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Científicos de la U. de Chile crean spray nasal para el tratamiento del alcoholismo

El proyecto está encabezado por el doctor Yedy Israel, académico del Programa de Farmacología del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de nuestra casa de estudios, junto a los doctores María Elena Quintanilla, Paola Morales y Mario Herrera Marschitz, de la misma unidad, y a los doctores Fernando y Marcelo Ezquer, del Centro de Medicina Regenerativa de la Facultad de Medicina, Universidad del Desarrollo-Clínica Alemana, quienes son los que obtienen las células mesenquimales madre a partir de la grasa derivada de liposucción en modelo animal.

Sus resultados son el fruto de una larga línea de investigación que a fines de 2016 publicó las exitosas cifras de reducción en el consumo excesivo de alcohol, logro alcanzado a partir de la administración de estas células madre directamente al líquido cefalorraquídeo de ratas bebedoras, las cuales después de estar en un período de deprivación de dos semanas, al ser nuevamente expuestas al alcohol disminuyeron dramáticamente su ingesta, llegando a hacerlo de la forma en que lo haría un bebedor social, lo cual fue dado a conocer en la revista “Alcohol and Alcoholism”.

El protocolo utilizado estableció que durante tres meses ofrecieron libremente alcohol a un conjunto de ratas, las que consumieron en equivalente humano –una persona promedio de 70 kilos- de dos botellas de whisky de 50 grados y 750 cc cada una por día. Después de estos tres meses, a un grupo de estos animales les inyectaron células madre mesenquimales en el líquido cefalorraquídeo, mientras que al otro grupo les inyectaron una solución placebo, y a todo el conjunto lo sometieron a una abstinencia de 15 días.

Luego de esta deprivación, se les ofreció alcohol a ambos grupos por tan solo una hora para estudiar su consumo compulsivo: los animales que recibieron placebo aumentaron su consumo en ese lapso, bebiendo el equivalente a que una persona de 70 kilos hubiera tomado 154 gramos de alcohol o media botella de whisky en esos 60 minutos, mientras que los animales a los que administraron células madre consumieron el equivalente a que una persona de 70 kilos ingiriera sólo 28 gramos de alcohol, un 80% menos que el grupo placebo: es decir, como un bebedor social.

Este éxito se debió a que el cerebro de un individuo alcohólico presenta neuroinflamación y neurodegeneración debido a su adicción, condiciones que se aminoran por las capacidades antiinflamatorias y antioxidantes de las células madre, así como por su efectividad para promover la generación y recuperación de neuronas, astrocitos y glías.

Un “puff” semanal

Ese estudio prosiguió en la búsqueda de nuevas y más sencillas formas de administración de estas células madre, por lo que el equipo de científicos se centró en sus productos. “Generamos un ambiente proinflamatorio en tubos de ensayo en el laboratorio y allí, con los doctores Marcelo y Fernando Ezquer, de la UDD, expusimos las células mesenquimales, para luego separar lo que liberan, que son dos tipos de compuestos: el secretoma –porque está secretado- y nanopartículas de tejido dentro de éste, denominadas exosomas; todo, de mucho menor tamaño que las células madre originales”, explica el doctor Israel.

Al probar primero –en el mismo modelo animal antes descrito- la administración de una solución con exosomas por vía intranasal, frente a la exposición a la ingesta libre de alcohol luego de dos semanas de abstinencia, las ratas adictas mostraron una gran inhibición del consumo, porcentaje que nuevamente disminuyó con la segunda y tercera dosis del producto, siete y 14 días después, llegando a una inhibición cercana al 90%, “cifra de alcohol en la sangre que en Chile no sería considerada por Carabineros como prohibitiva para manejar”, sentencia, añadiendo que estos logros fueron recientemente aceptados para su próxima publicación en una revista internacional.

En segundo término, los resultados a partir de la suministración de secretomas están aún en estudio pero, adelanta el académico, “serían posiblemente iguales o mejores”. De hecho, añade, “colegas en Alemania y Estados Unidos nos están pidiendo estos compuestos para probar su efectividad en modelos de adicción a cocaína y otras sustancias de abuso”.

No sólo en alcohol

Y es que la doctora María Elena Quintanilla explica que “las drogas de adicción estimulan una zona del cerebro denominada “núcleo de Accumbers”, por lo que las neuronas dopaminérgicas liberan dopamina en el área ventral tegmental, lo que provoca placer, que es lo que pasa como cuando se comen cosas ricas. Pero con las drogas esa liberación es más intensa, lo que con el tiempo va produciendo cambios neuroadaptativos en el cerebro; por eso es que las personas que han consumido en forma crónica y por largo tiempo una droga, con solo ver ciertas señales –el bar, o al amigo con quien bebe, lo que representan claves asociadas-, se produce una liberación de dopamina en su cerebro, sin que haya consumido todavía: es decir, se les despierta el apetito por esa droga”.

Los investigadores nacionales postulan que lo que las drogas producen es una inflamación cerebral debido a un estrés oxidativo; es decir, a la producción de radicales libres. “Los radicales libres alteran el estado redox del cerebro, que se mide según los niveles de glutatión, que es el principal antioxidante de las células. Los secretomas los devuelven a la normalidad porque tienen acción antiinflamatoria y antioxidante”, explica la académica.

Por ello, la doctora Quintanilla está probando los efectos de la administración intranasal de secretoma en un modelo animal adicto al consumo de nicotina mediante ingesta, con resultados igualmente promisorios que en alcoholismo al medir la concentración de cotinina en la sangre, los cuales está procesando para su envío a publicación.

 

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