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Artes

Por exhibición en Bienal Nómades:

H. Pacurucu: “Con su obra Arturo Cariceo fractura las dinámicas del ‘constructo tiempo’”

Artistas de 17 países, entre ellos Brasil, España, Chile, Polonia, Bolivia y Ecuador se agruparon en tres museos de la ciudad costera de Guayaquil, Ecuador, en el marco de la "Bienal Nómades", inaugurada hace algunas semanas y en la que participa el académico del DAV, Arturo Cariceo, quien atrasado, exhibe sus “Obras Invisibles”, curadas por Hernán Pacurucu.

La Bienal Nómades es un proyecto itinerante que viaja por el mundo y que por estos días se desarrolla en Guayaquil, en sus tres más prestigiosos museos, como son el Museo Nahim Isaías, el Museo Presley Norton y el Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC). Con ingreso libre, cumpliendo el aforo permitido, y el uso obligatorio de mascarilla debido a la pandemia, esta bienal busca abrir debates sobre la constitución de subjetividades del sujeto guayaquileño.

Aunque no fue invitado formalmente, el artista visual y académico del Departamento de Artes Visuales de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, Arturo Cariceo, se instaló con sus Obras Invisibles, las que están catalogadas en la bienal pero que se presentarán cuando el evento termine, como una forma de llegar atrasado a esta instancia.

Esta Obra Invisible, que lleva por título Das Grass Kapital, Aufnahme 42, “un juego de palabras con los nombres curatoriales de las últimas bienales Nómades, según contó Cariceo, se desarrolla en tres movimientos.

El primer movimiento ha sido participar “no bajo los criterios curatoriales de la actual bienal (“G42º”, 2021) sino con los de su anterior edición (“Grass Capital”, 2018), donde no participé”, dijo Arturo Cariceo. 

El segundo movimiento, es presentar una serie de cédulas que enumeran atentados contra el patrimonio artístico, las que no llegarán a los museos mientras la bienal está abierta. “Aunque están accesibles en línea, decidí que su acceso no fuera por las páginas institucionales”, acotó.

El tercer y último movimiento “es la inclusión de lo impensado: varios de los artistas invitados estuvieron a punto de no poder estar presentes con sus obras, por razones de bloqueos sanitarios fronterizos, dejando de ser ya mi obra la única atrasada. Posteriormente la situación se resolvió con obras de los artistas en colecciones privadas y públicas ecuatorianas, y otras enviadas por Internet para su impresión o proyección, volviendo a ser el único artista atrasado”, contó.

De este modo para Cariceo su obra Das Grass Kapital, Aufnahme 42 es otra Obra Invisible que se desmarca formal y conceptualmente de todas las demás que están en la Bienal Nómades. “Es una composición que puede parecer cómica, pero es el punto de vista sobre la filosa y tecnológica realidad coexistiendo, por aquí y por allá, con las respuestas inmunológicas de la globalidad. Llegados a este punto, es un buen momento para mirar la vulnerabilidad del mundo del arte”.

Por esto mismo el artista visual decide llegar tarde a las galerías, con la clara intención de generar lecturas culturalmente múltiples con ese retraso intencionado. “La Bienal Nómades se inició con inauguraciones multitudinarias, considerando los aforos sanitarios de los museos. Un entorno deseado por cualquier artista y que contrasta con mi decisión de llegar atrasado. Recuerdo cuando expuse por primera vez en Ecuador, en la Bienal de Cuenca (2011), invitado por Fernando Castro Flórez, donde también expuse una Obra Invisible arriesgada en el contrato social del artista con el mundo del arte: mi obra era sólo ir a ver los montajes, colaborar con algún artista y asistir a la inauguración. Ni los editores del voluminoso catálogo sabían cómo describir mi participación”, detalló el artista.

En ese sentido Arturo Cariceo sabe que sus Obras Invisibles son catalogadas como herméticas, pero para él “quienes lo dicen son los galeristas o gestores de museos a quienes les complica exponer obras como las mías. No hay que ser ingenuo, cualquier cosa que se exponga está  justificando un montón de asuntos que no tienen nada que ver con la obra en cuestión, me refiero a que el artefacto instalado bajo el acogedor techo de una galería o museo, siempre termina siendo un McGuffin”.

Consciente de eso, el académico explicó que, la materia prima de una Obra Invisible es el tiempo y el espacio y se cuestiona: “¿Acaso no todas las obras comparten ambas materialidades? Algo importante que debo señalar para estos tiempos de la ‘nueva normalidad global’ es que exponer ‘virtualmente’ en colaboración con un curador de prestigio siempre ha sido posible. Lo interesante es constatar que aceptar esta posibilidad es también, poner en entredicho los sistemas de validación y acreditación tradicionales. Algo que tampoco tiene nada nuevo, pero que sigue siendo incómodo a espíritus tecnócratas y esnobs”.

Bajo la curatoría de Hernán Pacurucu, quien ha debido persuadir a las instituciones para que acepten las condiciones de exhibición de Cariceo, este artista llegó a la Bienal además problematizando lo establecido. 

Al respecto el curador señaló que: “Bajo las dinámicas de un mundo -como el actual- conducido a la optimización matemática de recursos figurados, en donde la profesionalización, la exactitud y la puntualidad se transforman de por sí, en los valores imprescindibles de la ética neoliberal proyectados en el mundo de la moral financiera que nos gobierna, ser precisos, llegar a tiempo, y no cometer errores, se configuran como los designios venerablemente cardinales en la neo-religión del capitalismo salvaje”.

Y agregó, “visto así, llegar tarde es el sacrilegio más grande en el aforo inquebrantable de la validación substancial que se le hace a un erudito. Bajo este paraguas, el proyecto invisible de Arturo Cariceo presentado en Bienal Nómade, o más bien nunca presentado porque siempre llegará tarde, se vuelve primordial como fractura de las dinámicas del ‘constructo tiempo’, afianzado como instrumento de poder para marcar el dispositivo esclavista injertado en forma de horarios, marcadores de tarjetas, registradoras, o controladores de asistencia”.

Según Pacurucu “una obra atrasada mantiene siempre las tensiones de no poseer un final, de jamás concluir, pero tampoco logra concretarse. Una obra atrasada se proyecta al infinito, en la simple promesa de que algún día llegará, y en esa tensión es en donde la obra importa en cuanto, está atrasada, en cuanto se transforma en ese anhelo de que pronto llegará

Y es en esa espera donde está el ejercicio de la obra de Cariceo según el curador ecuatoriano. “Hacerle esperar al otro (al que espera), en ese instante de espera se configura por momentos -como flashes- la plenitud de la obra, para desdibujarse nuevamente a la espera de su llegada, de su concreción matérica, cuando jamás la tendrá, puesto que si la obra llegaría, se terminaría todo, sería el final ya que su máquina deseante se aboliría en pos de su forma física, de su final que es que llegue”

Finalmente Hernán Pacurucu se refirió a la importancia de la obra atrasada de Cariceo, aduciendo que “el proyecto G 42 grados es una Bienal que reflexiona sobre las identidades latinoamericanas y sus imaginarios simbólicos, por eso la importancia viene dada porque prefigura el mito latinoamericano del retraso, de la impuntualidad y finalmente de lo poco profesional, en relación a su esencia del ser, para, a partir de ahí evidenciar ese imaginario, desdibujarlo en su formato derridiano de deconstrucción, logrando hacernos la sólida pregunta de que llegar tarde a un evento tan importante como una bienal en donde todos se han preparado por meses o incluso años, se consolida como una manera de desarticular la esencia progresista (ganar ya sea económicamente o simbólicamente) que poseen los eventos en sus más profundas entrañas (espíritu modernista). Y en ese sentido llegar tarde a este evento, resulta en una extraña manera de llegar pronto al interior de la discursiva de lo contemporáneo”.

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