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Vicerrectoría de Asuntos Estudiantiles y Comunitarios

Columna de la Prof. Sonia Pérez Tello, Vicerrectora VAEC

Los cinco sentidos de la participación estudiantil

Los últimos años han servido de escenario para los más variados análisis respecto a la participación juvenil en los procesos sociales. Su protagonismo en la revuelta social y, al mismo tiempo, su baja asistencia a las urnas electorales, desorientan a las perspectivas tradicionales de participación política, pues parecieran ir en sentidos opuestos.

Sonia Pérez Tello, Vicerrectora VAEC

Sonia Pérez Tello, Vicerrectora VAEC

Los últimos años han servido de escenario para los más variados análisis respecto a la participación juvenil en los procesos sociales. Su protagonismo en la revuelta social y, al mismo tiempo, su baja asistencia a las urnas electorales, desorientan a las perspectivas tradicionales de participación política, pues parecieran ir en sentidos opuestos. Una ambivalencia que puede ser apresuradamente interpretada como una contradicción.

Para las universidades, por ejemplo, se vuelve más frecuente el contraste entre menos centros de estudiantes electos y más asambleas deliberando movilizaciones. En particular, la Universidad de Chile se enfrenta actualmente con un histórico proceso refundacional de la FECH luego de no haber logrado un quorum por segunda vez consecutiva. Ello se suma a los bajos quórums en la elección de representante estudiantil para el Senado Universitario y en más de un centro de estudiantes de facultad.

Falta de confianza en los espacios institucionales de poder; desesperanza respecto a la incidencia de las propuestas de representantes; sospechas respecto a lo que terminarán decidiendo aquellos por quienes se vota. Muchas pueden ser las causas, pero ninguna limita la posibilidad de que las nuevas formas de participación sean conocidas y reconocidas; que los intereses y modalidades que las inspiran puedan confluir con los espacios de toma de decisión con los que cuenta la universidad.

Si estamos en una situación de transformación en las formas de participación estudiantil, entonces se requiere comprender y aprender los distintos sentidos que ésta tiene, tanto para el desarrollo estudiantil como para el de esta institución educativa. Ciertamente, la poca participación en los procesos eleccionarios no es equivalente a la falta de capacidad de elección, pues el cuerpo estudiantil está eligiendo organizarse, con los esfuerzos y consecuencias personales y académicas que ello implique, en torno a variados intereses como: los deportes, la religión, las problemáticas sociales, territoriales, medioambientales, el género y la diversidad, el arte, las comunicaciones y también sus disciplinas.

La agrupación en torno a estos temas implica también otras formas de organización que permitan abordar de mejor manera sus complejas dinámicas. Formas que permitan la escucha de la mayor variedad de opiniones, el respeto a los acuerdos y la división del trabajo en la ejecución de las actividades. La representatividad, en mucho de estos temas, no es más importante que el respeto a la diversidad, la consecuencia con los acuerdos de base y la horizontalidad en el poder de las decisiones.

Y esto porque, en un sistema educativo, la participación tiene al menos cinco sentidos: democrático, constituyente, identitario, pedagógico e inclusivo.

El sentido democrático permite que las políticas universitarias se implementen, se construyan y se adapten dinámicamente. A su vez, la acción de participar tiene un sentido constituyente en la medida que construye los ejes fundantes de las culturas universitarias, en el diálogo de las diversas comunidades coexistentes. Por su parte, el sentido identitario de la participación emerge cuando, al accionar en colectivo, se desarrollan vínculos afectivos que delimitan un campo de reconocimiento e identificación, distinguiendo los que están de los que no están, los que son de los que no son. Mientras, para todos los casos, quienes participan en la universidad, aprenden a la vez que enseñan, todas aquellas habilidades sociales que permiten el trabajo mancomunado. Finalmente, la participación tiene un sentido inclusivo, pues hace que les estudiantes sean “contenidos”, en todas sus acepciones, en un grupo que toma consciencia de su valor colectivo y diverso.

Con estos cinco sentidos se percibe mejor la participación estudiantil, para promoverla, permitiendo que lo micro se vuelva macro y viceversa, a través de lenguajes y sentidos comunes emergentes de los espacios educativos y de interacción social. La universidad no puede darse el lujo de perder tanta riqueza, menos hoy. Incentivar la participación estudiantil implica, entonces, generar las condiciones para que los espacios instituidos de toma de decisiones se alimenten de democracia, culturas constituidas, identidades universitarias, aprendizajes organizativos y diversidades incluidas.

Las decisiones que necesitamos tomar en la universidad son históricas. Qué sociedad queremos construir, qué tipo de cuerpo estudiantil queremos ser, qué conocimientos queremos generar para el punto en que se encuentra la sociedad, cómo queremos aprender, cómo resolvemos los nuevos problemas y cómo evitamos agudizar los que ya están, qué espacios de interacción preferimos cuando la presencialidad se pone en juego. Estas y otras decisiones necesitamos que sean tomadas con urgencia, participativamente, desde los distintos lugares sociales que cada estudiante tiene y con todos los sentidos que puedan habitarla.

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