Hasta el 29 de mayo:

Continúa proyecto “Cabo de Hornos” con exposiciones de Catalina Donoso y Cristián Salineros

“Algunos artistas visuales optan por la aventura y experiencia del lenguaje en sus producciones, focalizando la atención en el cómo se enuncia lo que hacen y procurando que el contenido actúe en complicidad con la forma, lo que deriva en que la apariencia de las obras cobra una relevancia que es vital, pues en ella el autor se juega la vida, ya que concentra la voluntad en los procedimientos y los materiales”, expresa un extracto de la editorial del proyecto Cabo de Hornos de Enrique Matthey, que hace pocas semanas volvió a inaugurar dos exposiciones.

Se trata de Arar el Jardín, de la artista visual y académica del Departamento de Artes Visuales de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, Catalina Donoso, quien presenta trabajos realizados en distintos tiempos y que según palabras de la propia artista corresponden a un “facsímil de lo real”, tomando en cuenta que su materialidad y pulsación intentan “revisar el tiempo y y apego a la domesticidad del pasado, pensándolo, como habitado por el oxígeno profano del ahora”, complementó Donoso.

La serie de pinturas presentada por la académica del DAV, cuyo tratamiento en cuanto a la repetición, requiebres del orden, incompletitud, corresponden a “diferentes manipulaciones de la imagen, que las retardan, les quitan la velocidad de la liquidez con que las nuevas tecnologías procesan las informaciones”, agregó.

A través de este ejercicio, Catalina Donoso busca dar a conocer la resistencia practicada a través de lo fallido, que a su vez es representado por medio de “infracciones, repeticiones, tartamudez e interrupción en las operaciones. En cuanto al contenido, la insistencia es por el estado sedente, por la caída, común a todas las imágenes tal vez, como un recordatorio de que la carne sucumbe”, aclaró la artista.

Por su parte, Cristián Salineros exhibe Uri, una instalación montada en dos salas y que está compuesta por un tronco de grandes dimensiones sometido a una carbonización, un dibujo o punto negro realizado con carbón, un par de botas con quillayes en su interior junto a maleza propia de la tierra en que están, un bloque de tierra compactada y dos pequeñas piezas de bronce.

“Es una obra desmembrada que se articula desde la idea de la transición y su resistencia”, explicó el artista, quien además contó que la obra (Uri) surge tras leer un libro con su hija: “En ese libro apareció un personaje muy intrigante, Uri, que más allá de su participación en la historia, suponía una disyuntiva muy notable entre la idea de ser un ser humano o ser un árbol, sin que estuviese determinado con claridad si ese transito era desde el árbol al ser humano o viceversa...”, expresa el texto curatorial de la obra de Salineros.

De este modo, Uri es un ejercicio un tanto abyecto, en donde la idea de la transición como un diálogo en disputa converge en la idea del Ser y la pertenencia a un territorio, siendo esto en sí mismo un ejercicio de resistencia. Además “los materiales que comparecen en la muestra están sometidos a una resistencia, ya sea a través del fuego, de la compactación, de la manipulación, de la relación entre los materiales, de la geometría y por sobre todo por el tiempo como factor que permite catalizar  ciertos fenómenos que me interesan, como por ejemplo la germinación, el secado, la carbonización, lo vivo y lo muerto, etc.” Concluyó afirmando Cristián Salineros.

Finalmente, ambos expositores se mostraron muy contentos con formar parte del proyecto Cabo de Hornos, que reúne a este grupo de artistas exploradores y que en su quehacer “insisten en el ejercicio de sacarle lustre a la apariencia para que muestre y transmita su naturaleza profunda que no dice, porque no habla: su don no es el verbo, es la forma, el modo como revela la superficie”, tal como explica la editorial del proyecto.

Así por ejemplo, Salineros expresó que una de sus motivaciones para exponer se centra “Básicamente en la aventura del viaje, la confianza en la invitación de Enrique y la oportunidad de volver a hacer soberanía sobre un territorio fundamental y en permanente conflicto como es la Posada del Corregidor. La posibilidad de revisitar desde otras miradas asuntos casi vernaculares de mis trabajos primarios”, puntualizó.

Catalina Donoso, por su parte, manifestó que “cuando el curador me invita a participar, asentí de inmediato. Pensé en otras curadurías en las que él fue su autor, congregando una gran cantidad de artistas, los cuales forman capas generacionales; pareciéndome esta propuesta nuevamente algo muy atractivo, y agradezco desde luego la oportunidad”.

La invitación es a visitar de forma gratuita las dos exposiciones de Cabo de Hornos, que desde el 26 de abril hasta el 29 de mayo permanecerá en la Galería Posada del Corregidor, ubicada en Esmeralda 749, entre San Antonio y Mac Iver, Metros Bellas Artes o Plaza de Armas (Línea 5).

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