Buscador de noticias

Por título o palabra clave
  • Por fecha de publicación
Facebook Tweet Google+

Instituto de la Comunicación e Imagen

La mayor concentración de la propiedad de los medios en Latinoamérica

Chile líder otra vez

por Horacio Brum

Horacio Brum.

Horacio Brum.

Antes de fin de año será aprobada por el Parlamento uruguayo una ley de respaldo y estímulo a la actividad de las radios y televisoras comunitarias. Desde su presentación en la Cámara de Diputados, el proyecto no tuvo más de siete meses de trámite y el 14 de noviembre pasado fue aprobado por una amplia mayoría en el Senado. Según las principales organizaciones internacionales de defensa de la libertad de expresión, la legislación uruguaya será un ejemplo a imitar: "un precedente crucial para América Latina", en las palabras del comunicado al respecto emitido por Reporteros sin Fronteras.

Bajo los términos de la nueva ley, las organizaciones sociales podrán poseer estaciones de radio y televisión sin restricciones de cobertura y financiadas de la forma que ellas mismas determinen como más conveniente. Además, las frecuencias se otorgarán y renovarán por concursos públicos y abiertos, quedando reservado un tercio del espectro para las radios y televisoras comunitarias.

Esta es parte de la implementación de los planes para democratizar los medios de comunicación con que llegó al gobierno la coalición izquierdista Frente Amplio, planes que constituyen una de las bases de su proyecto de país, denominado "Uruguay Democrático". Para la campaña electoral de 2003-2004, la alianza de partidos de izquierda que llevó a la presidencia a Tabaré Vázquez formó el Grupo de Trabajo de la Sociedad de la Información y la Unidad Temática de Medios de Comunicación, encargados de desarrollar propuestas para democratizar la comunicación, como un paso fundamental para ampliar la participación ciudadana enel gobierno y el funcionamiento del país.

Lo que se está haciendo en Uruguay demuestra que, con voluntad política y un sistema representativo que realmente responda a las necesidades y aspiraciones ciudadanas, es posible romper los monopolios de la comunicación,un objetivo que responde al interés público de muchos países de la región.

Guillermo Mastrini, profesor e investigador de la Universidad de Buenos Aires, publicó en 2006, junto a su colega Martín Becerra de la Universidad de Quilmes, el primer estudio regional sobre el tema (1). Sobre la base de sus investigaciones en diez países de América Latina, desde México a Chile, Mastrini sostiene que "en una propiedad concentrada la configuración de la agenda de los medios [...] tiende a ser bastante parecida y además tiende a revalidar el statu- quo" (2). Estos conceptos tienen distintos matices en la región, pero podrían ajustarse perfectamente a la situación chilena y, en particular, a lo que ocurre con los medios escritos del país.

Las radios comunitarias chilenas, si bien continúan con limitaciones y deben luchar contra la formidable oposición de la Asociación de Radiodifusores de Chile (ARCHI), están obteniendo una mayor libertad. Por otro lado, las radios comerciales están sufriendo el avance de los grandes grupos extranjeros, pero todavía mantienen una diversificación de la propiedad razonable, en especial fuera de Santiago. En cuanto a la televisión, aunque está concentrada en pocas manos, al menos hay un canal estatal (sujeto a controles políticos indirectos, especialmente en su directorio integrado por "cuoteos" y con la autonomía cultural limitada por el autofinanciamiento) que compite ventajosamente con los privados en las cifras de audiencia y que, bajo un futuro gobierno más interesado en el papel educativo e informativo de los medios que los habidos hasta ahora, tiene el potencial para hacer una TV pública de calidad, como existe en los países donde el desarrollo no se limita a las cifras económicas. Es en los diarios donde el fenómeno de la concentración causa asombro, al establecer comparaciones con otros países latinoamericanos; y donde, sin dudas, Chile tiene un puesto de reprochable liderazgo.

Si de los 56 diarios (sin contar los de distribución gratuita) que existen en un país, 23 pertenecen a la misma empresa, la cual es propietaria de tres de los cinco periódicos de alcance nacional y de casi la mitad de los regionales; ni por ingenuidad o ignorancia es posible dejar de ver que ese país, Chile, tiene un grave problema en la propiedad de los medios escritos. Hace unos meses, El Mercurio convirtió a El Sur de Concepción en el vigésimo eslabón de su cadena regional, con lo cual desapareció el último de los diarios independientes de alguna influencia que se publican fuera de Santiago. Actualmente, El Sur se va convirtiendo en un Mercurio con otro nombre, tanto en el aspecto como en el contenido; e incluso es posible leer en él artículos con las mismas ideas, enfoques y expresiones que los publicados por el diario cabeza del grupo. Todo esto ha ocurrido sin que ninguna ley controle la expansión "mercurial" y sin que los círculos políticos o del gobierno demuestren alguna preocupación.

Por otra parte, el problema de la propiedad no sería tan grave si existiese, al menos, un atisbo de pluralismo político entre los grupos que controlan el mercado de la prensa. Pero tanto la empresa El Mercurio como COPESA, propietaria del otro diario importante de circulación nacional, están alineados con la derecha política y económica; y muestran claramente dicho sesgo en la cobertura de las noticias, propalando una suerte de "pensamiento único". A El Mercurio hay que agregarle la impronta moral de los grupos más reaccionarios de la Iglesia Católica y un conservadurismo social que no tiene parangón, ni siquiera entre sus pares de la alianza de medios conservadores que conforman el Grupo de Diarios de América. Frente a ese formidable bloque de derecha queda solamente La Nación, la cual también padece las ambigüedades de ser un medio estatal gobernado por "cuoteos" políticos, y que no tiene ni por asomo el poder económico o la influencia de sus competidores en la agenda de los temas nacionales.

Un rápido vistazo a la propiedad de los medios escritos en los países del Mercosur, donde el tema se discute permanentemente (como lo reflejó el reciente caso de la renuncia del presidente del Senado brasileño, Renán Calheiros, acusado -entre otras cosas- de querer comprar radios por medio de testaferros), denota que el problema de la concentración en Chile es muy grave.

Según una encuesta realizada recientemente por el Servicio Mundial de la BBC (3), el 80% de los brasileños se manifiestan preocupados por la concentración de la propiedad de los medios en su país. A pesar de eso, los diarios principales de los cinco grandes grupos de la prensa (que también suelen tener una presencia importante en la radio y la televisión) se reparten entre todos poco más del 25% de la circulación nacional, que llega a los siete millones de ejemplares al día. Las empresas Globo, Folha, Estado, Rede Brasil Sul y Companhia Brasileira Multimídia poseen ocho de los diez periódicos de mayor tiraje: Extra, O Globo, Diário de São Paulo, Folha de São Paulo, O Estado de SãoPaulo, Zero Hora, Diário Gaúcho y Gazeta Mercantil. Esto, en un total de 535 diarios para todo el país y un mercado de casi 190 millones de habitantes. En ese espectro hay una variedad de orientaciones políticas, con más inclinación a la centro-derecha. A su vez, desde universidades y otros centros de estudios, al igual que desde varias organizaciones civiles (P.ej.: Foro Nacional para la Democratización de las Comunicaciones; Observatorio de los Medios), se monitorean permanentemente factores como el pluralismo y la objetividad de los medios.

En Argentina, no hay dudas de que Clarín y La Nación se reparten el mayor caudal de lectores, así como la "torta" de la publicidad en los medios escritos. Clarín ha formado en las últimas dos décadas un importante grupo multimedios, con empresas de TV por cable, radios y editoras de revistas. Sin embargo, sólo posee dos diarios provinciales (en Córdoba y Mendoza) y La Razón, de distribución gratuita. La Nación, que es el diario más antiguo del país (137 años), no ha formado ningún conglomerado de prensa y se mantiene como propiedad exclusiva de la familia Mitre, descendiente del general-presidente que fue su fundador. No obstante su peso en el reparto de la publicidad, Clarín y La Nación conviven con varios otros diarios nacionales que tienen cuotas de influencia importantes. Desde el izquierdista Página 12 hasta el independiente semanario-diario Perfil y el sensacionalista Crónica; sin dejar de lado otras publicaciones de público más restringido, pero también influyentes, como los económicos El Cronista Comercial, Ambito Financiero, InfoBAE, y el Buenos Aires Herald, que no sólo es leído por la comunidad británica. Si de líneas políticas se trata, La Nación adhiere a los postulados de la derecha y del liberalismo económico (aunque en comparación con El Mercurio, su discurso parece casi izquierdista) y Clarín mantiene un centro oscilante, que en numerosas oportunidades le ha valido críticas, por su supuesta connivencia con los gobiernos de turno. Sea como sea, en un universo de 184 diarios, entre nacionales y provinciales, la propiedad parece razonablemente diversificada y en Argentina causa más preocupación el tema de la radio y la televisión en los grupos multimedios.

Al otro lado del Río de la Plata, Uruguay tiene una larga tradición de diarios "de partido", que siempre dejaron muy en claro su alineamiento con uno u otro sector político y que se repartieron el público lector en forma más o menos equitativa. Con nombres como El Día, El País, El Debate, El Popular, Acción, ElPlata, El Diario y La Mañana, todas las ideologías tenían sus voces en la prensa de alcance nacional, en un país que aún hoy exhibe la mayor proporción de diarios respecto de su número de habitantes: 9 por millón. Superior a los 3 de Argentina, 2,9 de Brasil o 3,6 de Chile (4). Los avatares económicos y los años de dictadura militar (1973-1985) alteraron ese sistema de prensa y hoy solamente sobrevive El País como un diario incondicional de un sector político, representando al ala más conservadora y nacionalista del Partido Blanco, una de las dos colectividades históricas que hasta 2004 se alternaron en el gobierno. No obstante, debe competir con La República, alineada con la izquierda gobernante; con El Observador, afín al liberalismo político y económico; con Las Últimas Noticias, derechista y neoliberal; y con el semanario-diario Brecha, heredero de Marcha, una de las publicaciones más prestigiosas de la izquierda intelectual latinoamericana. Ninguna de las empresas propietarias posee otros diarios; y fuera de Montevideo existen más de veinte medios escritos, que por lo general mantienen una línea editorial independiente y localista.

Paraguay es el país del Mercosur con la menor proporción de diarios por habitante (1,5 por millón), pero tampoco es posible hablar de un grupo o familia que controle la mayor parte de la prensa. Los diarios nacionales de mayor circulación (ABC Color, Noticias, Diario Popular y Última Hora) pertenecen a distintos empresarios, algunos cercanos al Partido Colorado de gobierno y otros simpatizantes de la oposición. ABC Color, que es probablemente el único conocido fuera de las fronteras del país, se destacó por su lucha contra la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989) y en democracia ha mantenido una distancia crítica de los gobiernos. Una acusación frecuente contra los diarios paraguayos es que pertenecen a la clase dominante nacional, pero lo cierto es que dentro de esa misma clase hay visiones radicalmente opuestas sobre el legado de la dictadura y sobre el desarrollo actual del sistema político, visiones que se reflejan en los medios.

Daniel Hertz, miembro del Foro Nacional para la Democratización de las Comunicaciones y director del Instituto de Estudios e Investigaciones en Comunicación de Brasil, sostiene que los medios impresos "son un complemento esencial para la capacitación cultural de los ciudadanos, pues son más propicios que la televisión para estimular el desarrollo de la capacidad de reflexión crítica y la autonomía intelectual de los individuos" (5). Si consideramos bajo esa óptica la concentración de la propiedad existente en Chile, no es de extrañar que una encuesta reciente (La Tercera, octubre 2007) revelara el triunfo del "pensamiento único": 55% de los chilenos respalda el modelo económico imperante y apenas 17% cree que es importante disminuir la brecha entre los ricos y los pobres. Esa brecha que también mantiene a Chile en otra posición de liderazgo, como uno de los países más desiguales de América Latina y del mundo.

(1) Mastrini, G. y Becerra, M.: “Periodistas y Magnates. Estructura y Concentración de las industrias culturales en América Latina”; Prometeo Libros, Buenos Aires, 2006.

(2) Mastrini, G.: Entrevista de Marcelo R. Pereyra en "América Latina: negocios turbios, política y medios, una relación muy fluida".

www.conexhion.com/home/portada/t_libertad_expresion

(3) “World ‘divided’ on press freedom”.

http://news.bbc.co.uk/2/hi/in_depth/7134918.stm

(4) Basado en estadísticas de la Unesco y de la Asociación de la Prensa Uruguaya.

(5) Entrevista de Luiz Egypto en: “Quem são os donos da mídia no Brasil”.

http://observatorio.ultimosegundo.ig.com.br/cadernos/cid240420021

 

Texto: Horacio Brum
Fecha de publicación:
Sábado 5 de enero, 2008

  • Compartir:
    https://uchile.cl/u53240
Su mensaje fue enviado correctamente
Nombre del Destinatario:
E-mail destinatario:
Su nombre:
Su e-mail:
Comentarios: