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Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias

Conservación de la Naturaleza

El valor de los Parques Nacionales como un espacio para la Educación

En la conmemoración de este día internacional que llama a tomar conciencia de la importancia de conservar la biodiversidad a nivel mundial, destacamos el valor de estas áreas protegidas al constituirse como espacios para la Educación e Investigación sobre el patrimonio natural del país.

De acuerdo con el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE) administrado por la Corporación Nacional Forestal (Conaf), más del 20% del territorio continental de Chile se considera dentro de las áreas protegidas. Más de 18 millones de hectáreas se dividen en 41 Parques Nacionales, 46 Reservas Naturales y 18 Monumentos Naturales.

En los Parques Nacionales existen diferentes ecosistemas que albergan diversidad biológica muy representativa de la zona donde se emplazan y que constituye parte del patrimonio natural del país. Áreas que deben mantenerse sin alteración significativa de acción humana y donde todos los recursos existentes están protegidos; por Ley, está absolutamente prohibido extraerlos.

“La idea al interior de los parques es que los ecosistemas estén conservados de la forma menos alterada posible. Que se siga el rumbo natural, que las especies puedan vivir con poca intervención humana. Aunque el globo terráqueo está intervenido totalmente. Debemos intentar que las especies mantengan su rumbo evolutivo natural”, destacó la profesora Carmen Luz de la Maza, Decana de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza.

Los Parques Nacionales son áreas protegidas porque hay un interés nacional por preservar la naturaleza que existe en esos lugares. “Los ecosistemas que ahí habitan son parte de la representación nacional, por lo tanto, además de ser un patrimonio natural, es también parte de nuestra cultura como país”, aclaró la Decana de la Maza.

La riqueza de los Parques Nacionales en especies de flora, fauna y recursos naturales se transforma en una fuente de conocimiento muy valiosa para la investigación “como un gran laboratorio natural al aire libre”, según concuerdan los expertos. Permite comprender los procesos evolutivos, rasgos culturales y funciones de los servicios ecosistémicos. A su vez, releva el valor que tiene su conservación en el presente para que las generaciones futuras puedan contar con estas áreas protegidas.

El profesor Cristóbal Briceño, académico de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias, ha hecho muchas investigaciones en terreno en Parques Nacionales que han permitido conocer el comportamiento de representativos animales, sus amenazas, sus enfermedades y también sus fortalezas.

“Los especialistas en la salud animal hemos buscado contribuir a Conaf, por ejemplo, a conocer y entender el estado de salud de las poblaciones animales de sus parques. Hay un trabajo articulado con investigaciones muy virtuoso porque se complementan y se contribuye con el trabajo. Por ejemplo, el trabajo con los guardaparques es vital para el trabajo investigativo por su experiencia en terreno, por su conocimiento del territorio y por su ayuda con las muestras. Esta colaboración hace que las investigaciones tengan mejores datos y sean más robustas”, señaló el profesor Briceño en referencia a los trabajos colaborativos que ha realizado. 

La Universidad de Chile mantiene actualmente convenios de colaboración con Conaf para que, a través de diferentes unidades académicas, se puedan gestionar investigaciones, análisis espaciales de territorios, memorias de título, asesorías, entre otras iniciativas, con el objetivo principal de conservar la biodiversidad de las áreas protegidas de nuestro país.

Gracias a la articulación, ya sea con organizaciones públicas o privadas, que se genera para cada investigación, el profesor Briceño pudo realizar, por ejemplo, un estudio para buscar patógenos en los castores, hallando parásitos nunca antes vistos en Tierra del Fuego; detectar sarna en zorros o guanacos, o determinar las amenazas del crecimiento demográfico y de los perros contra la población de huemules en el sur del territorio nacional.

Esta generación de conocimiento colaborativa, también con otras universidades o centros de investigación, por ejemplo, es fundamental para difundir conocimiento sobre biodiversidad a nivel mundial; contribuye a conocer mejor los ecosistemas existentes en el planeta y la relevancia de su conservación, así como también, el impacto que la acción humana o el cambio climático están ejerciendo sobre ellos.

Una experiencia educativa única en una sala de clases muy particular

Los Parques Nacionales, además de ser una fuente de investigación, brindan un espacio para la educación ambiental. Es una representación natural de los sistemas que sostienen la vida en el planeta con un nivel mínimo de intervención humana.

“Gracias a ellos podemos entender y enseñar sobre el comportamiento de los animales en sus habitats, sin intervención, el curso natural del desarrollo de los bosques nativos, los flujos de agua, el desarrollo del suelo, etc.”, afirmó el profesor Álvaro Gutiérrez, académico de la Facultad de Ciencias Agronómicas, enfatizando que los Parques Nacionales son cruciales para entender cómo los ecosistemas están respondiendo a impactos globales gatillados por el ser humano, tales como el cambio climático, la depositación de nitrógeno, y otros fenómenos más locales como la contaminación del agua y el aire, entre otros.

La Decana de la Maza se suma a esta apreciación. “El valor es inconmensurable porque puedes explicar en terreno fenómenos naturales. Por ejemplo, los profesores en escuelas de Illapel o Canela enseñaban las relaciones geométricas con la proyección de la sombra de los árboles en el suelo. Son relaciones que existen en la naturaleza que no las vas a ver dentro de tu casa, ni en una sala o en un power point. Puedes ver los animales, las plantas. La mejor sala de clases es la naturaleza”, apuntó la académica. 

“Ofrecen un aula al aire libre, en la cual las y los estudiantes pueden usar todos sus sentidos para entender cómo los sistemas sostenedores de vida funcionan. En esta aula las y los estudiantes aprenden a través de la experiencia, palpando, mirando, oliendo, buscando. Visitar un Parque Nacional generalmente se transforma en un aprendizaje a través de una experiencia transformadora, ya que la y el estudiante puede reflexionar sobre lo que se enseñó, y al mismo tiempo, lo que vivió durante su visita”, agregó el profesor Gutiérrez, quien el verano pasado recorrió los Parques Nacionales Alerce Costero y Puyehue junto a un grupo de estudiantes chilenos y extranjeros de postgrado para entender los patrones vegetacionales, sus causas y potenciales cambios futuros en la Región de Los Lagos.

Como bien señalan nuestros expertos, los servicios ecosistémicos que produce el SNASPE tienen una serie de valores incalculables que son intangibles, pero de un beneficio importantísimo para la vida humana, para el bienestar integral de las personas.

La naturaleza resulta ser una fuente de inspiración muy potente para la creación y el contacto directo con ello aporta un valor inconmensurable a la salud mental por el regocijo y disfrute de admirar paisajes, de escuchar sus sonidos característicos apartados del ruido de la ciudad, de reconocer nuevos aromas, formas y colores. 

“Mientras mayor contacto uno tenga con estos ambientes naturales, es mejor, no solo para abrir la mente, sino que para la salud, tanto física como mental. Espiritualmente también es recorfontante”, enfatizó la Decana de la Maza, apuntando al bienestar emocional del ser humano.

Por su parte, el profesor Briceño puntualizó que “en un mundo donde vivimos en sistemas cerrados y subsidiados por la tecnología, falta más contacto con la naturaleza”, extendiendo una invitación a visitar los Parques Nacionales.

El parque ofrece servicios de recreación en ambientes naturales, lo que permite el acceso de público de forma controlada a estos lugares. El uso público de estas áreas protegidas implica que puede haber recreación, sin deteriorar ni intervenir; se puede investigar y también hacer educación ambiental. 

“La Universidad cumple también un rol importante en educar a las comunidades aledañas a los parques para fomentar su protección. En ese sentido, como Universidad podemos apoyar en el proceso transformador que tiene la conservación de la naturaleza, en generar una sociedad más conectada con los sistemas que sostienen nuestra propia vida”, sostuvo el profesor Gutiérrez.

La gestión de las áreas protegidas es interdisciplinaria: ingenieros forestales, médicos veterinarios, agrónomos, ingenieros en recursos naturales, biólogos y tantas otras profesiones se conjugan para conservar el patrimonio natural, pero también para gestionar su uso público. A través de la educación, promoción de estos espacios y su cuidado, y de investigaciones contundentes se puede entregar información de calidad para que la experiencia al recorrer un Parque Nacional sea lo más enriquecedora posible.

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