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Vicerrectoría de Asuntos Estudiantiles y Comunitarios

Día contra la violencia hacia la mujer

El sostén de las normas: la transformación comunitaria desde la punición a la escucha

La Universidad como espacio social y educativo, alberga estructuras en la que lamentablemente circulan violencias. En todos nuestros Campus, contradictoriamente, ha convivido la certeza de los valores democráticos con hostilidades y subordinaciones. Son muchas las estudiantes que lo han vivido, y que han visto mermada sus posibilidades de crecer en sus respectivas áreas, sólo por el hecho de ser mujer.

Sonia Pérez Tello, Vicerrectora de Asuntos Estudiantiles y Comunitarios

Sonia Pérez Tello, Vicerrectora de Asuntos Estudiantiles y Comunitarios

Karla Ruiz Sepúlveda, coordinadora Área de Asesoría Jurídica, Promoción de Derechos y Género

Karla Ruiz Sepúlveda, coordinadora Área de Asesoría Jurídica, Promoción de Derechos y Género

Si hay una experiencia vital que atraviesa la biografía de las mujeres, es haber sido violentadas por un hombre. Y no se trata de cualquier tipo de violencia, sino aquella que se ejerce normalmente por el sólo hecho de ser mujeres. Tan habitual es, que se normalizó como un estado de cosas inalterable, cargado con la sensación de impotencia, culpa y vergüenza, y la certeza de vivir bajo techos que obligan a andar de rodillas.

Esto evidencia que la igualdad entre las personas es más que una promesa normativa, pues su cumplimiento depende de factores que sobrepasan el derecho. Porque a las normas hay que sostenerlas, darles vida, a través de redes y acciones que ayuden a visibilizar una experiencia vital común de violencia, a la vez que develar las estructuras que crean y refuerzan estas dinámicas; para decir que esto puede -y debe- cambiar hacia sujetas plenas y libres de conducir sus vidas sin miedo.

Gracias a los movimientos de mujeres y feministas, la violencia en contra de las mujeres ha sido visible con nombre y caras, fuera de la penumbra en que suele ocultarse. Podemos ver las muchas formas que adopta, explícitas o sutiles, y el empeoramiento de sus consecuencias según el entorno social, económico y cultural de cada mujer: femicidio, mutilaciones, violencia física, psicológica y acoso sexual, son algunas figuras de este amplio y triste abanico de posibilidades.

La Universidad como espacio social y educativo, alberga estructuras en la que lamentablemente circulan violencias. En todos nuestros Campus, contradictoriamente, ha convivido la certeza de los valores democráticos con hostilidades y subordinaciones. Son muchas las estudiantes que lo han vivido, y que han visto mermada sus posibilidades de crecer en sus respectivas áreas, sólo por el hecho de ser mujer.

Desde su creación, la Vicerrectoría de Asuntos Estudiantiles y Comunitarios, VAEC, ha debido abordar este tema, pues ha sido llamada a ser una de las autoridades universitarias involucradas en la resolución de las investigaciones disciplinarias que se realizan en materia de acoso sexual. Esta fue la puerta de entrada para entender tempranamente que el desarrollo de nuestra comunidad, sobre la base de una convivencia democrática, depende de nuestra capacidad de transformar estas relaciones de subordinación marcadas por la violencia hacia las mujeres, esto es, de modificar nuestra manera de relacionarnos.

En este camino, se han realizado esfuerzos importantes, como integrar la perspectiva de género a las resoluciones que son adoptadas en el marco de las investigaciones por denuncias de acoso sexual. Asimismo, desde la Dirección de Salud, se ha articulado un programa de atención a estudiantes hombres involucrados en situaciones de acoso. En el Gabinete VAEC se ha creado el Área de Género, con el fin de instalar este eje transversal del quehacer de las direcciones y avanzar en compromisos para el deporte y actividad física, así como la participación de las disidencias sexuales, entre otros.

La perspectiva de esta vicerrectoría es que lo punitivo se transforme en un ejercicio de escucha activa; una perspectiva que nos alinea en el anhelo de una transformación cultural, que nos permita repensar lo que estamos transmitiendo como modelo de masculinidad y evaluar de qué modo aparece la violencia hacia las mujeres y sus cuerpos en esta construcción.

Erradicar esta particular forma de violencia en los espacios universitarios, es un anhelo y un deber que la Universidad de Chile ha hecho suyo; una impronta de esta Vicerrectoría que busca, con decisión, permear las interacciones y espacios de la vida universitaria que vamos construyendo.

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