Académico Sergio Rojas presentó su nuevo libro sobre la escritura de Samuel Beckett en el Departamento de Teatro

El pasado jueves Sergio Rojas, académico de la Facultad de Artes y de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, presentó en la Sala Agustín Siré del Departamento de Teatro su nuevo libro De algún modo aún. La escritura de Samuel Beckett. En esta oportunidad, participaron de esta instancia: Mauricio Barría, dramaturgo, Dr. en Filosofía, profesor del Departamento de Teatro de la Universidad de Chile; Franco Pesce, escritor, Dr. en Literatura (U. de Cambridge), autor de las novelas Diario de la renuncia y El muerto; y Julieta Marchant, poeta, editora de Bisturí 10 y Cuadro de Tiza, autora de Contra el cliché: genio y técnica en la poesía.

Sergio Rojas es Filósofo, Doctor en Literatura, y Profesor Titular de la Universidad de Chile, quien integra diversos claustros académicos de programas de Magíster y Doctorado en la Facultad de Filosofía y Humanidades y en la Facultad de Artes. Sus principales áreas de estudio son la filosofía de la subjetividad, la estética, la filosofía de la historia y la teoría critica. Sus libros más recientes son: El problema de la historia en la filosofía crítica de Kant (2007); Escritura neobarroca (2010); El arte agotado (Sangría, 2012), Catástrofe y trascendencia en la narrativa de Diamela Eltit (2013); Las obras y sus relatos III (2017); y Tiempo sin desenlace (Sangría, 2020). En el 2013 publicó en formato plaquette La sobrevivencia cínica de la subjetividad y el 2017 Escribir el mal: literatura y violencia en América Latina.

En esta oportunidad se realizaron algunas preguntas al autor para conocer más de este nuevo texto publicado por la Editorial Pólvora.

¿Cómo surge la idea de escribir este libro?

-Leo por primera vez a Samuel Beckett en mi adolescencia, luego su escritura me ha interesado desde hace ya más de cuarenta años. Como se sabe, es una obra difícil de entender, o tal vez sería más exacto decir que es imposible terminar de entender. Cuando ves por primera vez alguna de sus obras de teatro o lees una de sus novelas, sueles tener la sensación de que no has entendido, sin embargo, lo cierto es que nunca no se entiende del todo. Creo que la obra de Beckett hace reflexionar qué significa entender -o no entender- una obra. Estas cuestiones fueron haciéndose lugar en mi pensamiento, no solo a propósito del arte, el teatro y la literatura, sino esencialmente respecto a qué significa pensar. Beckett muere en diciembre de 1989. Sucedió en ese momento algo extraño, sentí que debía escribir algo sobre Beckett; se trataba de algo así como una “deuda”, pero no con Beckett, claro está, sino conmigo mismo. Comencé entonces a ordenar algunos apuntes, notas mías que estaban en diversos lugares, incluso en los bordes de los libros de Beckett, producto de mis lecturas. Escribí un artículo al que titulé “Samuel Beckett: la obligación de expresar(se)”. Ya terminado se lo mostré a Mariano Aguirre del Diario La Época, en marzo de 1990, quien se interesó de inmediato en publicarlo. Ese artículo apareció en el suplemento Literatura y Libros del Diario La Época, en mayo del 1990, es decir, hace más de treinta años atrás. Fue lo primero que publiqué sobre Beckett. Hoy me atrevo a conjeturar que en ese momento ya estaba en mí la idea de que debía dedicar un libro a mi interés por su escritura.

Manuscrito "Murphy"

¿Cuál fue su interés de investigar acerca de la escritura de Beckett?
 

-En Beckett el lenguaje no es solo un medio, no es un recurso a la mano, sino más bien algo así como un hecho, una realidad abrumadora. Me refiero a que Beckett es siempre consciente de que las palabras no yacen simplemente disponibles, dóciles a los propósitos humanos de comunicar ideas. No hay tal cosa. El lenguaje no es ante todo un “medio” de comunicación”. A eso se refería Beckett cuando declaraba estar siempre trabajando desde la pobreza y la ignorancia. Las palabras nos han tomado antes de que hayamos pensado en hablar, por eso, decía Beckett, “hablamos con las palabras de otros”. De aquí también se sigue su compleja relación con la filosofía. Recuerdo la imagen del borrador de una de las páginas de su novela Murphy, la que fue publicada en 1939. En el borrador de esa página, que es de 1935, vemos que Beckett ha ido tachando sus propias palabras durante sucesivas revisiones, hasta terminar con la página completamente tachada. Podría decirse que Beckett escribe con el lenguaje “en contra”. Por eso que, en sentido estricto, no me interesaba escribir acerca de lo que podríamos suponer como las “ideas de Beckett” sobre el ser humano, la existencia o el arte, porque pienso que hay algo esencial en su propia escritura, en la forma en que está no simplemente usando las palabras, sino lidiando con estas. Su propósito no era decir “lo justo”, sino lo mínimo

¿Cuáles son las principales temáticas o planteamientos que aborda en esta publicación?

-Consideraba el asunto de mi libro anterior -Tiempo sin desenlace (Sangría, 2020)- como el tratamiento de algo muy personal, una reflexión de larga data sobre la cuestión del ocaso. Me asombra sentir que en este libro sobre Beckett hay una relación aún más personal. Una especie de relación conmigo mismo, con ocasión del tratamiento de los temas que abordo en cada capítulo. Dedico especial atención a lo que denomino el coeficiente filosófico de la escritura de Beckett, la que no obstante es refractaria a cualquier intento de interpretación filosófica. Dedico también un capítulo a su narrativa, concentrándome en la famosa trilogía Molloy, Malone muere y El Innombrable. Hay un capítulo sobre el teatro de Beckett, destacando aquí sus obras teatrales más conocidas. Dedico un capítulo a la cuestión del fin en Beckett, a propósito de su novela Cómo es (1961), escrita casi diez años después de El Innombrable. Esta última es una novela “difícil”, pero en cierto sentido Cómo es ya casi no es una novela. Todas las formas de significación han sido alteradas, en un esfuerzo tremendo -casi diría “poshumano”- por dar un paso más, desde donde había quedado con El Innombrable. Por otro lado, tanto la Introducción como el Epílogo de mi libro intentan dar cuenta de mi relación con la escritura de Beckett, no solo en términos de temas de mi interés, sino también de la forma en que una escritura -en este caso la de Beckett- puede operar en la relación del lector consigo mismo, a lo largo de una vida. 

¿Cómo definiría la relación de Beckett con el teatro?

-Se trata, sin duda, de una relación fundamental. Me atrevería de decir que la popularidad de Beckett se debe en gran medida a su producción teatral, más que a su narrativa. De hecho, Esperando a Godot (1952) es la obra de teatro de un autor contemporáneo que más veces fue puesta en escena durante el siglo XX. De todas maneras, la relación de Beckett con el teatro está para nosotros llena de paradojas. En una ocasión señaló Beckett que la mundial popularidad de Esperando a Godot le hacía pensar que tal vez no era una obra bien lograda. También llama sorprende su afirmación de que para él el teatro era “un descanso de la prosa”. Pareciera que con esta frase relegara al teatro a un lugar secundario, pero esto de ninguna manera es así. En mi interpretación, la frase se refiere a que cuando piensa su escritura respecto al teatro, sabe que esta acontecerá en un espacio concreto, que sus palabras estarán sonando en ese espacio, que el espectador estará observando y escuchando acontecimientos que se suceden sobre un escenario. Es decir, escribiendo teatro Beckett no tiene que lidiar con la “voz del narrador”, no tiene que estar en cada momento decidiendo cómo proceder con el sujeto que no cesa de instalarse fuera de la página, una y otra vez.

En su escritura para teatro Becket se encuentra en un peldaño superior, por decirlo de alguna manera. De todas maneras, pienso que en Beckett no es pertinente pensar la narrativa, el ensayo, el teatro, la radio, el cine, como distintas disciplinas artísticas en las que Beckett desarrolla su escritura, sino más bien como diferentes recursos de lenguaje, distintas dificultades con las que debe lidiar. Las posibilidades que nos brinda el lenguaje son a la vez límites del pensamiento. Esto es lo que nos fascina e intriga en la escritura de Beckett: el pensamiento debe lidiar con aquello que lo contiene, en todos los sentidos.   

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