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Cs. Forestales y de la Conservación de la Naturaleza

Entrevista

Profesora Claudia Cerda analiza impacto de castores en el extremo sur

Introducidos en la década del cuarenta en el sur de Chile, en el transcurso de estas décadas los castores -naturales del hemisferio norte-, se multiplicaron sin control en la zona de Tierra del Fuego y Magallanes, siendo hoy una especie exótica invasora que genera importantes daños socioculturales y a la biodiversidad del lugar. La académica Claudia Cerda, de la Facultad de Ciencias Forestales y de Conservación de la Naturaleza, habla en la siguiente entrevista sobre la investigación respecto al tema que lanzará junto a un equipo interdisciplinario el próximo mes de abril.

La académica Claudia Cerda co-dirige -junto al profesor Gustavo Cruz-, un estudio sobre el impacto del castor en el extremo sur del país, que será lanzado a principios del mes de abril.

La académica Claudia Cerda co-dirige -junto al profesor Gustavo Cruz-, un estudio sobre el impacto del castor en el extremo sur del país, que será lanzado a principios del mes de abril.

Introducidos en la década del cuarenta en nuestro país, los castores se han multiplicado sin control hasta la actualidad, provocando considerables daños en el entorno.

Introducidos en la década del cuarenta en nuestro país, los castores se han multiplicado sin control hasta la actualidad, provocando considerables daños en el entorno.

Los bosques nativos se han visto afectados por el desvío de agua que genera esta especie acuática al fabricar las represas para su subsistencia.

Los bosques nativos se han visto afectados por el desvío de agua que genera esta especie acuática al fabricar las represas para su subsistencia.

En 1946 fueron traídas al país algunas parejas de castores con la esperanza de que iban a ser buenos para la industria peletera. Eso no prosperó y la especie, comenzó a reproducirse sin control en una zona donde no cuenta con un depredador natural.

Hoy se estima que en el extremo sur del país habría cerca de 100 mil castores, especie acuática que se concentra en la zona de Tierra del Fuego y Magallanes, que causa un importante daño en los ecosistemas locales.

"Hoy tenemos el riesgo de que, si no tenemos buenas medidas, esta especie podría seguir avanzando a otras zonas del continente. Tenemos que ser muy inteligentes para poder detenerlo y controlarlo, y en algunos casos tal vez incluso tendríamos que apostar por la erradicación, aunque eso tiene diversas aristas y es un tema complejo", señaló la profesora Cerda, quien junto al también académico de la Facultad de Ciencias Forestales y de Conservación de la Naturaleza, Gustavo Cruz, y un equipo interdisciplinario de profesionales -en el que también colaboran Ana Araos, Patricio Tapia, Iñigo Bidegain y Oscar Skewes de la U. de Concepción- están próximos a lanzar una investigación que da cuenta de impacto económico y sociocultural que tiene esta especie en la zona.

¿En qué consiste y cómo surge este estudio?

Este trabajo se enmarca en una problemática global y nacional, que es el impacto de las especies exóticas invasoras a la biodiversidad. Las especies exóticas invasoras han sido reconocidas como unas de las principales amenazas de pérdida de biodiversidad en distintas partes del mundo. Hay más de 120 especies exóticas invasoras causando daños importantes en la biodiversidad y también al sector productivo en el país. Desde esa perspectiva, expertos en ecología han trabajado bastante, hay distintos grupos en Chile, en el ámbito más bien ecológico de estás invasiones, pero era necesario decir: 'ok, pero, ¿cuánto pierde Chile económicamente por la presencia de estas especies?'.

¿Y por qué es relevante tener hoy contabilizado el impacto económico que causan estas especies?

Esos datos son importantes porque permiten de alguna forma comparar cuánto se está invirtiendo en poder controlar estas especies y nos da una medida tangible del daño. Según un estudio previo que realizamos analizando a siete especies invasoras –incluyendo al castor–, Chile perdería al menos en 20 años 2 mil millones de dólares en esas especies. Como mínimo, considerando que fueron muy pocos los impactos por especie que pudimos valorar.

Luego de ese primer estudio, ustedes ganaron este nuevo proyecto financiado por el Ministerio del Medioambiente y la FAO, dedicado exclusivamente al análisis del impacto del castor. ¿Qué es lo que ustedes pudieron ver en la zona de Tierra del Fuego y Magallanes respecto al impacto del castor?

Primero, que el daño que produce esta especie es tremendo. Los castores desvían los cursos de agua y ahogan los bosques. Y los bosques no se recuperan, no regeneran bien, entonces, tienes un daño que es ecológico y también hay un daño paisajístico. Nadie podría negar lo que hace esta especie.

En el estudio también trabajan sobre el daño sociocultural que causa esta especie, ¿a qué se refieren con eso?

A que puede haber impacto sobre el tejido social; la gente -en algunos casos- se siente angustiada, no todas las personas, pero sí varias porque piensan que el castor les va a contaminar el agua, por ejemplo. En Porvenir hay una sensación de que hay un problema. También puede haber un impacto sobre la satisfacción turística. Esos son impactos más difíciles de cuantificar económicamente, pero no son menores. Ahí usamos una dimensión no económica, sino con dimensiones sociológicas o antropológicas.

Cuando hablamos de impacto cultural, no implica solamente trabajar solamente con las comunidades locales o indígenas, sino que implica recoger la percepción de los distintos actores afectados, incluyendo al Estado, las empresas, los ganaderos. Y entre ellos, hay distintas percepciones: hay algunos que quiere erradicar, hay otros que quieren controlar, hay algunos que ven una magnitud distinta del problema respecto a otros actores. Esa divergencia es clave entenderla porque de alguna forma puede condicionar las medidas que se implementan. A eso le llamamos nosotros el análisis sociocultural del problema. Y esos contrastes nos parecen fundamentales de entender.

¿Ustedes partieron de alguna estimación previa de cuánto era la pérdida que producía esta especie para el país?

Hay estudios previos en que se estimaron pérdidas de biomasa forestal, que es una pérdida más directa. Tomamos estos datos, y con unas estimaciones muy gruesas hicimos el primer estudio de las siete especies invasoras, donde ahí también logramos mejorar la estimación, pero con información secundaria. En este último proyecto fuimos a terreno y refinamos esos datos, incorporando otros impactos que no habíamos estimado. El daño de castor es difícil porque se alimenta de renovales, pero se afila los dientes en árboles más antiguos. Todo eso hay que graduarlo y entenderlo, y no es menor.

Tras haber afinado esta estimación, ¿aumentó la cifra respecto a las primeras estimaciones?

Las cifras claramente aumentaron, pero hay que ver qué pasa con esas cifras en distintos escenarios de gestión. El impacto depende del escenario de control o de gestión que implementes, porque la dinámica biológica de la especie cambia en distintos escenarios de control. En algunos casos puedes tener un cierto nivel de control, y eso implica que los servicios ecosistémicos afectados se recuperan a una tasa distinta de otro escenario. Entonces, esas cifras tienen lógica dependiendo de la gestión que tú incorpores con la especie. Hay que comparar los distintos escenarios, y aún tenemos algunas ambigüedades. No tenemos claro cómo se recuperan los servicios ecosistémicos afectados, el ciclo hidrológico, la captura de carbono en distintas formas de gestionar, y ahí tenemos que seguir trabajando.

¿En qué estado se encuentran las estrategias de control de esta especie?

Se han implementado estrategias. Este mismo proyecto tiene estrategias de control, tiene sitios pilotos de control, porque tenemos que entender cuáles son las estrategias más efectivas. Entonces, sí ha habido avances y tenemos que seguir adelante para entender bien la dinámica de la especie y cuáles son los beneficios de hacer estas medidas de gestión, porque tienes que pelear los recursos, entonces tienes que ir diciendo ‘ok, tenemos este costo’, pero cuál es el beneficio, y ahí tenemos beneficios directos e indirectos. A nosotros lo que nos interesa es tener ganancia ecológica en biodiversidad y también bienestar social con las medidas que se implementen, ese es el foco del proyecto.

Lo nuevo de este proyecto a diferencia de lo que ya se había hecho, además de estimar costos económicos, es que también damos luces de cuáles son los beneficios obtenidos en distintos escenarios. Hasta ahí nosotros llegamos y con eso tenemos más luces para que otros equipos tengan en antecedente qué implica implementar alguna propuesta y cuánto vale llevarlas a la práctica.

Cuando uno habla de control y erradicación de especies, es un tema que suele generar visiones encontradas entre los actores involucrados, ¿cómo afrontan ustedes esa situación?

Es un tema claramente complejo, del cual tenemos que hacernos cargo, por eso nosotros incorporamos este factor sociocultural, porque tenemos que entender qué percepción hay de estas especies invasoras en la población, y ahí estamos aún al debe.

Por otra parte, nosotros también tenemos que comunicar que nos interesa proteger nuestra biodiversidad nativa que claramente está en riesgo, y buscar de alguna forma los balances. Tenemos que trabajar con la aceptación social de las medidas que apunta este estudio. La opinión social es divergente, con distintas especies y en distintos territorios. Es clave por una parte la educación y también entender cuál es la aceptabilidad social de las especies en distintos escenarios.

Respecto de la protección de la biodiversidad y la necesidad de transmitir a la población su importancia, ¿cuáles son las ideas que deberíamos comunicar a la población en este ámbito?

Nosotros estamos en un desafío importante hoy, que tiene que ver con ser un país más sostenible, y eso implica no tocar ciertos sistemas naturales, y mantenerlos por varias razones. Primero, por razones ecológicas y ambientales. De esos sistemas naturales derivan un montón de servicios ecosistémicos que son claves para el bienestar social. Está comprobado, por ejemplo, que, en esta zona, los bosques son súper importantes para el bienestar social. Las personas, tienen una conexión directa con ellos, y hay un número de beneficios que tenemos que visualizar, que a veces pasamos por alto que brindan estos bosques. Hay una razón ética además de conservar esta diversidad nativa. No da lo mismo desviar canales, destruir especies, tenemos que hacernos cargo de eso, por esta generación y las futuras. La apuesta hoy es a que el público, los niños y los estudiantes, comiencen a razonar de forma compleja, que entiendan las amenazas que tenemos. Esas amenazas son múltiples, y una de ella, son las especies invasoras.

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