A sus 95 años:

Prof. Hanns Stein: “La Universidad no es solamente un trabajo para mí, sino que tiene una tremenda importancia política y social”

“Evidentemente es emocionante recibir este reconocimiento”, dice al comenzar la conversación el académico y cantante del Departamento de Música, Hanns Stein, refiriéndose a la medalla Juvenal Hernández Jaque que recibió a fines de diciembre pasado. Fue el Rector Ennio Vivaldi quien le informó del reconocimiento y además le confidenció que la decisión del jurado había sido unánime. “Supongo y espero que de alguna manera el jurado ha visto que a través de mi vida yo he representado los valores de la Universidad”.

El profesor Stein pronto cumplirá sesenta años en la institución “con un intermedio largo a causa de la beca Pinochet”, dice tomándose con algo de humor el exilio que lo tuvo nueve años fuera del país. “La Universidad no es para mí sólo un sitio de trabajo o de enseñanza, sino que tiene una tremenda importancia política y social, entonces que le den a uno esa medalla significa que la institución considera que uno contribuyó a todo eso. Es una satisfacción saber que efectivamente la Universidad reconoce la participación de un viejito durante todos estos años”, agrega.

Profesor, ¿cuándo se inició su vínculo con la Universidad?

Yo primero estudié en el curso de ópera de la Facultad. Después, Elisa Gayán estuvo a cargo del vespertino y me llamó en el año 62 para ofrecerme hacer clases ahí. Ese fue mi comienzo como docente.

¿Cómo recuerda esa primera experiencia?

La verdad es que no era una cosa muy satisfactoria el vespertino en ese tiempo porque me mandaban veinte o treinta personas al mismo tiempo, entonces era muy difícil hacerles clases, pero había siempre uno o dos que efectivamente se empezaron a formar ahí.

Después recibí una beca para estudiar en Praga, que es la ciudad donde yo nací, así que el año 1966 y me fui con mi familia para allá. La estadía en Praga fue algo realmente fantástico, por un lado, el profesor que yo tuve ahí, un gran cantante de la ópera de Praga que me enseñó realmente a cantar, y además, me enseñó a no tomarme en serio. Él era un maestro en ese de no tomarse en serio, siendo como te digo un cantante de nivel mundial.

Estando allá comenzó un movimiento importante en el Partido Comunista de Checoslovaquia, que era el gobierno también, críticas de las cuales nosotros participamos también, pero para callao porque no era costumbre oír en esos países críticas abiertas. El hecho es que se produjo lo que después se llamó la Primavera de Praga y significó la salida del Primer secretario que a la vez era el presidente de la República y entró a dirigir el partido y el país Alexander Dubček, quien hablaba de un socialismo con cara humana. Esto para mí fue una enorme vivencia, me tiene marcado hasta hoy día, el socialismo con cara humana. Lo que pasó después fue que la Unión Soviética ocupó Checoslovaquia. Nosotros éramos como 40 chilenos ahí, la mayoría estudiantes, y pensamos que nuestro partido iba a tener la misma postura del partido italiano, francés, inglés, español, de los grandes partidos europeos que condenaron la invasión. Nos llevamos la sorpresa que nuestro partido no lo condenó, más bien la aprobó, y escribimos los cuarenta una carta manifestando el desacuerdo con la posición del PC. Ese fue el primer gran desacuerdo con el partido, no es porque yo cambié de pensamiento, sino que consideraba que lo que se hizo no era correcto.
Posteriormente a eso estudié dos años y me titulé en el Conservatorio de Praga. Volví a Chile e ingresé por concurso público a la Facultad de Artes en 1968.

¿Cómo recuerda el trabajo en la Facultad de Artes durante la Unidad Popular?

Durante la Unidad Popular cambió mucho el trabajo en la Facultad. Nosotros hicimos una acción que se llamaba Arte para todos e íbamos a poblaciones y se armaba ahí un escenario y un día se presentaba la Orquesta Sinfónica de Chile, otro día el Ballet Nacional, el teatro, otros conciertos de los alumnos y charlas. El éxito que tenía era tal, que muchos jóvenes de las poblaciones pidieron estudiar en la Facultad.

Bueno, eso duró solamente tres años y luego se terminaron todas las cosas positivas que había. Yo recibí un papel que decía que estaba suspendido y que tenía prohibición de pisar terreno de la Universidad. Mi mujer en ese tiempo era directora de la radio de la Universidad, también la echaron…bueno, echaron a la mitad de la gente de la Facultad que eran casi todos de izquierda. y a mí me informaron que convenía desaparecer del país. Entonces me llamaron de la embajada de la República Democrática Alemana (RDA) y me ofrecieron exiliarme ahí. ¿Para qué te voy a contar cómo salimos? Fue complicado también. En la RDA yo tuve mucha suerte porque en la Academia Superior de Música me ofrecieron me ofrecieron una cátedra, ese tiempo fue muy interesante, aprendí mucho y me dieron el título de profesor que es el título de jerarquía más alta, como aquí profesor titular, y ahí estuve siete años. A pesar de que aún había dictadura en Chile, decidimos volver porque un hijo quería regresar y los demás no quisimos que la familia estuviera dispersa. Volvimos a fines de los 80’.

¿Cómo fueron esos años para usted y su familia?

Pasamos nueve años muy malos, no teníamos trabajo, era imposible, El decano de entonces de la Facultad de Artes había prohibido a los pianistas trabajar conmigo. Gracias a mi trabajo anterior en la RDA, tenía los contactos y durante esos años me iba dos meses a Europa a dar conciertos y así juntaba plata para vivir el resto del año.

Después volvió la democracia y yo pensé que eso significa que automáticamente me devolverían mi puesto en la Universidad.

¿No fue así?

Nueve años demoré peleando. Me dijeron que no tenía título, pero yo demostré que lo hice en Praga, pero después solicitaron que debía ser un título de aquí. Había un grupo de personas que no quería que volviera, yo creo que, por temas políticos, y ¡tuve que dar examen de título a los 72 años! Después me hicieron concursar de nuevo.

¿Entonces usted se reincorporó a la Facultad en 1999?

No, antes empecé a dar clases. Me llamó el entonces director del Departamento de Música, Lucho López, diciéndome que algunos alumnos querían tener clases conmigo y me dieron algunas horas, pero a honorarios.

¿No quiso buscar trabajo en otra universidad?

Yo quería volver a la Universidad por todas esas razones, no solamente para tener trabajo, porque podría haber tenido trabajo en otra universidad, pero quería estar en la Universidad de Chile otra vez, sobre todo que sabía que había que hacer un gran trabajo después de todo lo que pasó con la dictadura y creo que todavía no termina ese trabajo. Por ejemplo, en los años de la Unidad Popular la Facultad tenía un club de fútbol, Patricio Bunster era el arquero, el jefe administrativo de la Facultad jugó también, yo, otros profesores de teatro también y el resto eran funcionarios ¿tú crees que hoy día es posible que haya en un club de fútbol compuesto de profesores y auxiliares?

No...

Yo creo que de alguna manera ese ambiente debería volver. El tiempo pasa, las cosas cambian, pero no sé si se puede volver a exactamente lo mismo que se hizo hace 50 años atrás, pero yo creo que la Universidad de Chile especialmente y las universidades estatales en general, deben tener las posibilidades de tener otro papel del que tienen ahora.

En estos 60 años le han tocado vivir muchas cosas, pero me imagino que nunca pensó tener que hacer clases en una pandemia y de manera virtual. ¿Cómo han sido estos dos años intentando enseñar canto a través de pantallas?

Yo considero que es prácticamente imposible enseñar virtualmente música, porque especialmente aquí, la conexión no es muy perfecta, además, ni los estudiantes ni yo tenemos en la casa un aparato donde se puede transmitir fielmente el sonido, entonces la mayoría con suerte tienen celular y lo que ellos hacen no es lo que yo escucho. Yo no sé si están impostando bien, si están usando las resonantes, los resonadores. Lo que más se puede hacer un poco es la parte musical, obras que están cantando y tampoco totalmente, pero al menos en cuanto a rítmica, en cuanto a afinación, etcétera.  Estos dos años de pandemia han dejado bastante atrasados los alumnos y no sé lo que va a pasar ahora porque se dice que este año va a empezar presencial, pero ahora están otra vez subiendo, subiendo, subiendo los contagios.

Yo soy un poco viejito (ríe)… tengo 95 años y tengo un poco de miedo del viaje en transporte público, pero este año 2022 continúo porque algunos alumnos me pidieron que no jubile hasta que se titulen.

¿Está pensando en retomar algún proyecto que quedó trunco por la pandemia? Justo antes de la revuelta social estaba preparando un concierto con obras de compositores que no sobrevivieron al holocausto…

A mí me gustaría hacer ese concierto, yo tengo preparada incluso mi charla para introducirlo, y supongo que los músicos que iban a participar lo harían también, pero todo esto depende de cómo se desarrolla la cuestión sanitaria.

Quiero realizarlo no solamente porque es un concierto, sino que porque, a mi juicio, tiene un tremendo contenido. La gente aquí no está muy informada de lo que pasó en los campos de concentración alemanes, yo lo estoy porque lamentablemente parte de mi familia cercana, abuelos, tíos y primos, estuvieron detenidos ahí. Eran catorce personas y de esas catorce personas sobrevivió una tía y una prima, los demás terminaron en la cámara de gas de Auschwitz. Entonces esa es una cosa que me gustaría sacar adelante por esa razón, pero también por una que es casi opuesta: destacar lo que significó la música en un campo de concentración, donde la gente no tenía que comer. Conocí a un sobreviviente, un gran cantante de la ópera de Praga, y él me dijo que hacer música para ellos y para el público significaba mantener su dignidad humana. Entonces creo que es una gran enseñanza, sobre todo hoy. Entonces eso me gustaría hacer, ojalá que pueda. A lo mejor cuando haga eso se me ocurre alguna otra cosa. 

 

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