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Francisca Crispi, académica de la Escuela de Salud Pública:

"La perspectiva de género debe ser transversal en toda la formación médica"

Desde que en 2017 el Colegio Médico eligió a la Dra. Izkia Siches, su primera presidenta mujer en 70 años de historia, el trabajo en temas de género al interior del gremio ha tomado un fuerte protagonismo. Al frente de esta labor, Francisca Crispi, médica y académica de la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina, fundó la primera Comisión de Genero de la entidad y hoy preside su nuevo Departamento de Género y Salud. Formación médica con dicha perspectiva, erradicación del acoso sexual en los servicios de salud y escuelas de medicina, y capacitación en la atención a pacientes de la diversidad sexual, son algunos de los temas en que las y los médicos avanzan.

Francisca Crispi, médica y académica de la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina, fundó la primera Comisión de Genero de la entidad y hoy preside su nuevo Departamento de Género y Salud.

Francisca Crispi, médica y académica de la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina, fundó la primera Comisión de Genero de la entidad y hoy preside su nuevo Departamento de Género y Salud.

La atención de salud con perspectiva de género, la violencia sexual y la inclusión de más mujeres en roles de poder en el gremio, son parte de la agenda de género del Colegio Médico.

La atención de salud con perspectiva de género, la violencia sexual y la inclusión de más mujeres en roles de poder en el gremio, son parte de la agenda de género del Colegio Médico.

Pocos meses antes que estallara la llamada ola feminista chilena en mayo de 2018, un grupo de profesionales liderados por Francisca Crispi, médica cirujana de la U. de Chile y magíster en Salud Pública, fundó la primera Comisión de Género del Colegio Médico, instancia inédita en un gremio que hasta hace dos años nunca había sido liderado por una mujer, y en el cual, a la par con la cultura dominante, los sesgos de género continúan siendo tan transversales como en otros ámbitos de la sociedad.

“Empezamos a organizarnos, y el primer tema que se trató fue la equidad de género en la práctica médica. Con el lema 'En salud también pasa', hicimos una campaña con la que queríamos decir: acá también hay discriminación contra las mujeres, también hay acoso sexual, todavía no hay equidad de género en las posiciones de poder, hay problemas con el trato que es muy sexista”, cuenta la doctora Crispi, quien hoy es la presidenta del recién instaurado Departamento de Género y Salud del Colegio Médico.

Con el desafío de visibilizar, sensibilizar y trabajar para disminuir las inequidades de género en la práctica médica, los profesionales conformaron la comisión sobre la materia, iniciativa en la que luego comenzaron a tratar diversas temáticas como salud trans, objeción de conciencia vinculada a la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), atención a víctimas de violencia sexual y derechos maternales, entre otros.

En un gremio en el que los hombres han ocupado históricamente los roles de poder, ¿cómo ha sido la respuesta a este nuevo frente de trabajo vinculado al género?

Cuando partimos en 2018 había cierto resquemor por parte de algunos colegas, incluso rechazo, porque no entendían qué era la temática de género y tampoco se le veía la relevancia. Yo creo que con el tiempo el trabajo de la comisión comenzó a ser súper validado, y eso se reflejó en que este año se votó mayoritariamente para que la comisión pasara a ser departamento, lo que nos posiciona como parte de la estructura orgánica del Colegio Médico. En ese sentido, hubo consenso respecto a que es un tema muy relevante, y que a nivel de dirigentes exista esa preocupación es algo muy positivo. A nivel de los colegas, ahora cuando vamos a hacer capacitaciones la recepción es muy buena, y hemos avanzado en dar a entender cuál es la necesidad de trabajar estos temas.

En cuanto la distribución por género en el gremio, ¿tienen un catastro sobre cuántos son, cómo se distribuyen los roles de género y poder, las especialidades médicas?

El año pasado por primera vez entraron más mujeres que hombres a Medicina, una carrera que históricamente fue dominada por hombres, pero sigue habiendo muchas diferencias respecto a las especialidades médicas. En las especialidades quirúrgicas hay una predominancia por parte de hombres, y en otras especialidades como pediatría y medicina familiar hay mucha mayor representación de mujeres. Ahí hay una serie de prejuicios que hay que ir trabajando en erradicar. Respecto a las posiciones de poder sabemos que el 70 por ciento de los profesionales en los servicios de salud son mujeres, y en marzo de este año de los 29 servicios de salud sólo seis estaban dirigidos por mujeres, eso es una baja representación. Lo mismo ocurre en las sociedades médicas, en que solo un tercio está liderada por mujeres.

Hay una brecha bien grande, y tiene que ver con un tema que también hemos ido trabajando este año, que es la maternidad y cómo todavía hay muchas falencias en el gremio para respetar los derechos maternales de las mujeres que son madres, lo que es muy fundamental para que las mujeres puedan acceder a puestos de poder de la misma forma que los hombres.

Partiendo por los sesgos de género en la formación médica, hace poco tiempo un grupo de estudiantes de Medicina de la U. de Chile realizó una investigación en que se interpeló con fuerza a los propios tutores, particularmente en el área de la ginecología, ¿cómo lo ves?

Muchos de nosotros hace no tanto tiempo estuvimos en formación universitaria, y claro que son ambientes en que existe mucho machismo y discriminación hacia las mujeres, lo que en la formación se hace más duro, porque hay una condición de poder con el estudiante, que no tiene la capacidad para poder defenderse o tomar posturas contrarias. Dentro del curriculum, hasta el año pasado, no había ninguna perspectiva de género en la formación, no había clases de género en salud, ni de diversidad sexual, ahora se han ido incorporando a las clases de salud pública. Esos son temas ausentes de las mallas curriculares y creo que a partir de las tomas feministas se ha estado trabajando en reformular los curriculums. 

La perspectiva de género debe ser transversal en toda la formación médica y ese es un desafío que no puede suceder de un día para otro. Tenemos que partir por formalizar estos contenidos en las mallas curriculares, y así ir avanzando en que sea un contenido relevante.

¿A qué se refieren los médicos que hablan de ejercer la profesión con perspectiva de género?

Debemos tener una conciencia sobre el género como determinante social de la salud, ese es el primer paso. Que los profesionales entiendan, que la construcción de género del paciente que tengo enfrente o de las poblaciones en general influye en su salud de distintas formas, y que esa persona puede haber sido discriminada por su género, o que ha tenido menos oportunidades por su género, ahí está todo el tema social.

Luego, viene la segunda parte que es poder evaluar cuáles son mis prejuicios respecto al género. Esa es una reflexión personal sobre cómo yo podría discriminar al paciente. Este es un proceso que le permite al profesional identificar estereotipos que pueden estar permeando su práctica médica. En el trato mismo también hay una serie de guías para poder ofrecer una atención no sexista. Los profesionales de la salud, por ejemplo, tendemos a asumir que los pacientes son heterosexuales, y eso genera una barrera automática con la diversidad sexual.

También debemos modificar el lenguaje que pueda ser discriminatorio contra la mujer, lo que implique disminuir su autonomía porque es mujer. Especialmente en el área de la ginecología tenemos mucho por hacer respecto al trato, la violencia obstétrica, la decisión de las mujeres sobre interrupción voluntaria del embarazo, entre otros. También en el tema de la atención a víctimas de violencia sexual vemos como muy importante, que desde los profesionales haya una perspectiva de género, que no se cuestione el relato de las víctimas, que es algo que escuchamos recurrentemente.

Otro tema que está instalado en el ámbito de género es el acoso sexual. Ustedes hicieron una encuesta dentro del gremio, ¿cuál es el panorama que vive al respecto el mundo médico?

Partimos con un catastro sobre los protocolos de acoso sexual y ahí hicimos una evaluación de las universidades que imparten medicina y también de los servicios de salud. Ahí vimos una serie de falencias en los protocolos, que son además sólo una parte del abordaje del acoso. La falta de claridad respecto a los procesos y los pisos mínimos para proteger a las víctimas es notoria en la gran mayoría de los protocolos de las universidades y los servicios. Por lo mismo, estamos trabajando para poder promover que los protocolos estén debidamente confeccionados. Además, es relevante que éstos sean conocidos por la comunidad y ahí hemos tenido varias capacitaciones sobre los protocolos locales, para que las personas los conozcan y se empoderen para denunciar situaciones. 

Respecto a los casos de violencia sexual en el gremio, ¿tienen resultados de la encuesta?

Los datos finales de violencia no los tenemos aún. Esa encuesta evalúa la violencia sexual entre los profesionales, lo cual es algo que ocurre en los servicios de salud, en los hospitales y consultorios. Hemos recibido múltiples casos de acoso sexual por parte de colegas y superiores, y también desde colegas hacia pacientes. Este no es un tema superado, y son las mujeres en estos casos las principales víctimas. En este sentido, también estamos haciendo actividades para empujar un cambio cultural, y que el acoso sexual sea cada vez menos tolerado. Hacer conversar a la comunidad y tener una postura institucional en la que se rechaza todo tipo de acoso con ejemplos claros es súper importante como primer paso.

En términos de diversidad sexual, ¿cuáles serían los desafíos de los médicos?

Aquí la brecha más grande está en salud trans, en términos de que la red pública y también la red privada tiene un déficit muy grande de prestaciones para que las personas trans que desean tener cambios en su genitalidad, tener cirugías reconstructivas o recibir apoyo con la terapia hormonal, lo puedan hacer.

Elaboramos un catastro sobre policlínicos trans y vemos que éstos se concentran en el área central de Chile, habiendo muy poca oferta en regiones. E incluso, en el área central donde hay más disponibilidad, hay listas de esperas larguísimas para cirugía. Además, la terapia hormonal no siempre está disponible, y eso lleva a la población trans a tener que acceder al mercado negro o lugares no aprobados por la autoridad sanitaria, poniendo en riesgo su salud.

También está el tema de la educación de los profesionales para que no tengan un trato discriminatorio, que conozcan a la población que pertenece a la diversidad sexual, sepan cuáles son sus necesidades y puedan atenderlos sin discriminación, sin burlas y sin entregar una atención heteronormada.

Respecto a la distribución de mujeres médicas en cargos de poder, me nombraste la maternidad como una limitante, ¿están trabajando en avanzar en este aspecto también?

El derecho de maternidad es uno de los desafíos que tenemos como Departamento. Hicimos un catastro sobre salas de lactancia en hospitales y clínicas y vimos que sólo un 20 por ciento de los lugares de los que recibimos información para este catastro, las tenían, lo que es muy bajo. Este es un desafío prioritario, si nosotros mismos somos los que promovemos la lactancia materna, debemos tener espacios acondicionados y respetar los horarios para fomentar también la incorporación laborar sin perjuicio de los niños, niñas y trabajadoras.

Por último, otro de los temas en que ustedes han entrado al debate es la objeción de conciencia individual e institucional en el marco de la IVE, ¿cómo entran ustedes a este debate, pensando especialmente que son un gremio que congrega diversas posturas valóricas?

El Colegio Médico como gremio ha sido enfático en respetar a los profesionales objetores, en tanto es una posición válida que está dentro de la ley, pero se deben tener muy claro cuáles son las limitaciones de esta objeción de conciencia. La objeción de conciencia tiene que obedecer a una reflexión muy profunda del profesional, e implica que éste asume que interrumpir un embarazo va contra su moral y principios.

Ahora, en el sistema chileno esto ocurre de forma muy flexible, los profesionales no tienen que justificar nada, y creemos que puede tener que ver con los altos niveles de objeción de conciencia que tenemos hoy. Además, es muy importante, que, pese a que cualquier profesional puede ser objetor de conciencia, ninguno puede obstruir a que las mujeres puedan acceder a las prestaciones: los objetores no se pueden lavar las manos, la ley es clara, si llega una paciente que quiere interrumpir su embarazo y yo soy objetor, tengo que darle su diagnóstico y avisar al director del establecimiento para que se encargue de su derivación. Esto es algo que hemos tratado visibilizar, y estamos educando al respecto por distintos medios.

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