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Artes

Hasta el 18 de julio:

Cosmovisión diaguita y reciclaje en obras de Ricardo Pizarro

En el Museo de Artes Visuales, MAVI, se exhibe por estos días la exposición colectiva "La Deriva del Gesto y la Forma", que plantea una mirada de la pintura contemporánea no figurativa o abstracta de los últimos 30 años en Chile. Entre los 21 artistas invitados, destaca el magíster en artes visuales, Ricardo Pizarro, que exhibe una serie de obras que abordan la cosmovisión diaguita.

Desde el 28 de mayo al 18 de julio 2021 en el MAVI se desarrolla la curatoría a cargo de Consuelo Lewin y Carlos Navarrete en la que se exhiben obras de Jaime Alvarado, Magdalena Atria, Ciro Beltrán, Josefina Concha, Sofía Donovan, Colomba Fontaine, Rodrigo Galecio, Félix Lazo, Consuelo Lewin, Cristián Mono Lira, Paulina Mellado, Francisco Morán, Carlos Navarrete, Ximena Rojas, Macarena Ruiz Tagle, Malu Stewart, Francisca Sutil, Valentina Valladares, Andrés Vio, Rodrigo Zamora y Ricardo Pizarro, este último exhibe un conjunto de obras realizadas especialmente para esta exhibición, centradas en un proceso de investigación, experimentación y producción de obras o “prototipos” diaguitas contemporáneos, que tituló Futuro Ancestral.

De este modo el artista visual presenta gráficas o grecas de la alfarería diaguita, no solo precolombina, sino preincaica. Es decir, que contienen una visualidad desarrollada en la prehistoria del norte de Chile, antes de los procesos de la conquista Inca y la colonización occidental. Asimismo, mucho antes de las definiciones del concepto de arte moderno y sus vertientes ligadas a la abstracción geométrica.

“Me avoqué específicamente a tratar de lograr una suerte de efecto hipnótico puramente visual que buscaban los ancestros diaguitas, a través de sus gráficas geométricas. Algo que un profundo estudio etnográfico realizado por la arqueóloga chilena Paola González, ha venido a denominar Tecnologías de encantamiento (2016). Concepto cuya comprensión excede las lecturas occidentales de una producción visual, ya que alude a una concepción chamánica­”, contó Pizarro.

Para llevar a cabo esta idea, el magister en artes visuales por la Universidad de Chile utilizó materiales no usuales para el arte, ni tampoco de carácter ancestral, sino provenientes de tecnologías industriales actuales, que tienen como común denominador el plástico. “Los utilizo porque están a la vanguardia de nuestra civilización, y al no ser biodegradables, le hacen mucho daño al medio ambiente, una condición que a la vez garantiza, paradójicamente, una permanencia inalterable de miles de años”, indicó.

Pero ¿Por qué inspirarse en la cultura diaguita? Pues precisamente porque este artista visual se enteró en el año 2009 que pertenecía a dicha etnia cuando su padre les presentó a él y a sus hermanos el certificado de calidad indígena por la etnia diaguita, extendido por la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, CONADI.

“Aunque nosotros no contamos con ninguno de los apellidos indígenas -solo mi padre en su segundo apellido- resulta que la ascendencia persiste hasta dos generaciones después de haberlo perdido, así que nuestros hijos  son los últimos diaguitas de nuestra familia”, puntualizó el artista y agregó que “lo más interesante es que esto no es algo aislado, sino un fenómeno en cadena, o en abanico. Mucha gente está pasando por distintos procesos de reconocimiento identitario, siendo parte del renacer diaguita”.

De allí que Ricardo Pizarro se concentrara en la concepción chamánica de esas “Tecnologías de encantamiento” diaguita para su creación, la que además es una cultura de cosmovisión circular. “Esto quiere decir que las diferentes áreas de su cultura no se comprenden separadas, sino al contrario, van unidas al todo como sentido. Economía, matemática, arte, naturaleza, medicina, sanación, etc. en un solo todo armónico e imbricado”, explicó.

“Es por ese motivo que las gráficas de la alfarería diaguita, implican todo aquello, y no solo funcionan -como los leería la mente occidental- de decoración, representación, concepto o símbolo, sino a nivel hipnótico, mágico o incluso como medicina”, agregó el expositor.

Paola González aplica este concepto a las gráficas diaguitas basándose en un profundo estudio etnográfico de distintas culturas, entre ellas la cultura shipibo-conibo, en la que sus gráficas o patrones serían algo así como códigos de nacimiento, visualizadas en un ritual chamánico, que acompañarían al individuo en su vida y cuya experiencia con su vibración visual hipnótica buscan armonizar sus distintas dimensiones con el objeto de sanarle.

“Como chileno con ascendencia diaguita me parece muy importante traer a la contemporaneidad de este territorio, a través de cualquiera de sus dimensiones imbricadas, el modelo ético de esta cultura circular. Como una posibilidad de futuro, podría parecernos utópico claro, pero lo cierto es que no ha estado en el campo de los ideales, sino que en lo concreto de una cultura altamente ética. Me atrevería a decir que un futuro posible y hermoso, estaría dado por el caminar del feminismo en dirección hacia lo ancestral”, puntualizó el creador.

En base a eso y tomando en cuenta que la realización de estas nuevas obras se realizó en tiempos de confinamiento, el artista buscó darle gran importancia a estas tecnologías de creación diaguita, “ya que stas funcionan o ejercen un proceso de creación material, como de autoterapia frente a la ruda y extraña realidad en la que estamos”, contó y especificó que su caso personal “han sido además como rituales de terapia identitaria. Cada sesión dentro de la etapa de metódica ejecución, ha significado una instancia de deconstrucción/reconstrucción de la propia identidad mestiza”.

Un proceso de obra complejo que el artista decidió realizar poniéndose en el lugar de sus ancestros artistas alfareros de esos tiempos. “Debí hacer un sistema matemático de cálculo análogo, que me dio la base para elaborar manualmente y desde una paciente reiteración, los patrones diaguitas. Podría haber solucionado o abordado el tema con herramientas digitales que me ahorrarían mucho tiempo, pero esto significaría prescindir de la dinámica o ritual artesanal, a través de este ejercicio se me ha traspasado un conocimiento integral”, explicó.

Así se va reflejando la cultura diaguita en la producción de Ricardo Pizarro, para quien enterarse de su cultura ancestral fue de un profundo impacto tanto en su persona como en su calidad de artista visual. “Desde ese momento estuve nueve años adentrándome e investigando en silencio acerca de esta sorpresiva pertenencia ancestral, asistiendo a museos, foros, seminarios, e incluso volviendo a los territorios con una nueva mirada, cada vez menos lejana, reconociéndome en todo este proceso como un extranjero de mi propia sangre, que vuelve sobre un maravilloso origen extraviado, y que conecta sobre todo con las abstracción geométrica de las gráficas diaguitas, encarnando un conmovedor diálogo entre presente y pasado para mí”, aseveró.

Asimismo, esto provocó un punto de inflexión en sus planteamientos artísticos, “tomando en consideración que mi producción artística se viene relacionando desde hace más de quince años con la abstracción geométrica y de alguna manera buscaba parodiar el minimalismo, desde prácticas del hacer manual o artesanal”, agregó.

Es desde esa inflexión que surgen las obras que componen Futuro ancestral, desde donde convergen dos conceptos que parecen aludir a categorías temporales opuestas. Al respecto, aclaró que “en el pensamiento andino aimara, se plantea que el pasado está adelante del individuo y el futuro a la espalda, ya que el pasado es algo que podemos ver y con el cual caminamos. En un extenso estudio planteado en la Convención por el cambio climático y la emergencia ambiental de Paris (2015), se ha planteado que la posibilidad de salvación de nuestra especie está dada en las etnias del mundo, vale decir, en las culturas nativas, planteándolas como modelos de futuro, en el sentido de que sus modos de vida en empatía con la naturaleza surgen desde el propio territorio y crean una economía circular clave como modelo de un vivir autosustentable”, detalló el artista.

Un campo simbólico que la cultura diaguita ha disputado desde siempre en el territorio, donde el arte diaguita es ampliamente reconocido en sus categorías de ancestralidad, llegando a ser parte incluso de la memoria estética colectiva de Chile.

“Cualquier chileno puede reconocer un jarro pato o una vasija diaguita. Sin embargo, algo muy distinto es entender que no se trata de una cultura extinta, solo perteneciente a la prehistoria de este territorio, sino por el contrario, que está en un proceso de renacimiento que trae esta identidad cultural hasta nuestra contemporaneidad. Y esto implica no solo reconocer a los diaguitas nativos, que son el núcleo más genuino, sino también reconocer los complejos procesos de mestizaje, que han llevado a mucha gente con ascendencia diaguita a las grandes ciudades. Al reconocernos diaguitas, estamos de cierta manera habilitados conscientemente no solo para rescatar la cultura tradicional de nuestra identidad, sino también a ejercerla como tal, expandiendo y desarrollándola hoy en todos los ámbitos posibles, ¡imagínate en el campo visual simbólico!”, concluyó Pizarro.

La invitación es a visitar la exposición colectiva La Deriva del Gesto y la Forma de forma presencial (previa inscripción) en el Museo de Artes Visuales hasta 18 de julio de 2021, en donde podrás apreciar la última producción de Ricardo Pizarro Futuro Ancestral.

 

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