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Pablo Ruiz-Tagle, decano de la Facultad de Derecho:

"Si la constitución está bien hecha, puede generar una condición de integración que creo que falta en Chile"

El también autor del libro "Cinco repúblicas y una tradición: constitucionalismo chileno comparado" -que prontamente será publicado en inglés por la Universidad de Cambridge-, plantea la necesidad de rescatar elementos presentes en la actual carta fundamental. "Hay cuestiones muy valiosas de corte constitucional que no podemos descartarlas y creer que el mundo va a nacer de nuevo a partir del 25 de octubre del 2020. Van a haber nuevas propuestas, pero estas tienen que tomar en cuenta las cosas buenas que han existido desde antes", enfatiza.

El trabajo de construir una república, un proyecto político común, es algo muy hermoso, pero que requiere tiempo, dedicación y trabajo, y eso es lo que se ha abierto ahora, señaló el decano.

"El trabajo de construir una república, un proyecto político común, es algo muy hermoso, pero que requiere tiempo, dedicación y trabajo, y eso es lo que se ha abierto ahora", señaló el decano.

Hay una necesidad de equilibrar más el poder de las regiones con el centro, y de equilibrar el poder del presidente con el congreso, señaló.

"Hay una necesidad de equilibrar más el poder de las regiones con el centro, y de equilibrar el poder del presidente con el congreso", señaló.

El cambio de una constitución, tiene que ir a la par de un cambio en la sociedad y un cambio en la sociedad requiere mucha energía, indicó.

"El cambio de una constitución, tiene que ir a la par de un cambio en la sociedad y un cambio en la sociedad requiere mucha energía", indicó.

Escuchando. Así cuenta que ha estado durante los últimos meses el decano de la Facultad de Derecho, Pablo Ruiz- Tagle –particularmente luego del acuerdo del 15 de noviembre del 2019- los diferentes argumentos y discusiones suscitadas ante la demanda de una nueva constitución, la que fue ratificada con el plebiscito del 25 de octubre pasado.

Este reciente hito, dice, “es un día muy importante en la historia de Chile”, que al experto en Derecho Constitucional le recuerda el 5 de octubre de 1988, “que es un día muy significativo, porque también mediante un referéndum, la ciudadanía chilena puso término a una dictadura”; todo “mediante el sufragio, mediante medios pacíficos”.

Para el profesor Ruiz- Tagle, los resultados del plebiscito de entrada ponen fin “a un periodo republicano imperfecto”, a partir de lo cual “se ha abierto una nueva etapa de deliberación constitucional que está articulada y que tiene normas, en la cual están comprometidos los partidos políticos, la ciudadanía, buena parte de la juventud”. Para el decano, lo vivido hace solo un par de semanas “fue un momento de tranquilidad, de ver cómo el sistema democrático es capaz de resolver cuestiones muy importantes”.

A pocos días del 18 de octubre, en un multitudinario encuentro en la Casa Central de la U. de Chile, donde el tema de un cambio constitucional ya estaba sobre la mesa, usted planteó que era un camino viable trabajar sobre la constitución del '80. A más de un año de ese planteamiento, ¿ha cambiado su análisis?

Yo no he cambiado mi posición. Yo no creo en la ruptura, no tengo espíritu revolucionario. Soy reformista, creo en los cambios graduales y dentro de la institucionalidad, dentro de la democracia. Pienso que el estallido es un momento muy difícil, pero no hay allí una propuesta articulada, un contenido. Ni siquiera aún después del plebiscito podemos decir que esa propuesta existe, porque tenemos que conversar, tenemos que deliberar sobre ella. El trabajo de construir una república, un proyecto político común –donde puedan estar los que votaron rechazo y los que votaron apruebo, y puedan estar la derecha, el centro y la izquierda- es algo muy hermoso, pero que requiere tiempo, dedicación y trabajo, y eso es lo que se ha abierto ahora.

Yo diría que más importante que el día 18 de octubre del 2020 desde el punto de vista de la historia constitucional, de las ideas, de las propuestas, para mí es más importante el día 15 de noviembre del 2020, que es el día donde se firma el acuerdo entre los partidos políticos.

Nunca estuve de acuerdo con la Constitución del ‘80. Desde ahí pienso que el texto constitucional que proponía la dictadura estaba lleno de defectos, pero algunos de esos defectos tengo que reconocer también que se fueron reparando con las 54 reformas que se firmaron el ‘89; y después con las 203 reformas que se le hicieron adicionalmente desde el ‘90 hasta ahora. O sea, nunca ha habido una constitución tan arreglada y tan parchada.

Ahora, mucha gente dice: “bueno, ¿hasta cuándo se puede parchar algo?”. Y esa es la pregunta. Parece que era insuficiente este método de cambio minimalista y que era necesario pensar una nueva constitución. Yo no era opuesto a una nueva constitución, incluso creía que se podrían haber hecho con las reglas de la constitución antigua. Tenía dudas de cómo, si la constitución actual no permitía formar una asamblea constituyente, cómo podía instalarse. Para instalar la Convención Constitucional hubo que cambiar la constitución, y eso era lo que yo proponía: que se hiciera de acuerdo al derecho.

Hay quienes señalan que Chile ha tenido una tradición constitucional autoritaria. ¿Con esto se revierte tal escenario?

Yo no estoy de acuerdo con esa afirmación. Yo creo que en Chile ha habido autoritarismo, pero no es el país más autoritario de Latinoamérica. Creo que en Chile existe un cierto autoritarismo que está radicado en la importancia que se le atribuye al centralismo y al presidencialismo, y esas dos cosas combinadas hacen que el sistema político lleve todas esas decisiones al centro del poder, al presidente. No hay decisiones en las regiones, en las comunas, entonces hay una necesidad de equilibrar más el poder de las regiones con el centro, y de equilibrar el poder del presidente con el congreso, y con otros órganos constitucionales.

Lo que tiene Chile es una tradición que ese expresa en cinco periodos republicanos, que son distintos de otros, pero hay una tradición democrática republicana, que -por ejemplo- piensa el voto como un mecanismo de decisión colectiva; piensa la idea de una cierta independencia política de otros países como central; piensa también en la figura de un presidente fuerte para que tenga energía el Estado de moverse en una dirección determinada.

Pero convengamos que no ha habido un momento constituyente en que la ciudadanía haya participado como lo estamos viviendo hoy…

En eso yo no estoy de acuerdo. Pienso que la historia política chilena tiene muchas formas distintas y que son valiosas. Durante todo el siglo XIX Chile fue una república, mientras que otros países fueron imperios, monarquías. Por ejemplo, Alemania, que solo es una democracia a partir de 1919.

Tenemos que poner las cosas en su contexto histórico. Uno puede decir: “sí, es que Chile fue elitista el siglo XIX, que no votaban las mujeres, y que había un voto censitario”. Correcto, pero en otras partes ni siquiera se votaba. Entonces, la tesis de alguien a quien yo tengo mucha admiración, Gabriel Salazar, y la de Sergio Grez, que es otro historiador con quien me ha tocado debatir mucho, ellos piensan que Chile es un país que solo tiene un periodo que vale la pena, que es desde el año '58 hasta el '73, y yo creo que no. Ese periodo es muy valioso, pero hay otros como es por ejemplo la república parlamentaria de 1870 en adelante, donde por la vía de leyes y de cambios legislativos se construyó un país que fue un ejemplo en toda Latinoamérica.

Incluso más, creo que del año ‘90 hasta ahora, lo que yo llamo la quinta república que es neoliberal e hiperpresidencialista, hay cosas que rescatar. ¿No vamos a rescatar nada de los dos gobiernos de la presidenta Bachelet?, ¿que vamos a tirar a la basura lo que hizo Ricardo Lagos, Patricio Aylwin, Eduardo Frei? Yo no estoy de acuerdo. Ahí hay cuestiones muy valiosas de corte constitucional, y que no podemos descartarlas y creer que el mundo va a nacer de nuevo a partir del 25 de octubre del 2020. Van a haber nuevas propuestas, pero estas tienen que tomar en cuenta las cosas buenas que han existido desde antes.

¿Qué cosas hay que rescatar, considerando este planteamiento de la "Sexta República" que usted ha señalado?

Le voy a poner un par de ejemplos. La idea del capítulo 5 de la constitución actual, de que los DD.HH. son parte de nuestro sistema jurídico, que nosotros los tenemos que combinar con la constitución para tenerlos en cuenta en las decisiones concretas de los jueces chilenos, del parlamento. Creo que es una idea muy valiosa, que se instaló en la reforma del año ‘89. Una segunda idea es haber incluido en la constitución una protección al medio ambiente que no existía antes, en la constitución del '25.

La idea de tener un Tribunal Constitucional (TC) -esto ya es más controvertido-, un TC que habrá que reformar en muchas de sus atribuciones, que habrá que revisar quienes pueden llegar a él, qué poderes tienen respecto de las decisiones de la mayoría, pero que es algo que no podemos multiplicar por cero. Pienso además que en el sistema de la sexta república, que espero que sea un estado social, democrático y de derecho, tenemos que pensar en un defensor o defensora de los ciudadanos. Alguien que proteja a los ciudadanos de a pie de las fuerzas del sistema, porque no hay ninguna entidad pública que cumpla esa tarea y es importante que exista esto en Chile.

Existen algunos “espantapájaros” –como han denominado algunos expertos-, respecto a un quiebre institucional con el cambio constitucional. ¿Cómo argumentar que esto es gradual, que no es así?

El cambio de una constitución, tiene que ir a la par de un cambio en la sociedad y un cambio en la sociedad requiere mucha energía, mucha fuerza, mucha disciplina ciudadana. Un cambio en la constitución puede producir algunas modificaciones en el Estado, y también en los derechos que se le reconocen a las personas, sistemas de control, cómo se crea el derecho, en fin; pero las constituciones no son una medicina universal que nos sirva para ser felices.

Hay algunos países, por ejemplo, España y EE.UU., donde se celebra la fiesta de la Constitución. Es un día importante porque la constitución puede unir a un pueblo, generar una condición de integración que yo creo que en Chile falta. Por qué sentirse parte de una patria que a uno lo golpea todos los días, que no le da nada, que uno todo tiene que pagarlo, ¿por qué tendría que sentirme parte de eso?. Y en eso creo que la constitución puede servir, pero una constitución no es un cambio de la estructura social y económica por definición. Es muy importante pero en la sociedad humana también hay otros elementos que tienen que ver con el pensamiento, con la cultura, con las relaciones de trabajo, con la economía, con la estructura social.

¿Cómo evalúa que esta constitución sea redactada por un organismo paritario?

Es una tremenda medida, pero francamente no sé qué va a significar en realdad. Tiene un gran significado, pero genera una interrogante porque no ha existido nunca antes una convención constitucional paritaria. Ahora, puede darse que las personas elegidas en la condición de paridad sean simplemente representantes de las fuerzas políticas tradicionales. Ojo, no necesariamente la regla de paridad significa feminismo o posiciones favorables a lo que podríamos llamar una política de género, una política feminista. No sabemos si la paridad va a generar una condición de contenidos nuevos en la constitución; pero es probable que así sea, que se discutan todos los temas de género que son muy significativos, con una profundidad que nunca antes ha existido.

¿Qué características usted priorizaría al momento de elegir los constituyentes?

Que sea una persona honesta, que ojalá tenga una trayectoria en su vida, aunque sea muy joven. Que haya tenido una dedicación al servicio público. Lo más importante para mí es que tenga un sentido de justicia. No es necesario que sea un abogado, un doctor en derecho, un economista. Que estén dispuestos a escuchar a los otros, a reconocer que sus ideas quizás en un punto están equivocadas, que son mejores las de las otras personas, porque esa es la base de la deliberación democrática: el escuchar al otro, y estar dispuesto a cambiar de opinión.

¿Cómo abordaría el tema de la participación en este proceso?

La participación es fundamental. La participación en una democracia moderna tiene que ser parte de la ecuación pero no puede sustituir, a mi juicio, la representación. Me imagino que la Convención Constitucional tiene que escuchar a los ciudadanos y ciudadanas, pero la deliberación, el tomar acuerdos de cómo va a ser la constitución, tiene que ser hecho por los representantes, por las personas que en definitiva sean elegidas.

¿Cuál debe ser el rol de la U. de Chile en este proceso?

Tenemos que hacer todo lo posible para influir en el proceso constituyente y no solo influir, sino que dar todas las facilidades. A mí me alegró mucho una comunicación del Rector en la que indicó todas las facilidades para que se presenten a la Convención Constitucional. Personalmente como decano, aunque a mi me encantaría estar en la Convención Constitucional, no voy a ser candidato; pero a los candidatos tenemos que apoyarlos, si necesitan información, si necesitan apoyo profesional, realmente jugarnos para que tengamos una constitución que todos los chilenos  y chilenas podamos decir que es nuestra.

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