició con Carlos Charlín. Espíldora Luque y Verdaguer Planas recogieron el legado del Maestro e imprimieron su sello personal a su enseñanza. Carlos Charlín es anterior a mi tiempo y sólo sé de sus clases a través del relato escrito y oral, de muchos médicos que asistieron a ellas. Adelante estaban él, un enfermo y un alumno. Se llegaba a la verdad, el diagnóstico, a través del método socrático, basado en preguntas al alumno. Se escuchaba al enfermo, se le observaba su vestimenta, sus uñas, su semblante y al final se llegaba al diagnóstico: una histeria, una tuberculosis, una sífilis. Al final, la apoteosis: el ciego histérico recuperaba la visión en presencia de todos los alumnos. Charlín, en un gesto teatral, daba un golpe con el puntero sobe el piso de madera del auditorio ¡Señores, la clase ha terminado!

Los Profesores Espíldora y Verdaguer Planas se caracterizaban por la claridad de la exposición: todo se entendía, nada parecía complicado, nada había de accesorio, lo más importante: los alumnos recordarán hasta el último de sus días gran parte de lo allí aprendido. Hasta hoy me encuentro con médicos no especialistas, ya con largas carreras a cuestas que dicen: "hice el diagnóstico de glaucoma agudo porque recordaba la clase de su padre". Se enseñaba una oftalmología científica, con apoyo en la anatomía, la fisiología, la física óptica: nuestros profesores eran estudiosos. No hacían clases a lo Charcot o a lo Charlín, pero los alumnos las seguían fascinados, eran amenas, eran interesantes, eran dictadas por profesores cultos y apasionados por la enseñanza y eso, el alumno lo aprecia de inmediato. ¡Cuántas veces estos alumnos habían escuchado clases presentadas por profesores que menospreciaban la enseñanza de pregrado que les quitaba tiempo para el laboratorio de investigación o la redacción de un paper!.

Otro principio básico: se entrega todo lo que se sabe y esto se aplica muy especialmente al especialista en formación que más adelante será nuestro competidor. He escuchado a colegas a negarse a enseñar a otros, técnicas que les ha costado aprender. Cuán equivocados están. El que lo da todo siempre recibirá mucho más que el que reserva para sí lo poco que sabe.

Desde Charlín, Espíldora Luque y Verdaguer Planas la Escuela Oftalmológica Chilena nos inculca la aplicación del espíritu de investigación a nuestra labor diaria al examen de cada enfermo. Cada vez que escuchamos su historia y lo examinamos debemos pensar que ese paciente nos puede revelar algo nuevo, no descrito que podrá hacer avanzar el conocimiento aunque sea, en grado mínimo; lo escuchamos con interés, tomamos notas. Ningún enfermo es igual a otro y en cada caso, tenemos la oportunidad de penetrar en lo ignoto.

Hoy día, nuestra terapéutica se rige por resultados de trabajos clínicos prospectivos y rigurosamente controlados. Sin embargo, ese espíritu de investigación con que abordamos el examen de cada paciente oftalmológico jamás debe perderse. Pensando así, los enfermos de rutina no existen, cada uno de nuestros pacientes es una fuente de enseñanzas.

Nuestros antecesores nos enseñaron la sobriedad. El Prof. Charlín firmaba Dr. Charlín. En el membrete del Profesor Verdaguer Planas y del Profesor Alberto Gormaz solo se leía Dr. Verdaguer y Dr. Gormaz. Aquellos que citaban, junto a sus nombres, cargos y estadías en rimbombantes clínicas extranjeras, eran mirados con desdén por la orgullosa oftalmología chilena. Nada de profesorearse, de envanecerse. En tiempo del Profesor Verdaguer Planas, los Profesores de Medicina eran grandes señores que reinaban desde las alturas, verdaderos príncipes de la medicina. El Profesor Verdaguer oponía a eso la humildad, la modestia, consciente de que el médico sabe un poco, pero ignora mucho más de lo que sabe. Era la modestia suya, como lo dijo Espíldora, una modestia llena de dignidad que imponía el respeto de sus pares.

Publicado 21.06.2012 

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