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¿Limitar la atención o el acceso a camas UCI?

Médicos explican por qué no se puede negar la atención a ningún paciente

Conductas de riesgo de la población en el marco de la pandemia, como la realización de fiestas durante las cuarentenas, han generado cuestionamientos sobre el acceso a servicio médico de estas personas. Domingo Castillo y Armando Ortiz, doctores de la Universidad de Chile, explican -desde la perspectiva de la bioética- por qué no se puede negar en ninguna circunstancia la atención ni el cuidado a quienes lo requieran.

El Dr. Domingo Castillo explica que "la profesión médica no está para definir la connotación moral de un acto y con esa connotación moral proceder".

El Dr. Domingo Castillo explica que "la profesión médica no está para definir la connotación moral de un acto y con esa connotación moral proceder".

El Dr. Armando Ortiz puntualiza que "todos tienen derecho a ser atendidos cuando están en una situación de vulnerabilidad".

El Dr. Armando Ortiz puntualiza que "todos tienen derecho a ser atendidos cuando están en una situación de vulnerabilidad".

Ante la situación planteada los profesionales explican que no se evalúan condiciones externas a la hora de entregar atención a las y los pacientes.

Ante la situación planteada los profesionales explican que no se evalúan condiciones externas a la hora de entregar atención a las y los pacientes.

Días atrás, en redes sociales, una persona propuso una solución ante la baja asistencia a la vacunación contra el COVID-19 de personas entre 59 y 50 años, a quienes les correspondía inocularse según el calendario del Ministerio de Salud: si una persona no quería vacunarse no tendría acceso a una cama UCI en caso de requerirlo. También se viralizó un video de una profesional de la salud que, cansada luego de una larga jornada de trabajo, reclamaba contra las personas que a pesar de la pandemia continuaban manteniendo reuniones sociales y conductas de riesgo. Ante dichas situaciones cabe preguntarse ¿es posible negar la atención o el acceso a ciertos tratamiento a pacientes por estos motivos?

Ante esta interrogante, el Dr. Domingo Castillo, Director Médico del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, reconoce que no se trata de un tema fácil, pero que “la profesión médica no está para definir la connotación moral de un acto y con esa connotación moral proceder. Nosotros, como profesionales, atendemos a la persona que necesita ayuda o pide ayuda, sin hacer una evaluación o ponderación de una circunstancia moral. Nuestro problema no es ese, nuestro problema es quien busca ayuda, que es un paciente”.

Sin embargo, explica que en medicina muchas veces se dan situaciones complicadas, que bordean algunos límites o ciertos parámetros establecidos, y que se dan -generalmente- al conocer ciertos antecedentes de un paciente, por ejemplo, “con personas que han cometido violaciones a los Derechos Humanos o que han cometidos delitos de connotación sexual con niños”, explica.

En ese tipo de casos, hay profesionales que “solicitan una objeción de conciencia y lo que hace el sistema o la institución, o esa misma persona que se niega, es asegurar que otro lo atienda, entonces no se le niega la atención, yo me omito personalmente (…) pero yo creo que no es procedente que un profesional de la salud haga un juicio moral respecto de una persona que en pandemia hace una fiesta o que no se quiere vacunar. No corresponde que uno niegue la atención, lo cual no quita que yo tenga mi opinión sobre eso, pero llegado el momento en que me ponen en otro marco que es atención o no atención. No tengo que involucrar mi visión moral frente a la decisión”, plantea.

En la misma línea el Dr. Armando Ortiz, académico del Departamento de Bioética y Humanidades Médicas de la Facultad de Medicina, explica que no es posible negar la atención, ya que “la obligación de la profesión específicamente es atender las necesidades de salud que tienen las personas, independientemente de sus condiciones, de raza, credo, orientación sexual, género, de condición migratoria. Todos tienen derecho a ser atendidos cuando están en una situación de vulnerabilidad. En ese sentido, es absolutamente improcedente plantear que uno podría negar la atención a cualquier persona que lo necesita, como también sería impropio que uno pudiera efectuar cierto tipo de discriminaciones en el acceso a la atención y a los recursos, en el acceso a las prestaciones por el hecho de que estas personas tengan conductas impropias. Si fuera por ese criterio los hospitales quedarían vacíos”, puntualiza.

Para el profesor Ortiz esta disyuntiva tiene que ver más con una falta de visión de la sociedad como una comunidad y que las acciones punitivas al respecto no son necesariamente útiles para cambiar la visión de las personas que incurren en conductas de riesgo. “Es muy difícil estimular buenas conductas dando palos (…) Un castigo no genera aprendizaje, el castigo genera rebelión, frustración. No me parece que sea tan fácil tomar una postura al respecto, sí creo que el crecimiento exponencial de estas conductas son señales que la propia ciudadanía entrega a las autoridades. Hay algo que está fallando en la estrategia, hay algo que no está surtiendo el efecto deseado, algo no estamos haciendo bien, desde el punto de vista del mensaje. No estamos siendo lo suficientemente responsables como ciudadanos, como seres humanos, como personas que conviven en una comunidad”, enfatiza.

¿Cómo proceder ante la falta de camas disponibles?

Ahora, qué pasa en un contexto como el actual, donde vemos que hay una alta saturación del sistema hospitalario, ¿es posible que las conductas de riesgo sean parte de los elementos que se evalúan cuando hay pocas camas y ventiladores disponibles?

Para el profesor Ortiz la evaluación de los pacientes no se puede dar a partir de situaciones externas. “No es defendible que por este tipo de conductas que, en cierta forma son el fracaso del propio sistema de educación, de orientación y de mensajes respecto al problema, un paciente sea sujeto de discriminación de cualquier tipo. No es defendible ética ni moralmente, y me parece que es bien difícil fundamentar cualquier tipo de acción en desmedro del cuidado debido que deben tener todos por el solo hecho de ser seres humanos”.

Por su parte, el Dr. Castillo es categórico al explicar que “no se debe hacer una segregación por algo externo a lo que es la persona. La persona tiene un valor, el valor está por dentro y es intrínseco, no tiene que ver con aditamentos, características o circunstancias que pueden ser externas (…) En el caso nuestro, lo que hacemos es ver a esa persona y ver qué necesita, si eso que necesita se dispone y, una vez que haya pasado esas dos preguntas, si tiene sentido o tiene pronóstico”.

Esa evaluación, que en muchos centros de salud se denomina Triage, es un concepto a partir del que se puede ordenar la atención de las personas según los recursos disponibles y sus circunstancias, y lo que se puede lograr con cada paciente luego de los esfuerzos médicos. “Detrás de esto está cómo entiendes la medicina, que se puede entender como una filosofía de cantidad o de calidad”, detalla el Dr. Castillo.

Por ejemplo, “con una persona de 91 años se podría decir va a vivir 6 meses súper bien y con otra de 40 años podría vivir 5 años, pero súper mal. Por eso, hay que sopesar más cosas, no todo lo que le hace bien a alguien es cuantitativo, pueden ser cosas totalmente cualitativas. Esto es el centro de muchos caminos que uno toma, tiene que ver cómo consideras la situación. Una persona no es una foto, es una película, un todo, una sumatoria, entonces, con la disyuntiva de la última cama, no tengo que pensar que la persona es solo lo que está viviendo, la persona es la suma de la historia completa. Cada persona es una historia, entonces, en ningún caso me voy a plantear que el tema tiene que ver con la edad o con las características físicas o las características fisiológicas funcionales, eso no tiene que ver con la decisión, es cualitativo”, finaliza.

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