Declaración del Senado Universitario

Sobre mayo 2018 y el apoyo al movimiento feminista

A la comunidad universitaria:

Las actuales manifestaciones feministas han generado conciencia respecto a la violencia de género, la educación sexista, el acoso sexual y la vulneración de los derechos de las mujeres en nuestro país. Desgraciadamente, nuestra casa de estudios no está exenta de estos problemas. Por ello, el Senado Universitario considera necesario avanzar hacia una institución que constituya un espacio efectivamente seguro, tanto para las mujeres como para la comunidad en su conjunto, donde se promueva la formación de una comunidad diversa que, valorando y relevando sus diferencias, sea un lugar de creación de nuevos conocimientos y formas de relación.

Los espacios de dirección Universitaria concentran una mayoría aplastante de presencia masculina. Por ejemplo, solo una de las veintisiete universidades que integran el Consejo de Rectores de Universidades Chilenas (CRUCh) tiene una rectora mujer: la Universidad de Aysén. Lo mismo es aplicable al Consorcio de Universidades del Estado (CUECh), en donde una de las dieciocho instituciones estatales se encuentra dirigida por una mujer.

En nuestra casa de estudios, los espacios de dirección universitaria no son la excepción. Por ejemplo, al interior del Consejo Universitario, tan solo cuatro de un total de catorce Decanos de Facultad son mujeres, mientras que en el Senado Universitario, de un total de treinta y seis integrantes, sólo diez son mujeres. Otro ejemplo es el Consejo de Evaluación, con cuatro integrantes hombres y una mujer.

El feminismo nos lleva a la construcción de una sociedad diferente. Asumimos que debemos incorporar lo que los estamentos están demandando en todas las materias. Hemos sido activos en la lucha por la educación superior, pero como Senado Universitario no hemos sido lo suficientemente diligentes en los temas de equidad de género. Lo anterior, sin perjuicio de que hemos aprobado un Reglamento de Remuneraciones que promueve criterios de objetividad, no discriminación y eliminación de la arbitrariedad en las asignaciones, a la espera de ser decretado por el Rector.

Debemos avanzar en políticas, normativas y reglamentaciones estratégicas, para transformar la Universidad. Sabemos que ello no ocurrirá de un momento a otro y que se trata más bien de un proceso largo y cultural; sin embargo, pensamos que estos instrumentos podrán colaborar para el cumplimiento de dicho fin. Es preciso aumentar la participación de la mujer en todas las instancias, de manera permanente. Los métodos que hoy existen son insuficientes; necesitamos mecanismos que favorezcan y consoliden su desarrollo tanto en la carrera académica y funcionaria como en el ámbito estudiantil. Para esto, necesariamente, debe reconocerse que, en su historia, nuestra Universidad ha tenido, entre otros factores, sexo, clase, orientación sexual y etnia. Por ello, si bien la paridad de sexos es un indicador importante, no es el único.

El Senado Universitario reconoce que en los últimos cuatro años nos hemos preocupado de manera sustantiva por mejorar la equidad en el ingreso (Política Universitaria sobre Equidad e Inclusión Estudiantil, 2014), la corresponsabilidad social (Política de Corresponsabilidad Social en la Conciliación de las Responsabilidades Familiares y Actividades Académicas, 2017) y la prevención del Acoso Sexual (Política Universitaria, 2017). Sin embargo, el proceso iniciado por las mujeres nos da también la oportunidad histórica de pensar en solucionar esta y las demás desigualdades que afectan a todos los estamentos. Es nuestra vocación de Universidad nacional la que está aquí en cuestión y tenemos la posibilidad de dirigir su devenir.

Es fundamental que como Universidad nos transformemos, lo que implica revisar la forma en que se imparte la docencia, pensando en incluir formación en temáticas de género tanto para estudiantes como para académicos y funcionarios con el objeto de avanzar hacia una educación no sexista, libre de acoso y promotora de derechos.

Hay procesos que esta lucha abre para que sean emancipadores. No podemos limitarnos a una discusión binaria, porque reducirnos a la dualidad nos frena. Nos preocupa la funa pública, porque, aunque lo entendemos como un recurso de las y los oprimidos en condiciones de denegación de justicia, ella puede terminar anulando cualquier posibilidad de transformación y emancipación. Donde hay víctimas y victimarios individuales, hay un contexto que antecede. Esta es una discusión que nos tiene que transformar como sociedad y no puede limitarse a una discusión de capas medias, sino permear a toda la ciudadanía.

Manifestamos nuestro apoyo y acuerdo con las demandas feministas. Creemos que son parte de un cambio cultural profundo que es fundamental realizar como sociedad y como país. En este sentido, nuestro papel como Senado Universitario debe ser el de acompañar y colaborar con el impulso de una discusión profunda de la comunidad universitaria, acerca de nuestras relaciones de poder y nuestras formas de relacionarnos. Es importante que avancemos hacia una Universidad libre de violencia y de abusos en todas sus esferas.

Como órgano representativo de la comunidad universitaria, tenemos hoy la responsabilidad y la voluntad de seguir apoyando con mucha fuerza las demandas de igualdad de género, sumando más acciones e iniciativas que puedan contribuir a acelerar este tan necesario cambio cultural en busca de una mayor justicia y equidad. Para estos efectos, propondremos la creación de una comisión de género en el Senado Universitario, que va a permitir dar continuidad, hacer seguimiento y reforzar el trabajo hasta ahora realizado en este ámbito, apoyando así la labor ya iniciada por las distintas secretarías de género, los gremios y asociaciones de estudiantes, funcionarias y académicas, así como por la reciente Dirección de Igualdad de Género.

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