Reflexiones sobre la Contingencia Actual desde las Ciencias Sociales

Pedagogía en tiempos de excepción

Actualmente, transitamos como país por un especial momento histórico; momento de reorganización social, de toma de conciencia colectiva, de visibilización de prácticas abusivas, de franca represión, violencia explícita y vulneración de derechos hacia el pueblo de Chile.

Niños y niñas de nuestro país, inevitablemente, están sintiendo el impacto emocional que este fuerte cambio social implica. La emoción vivida se registra en sus cuerpos, entendiendo por éste la indivisible unión entre lo orgánico y lo anímico. Así, lo vivenciado por niñas y niños durante este período histórico dejará huellas en una atávica memoria corporal que no tiene palabras. Se registrarán y permanecerán en el cuerpo infantil imágenes, sonidos, voces, movimientos, sabores, olores, sensaciones corporales. Estos registros pueden variar en intensidad y ser en mayor o menor medida traumáticos.

En tanto educadores que trabajamos con las infancias, consideramos, entonces, indispensable replantearnos nuestro quehacer en estos tiempos particularmente sensibles. Debemos pensar este tiempo como un tiempo de excepción, un tiempo de emergencia en el cual más que nunca debemos sostener la emocionalidad, cuidar el cuerpo de los niños y niñas de nuestro país.

En situaciones complejas como las actuales, la escuela y el jardín infantil deben brindar seguridad y sostén, es por esto que como profesionales y académicos de la Educación Parvularia queremos plantear la necesidad de reflexionar acerca de aquellas prácticas educativas que podemos considerar altamente pertinentes a este período de excepción, especialmente para los primeros siete años de vida del ser humano, prácticas educativas capaces de apuntalar el desarrollo y reparar en los casos de daño anímico.

En primer lugar, queremos relevar la importancia del juego espontáneo como posibilidad de transformación y elaboración de la realidad, como vía regia para la maduración emocional y la salud psíquica en la primera infancia . La presencia de adultos empáticos, respetuosos del juego libre, es crucial en estos tiempos en que lamentablemente, prima el discurso adulto con su conflictiva e irracionalidad pulsional. Las infancias se construyen sanamente en vínculos de apego saludable , con adultos que respetan el cuerpo de niños y niñas, que acompañan y sostienen el juego libre. En estos tiempos se necesitan holgados momentos de juego que dejen fluir el movimiento y la imaginación infantil, momentos para transitar desde los juegos motores hacia juegos simbólicos más elaborados. Nuestro rol es cuidar estos momentos, facilitarlos estableciendo las reglas de convivencia y cuidado del cuerpo propio y del cuerpo del otro necesarios para que el juego espontáneo ocurra en un espacio de seguridad.

En segundo lugar planteamos la necesidad de crear espacios y otorgar tiempos que les permitan a niños y niñas la simbolización de las emociones que impactan sus cuerpos. Hoy más que nunca necesitamos entregarles herramientas acordes a su propio nivel de desarrollo individual para “comprender” la situación país. Así es como, debemos intencionar actividades que brinden la oportunidad a nuestros niñas y niñas para representar la situación actual a través del arte; actividades gráficas y plásticas ( dibujo, pintura, modelado, construcción), actividades orales tales como la narrativa y el cuento, actividades de movimiento tales como la danza y la gimnasia artística, actividades relacionadas con la música y el canto, permitirán a niños y niñas expresar de manera creativa su sentir en relación a la situación actual y así generar espacios de salud al interior de los establecimientos educacionales.

En tercer lugar, enfatizamos la importancia de cuidar y respetar el ritmo de desarrollo individual . Esto implica que debemos ser responsables de la información que transmitimos a los niños y niñas . Debemos evitar exponerlos a imágenes y a discursos correspondientes a un mayor nivel de comprensión, como aquellos que se presentan en los medios de comunicación masivos como la televisión e internet. Muy por el contrario, niños y niñas necesitan recibir información muy dosificada y lo más exenta de violencia posible . Niños y niñas necesitan de adultos capaces de mediar la información que entregan, adultos capaces de entregarles una visión esperanzadora acerca de la realidad y el futuro.

En último lugar, queremos enfatizar que en tiempos particularmente turbulentos como los que vivimos hoy, cobran mayor relevancia aún la estabilidad de las rutinas y los cuidados cotidianos. En los primeros siete años sabemos lo relevante que es para el sano desarrollo el contar con rutinas estables de cuidados que dan seguridad, con la presencia y constancia de adultos significativos, el contar con espacios limpios, ordenados e idealmente alejados de la sobreestimulación. En este momento particular debemos cuidar aún más estos detalles. El orden, los horarios, la constancia de los cuidadores, la estabilidad en el ambiente exterior ayuda a organizar el mundo interior; nuestro rol como adultos responsables de la estabilidad emocional durante la niñez es aún mayor en momentos de desestabilización y desorganización social.

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