Entrevista a Prof. Alejandra Bottinelli en el Centre for Apocalyptic and Post-Apocalyptic Studies (CAPAS) de la Universidad de Heidelberg

¿Qué fue lo primero que pensó cuando vió la convocatoria a la beca?

Lo primero que pensé fue en el proceso que estaba viviendo mi país, Chile, que ha desentrañado una revuelta social impresionante desde octubre de 2019, un tiempo que ocurrió como un solo evento, y en el que todos los parámetros con los que estábamos acostumbradas a observar el mundo quedaron, de un momento a otro, desfasados; incapaces de nombrar lo que estábamos viviendo y, también, protagonizando como pueblo. Eso fue un apocalipsis, pensé. Un giro del mundo, un "Pachakutik", como dicen las culturas andinas. Justo  antes de eso  había estado pensando recurrentemente en el futuro: ¿Dónde estaba el futuro? Porque antes del 18 de octubre, que fue cuando comenzó esa insurrección chilena, estábamos esperando que llegara Greta Thunberg, que era otra de las invitadas a la cumbre climática en Santiago ese mismo octubre. Greta difundía el mensaje de que tal vez podríamos tener un futuro si hacíamos algo juntos, mientras que, en antítesis, las industrias extractivas se comían los pueblos a menudo llamados "zonas de sacrificio" y la gente de mi país estaba muda. Hasta que un día la gente, primero jóvenes estudiantes, luego ancianos con pensiones de miseria, se echó a la calle y todo tuvo un cambio radical.

Y antes de eso yo había estado pensando si tendríamos o no un futuro y cómo sería ese futuro. Pero pensaba, o más bien esperaba, que ese futuro se abriera, porque cualquier futuro requiere una crisis especial del presente... y sucedió. Y entonces llegó la pandemia de COVID-19. Pero para mí el futuro ya estaba abierto de nuevo como proyecto colectivo. Por eso, cuando vi la convocatoria de CAPAS, no sólo reviví todas esas experiencias colectivas de la revuelta chilena, sino que pensé en lo importante que es darnos el espacio para pensar en cómo imaginamos nuestro tiempo y su transformación. Y lo prolífica que es la figura del apocalipsis para abrir esta autorreflexión.

¿Qué significa para usted el apocalipsis y/o el post-apocalipsis?

El apocalipsis es para mí, sobre todo, un recurso figurativo para pensar en la transformación de nuestro mundo, y es por tanto, al mismo tiempo, una llamada a pensar en nuestros límites: los límites de nuestro espacio/tiempo, cómo consideramos el presente (y nuestra genealogía, tal y como la hemos configurado discursivamente, y cómo la hemos vivido afectivamente), y cómo proyectamos el futuro como una transformación de este estado de cosas. Los apocalipsis presuponen una imaginación sobre el tiempo venidero, sobre cómo los seres humanos llegarán al momento culminante de la convulsión de nuestro mundo, y cómo será el después. Para mi campo disciplinar, el estudio del arte literario y de las ideas y manifestaciones intelectuales, tanto el apocalipsis como el postapocalipsis están muy ligados, en primer lugar, a las grandes discursividades escatológicas consignadas sobre todo en el pensamiento religioso, porque han configurado muy fuertemente la dimensión simbólica asociada al fin de los tiempos. Sin embargo, dado que se trata de la escritura en su forma estética, que implica el arte de imaginar otros mundos y de indagar bajo la superficie del mundo (esta forma "espeleológica" de la literatura, podríamos decir, de indagar en las profundidades, en las "cavernas", en las cuestiones indecibles de nuestra psique), sucede que la literatura juega cada vez más con esas grandes narraciones del fin, las subvierte y las disloca. El estudio de la literatura puede así permitirnos pensar ese más allá, ese escenario del fin y de la crisis, e imaginar y discutir nuestros propios límites epistemológicos y culturales para pensar ese fin. Los escritos recientes del siglo XXI, en mi opinión, son especialmente prolíficos para el/un fin, ya que juegan con la paradoja de un futuro que está sucediendo hoy, justo cuando hemos empezado a desarrollar el pensamiento apocalíptico en el siglo actual.

¿Qué cuestiones aborda su beca?

Las preguntas que pretendo abordar en esta etapa de la beca tienen que ver con la forma en que aparece el fin en la ficción latinoamericana. En particular, me propongo mirar las perspectivas escatológicas que surgen en los escritos contemporáneos relacionados con la crisis del presente como crisis de nuestro entorno (la discusión sobre el Antropoceno; sobre la contaminación de nuestros ambientes; sobre el calentamiento global), como crisis de los espacios de desarrollo de los seres humanos, especialmente en aquellos lugares afectados por dinámicas de excepción: las llamadas zonas de sacrificio, las fronteras y "no lugares" (como dice Marc Augé) de la inmigración; y en los márgenes empobrecidos y "descartados" por el orden territorial de los estados. Me propongo explorar cómo la crisis del cuerpo se expresa también hoy, en forma pandémica, como una crisis de nuestras formas de relacionarnos con los demás en contextos de aislamiento, de encierro, de suspenso e incertidumbre sobre lo que vendrá, en los que la sensación de pérdida de control sobre la existencia y el futuro individual y común se fortalece es también un área crucial de estudio. En particular, esta situación en la que vivimos constituye el propio cuerpo como el primer escenario en el que se libra la emergencia sociosanitaria, con consecuencias aún no observadas a nivel subjetivo y psicosocial.

Me interesa la cuestión de cómo esta imaginación del fin constituye otra forma de imaginar el cuerpo y los afectos en la contemporaneidad y cómo esto ocurre en una escena especial que llamo "los confines", en la periferia de nuestro orden imaginario, en espacios que pensamos como fronterizos y marginales. Mi pregunta principal es entonces cómo las ficciones contemporáneas de la última década, escenificadas en los confines y la periferia del territorio, imaginan el fin del mundo conocido y sus secuelas, desde el cuerpo y los afectos.

¿De qué manera el proyecto de la beca se basa o conecta con su trayectoria o biografía anterior?

Una buena parte de mi trabajo intelectual lo he realizado pensando en la cuestión de las crisis, la crisis de la primera modernidad, en el caso de fines del siglo XIX, y luego la crisis contemporánea; en las ficciones de las últimas décadas. Pero, sobre todo, lo he hecho tratando de indagar en el poder de la escritura latinoamericana para iluminar las contradicciones del mundo, algo así como ese "entre-lugar" del que hablaba el pensador brasileño Silviano Santiago, en el que podrían inscribirse las literaturas periféricas para iluminar la totalidad, y el propio centro metropolitano como tal centro, es decir, para situarlo también frente a su espejo colonial. Siempre me ha interesado pensar y discutir las dinámicas de intercambio cultural que, desde una perspectiva eurocéntrica y etnocéntrica, han desestimado las creaciones latinoamericanas como "de segundo grado" o residuales, ecos o mímesis de la fuente "original", que siempre sería desplazada en Europa. América Latina tiene una tradición polifónica y muy amplia de pensamiento crítico y transformador que puede ayudar a repensar nuestro presente, la crisis de nuestro presente, que es lo que siempre me ha interesado. Por eso estudio las formas literarias latinoamericanas y cómo representan el fin.

¿Qué espera llevarse consigo del proyecto y sus resultados?

Sobre todo, me gustaría escuchar e intercambiar con otros investigadores, conocer las investigaciones y reflexiones que colegas de otras áreas del conocimiento y de otros países están realizando sobre este tema común del apocalipsis y el fin. Creo que eso es lo más valioso de una experiencia como esta, conocer esas perspectivas y poder intercambiar visiones, enfoques teóricos y metodológicos sobre el tema común que pueden modificar nuestras formas de ver los problemas. Y, además, poder constituir comunidades críticas basadas en la escucha y la empatía, e incluso, como decía Jacques Derrida, en la amistad y la hospitalidad. Porque creo que el conocimiento es algo que se produce en común, que se teje entre todos, y que cada uno aporta su parte, pero que requiere el encuentro de muchos.

En cuanto a mi proyecto en particular, me gustaría recibir (¡y ya he recibido!) las opiniones y sugerencias teóricas y metodológicas de mis compañeros y colegas de CAPAS. Me interesa, por ejemplo, cómo las ciencias sociales y la filosofía y la historia de las religiones han construido perspectivas especiales sobre el apocalipsis y el fin. Qué herramientas teóricas están informando estas perspectivas y cómo interactúan con la teoría literaria y el pensamiento crítico latinoamericano.

¿Puede nombrar las tres cosas que definitivamente necesitaría en un mundo postapocalíptico?

Lo primero: papel y lápiz, porque es necesario documentar, producir y salvaguardar la memoria de la experiencia límite y lo que significa para nosotros, insignificantes seres humanos, haber pasado por las situaciones más terribles y poder contarlo a los demás; contar, por ejemplo, cómo es seguir caminando después de la catástrofe. Lo segundo, por supuesto, es una bolsita con una variedad de semillas del mundo que quedó atrás, para ayudarnos a empezar de nuevo, pero también para contener el recuerdo de lo que nos ayudó a vivir en ese mundo, lo que la propia naturaleza creó y nos proporcionó para nuestra vida en la tierra. Lo tercero que sugiero es llevarse recuerdos, pequeños trozos de ese mundo: lienzos y fotografías, y, por supuesto, un libro de poesía. Personalmente, elegiría las obras completas de César Vallejo, un gran poeta peruano y uno de los más grandes de América Latina que también pensó en el fin, en relación con las grandes transformaciones de la sociedad, pero también con los "cambios del mundo" en la experiencia personal.

¿Tiene recomendaciones de artículos de la cultura pop sobre el (post)apocalipsis -ya sea un libro, una película, un canal de YouTube, un podcast o cualquier otra cosa- que uno debería mirar?

De las series recientes, me atrevo a recomendar dos que me han gustado mucho. La primera es la surcoreana "Kingdom" (2019), que trata sobre zombis (una plaga que convierte a la gente en zombis ha azotado el país) y está basada en un cómic, pero la trama se ambienta en una vaga época antigua de la dinastía Joseon, donde se desarrolla la guerra entre dos dinastías, y me ha gustado mucho porque además de ser muy entretenida, plantea interesantes debates sobre las formas de ejercer el poder y las concepciones de lo colectivo. Está dirigida por Kim Seong-hun y Park In-je, que hacen un muy buen trabajo al mezclar la ambientación de época con el fin del mundo y la trama de zombis. Otra que recomiendo es una serie postapocalíptica brasileña creada por Pedro Aguilera para la web y estrenada como piloto en YouTube en 2011, para luego saltar a las plataformas de streaming y tener su última emisión en 2020, se llama "3%" y su trama se sitúa en un futuro incierto en el que el medio ambiente ha sido devastado y la sociedad se ha dividido en dos; en un lado, el más masivo, viven los que están condenados a la miseria y la contaminación, y en el otro, en una isla en el mar, viven los que pueden salvarse gracias a diversas pruebas que deben superar para demostrar su valía para ser uno de los elegidos para vivir en un paraíso idílico donde sólo llegan a vivir los mejores. Ambas son series muy entretenidas; puedo recomendar totalmente estas dos series para acercarse a las ideas sobre el fin que circulan en y alrededor de nuestra cultura popular.

Compartir:
https://uchile.cl/u184615
Copiar