Discursos

EUGENIO MARIA DE HOSTOS: EDUCADOR Y POLITICO. Discurso del Rector de la Universidad de Chile con motivo del homenaje al educador.

Salón de Honor de la Universidad de Chile. Agosto 11 de 2003

Organizado por la Sociedad de Escritores y el Liceo Eugenio María de Hostos de Santiago de Chile.

INTRODUCCIÓN

Mis primeros recuerdos del viejo Liceo de Agustinas y Esperanza, es la severa imagen de un busto dedicado a Eugenio María de Hostos ubicado en lo que denominábamos el “patio de los profesores”, el cual se adornaba además por un sencillo parrón y estaba contiguo a las oficinas de la Rectoría, la Inspectoría General, la Sala de Profesores, la Oficina de Contabilidad y la Biblioteca del colegio.  Ese patio, que albergaba la serena solemnidad de la educación pública de mediados del siglo pasado, representaba así el homenaje a un hombre que para nosotros resultaba desconocido.  El profesor Raúl Gamboni, recuerdo, nos explicó a los alumnos de primero de humanidades –los que habíamos pasado a ser cobijados en el “Liceo Grande” como el devenir natural después de nuestros años en el Anexo de Calle Erasmo Escala—que de Hostos había sido el verdadero creador del Liceo, su Primer Director  y quién había hecho mucho por la educación en nuestro país, no obstante ser extranjero.   Transcurrieron los años de humanidades, nuestras esperanzas cada día acrecentadas por el diario paso del patio en que de Hostos nos observaba solemne y admonitorio, como si nos estuviese desafiando para poner más dedicación y para así también comprometernos con cosas más allá de la educación que recibíamos, junto a los grandes conflictos que enfrentaba nuestra sociedad.  Nunca olvidé esa imagen severa, que contenía en el fondo una mirada triste, melancólica, casi como si pidiese un consuelo en que siguiésemos su ejemplo.   Quizás por ello, una de las más grandes satisfacciones al recibir un homenaje en mi Liceo Amunátegui cuando fui elegido Rector de la Universidad de Chile, fue posar con varios de mis ex compañeros junto al busto de de Hostos, para de ese modo decirle de alguna manera que la huella que él había marcado como un defensor de la educación había sido seguida por quien, con menos brillantez y quizás menos valentía, defendía un siglo más tarde, los mismos principios educacionales que él alentó, la misma lucha por la defensa de un Estado protector y promotor de la educación..

DE HOSTOS Y SU RECORRIDO DE VIDA

Nacido en el partido de Río Cañas, Puerto Rico, un 11 de enero de 1839 Eugenio María de Hostos y Bonilla inició a los ocho años la instrucción primaria en el Liceo San Juan, siendo posteriormente enviado a Bilbao, España, para culminar su instrucción básica y seguir Bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Bilbao. Este primer viaje a tierras lejanas a su patria marcaría el comienzo de un largo peregrinaje de de Hostos por distintas capitales del orbe buscando la forma de consolidar, en su Puerto Rico natal, una República independiente.  Su educación en España despertaría en él, quizás debido al contraste con la realidad que observó en la educación en su patria natal y por el acercamiento con la realidad de la liberación de casi todo el continente sometido al dominio español por siglos,  un instinto político indetenible, un ánimo fuerte y decidido por la lucha política emancipadora, como también por la reinvindicación de aquellos principios que resultaban indispensables de alentar en la construcción de una verdadera y sostenible independencia nacional.

Una vez concluida su instrucción secundaria regresó a Puerto Rico, pero solo por un breve período, puesto el joven de Hostos regresaría luego a Madrid a estudiar Derecho en la Universidad Central. En España como en sus colonias de Cuba y Puerto Rico corrían tiempos difíciles: mientras en Europa se debía lidiar con grandes pestes como la viruela, en las Antillas se extendía la lucha por la soberanía que brotaba de todas partes, y ponía señales de conflicto e insatisfacción por doquier.   Sin dejar de pensar en la situación de su tierra, de Hostos prontamente encontró en España consideración y estimación de varias personalidades de la época quienes atentamente seguían sus discursos en el Ateneo de Madrid, como asimismo sus artículos en distintos periódicos en defensa de las Antillas y de la liberación de los esclavos negros. En 1863 cristalizó de manera concreta su trabajo sobre las ideas de patriotismo y su labor humanitaria en La Peregrinación de Bayoán, donde describe los múltiples abusos del régimen colonial español y señala el camino de la libertad para las Antillas.

Convencido de su causa libertaria, formalizó una petición para liberar a las Antillas y a los esclavos negros. Si bien la petición no fue escuchada por la Reina Isabel II, tuvo eco en la arena política española, donde perdió la amistad de los conservadores y del gobierno, ganando, sin embargo,  su causa adeptos en el republicanismo español el cual por múltiples manifestaciones se comprometió con de Hostos en cuanto a darle autonomía a Cuba y Puerto Rico una vez instaurada la República en España.  En esta lucha el joven de Hostos mostraba su temple, su valentía, su liderazgo –diríamos en nuestra interpretación actual—su capacidad de conducir ideas que iban contra lo establecido, con quienes se oponían a la continuidad y la tradición, despertando las conciencias humanitarias que, como siempre, iban contra el poder y los recursos que derivaban de la explotación de las aún colonias en el nuevo mundo.  

De Hostos y Bonilla se convirtió en un importante agente de agitación en la península ibérica, encabezando la iniciativa de ni más ni menos derrocar a Isabel II, objetivo en que se comprometió públicamente hasta que se impuso la censura a la prensa, momento en que de Hostos abandona la Universidad y se radica en París, virtualmente exiliado, junto a Cautelar, Salmerón y otros españoles que luchaban por la instauración de un régimen republicano en España.  Una vez derrocada la monarquía, en España se instaló un gobierno provisorio que lamentablemente postergó una vez más las aspiraciones de Cuba y Puerto Rico, continuando de esa manera con la aplicación de la misma política monárquica para los asuntos de las Antillas.  Por ello, de Hostos comprendió que debía redoblar sus esfuerzos para liberar a su tierra natal del yugo español, más allá de los cambios en la situación política española.  En el Ateneo de Madrid ofreció distintos discursos en pro de su causa y en contra del gobierno colonial español en las Antillas.   Muchos de sus antiguos amigos le volvieron la espalda, puesto que parecía resultarles más cómodo el seguir con la política opresiva y dominante tradicional, valiéndoles un buen pacto con los sectores más conservadores   Este episodio es uno de los claves en la vida de de Hostos, y se recordará más tarde cuando, de modo similar, no sería premiado con el reconocimiento por su obra, ni apoyado en su esfuerzo y su compromiso.

DE HOSTOS Y SU RECORRIDO POR EL MUNDO

En lugar de claudicar y unirse a los vencedores de esa jornada en España, de Hostos emigró a París desde donde viajaría a Nueva York para participar de la Junta Revolucionaria de Cuba, que comenzaba a reclamar la independencia de la isla.  Dos años completos estuvo de Hostos en Nueva York trabajando arduamente por la causa independentista, sin dejar tampoco de compenetrarse del mundo intelectual que empezaba a bullir por la afluencia, Europea y mundial. En su tercera década de vida, emprendió en 1871 un viaje a Sudamérica, convencido que la independencia de Puerto Rico y Cuba debía contar con el apoyo de las emergentes repúblicas latinoamericanas. Cuatro años duraría este recorrido por Perú, Argentina, Colombia, Brasil y Chile, donde aprendió y también influyó con maestría en el debate intelectual local a través de varios y destacados aportes: baste con señalar la campaña a favor de los trabajadores ferroviarios chinos en el Perú, el empuje al Ferrocarril Trasandino en Argentina o el definitivo impulso a la educación científica de las mujeres en Chile, además de centenares de discursos y artículos que publicó en los medios escritos de estas naciones.  La política pública era algo que emergía naturalmente de su espíritu sensible y su inteligencia preclara.

Su primera estadía en Chile entre 1872 y 1873 fue de solo un año de duración, pero bastó para que publicara una serie de textos entre los que destacan Reseña histórica de Puerto Rico, Memoria de la Exposición de 1872, La enseñanza científica de la mujer y Juicio crítico de Hamlet, obra que encierra particular atractivo por ser considerada como uno de los grandes trabajos escritos sobre esta monumental obra de Shakespeare.

Parece que, a pesar de la breve extensión de su visita,  nuestra patria caló hondo en sus sentimientos y fortificó de manera especial su ideario. En 1874, de Hostos se encontraba en Brasil cooperando activamente a la imagen internacional de Chile en el escenario mundial y trabajando en la América Ilustrada, además de realizar innumerables cartas y artículos para La Nación de Buenos Aires.  Al año siguiente 1875, desde República Dominicana, trabajaría arduamente por la liberación e instauración de una República para las Antillas, tarea que continuaría con su regreso a Nueva York en 1876, desde donde marcharía posteriormente a Caracas-Venezuela,  para así comenzar a desentrañar uno de los aportes más significativos de su investigación y trabajo en pedagogía, iniciando en este punto de su vida, ya casi un cuarentón, su suprema y resaltada labor magisterial.

Al término de “la guerra de diez años” por la independencia de Cuba, de Hostos decide trasladarse a la República Dominicana, donde desarrolla el proyecto de Ley de Escuelas Normales y se le concede la dirección de la Escuela Normal de Santo Domingo en 1880. Las nuevas ideas de de Hostos como educador traerán una fuerte controversia en la comunidad académica de Santo Domingo, pero ya había encontrado nuestro personaje su leiv motiv, su gran norte intelectual y político: el reto de la educación.  Abrió todos los espacios y combatió todo lo necesario para que su proyecto en la Escuela Normal presentase frutos de mérito y proyección.  El éxito contundente de esta experiencia y sus innumerables aportes desde las cátedras de Derecho Penal, Constitucional e Internacional y de Economía Política en el Instituto Profesional de Santo Domingo, más sus innumerables publicaciones y artículos le valieron para “echar raíces” en esta República y establecer la familia que lo acompañaría en su segunda incursión a nuestra patria en 1888. 

La exploración de la agitada vida de de Hostos permite representar al hombre que recorrió parte importante del mundo para propagar sus ideas, y para protegerse de los efectos que causaban ellas en quienes no las compartían, pero que sí disfrutaban del ejercicio del poder.  Este recorrido nos muestra al de Hostos idealista, al de Hostos político y al de Hostos promotor del humanismo y la libertad de los pueblos.  Nada más natural, entonces, que él concentrara su hacer en la educación y el proceso educativo, como también en las políticas públicas que atienden a este campo, puesto que sus ideas no podían tener efecto mayor que a través de las nuevas generaciones, donde, de acuerdo a su óptica, había que provocar el cambio de visión que se necesitaba para una sociedad verdaderamente libertaria.

DE HOSTOS Y SU PRIMER ACERCAMIENTO A CHILE

Durante la primera visita a Chile en 1872, coexistían en el país varios indicadores que le señalaban como un país líder dentro de la región.  El desarrollo económico y un dinámico proceso social y cultural se consolidaban a medida que nuestro país avanzaba hacia el primer lugar de los productores de cobre a nivel mundial.   Eran las manifestaciones de un éxito económico que se frustraría posteriormente de modo evidente y lamentable, posponiendo las esperanzas económicas de desarrollo por más de un siglo.  Entre los resultados positivos, estaba que el crecimiento de la alfabetización y escolaridad, sumado al creciente número de ciudadanos en condiciones de emitir sufragio, habían consolidado una opinión pública ávida de información y expresión.  Los medios de comunicación de aquel entonces, particularmente la prensa escrita, se consolidaron como un canal de comunicación efectiva entre el acontecer nacional y la sociedad en su conjunto.  La clase política era productora de grandes debates sobre el curso futuro del país, y desde el gobierno se alentaba la construcción de un rico panorama educacional, que daba lugar a una enseñanza primaria de creciente cobertura, a una enseñanza técnica del mejor nivel, a la formación de un profesorado de excelencia formado en las escuelas normales, y con una Universidad de Chile que ya, treinta años después de su fundación y bajo el Rectorado de Domeyko, se convertía en el poderoso faro de luz sobre la región latinoamericana que prevalecería hasta nuestros días.

La sociedad chilena se encontraba en pleno diálogo sobre cuestiones fundamentales para el desarrollo futuro. El matrimonio civil, la libertad de culto, los cementerios, la libertad de enseñanza y la conformación del Estado Docente eran temas transversales del quehacer de la época.  El Cerro Santa Lucía, el Parque Cousiño, el Teatro Municipal y la Casa Central de la Universidad de Chile eran algunas de las construcciones que daban cuenta del dinámico proceso de transformación social y cultural que vivía nuestro país, particularmente su capital.

Entre las distintas causas que Eugenio María de Hostos y Bonilla “abrazó” en nuestro país en su primera visita, aquella de los derechos de la mujer a una educación superior conformaría el aporte más significativo y decisivo.  Pero fue durante su segunda visita a Chile, cuando en 1889 cumplía 50 años, y era ya una autoridad intelectual americana de reconocido mérito, cuando de Hostos realiza la más influyente tarea en nuestro país, particularmente en materia de educación y política educacional. 

DE HOSTOS Y SU VISION DE LA EDUCACION

Hacia 1880, Chile implementaba una significativa reforma educacional. Se estaban introduciendo nuevos conceptos y métodos de educación dentro de un sistema denominado concéntrico o evolutivo que, básicamente, consistía en un cambio del enciclopedismo al evolucionismo y que tenía por particularidad el promover un método inductivo-deductivo. Eugenio María de Hostos, discurre sobre las bases psicológicas, sociales, morales y pedagógicas sobre las cuales debe estructurarse la educación nacional, y muy en especial la educación secundaria, y asimismo sobre la tarea que deberían asumir los profesores secundarios en la transformación del país.  A pesar de contar con sólo ochenta y un años de vida independiente, Chile había logrado crear sólidas  instituciones tales como la Sociedad Nacional de Minería, la de Agricultura, la de Fomento Fabril, la Médica y la Asociación de Artistas que, a decir de de Hostos, permitían considerar a nuestra Patria no sólo un estado de derecho sino un "estado de cultura" que necesita de instituciones educativas cuyo fin sea la transmisión de la verdad y del conocimiento.

El lema de de Hostos era que la "verdad para el entendimiento, belleza para el sentimiento, salud para los órganos", debía ser transmitida por medio de la enseñanza secundaria para dar "continuidad y enlace a los conocimientos, desde los fundamentales hasta los profesionales", logrando de esa forma "la divulgación de las verdades elementales" y el "favorecimiento de una clase industrial".  Hacia 1860 cuando el Presidente Manuel Montt consagra el principio de la gratuidad de la enseñanza primaria, la posición predominante sobre la educación corresponde a la filosofía de la república oligárquica, es decir, se pensaba que podría ser un factor “nocivo” enseñar a leer a toda la comunidad, mientras que la educación secundaria o enseñanza media cumplía, en aquel concepto, el objeto de preparar a los hijos de la burguesía para el ingreso a la Universidad.   De Hostos, en cambio, planteaba que la educación secundaria había de constituir la “dispensadora de la verdad científica”, que en sus conceptos más comunes, deben ser “más accesibles al entendimiento de la comunidad" que a través de una enseñanza “inductiva o secundaria" podrá facilitar el ascenso social de la “muchedumbre inclasificada” para permitirle constituirse en un factor “jurídico e industrial".

De esta forma, de Hostos presenta una visión de la educación secundaria en extremo consonante con las ideas de su contemporáneo Profesor Valentín Letelier, destacado Rector de nuestra institución a comienzos del siglo XX.   Se trataba de crear una educación que se destinara a formar personas y ciudadanos, y que por ello había de constituirse en responsabilidad fundamental del Estado.  En otras palabras, para de Hostos el rol crucial de la educación está en la transformación de una “muchedumbre”, concepto socialmente disforme, en una clase social consciente. La enseñanza secundaria, en su visión, tiene la responsabilidad de crear el cambio cultural fundamental para el progreso social y económico, factor esencial e imprescindible para la transformación americana y su liberación mental de España.  Por consiguiente, la reforma de fines del siglo XIX pretendía hacer efectiva la enseñanza y que los conocimientos adquiridos durante la instrucción fuesen tan sólidos como para detonar un desarrollo espontáneo de la cultura individual.

Los  profesores, en consecuencia, debían centrar sus esfuerzos en el método, para así reformar y mejorar la educación nacional.  Sin embargo, la inspiración esencial no debía dejar de ser que instruir es “educar el entendimiento”, de manera tal que se generen las condiciones para que la actividad intelectual se ejercite y se exprese en toda su magnitud y en cada uno de los jóvenes educandos. Para de Hostos, el método debe ser eminentemente evolutivo, porque está subordinado al desarrollo de la razón y concéntrico en cuanto todos los procesos metodológicos deben converger en su desarrollo racional.  Este es, precisamente, el objetivo de la reforma educacional de fines del siglo XIX: una evolución gradual que comienza intuitivamente en la preparatoria, para posteriormente incorporar en la inducción en la instrucción de nivel secundario, de modo que, al final de los dos ciclos o círculos de conocimientos, a través de la deducción, el estudiante pueda llegar al conocimiento positivo, consiguiendo el objetivo de poner al educando en la posición de adquirir conocimiento como actitud de vida.

Para de Hostos el educador es, antes que nada, “un educador de la conciencia infantil y juvenil” y la escuela es un “fundamento de moral".  La educación, por consecuencia, se transforma en una actividad integral de la vida intelectual, práctica y activa que se desarrolla como fundamento moral de la sociedad.  Sostenía que llevar la sociedad a la consecución de los fines que ella misma establece constituye una tarea fundamental del Estado y que, para conseguir este objetivo y mantener la ley y el orden, debía contarse con instituciones que contribuyan a reforzar en los ciudadanos los valores que la unifican.

El Estado, al asumir su responsabilidad docente, se constituye en un mecanismo integrador de los principios fundamentales de la moral social y otorga las herramientas intelectuales básicas para que el desarrollo de la razón y la estética sean de igual forma accesibles para todos los ciudadanos.  Se cimentaba así la democracia y se constituye un proceso que permitiese el progreso social y económico fundado en igualdad de oportunidades y condiciones, para el mejor aprovechamiento de los recursos de la sociedad.

“Se educará el sentimiento y la voluntad, no en dogmas religiosos o morales o políticos, o científicos o literarios que sean germen de fanatismo exclusivista”, decía de Hostos. Se deberá inculcar el “ejercicio de lo bello bueno y del bien concreto”, la práctica de “todas las tolerancias”, todo ello en miras de “manifestar la eficacia de las leyes inconmovibles de la naturaleza".  Estos principios permanecieron durante muchos años como la inspiración del proceso educativo nacional, en manos del Estado como principal impulsor y como garante de la participación de las grandes mayorías nacionales, en una educación de calidad y con compromiso con los grandes objetivos del país.

DE HOSTOS Y EL LICEO AMUNATEGUI

El 18 de abril de 1888 Eugenio María de Hostos es nombrado Rector del Liceo de Chillán, con el objetivo principal de incorporar al sistema educativo nacional el concepto de sistema educacional concéntrico o evolutivo. En mayo de 1890 y en virtud de las expectativas derivadas de su encomiable gestión como Rector del Liceo de Chillán, el presidente don Manuel Balmaceda y el ministro Bañados crearon en Santiago el Liceo Miguel Luis Amunátegui, nombrando como su primer  Rector a Eugenia María de Hostos y Bonilla,  ampliando de esa forma las fronteras y posibilidades de acción del educador puertorriqueño.

En ese período de Hostos, además, asume la cátedra de Derecho Constitucional en la Facultad de Leyes de nuestra Casa de Estudios y participa activamente en la conformación de la enseñanza de la sociología en nuestro país que, finalmente, se transformaría en la segunda Cátedra de Sociología incluida en el mundo e impartida en nuestra institución universitaria.

En 1891, Chile está en vísperas del triste episodio de la guerra civil que culminará con el dominio de la oligarquía desde el Congreso hasta 1920.  De Hostos intentó abrirse camino en este nuevo escenario y continuó trabajando hasta que abandona definitivamente el país en 1898.  La fundación del Liceo Miguel Luis Amunátegui tenía por objeto dar la infraestructura necesaria para plasmar los conceptos e ideas que adopta el gobierno de Chile sobre la educación.  Durante este período, el gobierno le dio un impulso definitivo a la enseñanza profesional y a la enseñanza secundaria, a través de la fundación de varios liceos en Santiago y provincias, lo cual trajo consigo la aprobación del Plan de Enseñanza Concéntrica en enero de 1889, proyecto impulsado por un grupo de pedagogos alemanes contratados por el gobierno y por Eugenio María de Hostos.  Esto iba a revolucionar el sistema educacional, particularmente en la enseñanza media y superior, actividades que hasta aquel entonces eran solo complementarias a la educación primaria y que carecían de conocimientos pedagógicos avanzados en su aplicación.

De acuerdo a la Ley, el Rector de la Universidad de Chile de la época, doctor José Joaquín Aguirre, conformó una terna para elegir al Rector del recién creado Liceo Amunátegui, el cual por su ubicación en Santiago atendería las necesidades de la creciente clase media urbana de la expansiva zona centro oeste de la capital.  La lista la componían Eugenio María de Hostos, rector del Liceo de Chillán; Julio Pizarro, rector del Liceo de Ancud y Bernardino Quijada, rector del Liceo de Rancagua.  Finalmente de Hostos fue elegido, seguido por Quijada y Pizarro en el mismo orden.  En consecuencia, el 20 de marzo de 1890 se nombra a de Hostos como Rector del Liceo Miguel Luis Amunátegui.

El nuevo establecimiento comenzó a funcionar en marzo de 1890.  Contaba con tres cursos de preparatorias y un primer año de humanidades con una matrícula total de 108 estudiantes.  Sin embargo, la alta deserción escolar para rendir los exámenes, hace que de Hostos proponga reglamentar la formación educacional en dos grados y que la ley obligue, por lo menos, la permanencia del alumno en el liceo hasta terminar tercer año, de manera tal que el alumno consiga un título al final de este período de tres años y que este último sea requisito para continuar la enseñanza técnica en las Escuelas de Artes y  Oficios, de Minería práctica o de Agricultura.   Liceo del Estado rezaba el título incluido en parte de su fachada, y pasaría a ser luego el No 2 de Hombres de Santiago, todo un símbolo del compromiso que adquiría el Estado con la formación integral de las nuevas generaciones.

Para esa época, de Hostos, además de su tarea administrativa como Rector del Liceo, tenía a su cargo las clases de Castellano e Historia y Geografía en el mismo establecimiento y la cátedra de Derecho Constitucional en la Facultad de Leyes de la Universidad de Chile.  Tanto como Maestro y Rector-administrador, de Hostos vislumbró una serie de dificultades para implementar de buena forma la reforma en el Liceo.  Los textos de estudio eran escasos y no contenían el apoyo necesario para el nuevo enfoque educacional.  Asimismo, la alta demanda y el continuo aumento del número de matriculados hacían imposible recibir a todos los alumnos que postulaban para ingresar.  De este modo, en 1895 la matrícula total excedía los 250 estudiantes, los cursos se conformaban con número superior a 60 o incluso 70 alumnos por aula, lo que sin duda era un obstáculo significativo para ejercer adecuadamente la labor docente.

A más de cinco años de funcionamiento del Liceo Amunátegui aún no se concretaban los cambios necesarios en la educación para reformular la enseñanza media, aun la deserción en segundo y tercer año era significativa y la falta de espacio físico entorpecía la labor docente.  De Hostos plantea entonces la necesidad de crear “rutas de estudios” dirigidas "hacia la vida real, hacia la industria", o "hacia la Universidad, hacia la política tradicional" para así orientar de mejor forma a la juventud al momento de decidir sobre su futuro educacional.  Hacia 1896 la matrícula del Liceo Amunátegui sobrepasaba los 290 estudiantes.  Con la esperanza de implementar cursos paralelos para el período escolar de 1897, de Hostos aumentó la matrícula a 357 alumnos, situación que no autorizaría el gobierno.  De esa forma las posibilidades de enseñanza eran “antipedagógicas e ineficaces" al decir de de Hostos, debido a la falta de cooperación y a las imposiciones del gobierno, el viejo luchador no dejaba de dar estocadas en defensa de sus creencias firmes y nobles.

Para defender la solidez de la enseñanza, de Hostos sugiere al Ministro de Educación la separación de la enseñanza primaria de la secundaria, porque para él representan secciones distintas del proceso educativo que se verían beneficiadas si contaran con una gestión particular y dedicación exclusiva, aunque solo fuera para mejorar la administración de cada una de ellas.  Esta fue una idea de fundamental importancia para el desarrollo futuro de la educación chilena, y es una idea que hasta nuestros días está vigente a pesar de las reformas que han ido en el tiempo consolidando la educación básica y media como un solo cuerpo.

Producto de las diferencias y el escaso apoyo otorgado por el Gobierno, las relaciones entre de Hostos y la autoridad de la educación se fueron deteriorando. A raíz de una situación particular de defectos en la redacción de los certificados de exámenes de dos estudiantes, el Consejo de Instrucción Pública le recomendó al Rector de la Universidad de Chile solicitar explicaciones sobre el particular incidente, que se había reiterado en más de una oportunidad.  El Decano de la Facultad de Humanidades, comisionado por el Rector de la Universidad de Chile, realizó una visita de inspección, recopiló información y datos sobre la gestión en el liceo.  De igual forma, llevó a cabo una visita para informarse sobre el funcionamiento de las clases y solicitó al Rector de Hostos que expusiera por escrito sus ideas sobre innovaciones en materia de exámenes y programas.  De Hostos quedó satisfecho con los resultados de la visita del Decano por lo que confiaba que el informe que se entregaría al Consejo de Instrucción Pública traería el apoyo que el Liceo Amunátegui tanto requería.  Sin embargo, pasados los 15 días de la inspección del Decano, se le informó que el Consejo de Instrucción Pública había acordado solicitarle la renuncia.  Finalmente en abril de 1898, mediante el Decreto 625 el Consejo de Instrucción Pública acepta la renuncia que hace Eugenio María de Hostos a los cargos de Rector y profesor de Castellano (ya había declinado a sus clases de Geografía en 1896) del Liceo Miguel Luis Amunátegui.  Nuevamente se había practicado con total descomedimiento el conocido sistema del “pago de Chile”.

DE HOSTOS Y EL INSTITUTO PEDAGOGICO

Pero la otra destacada labor de de Hostos en Chile se refirió a su rol en la creación y funcionamiento inicial del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.  Respondía esta idea a la misma inspiración con que Montt diese nacimiento a mediados de siglo a la más formidable iniciativa educacional de que tenga memoria nuestra América, como fue el haber atacado simultáneamente el acceso a la educación primaria, la formación de profesores, el desarrollo de la educación en artes y oficios, y la conformación de una Universidad para el Estado de Chile.  La necesidad de formar profesores al nivel requerido, como de llevar adelante la investigación educacional que se requería para definir la iniciativa educacional inherente a la conformación social y económica del país, tuvo su expresión en el proyecto desarrollado al amparo de la Universidad de Chile y constituyera una verdadera apuesta del Estado  Nacional al traer a profesores extranjeros para acelerar el proceso de maduración de la nueva institución universitaria.

En efecto, la última década del siglo XIX, el Consejo de Instrucción Pública de nuestro país, debía implementar la reforma educacional establecida el 10 de enero de 1889, que introducía el método concéntrico.  Para ello contrató a distintos educadores europeos, principalmente alemanes, quienes tuvieron un destacado papel en la reforma.  Académicos como los Doctores Federico Johow, botánico; Alfredo Beutell, químico; Augusto Taffelmacher, matemático; Juan Steffen, historiador y geógrafo; Rodolfo Lenz, profesor de lenguas vivas; Federico Hanssen, filólogo y Jorge Enrique Schneider, junto a los chilenos Domingo Amunátegui Soler y Enrique Nercasseaux y Morán, formaron el primer cuerpo docente del Instituto Pedagógico de nuestra Casa de Estudios, fundado en agosto de 1889. La contratación de de Hostos en ese mismo período como Rector del Liceo de Chillán y su posterior traslado al Liceo Miguel Luis Amunátegui, dan cuenta del interés del gobierno en esta reforma y la consideración sobre la figura de de Hostos como educador.   

Así lo señala la historia.  Efectivamente, el 16 de noviembre de 1894, en Santiago, en el Salón de Honor de la Bolsa Comercial, se inauguró el Centro de Profesores de Educación Secundaria, instancia que de Hostos dirigirá al año siguiente (1895) por su destacada labor docente y sus numerosas publicaciones sobre pedagogía.  Este centro tuvo como objeto fomentar el estudio de la pedagogía, difundir los mejores métodos de enseñanza y articular a los académicos de la instrucción secundaria en el conocimiento de los nuevos métodos de educación impulsados por la reforma. En esta reunión participaron distinguidos académicos e intelectuales nacionales presentando ponencias para hacer un llamado a la reflexión y para asumir una posición de vanguardia en la educación nacional.

El discurso de apertura lo realizó Eugenio María de Hostos, quien presentó fundamentos pedagógicos que bien podrían estar dirigidos a solucionar la problemática actual de la educación chilena.  De esa forma, las bases psicológicas, sociales, morales y pedagógicas sobre las cuales debe estructurarse la educación nacional y la educación secundaria, de Hostos, las plasmaba como la principal tarea que deberían asumir los profesores secundarios en la transformación de la educación del país. Para de Hostos, los docentes deberán concentrar sus esfuerzos en la metodología para implementar el cambio en la educación pública de nuestro país, para así aunar la experiencia conjunta de los miembros del centro, de los nuevos maestros europeos y de los profesores chilenos para reformar y mejorar la educación nacional en coordinación con los organismos gubernamentales de la época.

Sin embargo, para de Hostos es necesario recordar que la doctrina pedagógica antecede al método, y eso es un imperativo imprescindible de ponderar en el proceso de reforma.  En ese sentido, de Hostos señala que instruir es “educar el entendimiento”. Educarlo es ponerlo en actividad, en “movimiento funcional” para que la actividad intelectual se “de con toda su salud, energía y vigor”.  Para él, la metodología adecuada es este método evolutivo porque está subordinado al desarrollo, "porque está fundado en el mismo funcionar de la mente humana", de la razón y por cuanto todos los procesos metodológicos convergen al desarrollo de la razón.  En consecuencia, todos los esfuerzos estarán dirigidos al "desarrollo normal y gradual, sano y efectivo del entendimiento".

Estos son los principios que la reforma abraza como objetivos.  Llevar al estudiante por una ruta que comienza en el conocimiento intuitivo que el niño trae desde la preparatoria para que a través de la inducción y al final de los dos ciclos o círculos de conocimientos pueda llegar de la deducción al conocimiento positivo.

EL PROGRAMA EDUCACIONAL DE EUGENIO MARÍA DE HOSTOS

El Profesor Domingo Amunátegui, miembro del primer cuerpo docente del Instituto Pedagógico y Director del mismo por 19 años, señalaba que el aprendizaje, para consolidar la reforma educacional, debía ser simultáneo en las diversas ramas del saber y en todos los años de los cursos de humanidades.  En consecuencia, cada ramo debía enseñarse desde los primeros años hasta el último grado para obtener el desarrollo y entendimiento completo y gradual de la materia.

Para poner en marcha la reforma era indispensable entonces redactar los programas de estudios que se aplicarían en los diferentes liceos nacionales.  Para ello Don Valentín  Letelier propuso abrir un concurso público con premios en dinero a los mejores programas relativos a cada una de las asignaturas.  Las bases del concurso, aprobadas en sesión del Consejo de Instrucción Pública del 27 de octubre de 1890, fijaron el 1º de enero de 1891 como plazo máximo para la presentación de los trabajos.  La redacción debía contener los diversos puntos que había de comprender cada ramo y las instrucciones a los profesores, referentes a la metodología.

A causa de la guerra civil de 1891, el concurso se postergó hasta septiembre de 1892, cuando la comisión integrada por los académicos Diego Torres, Juan Nepomuceno Espejo, Domingo Amunátegui y Valentín Letelier, entregó su veredicto sobre los trabajos que debían considerarse como aptos para ser incluidos en la reforma.  Luis Rodríguez, Augusto Orrego Luco y Gabriel René Moreno, miembros del jurado del certamen, aceptaron el veredicto de la comisión.  Uno de los trabajos presentados que incluía programas de castellano y de geografía e historia y cuyo autor tenía por seudónimo la letra "A" fue premiado con $600 pesos: su verdadero autor fue Eugenio María de Hostos. 

La comisión estimó que este programa estaba en la misma orientación que necesitaba la reforma de la instrucción secundaria porque “une la geografía y la historia” y consideraba, además, en su contenido los requisitos impuestos por la comisión, dándole relevancia preponderante al estudio de la historia.  Además a juicio del jurado, este programa “revela un conocimiento positivo de las leyes y la ciencia de la historia”  y  “pone aún a profesores de deficiente preparación en camino de mejorar considerablemente la enseñanza de la historia”.  Estos planteamientos fueron una guía general para que el profesorado realizara sus tareas escolares, resolviéndose, entonces, pasar los programas al profesorado del Instituto Pedagógico para que “los ampliara, corrigiera, armonizara y los dotara de la extensión adecuada”.

El programa de geografía e historia de de Hostos, tenía seis años de duración, distribuidos en dos horas semanales para geografía y una para historia en los tres primeros años y en orden inverso a partir del cuarto año.  El primer año, "Geografía Patria", concentraba lo aprendido en los tres años preparatorios de geografía doméstica y escolar mientras que la historia se enseñaba con relatos de cuentos y narraciones para que el alumno pudiera diferenciar entre historia y geografía y pudiera llegar a una definición de ambas.  Para segundo año, en geografía universal, se explicaba la forma del mundo y las secciones que lo componen. El tercer año comprendía una parte de geografía científica y de astronomía, además de abordar temáticas como zoología, sociología y antropología entre otras. En cuarto año, invirtiendo el número de horas, se incluía el estudio de la antehistoria y su concatenación con la historia de la patria.  La hora semanal de geografía se utilizaba para analizar los censos de población y examinar el desarrollo de la producción industrial en Latinoamérica entre cada censo.  Para quinto año retrospectivamente se trataba la materia desde el presente hacia el pasado y se incluía geografía histórica y estadística, así como también materias de demografía europea.  Finalmente el programa de sexto año, "Ciencia de la Historia", consideraba el estudio de las ciencias auxiliares, periodificación y cronología de distintas culturas.  En geografía se estudiaba la evolución histórica de esta ciencia hasta los conocimientos que se tenían en aquella época.

Don Domingo Amunátegui, director del Instituto Pedagógico, en 1893 contaba con los programas de las asignaturas y designó al profesor de pedagogía, Enrique Schneider, para modificarlos y armonizarlos “como un todo, completo y homogéneo”.  A su vez, Don Diego Barros Arana, Rector de la Universidad de Chile, en conjunto con el profesor Enrique Schneider, reconocieron el mérito de las propuestas y publicaron los primeros ejemplares impresos de los nuevos programas de estudios.

Bajo el título de Proyectos de programas de Instrucción Secundaria, el 20 de noviembre de 1893, se presentaron los cursos de matemáticas elementales, del profesor Rubén Guevara; de castellano, geografía e historia, de Eugenio María de Hostos; de física, higiene, química, botánica, zoología, mineralogía y geología, de A. Meyer; y de dibujo, por Bernardo Kruessel.  El programa de historia y geografía de esta publicación, elaborado por los Profesores Barros Borgoño y Steffen, contiene las ideas del programa original de de Hostos y se le incluyeron modificaciones en el orden de las materias.

Para aplicar correctamente este programa en los liceos del país, el rector Don Diego Barros Arana envió una circular a los rectores de estos establecimientos, recomendando la necesidad de dar “mayor extensión y solidez” a la enseñanza en los últimos años de los cursos secundarios.  El Plan de Estudios de 1893 se aplicó hasta 1927.  Durante su vigencia el Liceo se instituyó como la antesala de la Universidad y el Instituto Pedagógico de nuestra Casa de Estudios se consolidó como el principal formador docente y valuarte de la reforma educacional.

A MODO DE CONCLUSION

El recorrido por la vida de Eugenio María de Hostos constituye una enseñanza en todo el amplio sentido del concepto.  Se trata de una vida de esfuerzo y consecuencia, que enseña respeto por las ideas y las convicciones de un hombre que edifica sus principios a partir de la vivencia de la injusticia y de lo inapropiado de las formas de organización de la sociedad. De Hostos es el hombre que aguerrido defiende sus ideas, organiza acciones en torno a ellas logra encabezar y empujar acciones de todo tipo conducentes a la reafirmación de  principios y doctrinas.  Pero al mismo tiempo, De Hostos es el educador insigne que se preocupa por el legado a las futuras generaciones; se da cuenta que nada es sostenible sino entra  con fuerza y decisión en la mente y en las convicciones de los más jóvenes.  Distinto al débil pragmatismo de nuestros días, para él importaba como sentían los jóvenes, como adherían a las tendencias sociales manifiestas, y como podían proyectarse las mismas en base a su propia visión y las convicciones que de ellas surgieran.  De Hostos fue el defensor del ideario libertario y humanista, pero también el propugnador de la enseñanza para las nuevas generaciones.  No se conformó con convencer en el círculo del auditorio presente, sino que quiso proyectar su acción en el tiempo.  Para ello, existía entonces una visión política que envolvía al Estado en la aventura maravillosa e indispensable de educar para crecer la sociedad en un sentido integral.

El homenaje a de Hostos es, de alguna manera, esta mirada con respeto al ideal republicano de libertad y mejoramiento institucional permanente en el tiempo.  Es un homenaje a la visión de Estado que envuelve, en tanta medida indispensable, la visión sobre educación e integración de todos al proyecto nacional.  Es un homenaje a la visión que la democracia es, al fin y al cabo, menos una participación formal en actos de gobierno, una decidida agenda para que las personas se informen, opinen y construyan la sociedad que se quiere.  Es un homenaje al hombre consecuente, al educador inestimable, al autor del ideario educacional que inspiró el crecimiento de la educación pública chilena, al hombre sencillo y brillante que adorna a través de los tiempos los sueños alcanzables del humanismo más puro y de la edificación continua de la mayor dignidad humana.

 

BIBLIOGRAFÍA

América y Hostos, colección de ensayos acerca de Eugenio María de Hostos, recogidos y publicados por la comisión pro celebración del natalicio de Eugenio María de Hostos. Cultural S.A. Obispo y Bernanza, La Habana Cuba, 1939.

Ensayo Nota biográfica en Eugenio M. de Hostos: biografía y bibliografía. Santo Domingo, Imp. Oiga, 1904.

Ensayo Una biografía de Eugenio María de Hostos. Gabriela Mistral, Nápoles, 1932.

Ensayo Las ideas pedagógicas de Hostos. Camila Henríquez Ureña, Cuba, 1929.

Historia de la Universidad de Chile. Rolando Mellafe, Antonia Rebolledo y Mario Cárdenas. Ediciones de la Universidad de Chile, 1992.

Imágenes de la Universidad de Chile, Ediciones de la Universidad de Chile, 1977.

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