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Reserva Forestal Edmundo Winkler, un verdadero tesoro al servicio de Chile

Desde 1959 la Facultad de Ciencias Forestales posee un predio de 30 hectáreas de bosque nativo en perfecto estado de conservación. Ubicado en Frutillar Bajo, en la región de los Lagos, este lugar de indescriptible belleza ha recibido a generaciones de estudiantes en sus prácticas estivales y presta servicios turísticos guiados para quienes disfrutan de la naturaleza y desean aprender de sus bondades.

Reserva Forestal Edmundo Winkler

Reserva Forestal Edmundo Winkler

El sitio ha sido utilizado para el apoyo al aprendizaje de estudiantes de la Facultad de Cs. Forestales y a la vez, se conviertan en guías para turistas que desean aprender de la naturaleza.

El sitio ha sido utilizado para el apoyo al aprendizaje de estudiantes de la Facultad de Cs. Forestales y a la vez, se conviertan en guías para turistas que desean aprender de la naturaleza.

Enclavada en Frutillar Bajo, a orillas del Lago Llanquihue, la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Chile posee una reserva forestal que destaca no sólo por su belleza y riqueza natural, sino también por la particularidad de estar inserta en una zona urbana y contribuir con el propósito académico de esta Casa de Estudios.

Se trata de un predio de 30 hectáreas donado en 1959 por don Edmundo Winkler, con el objeto de ser destinado a la preservación y el estudio de la vegetación nativa.

En el lugar se desarrollan actividades prácticas los estudiantes de la Facultad, se realizan ensayos de plantaciones de especies nativas y exóticas y además existe un vivero para la reproducción de especies arbóreas de preferencia nativas.

La reserva

La vegetación natural está constituida por un relicto de Bosque Laurifolio Valdiviano, donde se presentan como especies típicas el Ulmo, Tepa, Olivillo, Radal, Avellano, Arrayán, Laurel, Raulí y Coihue, entre muchas otras.

Se trata de un bosque en su estado natural, que sólo ha sido intervenido para delimitar el estrecho sendero por el que pueden pasar los visitantes. Aquí es posible apreciar el crecimiento de los árboles, la disposición y convivencia de las distintas especies y la lucha entre ellas por alcanzar la luz, en un bosque cuyas copas se cierran sobre las cabezas de los visitantes.

Al interior de la reserva habitan aves como el zorzal, chucao, diucón, tiuque, bandurria, traro, concón, lechuza, peuco y torcaza. Además es posible encontrar algunos ejemplares de zorros, zorrillos, monito del monte, coipo, quique e incluso pudú.

En el lugar crecen también flores como la "botellita" y hierbas como la limpiaplata o hierba del platero, que tiene propiedades medicinales, entre muchas otras. También es posible encontrar voqui naranjo y quilas que repletan casi todos los rincones del bosque haciéndolo muchas veces impenetrable.

Instalaciones

El predio cuenta con un internado para estudiantes, además de una cabaña para 12 alumnas y otra para 6 profesores, ambas totalmente equipadas; que también están disponibles para el arriendo de funcionarios y académicos de la Facultad por 20 mil pesos diarios.

Además hay una casa destinada a la residencia de la administradora, y otra para uno de los trabajadores.

La ruta de acceso se encuentra señalizada desde Frutillar Bajo, y se cuenta con una caseta de recepción a los visitantes.

La reserva es mantenida por su administradora, Viviana Mundaca, que lleva cinco años en el cargo, y los trabajadores Mateo Huenquiao y Cristian Añazco. Ellos se ocupan del mantenimiento de senderos, limpieza de maleza, transplantes, desinfección del vivero si es necesario, desplazamiento de plantas, mantenimiento de escaleras, cascadas y jardines.

Además de estas labores el personal del predio se encarga de trabajos de carpintería, electricidad y gasfitería y en general de todas las labores de mantención de las instalaciones del predio; las que son solventadas con parte de los ingresos por visitas de turistas y por ventas del vivero.

Don Mateo Huenquiao trabaja en el predio desde el año 1974, y cuenta que desde entonces las labores han ido variando, ya que antes la principal actividad era la limpieza de las plantaciones y la mantención del vivero, tareas que en la actualidad han disminuido en comparación con las visitas de turistas al sendero, que han aumentado durante los últimos años.

Vivero

La reserva cuenta con un vivero de plantas nativas, que ha disminuido fuertemente su producción en los últimos años debido a una disminución de la demanda. Entre las especies que se encuentran en el vivero hay 1500 plantas de alerce a la espera de un comprador.

La reserva forestal recibe visitantes todo el año, que recorren el sendero de interpretación del bosque nativo, correctamente señalizado según distintos puntos de interés. La idea, cuenta la administradora, es que la gente aprenda a mirar, a sentir los sonidos, las sensaciones, los olores del bosque.

Durante los meses de verano, alumnos de la Facultad realizan sus prácticas estivales desempeñando, entre otras labores, la de acompañar a los turistas como guías en sus recorridos.

El resto del año, los turistas reciben una guía de interpretación del sendero que utilizan durante su visita, y en el caso de tratarse de grupos, el personal del predio les hace una visita guiada del sendero.

Así los visitantes pueden aprender a distinguir distintas especies de árboles, a conocer las propiedades medicinales de las hierbas que se encuentran en el bosque y observar distintos tipos de hongos y flores silvestres.

El predio forma parte de la Corporación Turística de Frutillar, destinada a impulsar el turismo en la zona. Gracias a esto, aparece en folletería de la Corporación como uno de los atractivos de la ciudad. Sin embargo, debido a la escasez de material de difusión propia, la reserva no tiene toda la divulgación necesaria para ser conocido por los turistas, y durante la temporada de verano recibe un promedio de 800 o 900 visitantes, que para recorrer el sendero pagan $1000 en el caso de los adultos y $500 en el de los niños.

Dentro de las condiciones necesarias para aumentar el ingreso de turistas, y con ello los ingresos de recursos para la mantención del predio, la administradora destaca la necesidad de mejorar algunos aspectos de la infraestructura para la recepción de los visitantes.

Presencia en la comunidad 

Pero la reserva no sólo ha estado destinada a turistas y estudiantes, sino también durante los últimos años se han realizado algunas actividades orientadas a prestar un servicio a la comunidad.

Una de estas es una iniciativa organizada por la administradora del predio, Viviana Mundaca, en conjunto con una escuela de escasos recursos de Frutillar. Durante todo un año, el personal destinó un día de cada mes a recibir a un grupo de alumnos de tercero básico junto a sus profesoras para realizar actividades educativas.

Los niños aprendían a criar plantas y practicaban las matemáticas contándolas, alineándolas y calculando cuántas caben en determinados espacios. Además aprendían a hacer control de calidad de las plantas, y por supuesto tenían la oportunidad de recorrer el sendero por el bosque nativo.

Otra actividad organizada en conjunto con el municipio fueron clases de gimnasia al aire libre para mujeres con sobrepeso, que participan regularmente en un programa de ejercicios en la municipalidad y que tuvieron la oportunidad de realizar algunas de sus clases en las extensas áreas verdes que ofrece la reserva.

Dirección

La dirección de los predios de la Facultad (Frutillar y Pantanillos) está a cargo de un académico, que en este momento es el Profesor Guillermo Guerra. Anteriormente fue administrado por el Prof. Manuel Toral y antes de él por muchos años estuvo a cargo el Prof. Iván Ulloa.

Prácticas estivales

Los alumnos de Ingeniería Forestal e Ingeniería de la Madera visitan periódicamente el predio en el periodo estival, en el que conocen las características de las especies nativas de la zona sur y realizan diversas actividades prácticas. Además ocupan este lugar como sede para salir a recorrer las distintas industrias forestales y madereras de la región.

Paralelamente a esto, a lo largo del periodo estival se van alternando grupos de tres alumnos de primer año de Ingeniería Forestal que, debido a tener las mejores notas de su curso, tienen la oportunidad de realizar una práctica de 15 días en la reserva. Los estudiantes deben hacer labores como trabajo en el vivero, arreglar y mantener los senderos, recibir a los clientes y turistas y guiarlos por el recorrido del sendero.

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