Abordó los desafíos que dejó la formación en línea a resultas de la pandemia

Premian la trayectoria del director de Medichi

El encuentro anual es organizado por la Red Universitaria de Educación Continua de Chile, que se define como una agrupación libre de universidades chilenas, del más amplio espectro, que tiene como finalidad constituirse como un actor relevante en la discusión con agentes públicos y privados en torno a la definición, pertinencia, promoción y organización de este tipo de formación. Por otro lado, quiere contribuir al debate técnico y elaboración de políticas públicas en el área, desde la experiencia, excelencia y diversidad que aportan las entidades que la integran. La actividad se realizó en la Pontificia Universidad Católica del Perú, por primera vez fuera de Chile, “como una manera de afianzar las relaciones internacionales de esta red”, señala Muñoz.

Respecto de su premio, quien además es subdirector de Educación Continua de la Escuela de Postgrado de la Facultad de Medicina, explicó que “fui invitado a exponer acerca de la educación continua en pandemia, antes y después. Y cuando estaba esperando para hacer mi presentación, anunciaron sorpresivamente el premio a la trayectoria, así que no me lo esperaba para nada”.

En ese sentido, recuerda que “llegué a la Facultad de Medicina hace como 20 años, primero como académico en la Escuela de Obstetricia;  a poco andar me incorporé a Medichi, primero como director comercial y luego como director general”. Así que, añade, “me sentí orgulloso y emotivo con este premio, porque me lo dieron personas con la que he trabajado y compartido por muchos años, aunque uno no busca los reconocimientos. También pensé que la educación continua es algo que surgió y con la que nosotros, a través de Medichi, le hemos dado mucha visibilidad a la Facultad de Medicina en todo Chile y luego fuera, en un modelo que en un principio era pelear para que se tuviera fe en que se podía hacer educación a distancia en el área de medicina y salud”.

Por ello, dice, “decidí cambiar un poco mi exposición y, más que referirme a cifras y datos, me enfoqué en la perspectiva emocional de lo que vivimos: la importancia de conectarse, de estar, de dar valor a compartir con la otra persona, aunque esté en una pantalla”.

La pandemia marcó un punto de quiebre en favor de la enseñanza a distancia…

Las conclusiones apuntan que lo complejo de la educación a distancia durante la pandemia fue haber tenido que hacerla de emergencia, en donde la metodología, la perspectiva pedagógica se perdió para poder solventar esa situación. Y donde las grandes dudas fueron y son cómo digitalizar a los profesores, verdaderamente. Por otro lado, tendemos a creer que nuestros estudiantes son digitalizados, pero la verdad es que en su mayoría son más bien gamers, ellos no ven este carácter educativo de las interacciones a distancia. Además, descubrimos que lo que creíamos que estaba masificado igual nos mostró brechas de inequidad, en el acceso a dispositivos, a banda ancha, entonces tuvimos que invertir como institución del Estado.

A ello, agrega que “la gran duda que persiste es respecto de la evaluación: un alto porcentaje de los profesores cree que los estudiantes copian, y muchos de los alumnos creen que sus compañeros lo hacen. Por eso, el primer desafío es digitalizarnos todos, académicos y estudiantes; el segundo, asegurarnos que las brechas de acceso se acorten, y el tercero es entender que la educación a distancia ya demostró que puede ser efectiva y eficiente como la presencial, siempre y cuando se diseñe adecuadamente, a partir de un modelo educativo constructivista, participativo y con evaluaciones formativas, aquella en las que se retroalimenta y conduce al estudiante. De esa forma, el desafío es tener la creatividad para traer los contenidos, saber qué herramientas incorporar, entre las miles que hoy existen, para que se produzca el proceso de enseñanza aprendizaje. Pero por sobre todo hay que dar relevancia a las relaciones humanas, ya sea porque venga otra pandemia y tengamos que volver a confinarnos, no podemos dejar de pensar en que detrás de cada pantalla hay seres humanos con dolores, con familias que tenían que compartir espacios estrechos. No somos los mismos antes y después”.

 

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