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de la ventana y la viñeta

El origen de la pintura moderna se identifica con el concepto de ventana, cuando en el siglo XV se exige a esta el principio de visión de mundo y por tanto realizarse como representación, según el recorte que la mirada determina. Es la idea de recorte la que encuentra en la figura de ventana su encuadre preciso. Ella nos permite ver un segmento selectivo de mundo, el que además debe cumplir con una gran unidad interior, que incluye hasta los conceptos de espacio y tiempo. Así las cosas representadas se instalan con una quietud ejemplar y ejemplarizadora en cuanto la idea de orden, el cual por esto cumple también con el paradigma del orden universal. El descubrimiento fundamental que permite la realización de todo esto es la perspectiva especialmente por su estructura centralizada que confirma la dependencia de los bordes.

Entonces la ventana como recorte y el orden perspectivo, darán al cuadro el carácter de una sólida construcción que siendo de el mundo se le separa, para poder así ser más que el mundo contingente, constituyéndose en mundo ideal.

Si aceptamos como origen de la viñeta, las ilustraciones xilográficas que acompañaron a los primeros textos producidos por la imprenta, tenemos que aceptar la coincidencia histórica con la ventana; acá también se presenta el recorte del espacio, aunque este resignado a la dimensión de los tipos, que ordenan la caja para la impresión. También está la analogía entre la retícula espacial que determina el orden perspectivo y la retícula que, como ordenación en pavimento, sistematiza la caja tipográfica. Analogía en el orden que alcanza también a la historia, al entenderse esta como el contínuo episódico que modula el tiempo.

Aún si remontamos la búsqueda del origen de la viñeta hasta las letras iniciales, de los textos manuscritos medioevales, encontramos también el sometimiento necesario de esta ornamentación al espacio de distribución en líneas que el texto requiere.

En esta historia, donde realzamos la relación de la viñeta con el texto, no podemos eludir mencionar la pintura que desde la temprana edad media, cuando por un principio evangelizador, requerido como superación del analfabetismo, se planteó el relato de los episodios sagrados. Cuestión que en lo fundamental reitera nuestra propuesta, por el mismo sentido de orden que exige la narración, pero sobre todo por el sometimiento espacial determinado por la arquitectura, cuya característica general es la regularidad.

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Todo lo anterior nos ofrece la posibilidad de analogías, pero sobre todo de diferencias, la pintura en la búsqueda de su autonomía, progresivamente se aleja de la idea de ilustración, identificando autonomía con el concepto de absoluto en la ocupación del campo que determina su encuadre. Por el contrario la viñeta no puede clausurar el concepto de temporalidad como continuo y por tanto del transcurso del relato. A esto debemos necesariamente ligar su libertad espacial, que le permite superar el borde, generándose desde muy tempranamente rupturas del encuadre. Característica que le dará su máxima propiedad y definición de género. El desafío que impone la dificultad del tiempo como representación permite a la viñeta del comic, instalar una de las operaciones más fundamentales de la retórica: la elipsis, nombre de la figura geométrica caracterizada por el doble centro, el cual rompe la unidad fundamental del origen moderno de la pintura, abriéndose por esto, al interior de la modernidad como la estructura que integra el concepto de otro, en este caso el lector-visualizador, que entre viñeta y viñeta tiene reservado, el espacio para su imaginación. La pintura buscando la quietud de su autonomía, será centrípeta; la viñeta, activa, excéntrica será centrífuga. Esto permite las más amplias posibilidades: diálogos entre viñeta y viñeta, perforación de una por otra, ruptura de la regularidad del orden reticular, todo por una elipsis, todo por y con ese lector-visualizador.

Por esto puede salir de si misma y penetrar nuestra vida cotidiana hasta tal punto de constituir verdaderas señales de identificación. En los ochenta el código de la viñeta, generó circuitos de mutuo reconocimiento, fanzines de impresión muy rudimentaria circularon buscando mundanidad, en medio de una sociabilidad que se buscaba destruir. El día del triunfo del "No" aparecieron de pronto fantásticos murales cuya iconografía estaba en relación directa con el comic. El comic demostró que había superado, aunque fuera por un necesario, su marginalidad y podía ofrecerse al imaginario del momento. Este es un hecho del que debiéramos hablar mucho más.

ADRIAZO

El arte contemporáneo y el comic se encuentran finalmente en los sesenta, gracias a una mirada hacia fuera del marco de la ventana que se reconoce en la viñeta, encontrado en ella un realizarse productivamente respecto a la crítica iniciado sobre la modernidad. Encuentro este que no puede ya interrumpirse y el MAC se ofrece como espacio abierto a este diálogo. Su carácter universitario le obliga a esta relación de borde en la pesquisa de todos los saberes que componen nuestro tiempo y por esto conforman nuestra imagen de realidad. El MAC así se ofrece como espacio para el comienzo de una nueva historia de la ventana y la viñeta, proponiendo un entrelazado para otros proyectos conjuntos.

Francisco Brugnoli
Noviembre 1999