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Feminismo, economía y medio ambiente: relaciones y propuestas para un mundo y un país en crisis

El malestar expresado en las calles de nuestro país expresa diferentes dimensiones de afectación de la vida cotidiana de las personas. Las pensiones de las personas mayores, la atención en salud, el derecho a la educación, entre otras demandas, han sido las  consignas erigidas por diversos sectores de la sociedad. Pero no sólo eso. El análisis del escenario ha llevado a reconocer que también otros son los factores que se cruzan en esta discusión. Esto fue lo abordado en el conversatorio "Interseccionalidades: Economía, feminismos y medio ambiente", desarrollado este jueves 12 de diciembre en la Facultad de Ciencias Sociales.

Una de las participantes fue Andrea Sato, investigadora especializada en temas de historia de tiempo presente, trabajo flexible y precarización femenina de la Fundación Sol, para quien si se observa el “sistema mundo” se distingue claramente una desigualdad global entre aquellos países, generalmente del norte del planeta, que requieren de los recursos naturales de aquellos del sur, para sostener su desarrollo capitalista avanzado. Sin embargo, plantea, el sistema está en crisis, aunque diferenciada en sus insatisfacciones. Así, “la vida y su cuidado se va a tener que resolver permanentemente vía mujeres migrantes que venden su fuerza de trabajo, que es lo único que tienen”.

En ese sentido, afirma, existen países que reciben migrantes y otros que proveen. En aquellos más precarizados, las mujeres, que son las responsables últimas de la reproducción de la vida y sus cuidados, se ven forzadas a emigrar para poder asegurar aquello. A veces con sus familias, muchas otras solas. Por otro lado, la cadena global de trata de personas está vinculada al trabajo sexual, agregó.

Desde una mirada más local y contingente, Camila Vega, miembro de la Cooperativa de Economía Feminista Desbordadas, afirma que "no es casual que el estallido se haya iniciado por un alza en el pasaje del metro". Esto porque "las condiciones de uso del sistema de transporte son una fotografía, una metáfora muy clara de lo que significan las condiciones de precariedad que hicieron de caldo de cultivo para el malestar: largos tiempos de viaje en vagones hacinados para desplazarse desde la periferia a lugares de trabajo, madres que luego de largas jornadas llegan cansadas a sus hogares a cuidar a sus familias, mujeres que se desplazan a barrios acomodados a cuidar hijos e hijas de otros".

“Las feministas ya lo habíamos dicho el 8 de marzo de este año, y lo hicimos a través de una herramienta que en estos días se replica. Nos fuimos a huelga general feminista contra la precarización de la vida”, subrayó la también integrante del equipo de la Dirección de Igualdad de Género de la U. de Chile.

Para la economía feminista, señala, “es necesario romper con la centralidad del mercado en la economía y preguntarnos, en su lugar, por la sostenibilidad de la vida”. Eso, advirtió, "implica romper con el individualismo metodológico, con el homo economicus y con el hombre BBVAh (Burgués, blanco, varón, adulto y heterosexual –porque había una H silenciosa-) que ha sido el sujeto predilecto de la economía ortodoxa”.

En los hechos, diversas encuestas del uso del tiempo demuestran que las responsabilidades de cuidado, así como las necesidades de cuidado, se distribuyen desigualmente en la sociedad, tanto en términos biológicos como socio-culturales. Un bebé o una persona anciana requieren mayor cuidado que una persona adulta. Una mujer tiene una carga de responsabilidad mayor de cuidar que un hombre.

Se trata de un trabajo invisible y desvalorizado históricamente, a nivel simbólico y a nivel material. A nivel micro –dentro de los hogares- y a nivel macro – en el sistema social y económico. Esto se hace evidente cuando analizamos, por ejemplo, cuáles son los ámbitos más precarizados, las demandas más sentidas por la movilización actual: Salud, educación, pensiones –y con ello la dignidad de la adultez mayor. Todas estas son dimensiones de los cuidados. Todas estas son esferas feminizadas”, afirma Vega.

Las Gretas del mundo

Desde el ámbito medio ambiental, pareciera ser que el empoderamiento de la adolescente sueca Greta Thunberg como referente y líder del activismo medio ambiental es de carácter individual, pero no es así. “El activismo se feminizó”, dice el director de Greenpeace Chile, Matías Asun. Dado que “los hombres no hemos podido proveer formas creativas e incisivas, las mujeres están liderando el movimiento ambiental".

Como ejemplo menciona a las representantes chilenas de la sociedad civil participantes en la Cop25 que se realiza actualmente en Madrid, en su mayoría mujeres. La científica Maisa Rojas, profesora del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile además de directora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, Sara Larraín, de Chile Sustentable, o Flavia Liberona, de Fundación Terram, entre otras.

Por otra parte, dice, en las comunidades locales las mujeres juegan un rol fundamental en un modelo de desarrollo alternativo que pone en el centro el cuidado y la sustentabilidad de los recursos.

En ese mismo sentido, Camila Vega plantea que “se hace necesario fortalecer los lazos comunitarios para asumir que la tarea de reproducirnos y cuidarnos no debiese recaer en el individuo y su familia, figura predilecta de los creadores del modelo actual, sino más bien, en la idea de colectivizar las responsabilidades y los trabajos que implica".

Al descentrar los mercados, agrega, “se hace también imperante abrir espacios de discusión democrática para definir qué bienes -como las energías y el agua- nunca debieran dejarse en manos del mercado, y sobre cómo construimos nuevas formas de producción y de consumo, destinadas realmente a la satisfacción de las necesidades humanas, y respetuosas del medio ambiente”.

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