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¿Un deber o un derecho?

Especialistas analizan proyecto de ley sobre voto obligatorio ante baja participación en procesos electorales

Iniciativa parlamentaria cuenta con amplio respaldo político y actualmente se encuentra en segundo trámite legislativo en el Senado, por lo que -eventualmente- podría entrar en vigencia para las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias de fin de año. María Cristina Escudero, académica del Instituto de Asuntos Públicos (INAP), y Miguel Ángel López, profesor del Instituto de Estudios Internacionales (IEI), plantean que se debe dar una discusión más allá de la obligatoriedad o voluntariedad del voto e idear mecanismos que motiven la participación ciudadana y permitan dar mayor legitimidad al sistema político.

La baja participación en la segunda vuelta para la elección de gobernadores, realizada el pasado 15 y 16 de mayo, reactivó el debate legislativo en torno a la restitución del voto obligatorio.

La baja participación en la segunda vuelta para la elección de gobernadores, realizada el pasado 15 y 16 de mayo, reactivó el debate legislativo en torno a la restitución del voto obligatorio.

El dilema sobre la obligatoriedad del voto tiene relación con el incumplimiento de los objetivos de participación planteados por el proyecto de inscripción automática y voto voluntario de 2012.

El dilema sobre la obligatoriedad del voto tiene relación con el incumplimiento de los objetivos de participación planteados por el proyecto de inscripción automática y voto voluntario de 2012.

María Cristina Escudero apoya el regreso del voto obligatorio, ya que -desde su perspectiva- corresponde a un deber ciudadano, no a una imposición, pero enfatiza la necesidad de sumar otras medidas.

María Cristina Escudero apoya el regreso del voto obligatorio, ya que -desde su perspectiva- corresponde a un deber ciudadano, no a una imposición, pero enfatiza la necesidad de sumar otras medidas.

Uno puede legitimar el sistema haciendo el voto obligatorio, pero creo que la forma para mejorar la democracia sería buscar los incentivos para que la gente vaya a votar, comenta el profesor López.

"Uno puede legitimar el sistema haciendo el voto obligatorio, pero creo que la forma para mejorar la democracia sería buscar los incentivos para que la gente vaya a votar", comenta el profesor López.

19,61 por ciento de las personas habilitadas para sufragar votó en las últimas elecciones de segunda vuelta para elegir a gobernadores, una cifra de participación calificada por todos los sectores como bajísima y preocupante. La situación volvió a poner sobre el debate público la obligatoriedad del voto y gatilló la aprobación de una reforma constitucional en la Cámara de Diputados para restituir el voto obligatorio, proyecto que ahora será discutido en el Senado y que toma fuerza de cara a las próximas elecciones presidenciales, parlamentarias y de consejeros regionales que se realizarán a fin de año.

A casi diez años de la entrada en vigencia de la Ley Nº 20.568, que estableció la inscripción automática y el voto voluntario, la idea de reponer el voto obligatorio hoy genera un amplio consenso. Académicos de la Universidad de Chile sostienen, de todas formas, que las cifras de participación en la última elección de gobernadores no son la mejor referencia para la discusión de este tema, por el contexto de pandemia en el que se desarrolló (el día anterior se decretó cuarentena total en la Región Metropolitana), su escasa difusión y el poco conocimiento de la ciudadanía sobre este cargo, entre otros aspectos.

Sin embargo, el dilema respecto a la obligatoriedad del voto no es nuevo, explica la profesora del Instituto de Asuntos Públicos (INAP) de la U. de Chile, María Cristina Escudero, quien plantea que el objetivo del proyecto de inscripción automática y voto voluntario “era aumentar la participación electoral a través de la competencia de los partidos por el voto de la gente, ya que el padrón electoral se iba a ampliar y todas las personas mayores de 18 años iban a quedar sujetas a la oportunidad de votar, no solamente las inscritas. La competencia iba a hacer que mejoraran las campañas y la gente se motivase más. A la luz de los datos, eso no se produjo, y -por el contrario- se produjo un proceso inverso”.

Miguel Ángel López, académico del Instituto de Estudios Internacionales (IEI) de la Universidad de Chile, complementa que “en nuestro país, cuando se planteó esta idea de la inscripción automática y voto voluntario, mucha gente pensaba que más o menos la abstención iba a ser entre un 25 y 30 por ciento, que era más o menos la abstención histórica que se daba hasta antes del '73, pero no ocurrió así. Hubo una abstención mucho más grande de la que realmente se esperaba”. 

¿Deber o derecho?

En el fondo del debate, plantea el profesor López, hay dos visiones que se contraponen, "algunos miran el voto como una obligación y hay otras personas que lo ven directamente como una libertad basada en un derecho que puede ejercerse o no". Por otra parte, detalla que a nivel internacional el voto es voluntario en Estados Unidos y en la mayor parte de Europa occidental, mientras en Sudamérica el voto es principalmente obligatorio, salvo en Chile, Colombia y Venezuela.

La profesora Escudero, por su parte, respalda el regreso del voto obligatorio, ya que -desde su perspectiva- corresponde a un deber ciudadano, no a una imposición. Sin embargo, enfatiza que una iniciativa como esta debe ir acompañada de otras medidas y que es necesario tener preocupación por el contexto en el que se da este debate. "Estamos en un momento que es distinto a otros en los que hemos hecho reformas electorales. Hay un desánimo con el sistema político, estamos en un proceso constituyente y hay un ambiente que pareciera ser más adverso a las elecciones. Creo que la gente está en una actitud más de deslegitimación y por eso no va a votar. Entonces, hay que tener cuidado de hacer una ley sin considerar esto, hay que generar otras medidas que -al mismo tiempo- no provoquen más rechazo a los partidos tradicionales", sostiene. 

Respecto a las experiencias regionales asociadas al voto obligatorio, Miguel Ángel López afirma que un tema central, que aún no ha sido definido en el proyecto de ley, tiene que ver con las sanciones. "En Uruguay y en Perú las sanciones son muy fuertes. En otros países, como en Argentina, las sanciones son muy bajas, entonces en realidad no importa mucho si se vota o no. Entonces, la efectividad del voto depende en gran medida de las sanciones que se tengan". En Chile, agrega, las sanciones "se aplicaron mucho para el plebiscito del '88 y para las elecciones del '89, pero ya después se empezaron a moderar un poco porque era muy grande la cantidad de gente que no votaba", fenómeno que supuso una carga excesiva para los Juzgados de Policía Local hacia fines de la década del '90. 

Incentivar la participación

En este contexto, ambos académicos enfatizan la importancia de generar incentivos para la participación. "Hay que tomar otras medidas, mejorar las campañas, la comunicación entre el sistema político y la ciudadanía, las políticas públicas, las oportunidades, castigar también las noticias falsas, potenciar los foros, la educación cívica, que son medidas que no producen efectos inmediatos, pero permiten hacer ver a la ciudadanía un esfuerzo más allá del simple hecho de obligar a votar para resolver el problema de la abstención", afirma María Cristina Escudero.

La académica cree necesario, por otra parte, facilitar el acceso al voto pensando en soluciones para la movilización de las personas y generar una discusión profunda sobre el voto anticipado. Al respecto, afirma que "hay experiencias en el mundo que indican que eso da resultados. Ahora se discutió por el hecho de que las personas con COVID pudieran hacer voto anticipado, y se discutió en las mesas de diálogo con el Servel. No se debiera perder ese impulso. Hay países que lo tienen implementado para los adultos mayores que están con capacidad de movilidad reducida".

Miguel Ángel López señala que la mejor forma de incentivar la participación es a través de candidatos realmente representativos que hagan el esfuerzo de convocar a la población. "Lo más importante para la legitimidad del sistema es incentivar la participación y atraer a los votantes a las urnas, que las personas vayan y voten de manera informada, en base a una propuesta que sea mejor para él o ella y para el país. Uno puede legitimar el sistema haciendo el voto obligatorio, pero creo que la forma real para mejorar la democracia sería buscar los incentivos para que la gente vaya a votar. Reencantar es la clave", comenta. En este ámbito destaca, además, la posibilidad de buscar opciones para garantizar el voto a distancia o incluso la utilización de máquinas para sufragar en distintos lugares.

Por último, el profesor López plantea que uno de los puntos complejos respecto a la iniciativa parlamentaria de voto obligatorio es su tiempo de discusión y el momento en que entrará en vigencia. "La pregunta es si lo harán ahora sobre la marcha, buscando una legitimidad para el sistema prácticamente obligando a la gente a ir a votar, o se va a hacer para más adelante. Creo que la discusión en el Senado se va a demorar, entonces dudo de que salga el proyecto de ley aprobado y promulgado antes de las próximas elecciones, y si es que ocurre va a ser algo complicado, puede generar un malestar".

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