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Programa Transversal de Educación

Los días del sol negro: el innovador juego para la enseñanza de Filosofía financiado por el PTE

¿Cómo acercar la filosofía a los adolescentes? ¿Cómo llevar la filosofía a la vida cotidiana de los/es estudiantes? Estas y otras preguntas fueron algunas de las interrogantes que dieron nacimiento a un innovador proyecto, que hasta el día de hoy se sigue llevando a aulas de Santiago y Valparaíso. El juego, que ha sido financiado por el Fondo de Publicaciones del Programa Transversal de Educación, es el resultado del proceso de tesis de Julie Boelken

El innovador juego para la enseñanza de Filosofía financiado por PTE

El innovador juego para la enseñanza de Filosofía financiado por PTE

Corría el año 2017 cuando Julie Boelken (25) cursaba la Post-licenciatura en Pedagogía en Educación Media, impartida por el Departamento de Estudios Pedagógicos de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. Julie se encontraba realizando su primera práctica profesional en un establecimiento educacional vulnerable, donde los/as estudiantes de cuarto medio no mostraban mucho interés en la asignatura de Filosofía.

En ese contexto, a Julie Boelken se le ocurrió diseñar una actividad escrita, donde invitaba a los/as estudiantes a imaginar que se encontraban en un mundo post-apocalíptico, donde debían conformar un grupo y ponerse de acuerdo sobre cómo iba a funcionar su comunidad para lograr sobrevivir. “La gracia era que los chiquillos inventaran la organización de su comunidad y que respondieran a un par de dilemas morales; después de eso hicimos un debate para ver qué forma de organización era la más adecuada”, recuerda Julie Boelken. La actividad tuvo buena acogida entre los/as estudiantes y le permitió a Julie avanzar en la enseñanza de los contenidos programados.

Tiempo más tarde, durante su seminario de tesis, Julie Boelken relató esta experiencia a su profesor guía, el académico Ernesto Águila, quien le sugirió convertirla en un juego. "La buena pedagogia es aquella que logra aprendizajes, olvidándonos que estamos en un contexto de enseñanza-aprendizaje. Dewey decía que siempre hay que ir de los intereses de los niños y niñas al currículo, y no de manera inversa. El juego permite captar el interés, la plena atención. Aprendemos aquello que nos interesa y lo hacemos de manera duradera cuando hay una experiencia de por medio. Por todo ello, aprender jugando es una vía privilegiada de una buena didáctica. Por lo anterior, alenté que el seminario de título de Julie Boelken fuese la creación de un juego, a través del cual se podían aprender conceptos claves de filosofía política. Dentro de la pedagogía hay una creciente tendencia a observar y valorar las potencialidades pedagógicas del juego", explica el profesor Ernesto Águila.

A Julie le gustó la idea de crear un juego, pues le permitiría generar una experiencia más completa y significativa en los/as estudiantes. Tal como ella explica, el seminario de tesis impartido por el profesor Águila giraba en torno a la ‘pedagogía de la experiencia’, concepto que a ella le interesó sobremanera desde un inicio, particularmente al vincularlo con la enseñanza de filosofía.

Sin embargo, Julie no tenía nociones sobre cómo desarrollar un juego, motivo por el cual contactó a Matías Castillo, estudiante de Pedagogía en Física (UMCE), quien llevaba un tiempo interiorizándose en el mundo de las mecánicas de juego. Al conocer el proyecto, Matías se interesó de inmediato en colaborar y entonces comenzaron a trabajar juntos en la creación de un primer prototipo. Él se dedicó a desarrollar las mecánicas del juego, mientras que Julie se abocó a los contenidos y la fundamentación filosófica.

“La historia base del juego es que, por el tema del calentamiento global, se genera una guerra mundial, que deja a la gente de una ciudad aislada del resto del mundo y en esa ciudad se empieza a generar el caos. Se destruyen las jerarquías políticas establecidas, la institucionalidad, la moral clásica, se destruye el mundo tal como lo conocemos. En ese contexto, los chicos tienen que imaginar que intentaron sobrevivir solos, pero que les estaba costando demasiado trabajo, así que decidieron juntarse con un grupo. Ese es el punto de partida para el juego”, señala Julie Boelken.

De este modo, “Los días del sol negro” comienza con una fase de constitución de comunidad, donde se discuten cuáles serán los fundamentos de un grupo, sus leyes, reglas, valores y cultura. Después de esto, las comunidades deben comenzar a intentar sobrevivir. Para ello, deben recolectar alimentos, agua, objetos útiles, cocinar, sanar enfermos, lidiar con conflictos internos y enfrentarse a otras comunidades, todo lo cual supone tomar decisiones ante dilemas morales y conflictos políticos. En palabras de Matías Castillo, se trata de dilucidar “cómo nos enfrentaríamos cuando nuestros valores empiezan a quedarse chicos a la hora de la escasez, a la hora de distribuir los recursos, a la hora de ver quién tiene que vivir o no, de acuerdo a las condiciones en las que estemos”.

Así, por ejemplo, los/as participantes “tienen que decidir cómo van a tomar las decisiones, quiénes van a tomarlas, quiénes van tener prioridad por sobre otros, qué reglas van a ser las que guíen su conducta, qué conductas van a ser castigadas; en el fondo, de lo que se trata es de establecer cuestiones políticas que son bien relevantes, pero en base a preguntas muy concretas”, explica Julie Boelken. “Cada una de las personas que está integrando la comunidad tiene una labor fundamental en esa comunidad, entonces el juego fomenta el trabajo en equipo de una manera formidable, tenemos que trabajar en equipo en base a la constitución de comunidad que nosotros establecimos”, agrega Matías Castillo.

El objetivo de “Los días del sol negro” es servir de puntapié inicial para el diálogo y la discusión filosófica al interior del aula. El desarrollo del juego entrega diversos insumos para una reflexión posterior más profunda, en base a las situaciones y decisiones que deben enfrentar los/as estudiantes durante el juego. ¿Qué hacer con la violencia? ¿Cómo se condicen nuestros deberes con nuestros derechos? ¿Conviene distribuir el poder o centralizarlo? ¿Se debe beneficiar a todos por igual o es válido establecer diferencias?, son algunos de los dilemas que los/as participantes tendrán que discutir. “La idea es que, después del juego, los profesores hagan al menos una sesión donde se repase lo que ocurrió en él y se realice una reflexión filosófica”, explica Julie Boelken.

En mayo de 2018 la primera maqueta del proyecto estaba lista y entonces sus creadores comenzaron a realizar testeos con estudiantes de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. “Los resultados fueron maravillosos, la gente que estuvo en los primeros testeos lo pasó increíble”, recuerda Matías Castillo. Luego prosiguieron a realizar pruebas con estudiantes de distintos establecimientos educacionales de Santiago. Estas sesiones permitieron ir experimentando diversas alternativas respecto a las mecánicas del juego, ver cuáles funcionaban mejor y cómo afinarlas, para así después incorporarlas en el diseño final.

Julie Boelken entregó su tesis en agosto de 2018, obteniendo la calificación máxima y graduándose con honores. Para entonces, ella y Matías Castillo ya estaban convencidos de que el juego tenía un enorme potencial pedagógico, tras presenciar los testeos en colegios y liceos. Ambos pudieron constatar que el juego lograba una inmersión total por parte de los/as participantes, quienes además “salían con muchas inquietudes con respecto al tema político después de jugar, entonces nos dimos cuenta de lo importante y potente que era lo que estábamos haciendo, y decidimos seguir, a pesar que ya había terminado el proceso de tesis”, recuerda Julie Boelken.

De este modo, el juego continuó implementándose en distintos establecimientos de Santiago, llegando a cerca de 300 estudiantes, y sus creadores comenzaron la búsqueda de financiamiento, con objeto de seguir dándole vida al proyecto. Es entonces cuando ambos se enteraron de la existencia del Fondo de Publicaciones del Programa Transversal de Educación, al cual postularon exitosamente, obteniendo el financiamiento solicitado.

“Ganarnos el fondo fue muy importante, porque fue lo que nos permitió seguir”, asegura Matías Castillo. Gracias a este financiamiento, se han incorporado al equipo profesionales de las áreas del diseño y la ilustración, quienes han desarrollado una estética “que permitirá que los chicos no solo se imaginen el mundo post-apocalíptico, sino que además puedan verlo y meterse más profundamente en él”, explica Julie Boelken.

Además, gracias al financiamiento obtenido, el juego ha sido llevado a más colegios y liceos, casi duplicando la cantidad de estudiantes que se han visto beneficiados por el proyecto. Actualmente el juego está siendo utilizado para las unidades 3 y 4 de la asignatura de Filosofía en cuartos medios. Julie Boelken se encuentra liderando la implementación del juego en la ciudad Valparaíso, mientras que Matías Castillo hace lo propio en Santiago.

“Cada vez que vamos a un colegio, sea del tipo que sea, en general los chicos se entusiasman mucho con el juego, se meten mucho, lo pasan bien, aprenden también un montón de cosas y después queda mucho material para que el profesor de Filosofía retome todo lo que sucedió durante la experiencia y lo trabaje filosóficamente”, comenta Julie Boelken.

“Hoy más que nunca es cuando tenemos que atrevernos a hacer herramientas ludo-pedagógicas, para recuperar el espacio que los niños tienen perdido en las escuelas. Nadie se preocupa de su felicidad, de su placer. Como docentes nos tienen reproduciendo un modelo, reproduciendo un currículum, y no inventando nuevas formas para que los niños puedan aprender. Tenemos la responsabilidad de hacer de la escuela un lugar donde los niños quieran ir y que no tengan que ir obligados”, explica Matías Castillo.

A fines de septiembre de este año, gracias al financiamiento del PTE, el juego fue llevado al Liceo Polivalente Elvira Brady Maldonado, de la comuna de San Bernardo, al Colegio San Cristóbal, de La Florida, y al Liceo San Francisco, de San Ramón. Matías Castillo comenta que, desde que obtuvieron el fondo, han tenido la oportunidad de implementar el juego dos a tres veces por mes.

En cuanto a las proyecciones de cara al futuro, Julie Boelken y Matías Castillo señalan la necesidad de encontrar más financiamiento, con objeto de comenzar la producción y así vender el juego a colegios y municipalidades. Además, planean desarrollar una aplicación para celulares, que permita a los/as docentes aplicar el juego de forma autónoma, sin requerir de la figura del “implementador”, rol que hasta ahora han asumido en terreno sus creadores. También están barajando posibilidades de llevar el juego hacia la realidad virtual, así como ampliarlo a otras materias como, por ejemplo, algún proceso histórico concreto. En palabras de Matías Castillo, se trata de “darle una posibilidad mucho más rica que aplicarlo exclusivamente en Filosofía y así hacer un aporte significativo a las comunidades educativas, que es lo que más nos interesa: hacer de la escuela un lugar para todos y todas, para desarrollar las habilidades de cada quien”.

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