Opinión:

Economía feminista: Bordar conocimiento para un nuevo modelo de sostenibilidad en tiempos de crisis

Son ineludibles los desafíos para analizar el “desarrollo” y proponer alternativas en el contexto del neoliberalismo pandémico. En Chile, arrastra consigo más de una década de movilizaciones estudiantiles, sindicales, territoriales y feministas que han marcado la agenda pública, y un estallido que paralizó al país exigiendo derechos sociales y políticos. Expresiones ante un neoliberalismo “maduro” enquistado en las instituciones, inédito en Latinoamérica y el mundo. Un modelo que ha sostenido argumentos favorables a un régimen basado en la sobreexplotación de los recursos naturales, la mercantilización de lo público y la precarización de la vida.

El COVID19 y la instalación abrupta de nuevas tecnologías y dispositivos aumentaron las tensiones agudizando esta crisis y los modos contemporáneos de re-producción social. Según el INE, en el peak de la pandemia, los sectores económicos feminizados fueron los más afectados (como servicios de alimentación, comercio y trabajo doméstico en casa particular). Además, las mujeres que dejaron de trabajar debido a ‘actividades domésticas y de cuidado’ aumentaron en un 593%. Hubo quienes pudieron adaptarse, compatibilizando el trabajo digitalizado con las demandas del hogar, pero nuevamente fuimos las mujeres quienes mayoritariamente asumimos estas tareas, incluso triplicando la jornada de trabajo. Hoy, la sensación es de sobreexplotación, y se expresa en altísimas tasas de suicidio, depresión, ansiedad y agotamiento, ¿tiene sentido seguir defendiendo ideas de desarrollo, progreso y crecimiento? 

La economía feminista señala la urgencia de problematizar la articulación entre capitalismo, patriarcado y colonialismo, desde la reproducción social. Así el análisis debe comprender la brecha que genera la división social-sexual-racial e internacional del trabajo, como también el hecho de que los cuidados y el trabajo doméstico, son condición de posibilidad del trabajo remunerado y procesos de acumulación de capital. Creemos que el trabajo no remunerado no solo debe ser valorado, reconocido y retribuido, debe entenderse como un principio de organización social. 

Bordar un nuevo modelo de sostenibilidad social implica habilitar estas discusiones en nuevos contextos y condiciones políticas, económicas y sociales. El caso de Chile muestra un escenario favorable para el diálogo y nuevas formas, sin embargo, asediado por visiones fundamentalistas y conservadoras sobre el género y los derechos de las mujeres y disidencias. Necesitamos fortalecer procesos de reivindicación política, refutando el sexismo, la heteronorma y el racismo que hemos “naturalizado” con un compromiso insoslayable ante la autonomía corporal y política.

Los feminismos han contribuido a la innovación metodológica en espacios de diálogo e incidencia, repensando el sistema de organización social, modelos económicos y despliegue tecnológico. Esta innovación interpela a los sectores productivos y las desigualdades de este contexto histórico específico. Desde un nuevo conocimiento co-producido, consciente de los efectos adversos de las tecnologías, pero redirigiendo su potencia a la emancipación: visibilizar, problematizar y crear estrategias para la transformación, desde la base del bienestar social, la sostenibilidad de la vida, la inter y ecodependencia. 

El desafío es transversalizar la perspectiva de género en la creación de conocimiento interdisciplinar, habilitando que más personas hoy puedan tener voz. Es primordial la articulación de los espacios que generan conocimiento; universidades, movimientos sociales, el estado y privados reorientando sus propósitos con una perspectiva inclusiva y más democrática. 

 

 

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