Ganador del Fondo Valentín Letelier 2012

Los diez años del proyecto que revolucionó la pedagogía en contextos de encierro

Fue el “estallido” del 2011 el que gatilló todo. Ese fue el año de la llamada revolución pingüina, de las movilizaciones de estudiantes universitarios y secundarios que removió por completo el sistema educacional chileno. Para muchos estudiantes no fue fácil volver y retomar sus estudios después de las protestas y paralizaciones que se prolongaron durante varios meses ese año. Fue el caso los y las estudiantes de Pedagogía en Educación Media (PEMACH) de la U. de Chile, quienes en septiembre simplemente no tenían donde hacer sus prácticas profesionales.

Marcela Gaete, académica de la carrera y experta en didáctica, les propuso salir del modelo tradicional y probar en contextos de encierro. De diciembre a enero de 2012, 12 estudiantes de la mención Filosofía hicieron sus prácticas en tres centros, uno de protección de menores en Pudahuel y otros dos para jóvenes infractores de ley de carácter semicerrado en La Cisterna y Calera de Tango, donde llegaron a impartir talleres de “Cine y ciudadanía”. La experiencia les cambió la vida.

La transformación no fue solo para los jóvenes beneficiarios, sino para los futuros profesores y profesoras. “Se pone en jaque todo lo que has aprendido de la educación tradicional. Entras a un lugar donde es tanto el nivel de exclusión que prácticamente se caen todos los presupuestos con  los que funciona la educación escolar. Te conectas con una realidad social y política en que la formación docente no está y eso quisimos cambiarlo”, cuenta la académica de la Facultad de Filosofía y Humanidades.

Ese mismo año, luego de que la invitaran a continuar con la experiencia en esos mismos tres centros, Marcela Gaeta decidió con su equipo amplificar el alcance con la postulación a un Fondo Concursable Valentín Letelier (FVL). “Lo anterior había sido una experiencia chiquitita de dos meses, una vez a la semana. Entonces el fondo nos dio el puente para pensar esto con muchos más argumentos, teníamos que presentar un proyecto bien fundamentado, con marco teórico y en el que teníamos que involucrar a académicos, estudiantes y egresados”, cuenta.

Tras ganar ese año, el proyecto “Pedagogías en contextos de encierro” siguió desarrollándose a punta de postular a otros financiamientos -ganaron dos proyectos de la Iniciativa Bicentenario, un proyecto FIDOP, un proyecto de práctica situada y un FONDECYT  regular-- de investigación- y hoy cumple una década como una de las iniciativas más emblemáticas y exitosas del fondo concursable creado por la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones de la U. de Chile. 

Además, hace ocho años se unió a Marcela, la profesora de Artes Plásticas y académica de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Marisol Ramírez, y hoy lideran juntas el programa estable alojado en el Departamento de Estudios Pedagógicos del plantel, junto también a la académica de la Facultad de Ciencias Sociales, Viviana Soto.

“Nuestros talleres partieron siendo de “Cine y ciudadanía”, pero hemos impartido todo tipo de saberes, en la línea artísticas, de ciencias, matemáticas y talleres socieducativos Lo que pasa es que esto no tiene que ver con la disciplina, ella es solo un medio para llegar a los y las jóvenes. No trabajamos para la transformación de los chicos sino para hacerlos sentir legítimos frente a los demás.  No es una educación moralista en el sentido de querer corregirlos. Lo que buscamos es ampliar sus marcos de referencia en términos culturales para que puedan tomar decisiones informadas”, explica Marisol Ramírez.

En estos años, las académicas han ampliado el marco del programa, y los distintos fondos adjudicados les han permitido armar ponencias, dictar seminarios nacionales y ponencias internacionales de pedagogía dando a conocer su experiencia, y seguir investigando el tema. Incluso en 2016 fundaron la  Red Chilena de Pedagogía en Contextos de Encierro (PECE), que integra varias universidades públicas y privadas, instituciones como la Asociación Chilena Pro Naciones Unidas (ACHNU) y otras escuelas que funcionan dentro de las cárceles.

Nos hemos ido constituyendo en una voz y en un nicho que no existía porque nuestra docencia está conectada con las comunidades. Nuestros seminarios en el auditorio de Facso se llenaban simplemente porque en Chile no hay instancias que trabajen estos temas desde lo pedagógico. Se trabaja, por ejemplo, mucho el derecho a la educación desde las Ciencias Sociales, pero no desde el trabajo del día a día en el aula. Así nos hemos vinculado al Ministerio de Educación y hemos capacitado a profesores que trabajan en cárceles de adultos en todo el país”, cuenta Marcela Gaete.

Pedagogía como experiencia de vida

En los talleres que imparte el proyecto “Pedagogía en contexto de encierro y exclusión social”, se trabaja mucho a nivel artístico. “Los chicos no son de conversar mucho, pero sí les gusta expresarse por medio del dibujo, el collage, incluso hemos grabado cortometrajes con ellos y ellas. Son actividades más didácticas y lúdicas”, explica la académica, sobre el programa que lleva dos años autogestionándose y que actualmente cuenta con 32 practicantes en cinco centros diferentes.

Eso sí, las académicas son críticas a la hora de evaluar el efecto que ha tenido el cambio desde el antiguo Servicio Nacional de Menores (Sename) al actual Servicio Mejor Niñez.

“Este servicio es nuevo, la ley es desde octubre del año pasado, sin embargo en los foros y cabildos que hemos hecho con distintos actores, principalmente personas que trabajan en las nuevas residencias señalan que esto no ha mejorado, de hecho es aún peor. Eso nos dicen en los centros”, comenta Marisol Ramírez.

Para las académicas, el mayor problema es que no se han tomado en cuenta las voces de los propios niños y niñas que residen en estos centros, ni tampoco ha habido espacio para que los profesionales a cargo puedan dar cuenta de sus propias necesidades generadas por el nivel de estres emocional que se vive dentro de estos lugares. Al parecer, el financiamiento tampoco es el adecuado.

“Se implementaron las residencias sin pensar en la subjetividad de los jóvenes. O sea un chico que vive en la exclusión y hoy esta institucionalizado, lo pones a vivir en Las Condes o en Ñuñoa, en una casa preciosa, pero no se siente bien viviendo allí. Hay chicos que no quieren salir a la calle porque sienten que todos las miran, no es su lugar, no se sienten cómodos. El tema es multifactorial, porque también está la falta de recursos económicos y los intereses políticos”, afirma Marcela Gaete.

“Hay una presión social para que Sename no exista, por todas las situaciones que se han conocido, la vulneración de derechos de los niños y niñas, pero de  verdad pensamos que no hay una preocupación real por el desarrollo de estos chicos. Nos ha pasado que nos hemos encontrado antiguos alumnos de nuestros talleres, en las calles, eso no puede ser”, dice la profesora de artes plásticas. 

Si bien el objetivo de las académicas es seguir liderando el programa también existe una preocupación por la continuidad de este a futuro. Por eso, hoy en día el equipo trabaja en la sistematización de todos estos años de proyecto, elaborar un texto que de cuenta de las estrategias metodológicas levantadas para poder traspasar esta acumulación de saberes a las generaciones de académicos y académicas más jóvenes.

Marcela Gaete resume el impacto del proyecto explicando las bases epistemológicas de este. “Creemos que cada uno está hecho de un pasado, es decir, quien eres tú hoy tiene que ver con la multiplicidad de experiencias que tuviste con diferentes personas y sujetos en tu vida. A veces una o dos experiencias positivas te potencian o una negativa te frustra para para siempre. Por lo tanto nuestro proyecto lo que quiere es brindarle otras experiencias a estos jóvenes para que estas sean parte de su pasado cuando estén en el futuro. Creemos en el derecho a la educacion como dignidad, para que la dignidad se haga costumbre”.

 

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