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Facultad de Arquitectura y Urbanismo

“No basta con aumentar la cantidad de camas, debe haber una distribución estratégica de éstas”

Ante la crisis sanitaria, uno de los mayores requerimientos para poder atender los casos críticos son las camas UPC, camas con ventiladores mecánicos. Para los profesores de la U. Chile, Felipe Ulloa y Julio Covarrubia, tras el estudio territorial en el que cruzan la disponibilidad de camas y las tasas de contagio, no sólo es necesario aumentar la cantidad de camas, sino una certera distribución.

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Acceso al mapa y estudio

El estudio realizado por los geógrafos de la U. de Chile, consistió en la elaboración de un mapa territorial que relaciona los datos entregados por el Ministerio de Salud (Minsal) respecto de las camas disponibles para pacientes críticos en los distintos servicios de salud y las comunas más afectadas por el COVID19. El análisis permite conocer el nivel de afectación de cada comuna y región, así como su capacidad real de enfrentar los casos que requieran hospitalización.

“Los resultados señalan que hay una realidad disímil entre las regiones con respecto a la cantidad y la disponibilidad de camas críticas. Casos complejos se dan fundamentalmente en el sur, por ejemplo en La Araucanía, donde hay muy pocas camas críticas per cápita“, sostuvo el geógrafo Julio Covarrubia, quien es Coordinador Académico del Diploma de Inteligencia Territorial y Geomarketing de las Facultades de Arquitectura y Urbanismo (FAU) y de Economía y Negocios (FEN) de la U. de Chile.

Asimismo, el profesor Felipe Ulloa, geógrafo y académico del Diploma de Inteligencia Territorial y Geomarketing, señala que “el estudio tomó los datos del Ministerio de Salud, los espacializamos y observamos dónde están los mayores cuellos de botella. Chile tiene sólo 1000 camas con ventiladores en el sistema público de salud. En tanto, el sistema privado llega aproximadamente a las 600. Se debe considerar además, que pueden haber camas que están siendo ocupadas por pacientes con otras enfermedades que no son el COVID19. Por lo tanto, desconocemos la capacidad real”.

A ello, se le suma la diferencia de distribución que hay entre las regiones; según esta investigación, de estas 1000 camas; cerca de 440 están concentradas en la Metropolitana. “Por otra parte, si quisiéramos aumentar la cantidad de camas se requiere de un equipo médico, por lo que debemos contar además con la capacidad de instalar más médicos, más enfermeras y asistentes“, sostuvo Ulloa.

“Una película de suspenso que se puede convertir en terror, es la situación que se está viviendo en Chile con el coronavirus”, indica el Profesor Covarrubia. La experiencia internacional ha demostrado que el 5% de los contagiados requerirá de una cama crítica con un ventilador mecánico. Si llegamos a los 10.000 enfermos, 500 necesitarán de un ventilador, por lo que ya estaríamos ocupando la mitad de las camas UPC. 

“Se trata, por lo tanto, de ir adelantándonos en las cantidades de camas, ventiladores y equipos médicos, pero sobre todo en su adecuada distribución en el país”, agrega Covarrubia.

Ante la delicada situación, el día miércoles 1 de abril el Minsal hizo un llamado al sistema de salud privado a poner todas sus camas a disposición de dicha cartera para hacer “un manejo centralizado” de ellas. De esta manera, el gobierno busca liderar la coordinación, priorización y orden ante la necesidad de camas y de personal de salud en cada región y comuna.

A pesar de la determinación del ejecutivo de sumar las camas privadas a las públicas, los expertos indican que será muy complejo duplicar o triplicar las existentes. “Por ello, reiteramos el llamado a la gente a quedarse en sus casas y acordonar las comunas que registran pacientes, para aplanar la curva lo antes posible”, enfatizó Felipe Ulloa.

Asimismo, los profesores apelan a la urgencia del uso de herramientas tecnológicas, como lo es la  inteligencia territorial, para poder ordenar los espacios y comportamientos sociales e individuales, en función de la evolución del virus.

Usar la tecnología para salvar vidas

La tecnología aplicada por los profesores Felipe Ulloa y Julio Covarrubia, permite analizar la información de la evolución e impacto del virus desde un enfoque espacial de forma estática y dinámica. Estática en los reportes diarios de la localización de los contagiados y la población residente, pero también dinámica porque en un Sistema de Información Geográfica (SIG) en el que se puede monitorear esa información y asociarla a la población flotante.

Ejemplo de ello, son los mapas de movilidad de la población. “Es posible adelantarse a focos de aglomeración, tanto de los centros de salud como de personas circulando en la ciudad. Esa tecnología existe y es momento de utilizarla de manera conveniente para el bien común. También es posible determinar aquellas áreas donde las personas contagiadas no han transitado, para poner mayores esfuerzos en evitar la circulación y montar áreas sin contagio en el país, como, por ejemplo, la isla de Chiloé, los pueblos del Altiplano o pequeños centros urbanos”.

Los profesores apelan a la urgencia del uso de la inteligencia territorial, para ordenar los espacios y comportamientos sociales e individuales, en función de la evolución del virus.

“Es una oportunidad única para la humanidad, nos es posible adelantarnos a las acciones y decisiones de movilidad de las personas, con el desafío de enfrentar esta amenaza como país. Para ello podemos utilizar las herramientas que nos da la inteligencia territorial”, puntualiza Covarrubia.

Ante esta posibilidad de aplicar la tecnología al servicio de salud pública, los profesores hacen un llamado al Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Minsal para poner a disposición de la comunidad científica, los datos actuales, “que permita a las universidades y los centros de investigación poder aportar soluciones certeras y rápidas, ya que allí está el pulmón de la investigación en Chile”.

“En síntesis, las herramientas están, sólo depende de la autoridad utilizarlas, abrir la data y trabajar con los centros de investigación, el sector privado, las ONGs y otros organismos que aúnen esfuerzos para poder salir delante de esta catástrofe humana con la menor cantidad de fallecidos”, señala Covarrubia.

 

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