Columna de opinión:

No más riesgos: La necesidad de reevaluar las medidas para controlar la pandemia

Hoy 27 de enero de 2022, se entregaron nuevas cifras de la pandemia por parte del Ministerio de Salud (MINSAL). Nuevos casos: 24.037; total contagiados: 2.045.874; con síntomas: 14.209; asintomáticos: 3.311; sin notificar: 6.517; casos activos: 76.778; nuevos fallecidos: 47; total fallecidos: 39.594; pacientes en cuidados intensivos: 423; pacientes con ventilación mecánica: 314; camas críticas disponibles: 294; positividad a nivel nacional: 18,82 por ciento; positividad Región Metropolitana: 19,06 por ciento.

Todas estas cifras no pueden sino generar molestia y llevar a reafirmar que todo era prevenible (comunicación eficiente del riesgo, infoeducación permanente de medidas preventivas, cierre de fronteras, fortalecimiento de la estrategia de Testeo, Trazabilidad y Aislamiento (TTA), entre otras. Hoy estamos viviendo esta situación por la falta de visión en las decisiones del MINSAL. Desde el inicio de la pandemia se subestimó la estrategia de TTA, lo que se refleja -por ejemplo- en la decisión de quién lidera esta estrategia y sus funciones, con indicaciones y luego contraindicaciones (lo hace SEREMI, luego lo hace APS, pero sin presupuesto, luego con presupuesto, pero no conocido, etc, etc.). En esta línea, a mediados del año pasado se desmanteló a la APS, retirando los recursos humanos que contaban con las competencias para la labor. Además, tampoco consideró a la propia ciudadanía, cosa que sí hicimos desde la Universidad de Chile con el voluntariado ciudadano en TTA.

A lo anterior, se suma la inadecuada comunicación del riesgo, ya que se ha indicado de manera indirecta que la pandemia ya no es problema sociosanitario, por medio de las indicaciones de aislamiento de casos, con menor número de días y que el/la caso declare sus contactos estrechos y les avise, estatus que no se asocia a cuarentena ni licencia médica, desconociendo la capacidad de contagiar a otros aun en fase asintomática. Todo esto lleva a preocuparnos por lo que viene. Esto cansa, sin duda cansa.

Se puede pensar o percibir que estas últimas medidas e indicaciones por parte del MINSAL tienen un trasfondo, además de lo probablemente percibido de “no tener capacidad para la TTA”. Este sería el de favorecer la mayor cantidad de contagios, y así “propiciar la inmunidad colectiva”, pero esto trae grandes riesgos: contagio de población vulnerable, baja respuesta inmunitaria de grupos específicos (población con comorbilidad, personas mayores, niñ@s, pobres, etc.), junto con las secuelas post COVID-19, que afecta de manera heterogénea a las personas. Lógicamente, a mayor cantidad de contagios, mayor cantidad de muertes, pero parece que eso no se valoró. Al parecer, primo una visión reduccionista y a corto plazo, “que enfermen la mayor cantidad de personas y potenciamos la inmunidad colectiva”, pero ¿a qué costo?, ¿por cuánto tiempo se gana esa inmunidad? Nuevamente estás medidas afectan a los más vulnerados en nuestro país, las personas mayores, los niños/as y los pobres (económicamente hablando).

Me parece de toda lógica que para esta situación se debía mantener casos y contactos estrechos en aislamiento y cuarentena (según corresponda), cierre de fronteras y estudio genómico de los casos, ya que seguramente tendremos variantes propias luego de este masivo contagio. Es necesario reevaluar qué se está haciendo y, para qué, cuales son las ganancias y los riesgos; y finalmente ser humildes y reconocer que no fue una medida asertiva. Debemos realizar acciones en salud pública con visión país y evaluar impacto a largo plazo, no se puede estar solo viendo lo que puede acontecer en el siguiente mes.

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