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Pablo Bello, ingeniero comercial de la U. de Chile

El descendiente directo de Andrés Bello que hoy es referente de WhatsApp para Latinoamérica

En el marco del aniversario N°178 de nuestro plantel y del contexto que vive el país, Pablo Bello -director de Políticas Públicas de la popular aplicación de mensajería en la región- sostiene que "es el momento en que tenemos la historia en nuestras manos. Nunca antes la habíamos tenido con tanta claridad y tenemos que hacerlo bien, y para hacerlo bien necesitamos a la Universidad". La desinformación a través de plataformas digitales, la protección de la privacidad de los usuarios y los desafíos de Chile y Latinoamérica en este ámbito concentran actualmente la atención del también ex subsecretario de Telecomunicaciones.

La formación humanista y los valores americanistas están muy presentes en mi formación desde pequeño. Eso tiene que ver con Andrés Bello y con la Universidad de Chile, comenta Pablo Bello.

"La formación humanista y los valores americanistas están muy presentes en mi formación desde pequeño. Eso tiene que ver con Andrés Bello y con la Universidad de Chile", comenta Pablo Bello.

Es momento de construir un modelo mejor, es una oportunidad fantástica. No puede ser más bonito, y el rol de la Universidad en ese contexto no puede ser más importante, señala sobre el Chile de hoy.

"Es momento de construir un modelo mejor, es una oportunidad fantástica. No puede ser más bonito, y el rol de la Universidad en ese contexto no puede ser más importante", señala sobre el Chile de hoy.

Respecto a las fake news y viralización de contenidos, explica que WhatsApp ha introducido elementos de fricción para hacer más difícil que las personas puedan reenviar mensajes masivos.

Respecto a las fake news y viralización de contenidos, explica que WhatsApp ha "introducido elementos de fricción para hacer más difícil que las personas puedan reenviar mensajes masivos".

Agrega, por otra parte, que pensando en el 2021, que será un año electoral intenso, y en el problema de la desinformación, creo que es un problema que Chile no cuente con fact-checkers certificados.

Agrega, por otra parte, que "pensando en el 2021, que será un año electoral intenso, y en el problema de la desinformación, creo que es un problema que Chile no cuente con fact-checkers certificados".

Descendiente por línea paterna de Eduardo Bello Dunn, hijo de Andrés Bello que emigró a Perú en la segunda mitad del siglo XIX, Pablo Bello comenta que la familia que se asentó en ese país ha mantenido un vínculo permanente e indisoluble con la Universidad de Chile, que se repite de manera casi cíclica en el tiempo. Realizó sus estudios de pregrado en la Casa de Bello a mediados de la década de los '90 y formó familia junto a una chilena, al igual que su abuelo, padre y tío.

Pablo Bello, ingeniero comercial con mención en economía de la Facultad de Economía y Negocios de nuestro plantel, se ha especializado en temas de regulación, particularmente en el ámbito de las telecomunicaciones, trabajo que lo llevó a ser subsecretario de Telecomunicaciones durante el primer gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet. Desde agosto de 2019, es el director de Políticas Publicas de WhatsApp para América Latina, cargo en el que señala sentir que marca presencia nacional en un área donde aún hay muy pocos chilenos y chilenas.

Bajo la luz de Andrés Bello

¿Cómo ha marcado tu vida personal y profesional la figura de Andrés Bello?

Yo nací en Perú, pero siempre tuve nacionalidad chilena porque mi mamá lo es. Los que nacimos allá tenemos como tradición venir a estudiar a la Universidad de Chile. Mi abuelo, mi tío mayor y mi padre vinieron. Hay un elemento familiar que está vinculado indudablemente a la impronta de don Andrés. En la casa de mis abuelos había muchos libros, monedas, cosas de Venezuela y Chile sobre él. Sin duda, la formación humanista y los valores americanistas están muy presentes en mi formación desde pequeño. Eso tiene que ver con Andrés Bello y con la Universidad de Chile como referente en términos morales, éticos y políticos. Es algo muy constitutivo de lo que soy, y por eso siento a la Universidad como mi alma mater. Agradezco a mis padres que no me hayan puesto Andrés, ya había demasiados Andrés Bello en la familia. Pero el apellido es muy fuerte, y ser un Bello en la Universidad de Chile es algo anecdótico y bonito.

En el marco del aniversario N° 178 de la Universidad, ¿cuál crees que sería la visión de Andrés Bello sobre el plantel de hoy y del futuro?

Es muy difícil poner a una figura en otro momento histórico. El siglo XIX y lo que se vivía en términos culturales, políticos y sociales en ese entonces es muy distinto al Chile de hoy. Es revolucionario impulsar una Universidad, especialmente en esa época. Pero creo que hay un punto en común respecto al momento actual, y tiene que ver con el sentido fundacional de la construcción del país que queremos. Andrés Bello y esta universidad tuvieron un rol central en ese primer Chile republicano. Hoy tenemos un nuevo momento histórico que creo es tan importante como ese, que tiene que ver con construir las reglas de convivencia y el modelo de sociedad que queremos. La Universidad, en ese sentido, tiene el mismo rol hoy, y creo que el Rector ha cumplido un papel central e importantísimo. La Universidad fue fundamental en el desarrollo de Chile como Estado y lo ha sido durante los siguientes 178 años, y sin duda es tan importante hoy como lo fue entonces.

La Universidad y el momento constituyente

Desde tu perspectiva, ¿cuál es el rol de la Universidad de Chile en el momento constituyente que vive el país?

No sólo Chile, el mundo vive momentos de transformaciones importantes. En ese contexto, la Universidad de Chile es fundamental para el país como espacio de conocimiento, reflexión, discusión y encuentro. Para los que hemos estudiado acá, es un motivo de orgullo, porque representa lo mejor de nuestra alma republicana. Es donde no sólo nos encontramos en nuestras diferencias, personas distintas, que venimos de lugares distintos, que tenemos situaciones económicas distintas, historias distintas, también es un lugar donde esos distintos y distintas son capaces de trabajar juntos para construir en base al conocimiento. Ese sigue siendo el rol de la Universidad hoy.

Necesitamos que las políticas públicas sean mejores y tengan sentido, que no sólo sean técnicamente mejores, sino que también tengan alma, corazón y estén vinculadas con lo que necesita el país. Esto es la Universidad de Chile, y difícilmente lo ofrece otra universidad con esa fuerza, capacidad, impronta y credibilidad. Es algo que tenemos que cuidar, porque siempre va a estar en amenaza, siempre van a haber intereses para que la Universidad de Chile no cumpla su rol histórico. Por eso, en el momento actual, cuando tenemos que redactar una nueva Constitución y pensar el país que queremos, la Universidad tiene que jugar un doble rol, que es ayudar a encontrarnos, pero además trabajar en que no solamente quede plasmado un conjunto de aspiraciones o una bonita declaración de intenciones, sino que seamos capaces de construir algo que sea sólido, responsable y riguroso.

¿Piensas que la desigualdad fue el origen de este proceso?

Chile tiene estadísticas que han sido muy positivas en los últimos 30 años, pero al mismo tiempo la desigualdad no ha sido resuelta y durante momentos ha empeorado. En los últimos años ha habido una pequeña mejora, pero sigue siendo inaceptable. Hay niveles de desigualdad que no son compatibles con la vida en común. Se ha llegado a un punto en que la sociedad simplemente no acepta más esos niveles de desigualdad y esos niveles de acceso a elementos tan básicos como salud, educación o una casa.

Creo que es el fin de un modelo que no sirve en el largo plazo, porque las sociedades que crecen bajo ese modelo son extremadamente fragmentadas y tensionadas. ¿Cómo es posible que el gasto público por habitante en una ciudad como Santiago sea tan distinta entre las comunas del barrio alto y las más pobres?, o ¿cómo es posible que lo que el Estado gasta en infraestructura, servicios, educación y salud sea varias veces más en las comunas ricas que en las comunas pobres? Eso produce más desigualdad y fragmentación, no es sostenible. Lo que estamos viviendo es consecuencia de eso, pero soy muy optimista respecto al futuro. Es momento de construir un modelo mejor, es una oportunidad fantástica. No puede ser más bonito, y el rol de la Universidad en ese contexto no puede ser más importante. Tenemos el futuro y la historia en nuestras manos. Es el momento en que tenemos la historia en nuestras manos, nunca antes la habíamos tenido con tanta claridad y tenemos que hacerlo bien, y para hacerlo bien necesitamos a esta Universidad.

Combate a la desinformación y protección de la privacidad

El 2019 asumiste el cargo de director de Políticas Públicas de WhatsApp para Latinoamérica, ¿cuáles son las principales preocupaciones de la compañía hoy?

WhatsApp tiene algunos elementos particulares. El más importante es que todo lo que ocurre en WhatsApp, texto, imagen o audio, está protegido por la tecnología de cifrado de extremo a extremo. Eso significa que sólo los dispositivos que intercambian comunicación pueden acceder al contenido de lo que se está conversando o compartiendo. Los contenidos están en los dispositivos, pasa por servidores, pero no se quedan en ellos. Esto es muy importante porque garantiza la privacidad y la seguridad de las conversaciones. Pero también eso hace que tú no puedas investigar o acceder contenidos, incluso habiendo razones legítimas. Hay gobiernos, incluyendo Estados Unidos o Brasil, que están tratando de acceder a esos contenidos y romper el cifrado. El problema es que romper el cifrado implica que se debilite todo, la seguridad y la privacidad. Eso hace que no solamente algunos “buenos” actores puedan verlo, sino que cualquiera. En ese sentido, parte de mi trabajo es defender el cifrado frente a regulaciones que puedan debilitarlo y afectar la seguridad y privacidad de los usuarios.

¿Cómo ha sido el trabajo de la compañía respecto a la viralización de “fake news”?

Siempre ha existido desinformación en la historia, pero internet ha acelerado ciertos procesos de difusión de contenidos, y hoy vivimos una era en la que hay mucha desinformación, lo que es un problema porque contamina e incluso puede polarizar posiciones y generar mayor fractura en el espacio cívico. Como las conversaciones en WhatsApp están cifradas y nadie las puede ver, no podemos hacer moderación de contenidos. Pero hemos venido trabajando en un conjunto de modificaciones para reducir la viralidad. Se han introducido elementos de fricción para hacer más difícil que las personas puedan reenviar mensajes masivos. Antes no había limitaciones, se podía reenviar un mensaje por ejemplo a 1.000 personas. Pero el 2018 esa cifra se redujo a 20 personas y el 2019 a cinco personas. Esa reducción, significó disminuir en un 25 por ciento el total de mensajes reenviados. De esta forma, las cadenas se hicieron más pequeñas y se redujo, por lo tanto, la desinformación.

Este año, además, incorporamos la doble flecha, que marca los mensajes que han sido compartidos más de cinco veces. Si uno ahora recibe un mensaje con esta doble flecha solamente lo puedes reenviar a una persona. Eso ha significado reducir en un 70 por ciento los mensajes altamente compartidos. Estas medidas tienen como objetivo que WhatsApp siga siendo un espacio donde interactúan personas que se conocen o se tienen en sus libretas de contacto, que es lo que le da sentido a una plataforma de comunicación privada. WhatsApp, además, tiene una plataforma de integridad que detecta con machine learning cuando hay cuentas que están actuando de forma anormal, particularmente cuando una cuenta no actúa como un humano. Cada mes se suspenden más de dos millones de cuentas en el mundo por este tipo de comportamientos inadecuados o porque la gente hace un reporte negativo.

¿Existen formas fiables de hacer fact-checking en Chile?

Este es un punto en el que Chile tiene que trabajar más. Parte de la desinformación se enfrenta con medios de comunicación y agencias que hagan chequeo de noticias. En este momento, no hay ningún fact-checker de Chile certificado en la International Fact-Checking Network (IFCN). Esto es importante porque Facebook, WhatsApp y otras plataformas sólo trabajan con fact-checkers certificados. WhatsApp tiene acuerdos con varios fact-checkers en América Latina. En otros países, si tú recibes un mensaje y te parece sospechoso, lo puedes reenviar a un número telefónico del fact-checker a través de WhatsApp para que sea revisado. Sé que hay algunas iniciativas a nivel universitario para configurar un espacio que se pueda convertir en un fact-checker. Pensando en el 2021, que será un año electoral intenso, y en el problema de la desinformación, creo que es un problema que Chile no cuente con fact-checkers certificados. En Brasil, por ejemplo, la autoridad electoral tiene un acuerdo con cinco fact-checkers, los promocionan y son muy activos. Estos son unos chatbots que están todo el tiempo recibiendo mensajes a través de WhatsApp.

Proyectos a futuro de WhatsApp

¿Cuáles son los próximos desafíos de WhatsApp en América Latina?

Una de las líneas de negocio de la compañía tiene que ver con facilitar la comunicación de las empresas con sus clientes. No se trata de marketing, sino de ofrecer a las empresas que tengan un canal mediante el cual los clientes puedan interactuar con las empresas. Esta aplicación también es útil para el Estado.

No quiero dejar de mencionar un proyecto del cual me siento especialmente orgulloso, en el que habilitamos este sistema para que puedan denunciarse casos de agresión a mujeres a través de WhatsApp. Otra modalidad que implementaremos serán los pagos, que es un proyecto de más largo plazo, en el que tú puedes hacer transferencias de persona a persona y pagar a través de WhatsApp. La idea es que puedas vincular tu cuenta o tarjeta de crédito con la aplicación. Esto no es tan fácil, hay que verlo país a país, porque hay todo un tema de regulación financiera. Recién se acaba de aprobar en India. En Brasil y otros países del mundo se está trabajando para que pueda estar operativo. Mi interés es que en los próximos años pueda estar disponible en toda América Latina. Creo que una vez que ya esté operando en Brasil y en India seguramente todo será un poco más rápido porque el modelo estará más claro y se tendrá una referencia.

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