Facultad de Medicina

Por tercera vez consecutiva

Carrera de Obstetricia nuevamente certifica su calidad por siete años

Profesores Jovita Ortiz, Marcela Díaz, Érika Carreño  y Pablo Gálvez

Profesores Jovita Ortiz, Marcela Díaz, Érika Carreño y Pablo Gálvez

La Unidad de Simulación Clínica, inaugurada en agosto de 2018, fue uno de los atributos destacados en la nueva certificación.

La Unidad de Simulación Clínica, inaugurada en agosto de 2018, fue uno de los atributos destacados en la nueva certificación.

El 20 de agosto de 2019 las autoridades de la Escuela de Obstetricia recibieron la confirmación de esta nueva acreditación, que ratifica su sitial como primera en el país, a días de la conmemoración de sus 185 años de existencia.

Según explican la directora del Departamento de Promoción de la Salud de la Mujer y el Recién Nacido, profesora Marcela Díaz; su subdirectora, profesora Jovita Ortiz; la directora de la escuela de pregrado, profesora Érika Carreño y el subdirector de esta unidad, profesor Pablo Gálvez, este brillante resultado es fruto de un exhaustivo trabajo que vienen realizando no sólo con fines de certificación, sino que incluso a partir del proceso de departamentalización que les tocó implementar.

“Ese proceso, que implicó por ejemplo aumentar el número de académicos y avanzar en el mejoramiento de nuestros índices de investigaciones y publicaciones, fue parte de lo que pudimos mostrar como dentro de nuestras mejoras desde lo que fue la acreditación anterior, en el año 2012”, informa la profesora Díaz.

Pero añade que, en lo que es esencialmente acreditación, la labor previa tuvo su puntapié inicial en la fase de autoevaluación intermedia -cuya comisión encabezó, para que luego esta responsabilidad fuera tomada por la profesora Loreto Pantoja-, etapa impulsada por la Dirección de Pregrado en el 2016 para varias de las carreras que estaban en el mismo camino. “Con esos fines aplicamos encuestas e indagatorias con foco en responder cuáles habían sido las habilidades detectadas en el proceso anterior y, además, en relación a lo que habíamos planteado como plan de mejora. Y al término de ese año presentamos este informe de autoevaluación intermedia a las autoridades, lo cual nos sirvió de base para comenzar el trabajo con miras a la actual acreditación 2019, para hacernos cargo de las deficiencias o debilidades que detectamos y ver el grado de avance en esa materia”.

La mayor dificultad surgió a partir de la promulgación de la ley 21.091, en mayo de 2018, que centró las atribuciones de acreditación universitaria en la Comisión Nacional de Acreditación, por lo que las agencias del sector entregan una certificación de calidad. “Nos cuestionamos si seguir adelante o no con este proceso, pero a partir de lo que crecimos con la departamentalización, y lo que habíamos avanzado, tomamos la decisión de continuar gracias al apoyo de la Unidad de Autoevaluación, Acreditación y Calidad de la Vicerrectoría de Asuntos Académicos y a la Dirección de Pregrado de nuestra facultad, por lo que elegimos a la Agencia Qualitas para este trabajo”, dijo la profesora Ortiz.

Referentes luego del cambio de reglas del juego

De esta forma, el informe de autoevaluación incluyó la sistematización de los avances en términos de aumento del cuerpo académico como el incremento en el número de las investigaciones y publicaciones realizadas, crecimiento que está de la mano con, por ejemplo, la contratación de docentes clínicos para los campus, lo que redundó no solo en el mejoramiento de la enseñanza directa para los estudiantes, sino que en una mejor distribución de la carga académica para los miembros de esta unidad, fruto de un estudio previo que evidenció esas necesidades. Asimismo, la mejora en la infraestructura de las residencias en los centros asistenciales de atención cerrada o abierta al que acude el alumnado para sus prácticas y la puesta en marcha de la unidad de simulación clínica de la escuela, que permite homogeneizar las habilidades prácticas de los estudiantes, manteniendo la riqueza de la heterogeneidad que pueden experimentar en los campos clínicos, destacó el profesor Gálvez.

Otros ámbitos que constatan el crecimiento que fundamenta la nueva certificación “es la mejora en la comunicación al interior de la escuela, entre los docentes y hacia los estudiantes de todos los niveles, pues tenemos disponible en la red información transversal y más específica según los requerimientos, dando solución así a complicaciones que surgían en base al desconocimiento de reglamentos, por ejemplo, y que además sirve como material fundamental al momento de la inducción de nuevos integrantes”, puntualiza la profesora Carreño.

“El cambio de las reglas del juego que produjo la modificación de la ley permitió un aprendizaje en conjunto. Vivimos ese proceso junto a la Unidad de Autoevaluación, Acreditación y Calidad de la Vicerrectoría de Asuntos Académicos y a la Dirección de Pregrado de la facultad; y en algún momento, en las reuniones de la Unidad de Aseguramiento de la Calidad de la Universidad de Chile nuestra escuela pasó a ser un referente de qué es lo que iba a pasar de aquí en adelante, porque fuimos los primeros en este contexto”, finaliza el profesor Gálvez.

Cecilia Valenzuela León

Viernes 23 de agosto de 2019