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40 horas semanales: ¿Cómo puede afectar al país reducir la jornada laboral?

El profesor Joseph Ramos pone el acento en la necesidad de analizar si es posible reducir la jornada de trabajo sin afectar los salarios a la baja.

El profesor Joseph Ramos pone el acento en la necesidad de analizar si es posible reducir la jornada de trabajo sin afectar los salarios a la baja.

Para el profesor Miguel Urrutia es posible aumentar la productividad y los empleos reduciendo la jornada, e incluso llegar a acuerdos de adaptabilidad, pero con un sindicalismo refortalecido.

Para el profesor Miguel Urrutia es posible aumentar la productividad y los empleos reduciendo la jornada, e incluso llegar a acuerdos de adaptabilidad, pero con un sindicalismo refortalecido.

Las últimas semanas han estado marcadas por el debate de un proyecto de ley que propone reducir de 45 a 40 horas semanales la jornada de trabajo, con intensos debates en la Cámara de Diputados. El académico de la Facultad de Economía y Negocios (FEN), Joseph Ramos, y el profesor de la Facultad de Ciencias Sociales, Miguel Urrutia, analizaron los efectos que puede tener este cambio sobre el empleo, el salario, la productividad, y la relación de los chilenos con el trabajo.

Como pocas veces el mundo del trabajo ha protagonizado el debate parlamentario como durante las sesiones de la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados en las que se debatió el proyecto de ley que busca reducir la jornada laboral de 45 a 40 horas semanales.

Partidarios y detractores de la medida esgrimieron distintos argumentos tratando de convencer a la opinión pública y a sus colegas de las bondades de sus posiciones, en un contexto en el que el gobierno se abrió a una reducción condicionada a 41 horas con flexibilidad.

Para el profesor Joseph Ramos, académico de la FEN de la U. de Chile, el debate lamentablemente no ha tocado un punto a su juicio central: el impacto negativo que podría tener en los salarios de los trabajadores al producir menos en la nueva jornada laboral.

"El tema es cómo hacer esto sin que afecte el salario, y la única forma es que se pueda organizar la producción de tal modo, y ese es el tema de la flexibilidad, en que se pueda producir lo mismo en 40 que en 45 horas", aseguró el ex decano de la FEN.

Sin embargo, en su opinión es difícil identificar sectores de la economía en los que pueda darse esa situación al faltar mecanismos que aseguren un aumento de la productividad en la jornada de 40 horas, y cita ejemplos como profesores, médicos o choferes de transporte público.

"Ahí entra el tema de la flexibilización, como decía el gobierno en su propuesta original, en que mediante un acuerdo entre las partes podría concentrarse el trabajo en donde más productividad se necesita, por ejemplo concentrando 50 horas en una semana y 30 en otra, eso es un acuerdo mutuamente conveniente donde se asegura que la productividad va a subir, pero simplemente bajar las horas puede significar en la mayoría de los casos que se haga menos, y eso hará tender los sueldos a la baja", remarcó.

Al respecto el profesor Miguel Urrutia, de la Facultad de Ciencias Sociales, matizó el impacto en los salarios ya que estima que la productividad efectivamente puede mejorar al contar con trabajadores que desempeñen sus labores con menos agobio y con mejores posibilidades de concentrarse, ya sea en tareas manuales (incluidas oficinas "automatizadas") o servicios con atención de público.

"Creo que hay dos beneficios ligados a la reducción de la jornada. Uno es que puede mejorar la productividad por hora si se suma el beneficio de trabajadores más apropiados de los procesos productivos con la eliminación del tiempo improductivo, que está comprobado aumenta con el número de horas trabajadas, y por otro lado se van a crear empleos para atender la parte de la producción no cubierta por el aumento de la producción", aseguró Urrutia.

Otro elemento que el profesor Urrutia destacó es que en este momento alrededor de un 30 por ciento de la fuerza de trabajo ya se encuentra sometida legalmente a distintas formas de adaptabilidad. Aquí destaca la minería, pero hay que considerar que allí hay capacidad sindical de negociar colectivamente, lo que permite efectivamente llegar a acuerdos que impidan que flexibilizar la jornada se traduzca en abusos.

"Se ha podido confrontar mitos en torno a la adaptabilidad y flexibilización, haciendo presente que si es inevitable avanzar hacia otros tipos de jornadas, algo que de todas maneras ya existe, no puede hacerse sin un sindicalismo refortalecido. Además este diálogo entre los trabajadores organizados con el sector empresarial puede a lo menos presionar para que los segundos cumplan con su supuesto rol de innovadores productivos y expansores virtuosos de su utilidad por medio del mercado y no de la reducción salarial, por ejemplo, sin tener que depender exclusivamente de los commodities", finalizó.

Texto: Felipe Ramírez

Prensa U. de Chile

Jueves 5 de septiembre de 2019